En Coahuila le dieron una sopa de su propio chocolate a la nueva dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, tras la denuncia presentada contra el PRI por presunta compra de votos mediante el uso de códigos QR como mecanismo de comprobación.
Sí, amigos ciberlectores. Quienes conocen el modus operandi de movilización y operación política de la hoy líder nacional morenista aseguran que una de sus herramientas favoritas de control territorial ha sido precisamente el uso de códigos QR y diversas aplicaciones electrónicas para el seguimiento de estructuras, movilización y operación electoral.
Lo curioso del caso es que, en la contradenuncia presentada por el PRI, se señaló a uno de los partidos aliados de Morena como presunto responsable de utilizar este mismo mecanismo durante las recientes elecciones estatales por aquellos rumbos.
Como diría el filósofo de barrio: cuando señalas con un dedo, tres te apuntan de regreso.
Lo cierto es que el uso de nuevas tecnologías en los procesos electorales ya está aquí. Los viejos métodos de operación política evolucionaron y ahora los teléfonos celulares, aplicaciones, códigos QR y plataformas digitales forman parte de las nuevas herramientas de movilización y control electoral.
Más allá de las acusaciones cruzadas, el resultado adverso para Morena en Coahuila encendió focos rojos en distintas regiones del país y le devolvió oxígeno político a un PRI que ya comenzaba a redactar su propio epitafio.
Y mientras en el norte celebraban el tropiezo guinda, en Oaxaca el resultado provocó un fenómeno curioso: salieron de sus madrigueras algunos dirigentes tricolores que ya nadie veía. Carmelita de Todos los Moles y Chucho Violín reaparecieron como si ellos hubieran sido los arquitectos de la victoria en Coahuila.
La realidad es que el triunfo ocurrió a más de mil kilómetros de distancia, pero ya sabemos que en política siempre hay quien quiere colgarse medallas ajenas.
Al tiempo…

Mientras el aumento en los precios del tomate y el chile poblano se va por las nubes…
Morena y su gobierno han decidido salir a las calles a defender la soberanía del país. Jejeje. Sí, amigos ciberlectores, al igual que hace algunos años, cuando entretuvieron al pueblo bueno y sabio con una campaña contra los malos expresidentes de la República, la campaña del aeropuerto de Texcoco, la campaña sobre el litio, la campaña para eliminar las plurinominales y todo lo que puedan abanderar para mantener, según ellos, al pueblo informado.
Lo que Morena ha conseguido en muy poco tiempo es demostrar que eso de gobernar no se les da. Pueden ser los mejores haciendo campañas, pero hoy los resultados y los escándalos de enriquecimiento, corrupción, moches y abuso de poder están a la vista de todos.
En política siempre es necesario tener enemigos para tener con quién pelear. Durante mucho tiempo ocuparon a Carlos Salinas de Gortari como villano principal para sus objetivos. Hoy ya ni se acuerdan de él.
Ahora han decidido abrir un ataque directo contra Donald Trump porque, según ellos, nos quiere invadir y llevarse toda la riqueza de nuestro país.
¡Zas!
Morena está llegando al hartazgo de la gente porque quiere seguir dándole atole con el dedo y no entiende que el dinero no alcanza, pese a que han repartido recursos a manos llenas a gente que ni estudia ni trabaja.
La triste y cruel realidad se vive en el bolsillo.
“Todo está muy caro” es el clamor del pueblo.
Entiendan.
Resulta y resalta que por los rumbos del Jardín Primavera anda operando un personaje más maquiavélico que villano de telenovela Turca de las nueve. Uno de esos operadores de la autollamada 4T que, nos cuentan, ya descubrió una nueva forma de hacer grilla barata: pagar publicaciones, inflar falsas aspiraciones y aventar nombres al ruedo político para hacer creer que ciertas figuras “ya se están moviendo” rumbo a diputaciones, senadurías o presidencias municipales.
Dicen los que saben que la jugada, dicen los enterados, es tan burda como venenosa: posicionan en redes sociales supuestas candidaturas que ni existen, generan ruido, provocan sospechas y hacen pensar que esos personajes ya andan adelantados o promoviendo su imagen… cuando en realidad ni enterados están.
Todo con una intención bastante clara: cuidar sus propias posiciones políticas, desviar la atención y chamuscar a posibles adversarios internos. Porque saben perfectamente que al gobernador no le gusta que nadie se adelante ni ande acelerado haciendo campaña disfrazada de espontaneidad.
Y así, mientras unos trabajan, otros andan jugando al ajedrez político con perfiles falsamente inflados, publicaciones sembradas y guerra sucia disfrazada de “trascendidos”.
