Lavadero Político 26/07/26

Hay silencios que pesan más que cualquier discurso. El que hoy deja Francisco Alejandro Leyva Aguilar es uno de ellos.

Antes que periodista, era un padre, un familiar, un compañero de profesión. Antes que columnista, era un ser humano que ocupaba un lugar en una mesa que hoy quedó vacía. Y esa es la tragedia que nunca debemos perder de vista. Ninguna diferencia editorial, ninguna crítica, ninguna postura política puede hacer olvidar que detrás de un asesinato hay una familia que comienza una condena perpetua.

Desde este espacio expresamos nuestras más sinceras condolencias a su familia, a sus seres queridos y a todo el gremio periodístico de Oaxaca y de México. Que descanse en paz Francisco Alejandro Leyva Aguilar. Pero el duelo, por sí solo, no basta. También obliga a reflexionar.

En México seguimos confundiendo la crítica con la agresión. Hay servidores públicos que reciben un cuestionamiento periodístico como si fuera un ataque personal. No lo es. Quien decide ocupar un cargo público también acepta quedar sujeto al escrutinio ciudadano. Esa es la esencia de cualquier democracia que aspire a llamarse libre.

El periodista cuestiona el ejercicio del poder público. No juzga por simpatías o antipatías personales; señala decisiones, omisiones, contratos, políticas públicas y actos de gobierno que afectan a millones de personas. La crítica puede incomodar, incluso molestar. Pero nunca debería convertirse en motivo de odio, persecución o violencia.

Los números deberían avergonzarnos como país. Con el asesinato de Francisco Alejandro Leyva Aguilar, suman siete periodistas asesinados en México en lo que va de 2026, de acuerdo con diversos registros periodísticos y organizaciones internacionales. No son cifras; son nombres, familias destrozadas y voces que fueron apagadas.

Y mientras seguimos contando víctimas, la historia se repite una y otra vez. Condenas públicas. Minutos de silencio. Promesas de que “no habrá impunidad”. Carpetas de investigación. Reuniones. Pronunciamientos. Pero para demasiadas familias, la justicia sigue siendo una promesa que tarda demasiado o que nunca llega.

El caso de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, en Veracruz, volvió a estremecer al país. Fue privada de su libertad frente a su familia y posteriormente asesinada. Las investigaciones han derivado en múltiples detenciones y la Fiscalía incluso ha señalado la presunta participación intelectual de un presidente municipal, cuyo desafuero fue solicitado para enfrentar el proceso penal. Pero antes de Roxana ya hubo otros nombres que siguen siendo heridas abiertas para el periodismo mexicano. Ahí está Regina Martínez Pérez, corresponsal de la revista Proceso, asesinada en Xalapa en 2012 tras una trayectoria dedicada a investigar corrupción, abuso de poder y crimen organizado. Su muerte provocó indignación nacional e internacional y, más de una década después, continúa siendo uno de los casos más representativos de la impunidad en los delitos contra periodistas. También está María Elena Ferral Hernández, asesinada en Papantla en 2020 después de haber denunciado amenazas por su trabajo periodístico. En 2025, el asesinato de la periodista y fotógrafa Avisack Douglas Coronado, durante un ataque armado en Veracruz, volvió a recordar que la violencia contra la prensa no distingue contextos ni tiempos.

Roxana, Regina, María Elena, Avisack y ahora Francisco Alejandro. Son nombres distintos, historias distintas y circunstancias diferentes, pero todos terminan recordándonos la misma tragedia: en México todavía hay periodistas que pagan con su vida el ejercicio de una profesión indispensable para la democracia. Y mientras cada nuevo caso se convierta en una estadística más y no en un punto de inflexión para garantizar verdad y justicia, la deuda del Estado con la libertad de expresión seguirá creciendo.

Pero hay algo casi tan indignante como la violencia: el oportunismo.