La pregunta en los cafés políticos ya no es si existe la operación… sino quién es el funcionario tan desesperado y perversamente creativo que anda financiando esta estrategia digna de mercadotecnia patito con presupuesto ajeno.
Porque una cosa es hacer política… y otra muy distinta andar sembrando minas para que otros exploten primero.
Nuestra reportera chapulinera, esa que tiene perfectamente documentados los saltos partidistas mejor que el INE, nos cuenta que por los pasillos del Circo de Jalpan anda circulando una historia digna del manual de la política mexicana.
Resulta y resalta que una diputada local que en otros tiempos defendía los colores de la Pitufi-Aldea con la misma pasión con la que hoy presume los de Morena, encontró una nueva diversión: poner apodos.
Y la víctima de la semana fue una legisladora de Movimiento Ciudadano, aquella naranjita podrida que se volvió famosa por la frase del “Politicuches” y que ahora carga con un nuevo sobrenombre cortesía de su compañera de curul.
Dicen que la bautizó como la “Cero Votos”.
Sí, así como lo lee. La “Cero Votos”.
Y la verdad hay que reconocer que el apodo tiene creatividad. Lo curioso es quién lo puso.
Porque las lenguas más viperinas del Congreso aseguran que la autora del sobrenombre olvidó hacer una pequeña parada frente al espejo antes de repartir certificados electorales.
Y es que, según recuerdan los memoriosos de la política oaxaqueña, la hoy diputada guinda tampoco se ha caracterizado precisamente por construir una carrera basada en triunfos contundentes en las urnas.
Al contrario. Recordemos que fue beneficiada con una candidatura en un distrito que ni siquiera era el suyo y que ganó gracias al efecto “López Obrador”, porque ni campaña hizo. Además nunca se paró, ni cuando hubo una emergencia, y es que según ella no eran de su clase social y no merecían su “fina” presencia. El chiste se cuenta solo.
Después, como no quería perder su beca dorada o lo que es lo mismo cobrar bien sin trabajar, volvió a acomodarse políticamente en otro distrito, que curiosamente tampoco camina, pero ahora que se acercan los tiempos electorales intenta hacer acto de presencia.
Por eso más de uno soltó la carcajada cuando escuchó lo de “Cero Votos”.
Porque aquello sonó al clásico comal diciéndole a la olla que está tiznada.
O como diría el pueblito noble y sabio: “mira quién vino a hablar de votos”.
Por lo pronto, la historia ya corre por los pasillos legislativos y ha provocado más de una sonrisa maliciosa.
¿Quién será?
Estimado ciberlector, nuestra reportera del amor burocrático esa que detecta un romance de oficina desde el primer café compartido y que ya distingue perfectamente cuándo un funcionario trabaja… y cuándo solamente anda en modo conquista, nos informa que a quien al parecer ya le leyeron la cartilla en corto fue al joven Marcelo Merino García, titular de la Defensoría Pública del Estado de Oaxaca.
Y es que después de que en esta columna ventilamos la ya famosísima “chupi-bikini-fiesta” esa pachanga tropical con alberca, bikinis y amistades cuidadosamente seleccionadas, ocurrió el milagro administrativo: la fiesta terminó cancelándose y, casi de inmediato, Marcelo apareció mágicamente “trabajando”.
Sí, estimado ciberlector. El mismo personaje que andaba más emocionado organizando convivios premium que atendiendo asuntos jurídicos, de pronto comenzó a recorrer oficinas, y posar en modo “funcionario ejemplar”. Como si alguien muy arriba le hubiera recordado que dirige una dependencia pública… y no un club social con presupuesto gubernamental.
Porque cuentan las malas lenguas del jardín primaveral que el escándalo sí incomodó. Y bastante.
Sobre todo porque el joven ya andaba muy acelerado cacaraqueando su sueño de brincar al Congreso local, creyendo quizá que las diputaciones se construyen entre fiestas privadas, encerrones sentimentales y sonrisitas de TikTok. ¡Ternurita!
Pero en política, estimado ciberlector, hay algo muy peligroso: sentirse intocable demasiado pronto.
Y parece que Marcelo olvidó una regla básica del poder oaxaqueño: mientras más rápido te inflan… más rápido también pueden empezarte a desinflar.
Por eso ahora lo ven recorriendo oficinas, apareciendo en reuniones, apareciendo en la Cortv hablando de trabajo institucional y tratando de “construir”, de último minuto, una imagen de servidor público responsable (risas grabadas) que durante meses quedó sepultada bajo rumores de parranda, excesos y vida nocturna burocrática.
Porque una cosa es ser joven, tener referentes políticos y sentirse el próximo diputado del jardín primaveral… y otra muy distinta creer que la administración pública funciona como after party permanente.
Y ojo: dentro de la propia Defensoría ya hay quienes murmuran que el problema no fue solamente la fiesta cancelada. El verdadero problema fue exhibir públicamente que mientras miles de ciudadanos esperan asesoría jurídica y defensa pública digna, la cabeza de la institución parecía más preocupada por organizar ambiente que resultados.
Así que habrá que ver si este repentino amor por “trabajar” le alcanza para rescatar sus aspiraciones políticas… o si aquella silla que ya sentía segura en el Congreso comienza a alejarse peligrosamente.
Porque en Oaxaca, estimado ciberlector, los escándalos se olvidan lento… pero las capturas, los rumores y las humillaciones políticas duran muchísimo más.

Nuestra reportera parlamentaria, esa que ya no sabe si está siguiendo el trabajo legislativo o la agenda social de un club de fans, nos informa que, tal como se los adelantamos en Lavadero Político hace dos semanas, el senador multicolor y líder del cártel LASR Luis Alfonso Silva Romo finalmente cumplió uno de sus grandes pendientes nacionales: entregarle un reconocimiento a La Original Banda El Limón en el Senado de la República.
Y que quede claro, estimado ciberlector: la banda no tiene absolutamente ninguna culpa. Ellos llevan décadas construyendo una trayectoria artística exitosa, reconocida dentro y fuera de México. El problema no es la Banda El Limón.
El problema es el senador. Porque mientras Oaxaca sobrevive gracias al esfuerzo heroico de cientos de bandas filarmónicas comunitarias, infantiles y juveniles que se sostienen con cooperaciones, rifas, tequios y padres de familia endeudados para comprar instrumentos, el senador decidió convertir el Senado en escenario para rendir homenaje a una agrupación sinaloense.
Y no fue una publicación. Ni dos. Ni una mención discreta. No.

Hubo reconocimiento, fotografías, videos, publicaciones, reposts y prácticamente cobertura especial como si hubiera logrado aprobar una reforma histórica para Oaxaca.
Lo curioso es que cuando se trata de las bandas de viento oaxaqueñas, de las que verdaderamente representan una de las expresiones culturales más importantes del estado, ese entusiasmo rara vez aparece.
Tal vez porque las bandas de Oaxaca no generan tantos reflectores nacionales. O tal vez porque no sirven para alimentar proyectos personales.
Porque si algo ha caracterizado a Luis Alfonso es su extraordinaria capacidad para cambiar de camiseta cuando la ocasión lo amerita. Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano), intentos en otros proyectos, Morena, Partido Verde y nuevamente Morena. Una carrera política donde el chapulineo ha sido más constante que cualquier iniciativa relevante impulsada desde su escaño.
Como diputado local tampoco hizo nada, solo cobrar.
Y mientras tanto Oaxaca sigue esperando. Esperando una agenda legislativa sólida, resultados, gestión. Esperando algo más que fotografías.
Si Luis Alfonso, líder del Cártel LASR, tiene tiempo para organizar homenajes, grabar videos, repartir reconocimientos y promover artistas de otros estados…
¿cuándo piensa hacer algo con la misma pasión por las bandas de Oaxaca?
Porque representar a Oaxaca no consiste únicamente en ponerse una guayabera y decir que uno es orgullosamente oaxaqueño.
También implica defender, promover y respaldar lo que nace en esta tierra.
Y en esa materia, estimado ciberlector, el senador sigue tocando desafinado.
Nuestra reportera totalmente chaira, esa que todavía sigue tratando de descifrar quiénes entraron al club de los castigados después de la famosa jornada de revocación de mandato, nos cuenta que hay un personaje que durante varias semanas conoció en carne propia lo que significa la famosa Ley del Hielo Primaveral.
Y no, no estamos hablando de cualquier funcionario.
Nos referimos a Alejandro López Jarquín, ex titular del IOCIED.
Sí, el mismo que durante años presumió tener el control absoluto de Santa Cruz Xoxocotlán. El mismo que se sentía dueño y señor de las tierras xoxeñas, aunque no es originario de ahí. El mismo que quería sembrar a su esposa como presidenta. El mismo que estaba convencido de que su estructura política seguía intacta y lista para cualquier batalla electoral.
Pero algo salió mal. Mejor dicho muy mal.
Porque cuentan las lenguas más cercanas al Jardín Primaveral que después de los pobres resultados obtenidos en la jornada de revocación de mandato, el gobernador Salomón Jara decidió aplicar una de las sanciones políticas más temidas en estos tiempos: dejar de contestar llamadas, mensajes, saludos y hasta buenos días.
La famosa Ley del Hielo y el despido de su puesto, por eso ahora es el señor de las plantitas. Y no solamente habría alcanzado a Alejandro.
Dicen que también tocó las puertas de Nancy Benítez, presidenta municipal de Xoxocotlán y, paradójicamente, una de las figuras con las que Alejandro ha mantenido diferencias políticas de pronóstico reservado.
Porque si algo une a ciertos grupos políticos no siempre es el cariño.
A veces los une el fracaso y el odio que es mutuo.
Y en este caso, cuentan las malas lenguas, ambos terminaron compartiendo el mismo expediente: no entregaron los resultados que esperaban en el Palacio primaveral, y todo por su rivalidad.
Desde entonces, aseguran los enterados, una pregunta que comenzó a rondar en los pasillos políticos de Xoxocotlán:
¿Cuándo les van a volver a levantar el castigo? Bueno… Alejandro jura y perjura que ya le hablan y que el castigo duró un mes. Pero que a Nancy aún la trae castigada. ¿Será?
Estimado ciberlector tanto Alejandro como Nancy tienen algo en común. Los dos siguen viendo hacia el futuro electoral.
Ella quiere ir a la reelección. Y él está soñando con regresar a gobernar Xoxocotlán, porque dice que no fue suficiente lo hurtado al pueblito noble y sabio, por eso se la pasa de “buen samaritano” ayudando a los pobres. No bueno…
El problema es que la revocación dejó una fotografía bastante incómoda. Si ambos no pudieron demostrar fuerza política cuando más la necesitaba su jefe político, entonces, la pregunta es, ¿cuánto capital político les queda realmente?
Porque mientras algunos aseguran que Alejandro ya comenzó a recorrer nuevamente territorio, repartir plantas, regalar limones, azúcar, aparecer en reuniones y promoverse como si la campaña ya hubiera comenzado, otros sostienen que en Xoxocotlán el desgaste político empieza a ser más visible de lo que él quisiera reconocer.
Dicen que el problema no es la falta de promoción.
El problema es que la gente ya aprendió a distinguir entre presencia y respaldo.
Y no siempre son lo mismo.
¿Realmente el gobernador estaría dispuesto a respaldar nuevamente una candidatura de Alejandro López Jarquín después de los resultados que entregó y las cuentas pendientes que dejó el IOCIED?
Porque tampoco son pocos los que recuerdan que hace algunos años, cuando Alejandro no era aliado “incondicional” del partido y del propio gobernador, cómo despotricaba de él.
Y en política, estimado ciberlector, hay algo que nunca se olvida:
Las lealtades temporales.
Porque cuando los tiempos de candidaturas se acercan, también llegan los tiempos del hambre política.
Y ahí es donde se conoce quién tiene estructura, quién tiene respaldo… y quién solamente tiene recuerdos.
Al tiempo…
Nuestra reportera Green, adicta a la verde esa que distingue perfectamente un árbol sembrado para la foto de un programa ambiental que realmente funciona, nos informa que en la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de Oaxaca las cosas parecen seguir exactamente igual: mucho evento, mucha publicación en redes sociales, mucha fotografía institucional… pero muy pocos resultados que verdaderamente impacten en la vida ambiental del estado.
Resulta que nuevamente la titular de la dependencia, Karime Unda Harp, ha puesto en marcha las llamadas Caravanas Ambientales por agencias, colonias y municipios de los Valles Centrales. El problema no es recorrer territorio. El problema es que quienes han observado estos ejercicios señalan que terminan pareciéndose demasiado a los de siempre: las mismas personas, los mismos discursos, las mismas fotografías y los mismos compromisos que pocas veces vuelven a aparecer después del evento.
Porque una cosa es sembrar árboles para la fotografía y otra muy distinta construir una política ambiental capaz de enfrentar los problemas reales de Oaxaca.
Y esos problemas no son menores.
Estamos hablando de incendios forestales, contaminación de ríos, crecimiento urbano desordenado, invasión de áreas naturales, manejo deficiente de residuos, pérdida de biodiversidad y conflictos ambientales que afectan diariamente a miles de oaxaqueños.
Sin embargo, las lenguas verdes aseguran que dentro de la dependencia cada vez se habla más de grupos, posiciones, consentidos y disputas internas que de resultados ambientales.
Uno de los personajes que constantemente aparece en los eventos es Sinaí Casillas Cano, subsecretario de Política Ambiental y Energías Renovables.
Según comentan trabajadores y observadores de la dependencia, su nombre suele aparecer con frecuencia en recorridos, eventos y actos públicos, aunque pocos logran identificar proyectos concretos impulsados desde su subsecretaría que hayan generado cambios significativos en la política ambiental del estado.
Su llegada al cargo ocurrió después de la salida de Diana Hodich Toledo, personaje identificado en diversos círculos políticos como una de las figuras cercanas al grupo gobernante. Desde entonces, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuáles son los resultados concretos que justifican la permanencia de estos perfiles en espacios tan importantes para Oaxaca?
Pero si de confianza se trata, otro nombre que aparece constantemente es el de Nancy Briseida García Ramírez, directora de Cambio Climático.

Mientras Oaxaca enfrenta fenómenos cada vez más agresivos derivados del cambio climático, dentro de la dependencia aseguran que gran parte de la atención de esta funcionaria estaría concentrada en monitorear grupos de WhatsApp, conversaciones internas y comentarios relacionados con la propia secretaría.
Las lenguas más filosas aseguran que mantiene informada permanentemente a la titular sobre todo lo que ocurre dentro de la dependencia, particularmente respecto a las actividades y comentarios relacionados con la subsecretaria de Recursos Naturales y Cambio Climático, Iris Jocelin López Zavaleta.
Si estas versiones son ciertas, resulta preocupante que una dirección estratégica para el futuro ambiental del estado termine involucrada en tareas de vigilancia política interna mientras Oaxaca enfrenta sequías, incendios forestales y fenómenos climáticos cada vez más extremos.
Pero la lista no termina ahí.
Otro de los nombres que vuelve a aparecer es el del ingeniero Manuel Valdez Juárez, director de Regulación Ambiental.
Su nombre ha sido mencionado en relación con la autorización y evaluación ambiental del proyecto comercial Parque Oaxaca, construido en la zona del antiguo Hotel Misión de los Ángeles.
Vecinos de la colonia Reforma denunciaron públicamente diversas irregularidades: reducción de banquetas para peatones, invasión de espacios públicos, afectaciones a una zona considerada cauce federal y tala de árboles.
Las denuncias fueron públicas. Los señalamientos siguen vigentes.
Y la pregunta continúa flotando en el aire: ¿las evaluaciones ambientales fueron realmente exhaustivas?, ¿se atendieron todas las observaciones ciudadanas?, ¿quién supervisó el cumplimiento de las condicionantes ambientales?
Porque cuando una dependencia encargada de vigilar el cumplimiento de la ley ambiental termina siendo señalada por posibles omisiones, el daño a la confianza pública es enorme.
Y luego aparece otro de los consentidos de la burocracia verde: Manelik Olivera Martínez, jefe del Departamento de Regulación para el Desarrollo Sostenible.
Su nombre suele aparecer acompañado de fotografías de viajes, reuniones, recorridos y encuentros nacionales e internacionales.
Y aquí vale la pena detenerse.
Porque la propia Secretaría ha difundido actividades realizadas en Perú, Brasil y otras experiencias internacionales relacionadas con sostenibilidad y medio ambiente.
La pregunta es completamente válida: ¿Dónde están los resultados de esos viajes? ¿Qué programas llegaron a Oaxaca? ¿Qué recursos se gestionaron? ¿Qué proyectos nacieron gracias a esas experiencias internacionales? ¿Qué beneficios concretos recibió el estado por las inversiones realizadas en esas salidas?
Porque la ciudadanía no cuestiona la capacitación ni los intercambios internacionales. La ciudadanía está a favor de la capacitación… pero lo que no perdona es la ausencia de resultados, y eso le cuesta al gobernador Salmón Jara; es él quien paga esa factura.
Y lo mismo ocurre con los famosos jardines de polinizadores.
Se anuncian. Se inauguran. Se publican. Se toman fotografías.
Pero diversos ciudadanos señalan que muchos terminan abandonados, sin mantenimiento, sin seguimiento y sin evaluación posterior.
Y ahí aparece el problema de fondo. La política ambiental no puede reducirse a actos simbólicos.
No puede depender únicamente de publicaciones en redes sociales. No puede medirse por la cantidad de eventos realizados. Debe medirse por resultados.
Porque mientras la dependencia presume recorridos, caravanas, jardines y encuentros, Oaxaca continúa enfrentando algunos de los retos ambientales más graves de las últimas décadas.
Y cada vez son más las voces que se preguntan si la Secretaría está ocupada resolviendo esos problemas… o simplemente administrando la narrativa.
Porque los árboles no crecen con boletines. Los bosques no se recuperan con fotografías.
Y el medio ambiente no mejora con funcionarios más preocupados por la siguiente publicación que por el siguiente resultado.
Al tiempo…
Nuestra reportera naranjita podrida nos informa que quien acaba de descubrir la fuente de la eterna juventud política es nada más y nada menos que Cándido Coheto Martínez, mejor conocido en los bajos fondos de la grilla oaxaqueña como “mi dulce Candy”.
Y hay que reconocerle algo. Pocos políticos han logrado sobrevivir tanto tiempo en la vida pública.
Mi dulce Candy ha visto pasar gobernadores, presidentes, reformas electorales, corrientes políticas, alianzas imposibles, rupturas históricas y hasta la extinción política de varios compañeros de generación.
De hecho, hay quienes aseguran que tiene mejor récord de supervivencia política que Chabelo. Porque se fueron presidentes, gobernadores, senadores, diputados, dirigentes partidistas, corrientes enteras y hasta partidos completos… y él sigue apareciendo en la fotografía. Si mañana descubren que estuvo presente en la fundación de Monte Albán, tampoco sorprendería demasiado a algunos de sus críticos.
Por eso llamó la atención que ahora apareciera muy sonriente bajo las alas naranjas de Movimiento Ciudadano, partido que acaba de nombrarlo Secretario Nacional para los Pueblos Originarios.
Hágame usted el favor.
El partido que lleva años vendiendo la idea de ser la nueva política, el relevo generacional y el refugio de las nuevas generaciones acaba de presumir como fichaje estelar a uno de los sobrevivientes más veteranos de la política oaxaqueña.
Ni Netflix se habría atrevido a escribir un guion tan creativo.
Lo más curioso es que esta historia no comenzó ayer.
Mi dulce Candy nació en 1941. Cuando algunos políticos presumen experiencia, él presume haber sobrevivido a generaciones completas de políticos. Si la longevidad política fuera patrimonio cultural inmaterial, la UNESCO ya lo habría registrado.
Mientras otros priistas seguían tratando de encontrarle pulso al viejo tricolor, él ya exploraba nuevos horizontes. Y siendo sinceros, tampoco había mucho que rescatar.
Porque el PRI en Oaxaca lleva años funcionando como casa de día con olor a formol, que como partido competitivo.
La pregunta interesante no es qué gana Cándido. Eso está claro.
La verdadera pregunta es qué gana Movimiento Ciudadano.
Porque si el discurso es la renovación, resulta complicado explicarle a los jóvenes que el futuro llegó acompañado de políticuches que comenzaron su carrera cuando muchos de sus simpatizantes ni siquiera habían nacido.
Mientras Movimiento Ciudadano habla de caras nuevas, termina abriendo la puerta a figuras que representan precisamente la política tradicional que prometió reemplazar.
Claro, también podría verse de otra manera.
Quizá no están reclutando políticos. Quizá están rescatando piezas históricas. Je, je, je.
Porque viendo algunas de las nuevas incorporaciones, hay quienes empiezan a preguntarse si Movimiento Ciudadano está construyendo una alternativa política… o simplemente se está convirtiendo en el refugio de quienes ya no encontraron espacio en otro lado. Así como lo ha hecho Morena.
Por lo pronto, mi dulce Candy ya encontró nueva casa, y se convirtió en una naranjita podrida.


Nuestra reportera pitonisa, esa que escucha más rumores políticos que una recepcionista de Palacio chairo, nos cuenta que por los rumbos del Jardín Primavera ya empezó a circular una idea que huele bastante conocida.
Resulta y resalta que uno de esos asesores importados de los tiempos de Gabino Cué estaría sugiriendo desempolvar una vieja receta: entregarle nuevamente el IEEPO a la Federación.
Sí, estimado ciberlector, la misma medicina que ya se aplicó hace años y que hoy algunos quieren volver a sacar del cajón.
Y aquí es donde surgen varias preguntas incómodas.
Porque si de plano la solución es que venga la Federación a hacerse cargo del IEEPO, entonces el mensaje que se estaría mandando es bastante duro: que en Oaxaca no existe un solo perfil capaz de sentarse frente a la Sección 22 y sacar adelante el tema educativo.
Que poca… fe de ese asesor, ¡la porra lo saluda!
Porque una cosa es reconocer que el conflicto magisterial siempre ha sido complicado y otra muy distinta es levantar la mano para decir: “nos rendimos, vengan a resolvernos el problema”.
Y sí este reciclado logra su objetivo, entonces también habría que preguntar algo más.
Si Oaxaca no puede con la Sección 22, ¿por qué no mandan también un secretario de Gobernación federal para que atienda todos los conflictos políticos del estado?, ya ven que el actual no da una y solo le gusta vivir en los aires.
Es pregunta…
Porque entonces ya no estaríamos hablando solamente del IEEPO. Estaríamos aceptando que las decisiones importantes tienen que venir desde la Ciudad de México porque aquí nadie puede resolverlas.
Mientras tanto, las mismas lenguas viperinas que soltaron esta historia aseguran que Cristian Carreño anda sonando fuerte para aterrizar en el IEEPO, aunque otros dicen que el cargo podría ser otro dependiendo de cómo acomoden las fichas.
¿Será?
Por lo pronto, cuando los rumores empiezan a correr tan rápido en política, normalmente es porque alguien ya comenzó a medir el tamaño del escándalo antes de tomar la decisión.
Al tiempo…

Nos cuenta nuestro reportero, el Flechador del Sol, que en Huajuapan se está construyendo una incongruencia que parece chiste. Pero no lo es.
Mientras las autoridades repiten discursos sobre prevención de adicciones, reconstrucción del tejido social y rescate de la juventud, uno de los espacios deportivos más importantes de la Agencia El Carmen fue clausurado hace días. No porque un huracán lo destruyera. No porque una tragedia lo volviera inutilizable. No porque la ciudadanía lo abandonara. Sino porque quienes tenían la obligación de cuidarlo decidieron dejarlo deteriorarse.
Fue clausurada la Unidad Deportiva, bajo el argumento de las condiciones sanitarias. Y la pregunta resulta inevitable: ¿cómo llegó un espacio municipal a ese nivel de abandono sin que nadie actuara antes?
La respuesta es incómoda. Porque fue más fácil ignorar el problema que resolverlo. Más fácil abandonar que destinar recursos. Más fácil redactar oficios que realizar mantenimiento o que asumir responsabilidades.
Los malos olores y las deficiencias que allí se presentaron para una clausura, no aparecieron de la noche a la mañana. Fueron el resultado de una cadena de omisiones. Son la factura acumulada de la indiferencia gubernamental.
Para esta administración el deporte no genera aplausos. Una cancha rehabilitada no produce fotografías espectaculares. Un joven entrenando no genera titulares. Un niño practicando atletismo no llena escenarios. Pero una feria, una verbena y un festival regado con alcohol sí. Por eso duele observar el contraste.

Duele ver cómo faltan recursos para rescatar espacios deportivos mientras nunca parecen faltar para organizar celebraciones. Duele escuchar discursos sobre el futuro de los jóvenes mientras se deterioran los lugares donde ese futuro podría construirse. Duele porque las canchas no son simples extensiones de concreto. Son refugios. Son lugares donde un adolescente encuentra disciplina en vez de calle. Donde una niña descubre confianza en lugar de miedo. Donde cientos de familias encuentran una alternativa sana frente a tantas realidades difíciles.
Cerrar una unidad deportiva no significa únicamente cerrar una puerta. Significa apagar oportunidades. Significa reducir espacios de convivencia. Significa enviar un mensaje devastador: que el deporte puede esperar. Y esa es quizá la parte más preocupante de toda esta historia.
Porque cuando una autoridad deja morir una cancha, no está abandonando cemento. Está abandonando personas. Está renunciando a una generación.
La verdadera pregunta no es si la Unidad Deportiva El Carmen cumple o no con las condiciones para seguir funcionando. La verdadera pregunta es cómo se llegó al punto en que quienes debían protegerla ahora la clausuran.
Y aquí aparece una de las escenas más tristes de toda esta historia. Alguien en el Ayuntamiento tuvo la brillante ocurrencia de convertir los baños de la unidad deportiva en una caja registradora. Cinco pesos por entrar. Cinco pesos que quizá para un funcionario sentado en una oficina climatizada no significan nada. Cinco pesos que para muchos niños y adolescentes sí representan una decisión.
Porque cuando un muchacho llega a entrenar con veinte o treinta pesos en la bolsa, esos cinco pesos significan una botella de agua, un refresco o una pequeña comida al terminar el ejercicio.
La consecuencia era predecible. Muchos prefirieron no usar los sanitarios. Muchos terminaron buscando rincones, bardas o las gradas para hacer sus necesidades. No porque fueran irresponsables. No porque carecieran de educación. Sino porque el propio sistema les enseñó que hasta la necesidad más básica tenía costo.
Y lo más indignante es que quienes sí pagaban muchas veces encontraban instalaciones descuidadas, sucias y abandonadas. Es decir, se cobraba por un servicio que ni siquiera garantizaba condiciones dignas.
Y ahora, las autoridades pretenden presentar el problema como si hubiera surgido por generación espontánea. No. Los problemas no brotan solos.
Tienen nombre, tienen responsables y tienen origen. Y el origen de esta crisis está en las malas decisiones y prioridades completamente extraviadas.
Mientras tanto, la regidora de Cultura y Deportes, Melina Mendoza, parece haber olvidado cuál es la función de su cargo. Uno imaginaría que la principal defensora de las canchas, los deportistas y los espacios públicos sería precisamente la funcionaria encargada de promover el deporte. Pero en Huajuapan ocurre algo extraño. La voz que debería exigir rehabilitación guardó silencio. La que debería encabezar la defensa de los jóvenes parece concentrada en respaldar cada ocurrencia que surge desde la presidencia municipal.
Resulta difícil comprender cómo una regiduría creada para fortalecer la cultura y el deporte permanece tan ausente. Porque si la cancha muere, si los espacios deportivos desaparecen y si la juventud pierde terreno frente al ocio y las adicciones, entonces habrá fracasado precisamente el encargo que la ciudadanía le confió.
Nos asegura nuestro reportero, el Flechador del Sol, que en el Ayuntamiento de Huajuapan existe un modelo de negocios que cualquier empresario envidiaría. Imaginate tener un hotel y no preocuparte por la nómina. No angustiarte por el pago de empleados. No sacar un peso de tu bolsillo para cubrir salarios. Y aun así quedarte con las ganancias.
Si las denuncias que circulan dentro del propio gobierno municipal resultan ciertas, ése sería precisamente el milagro financiero que rodea al hotel Casa Cantera, propiedad atribuida al presidente municipal Luis Chupón Martínez.
Los trabajadores del Ayuntamiento comentan desde hace tiempo una situación que jamás ha sido aclarada públicamente. Afirman que personal que realiza labores para ese negocio privado aparece también vinculado a la estructura laboral del municipio.
Entre los nombres que más se repiten figura el de una mujer conocida por todos como Doñita, señalada por desempeñar funciones administrativas tanto en el Ayuntamiento como en el hotel.
Hace tiempo circuló una imagen en las redes sociales donde trabajadores municipales realizaban labores de mantenimiento en ese mismo inmueble. El asunto generó comentarios, incomodidad y críticas. Después vino el silencio. Pero en política el silencio rara vez significa que las dudas desaparecieron. Significa que siguen ahí, esperando respuestas.
La historia se vuelve todavía más interesante cuando llegan las festividades de julio. Porque entonces aparece una pregunta que ningún funcionario parece dispuesto a contestar. ¿Quién decide en qué hoteles se hospedan las delegaciones invitadas? Según denuncian diversos sectores, año tras año buena parte de esos visitantes terminan concentrados en establecimientos vinculados al círculo cercano del presidente municipal.
Hoteles relacionados con él. Con familiares. Con amistades políticas. Con personajes que siempre parecen estar en el lugar correcto cuando llega el momento de repartir contratos y beneficios. Mientras tanto, decenas de empresarios del sector turístico observan desde la banca. Pagan impuestos. Generan empleos. Mantienen abiertos sus negocios. Pero ven pasar las oportunidades como quien mira un desfile detrás de una ventana cerrada. Los hoteleros de años siguen sin protestar, mientras ven cómo el presupuesto se queda en tres cuentas bancarias. Algunos prefieren esconderse, como el famoso Ponciano, que después de salir exhibido en este espacio ya no asoma la cabeza ni para cargarle las maletas al presidente.
Y ésa es precisamente la pregunta que nadie logra responder: ¿Por qué siempre ganan los mismos? La situación resulta todavía más indignante cuando se escucha a trabajadores municipales denunciar descuentos inexplicables en sus percepciones. Pequeñas cantidades que desaparecen. Diferencias que nadie aclara. Preguntas que nadie responde. Miedos que nadie quiere expresar en voz alta. Porque en el Ayuntamiento, aseguran muchos empleados, el verdadero salario no es el dinero. Es el silencio. Callar para conservar el trabajo. Callar para evitar represalias. Callar para no convertirse en el siguiente problema de quienes controlan el poder.
Y mientras eso ocurre, los contratos siguen ocultos. Los proveedores siguen siendo los mismos. Los beneficiarios siguen apareciendo una y otra vez alrededor del mismo círculo político. Por eso la discusión ya no gira únicamente en torno a un hotel.
Ni siquiera gira alrededor de una persona. La discusión es mucho más profunda. Se trata de determinar si el ayuntamiento gobierna para todos los ciudadanos o solamente para quienes tienen la llave de los negocios que orbitan alrededor del poder. Porque cuando los recursos públicos y los intereses privados comienzan a confundirse, la frontera entre gobernar y hacer negocios se vuelve peligrosamente delgada. Y cuando esa frontera desaparece, quien termina pagando la cuenta siempre es el pueblo.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector la frase de la semana:
En política, los conflictos sociales siempre son resueltos por sus autores.