Apenas ocurre una tragedia y aparecen quienes intentan convertir el dolor en propaganda. Algunos buscan reflectores. Otros buscan simpatías. Otros más intentan ajustar cuentas políticas utilizando la sangre de un compañero como bandera. Un asesinato deja de ser un llamado a la justicia para convertirse en herramienta de confrontación electoral.

Eso es profundamente inmoral.

Ningún proyecto político, ninguna aspiración personal, ninguna cortina de humo, ninguna campaña negra y ningún cálculo electoral valen más que la dignidad de una familia que acaba de perder a un hijo, a un padre, a un hermano o a un esposo. Hay tiempos para el debate político y hay momentos en los que lo único que debería existir es respeto.

También el gremio periodístico tiene una responsabilidad.

No podemos exigir respeto para la libertad de expresión mientras normalizamos campañas de odio, desinformación, linchamientos o ataques personales desde nuestros propios espacios. Defender el periodismo también implica defender la ética, la responsabilidad y el rigor.

Y quienes hoy ejercen el poder harían bien en entender una verdad elemental: la prensa no existe para aplaudir gobiernos.

Existe para preguntar.

Existe para investigar.

Existe para incomodar.

Existe para señalar aquello que el poder preferiría mantener oculto.

Los gobiernos democráticos no se fortalecen rodeándose de aduladores. Se fortalecen escuchando críticas, corrigiendo errores y entendiendo que el disenso no es una amenaza, sino un componente indispensable de la vida pública.

Sería un grave error que las mesas de diálogo que inevitablemente surgirán tras este crimen se conviertan en simples ejercicios de simulación. No basta con convocar reuniones si en ellas participan funcionarios quienes, durante años, han descalificado a periodistas, les han cerrado puertas, los acusan en reuniones privadas, los han estigmatizado, o los consideran enemigos por el simple hecho de hablar con la verdad.

La reconstrucción de la relación entre autoridades y medios exige algo más que discursos. Exige autocrítica, respeto institucional y la convicción de que la crítica no debilita al gobierno; lo obliga a ser mejor.

Francisco Alejandro Leyva Aguilar ya no podrá escribir una línea más.

Nosotros sí.

Y precisamente por eso tenemos una enorme responsabilidad.

Que su asesinato no sirva para alimentar campañas políticas.

Que no se convierta en un trofeo para quienes buscan protagonismo.

Que no termine reducido a un hashtag pasajero.

Que sirva para recordar que ninguna democracia puede presumirse libre cuando ejercer el periodismo implica jugarse la vida.

Porque el día que un periodista deja de escribir por miedo, perdemos todos.

Pero el día que un periodista deja de escribir porque fue asesinado, no sólo pierde el periodismo.

Pierde la sociedad.

Pierde la verdad.

Y pierde, también, la democracia.

D.E.P. Francisco Alejandro Leyva Aguilar

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En un capítulo más de su gustada serie “Juegos de la democracia… con cargo al erario”, apareció en la escena política de Oaxaca la nueva franquicia partidista: SOMOS MX Oaxaca.

Sí, estimado ciberlector. Experredistas y expanistas vuelven a tocar la puerta de los electores para convencer al pueblo bueno y sabio de que ahora sí ellos representan la opción que hará la diferencia y que será capaz de sacar a Morena del poder.

No… no es broma.

Al frente de la dirigencia estatal quedaron José Julio Antonio Aquino y Leslie Jiménez Valencia, dos personajes con amplia trayectoria política que ahora intentarán posicionar a este nuevo instituto político. El verdadero reto será demostrar que pueden construir una estructura propia y un respaldo ciudadano suficiente para competir en un escenario donde los partidos emergentes suelen enfrentar un camino cuesta arriba.

Las malas lenguas aseguran que, más allá del discurso de renovación, el objetivo inmediato será asegurar posiciones de representación proporcional en los próximos procesos electorales. Si esa versión resulta cierta, el tiempo terminará por confirmarlo.

Jejeje…

Otro personaje que reapareció fue Romel Giovanny Matus Matus, quien esta semana fue designado representante del partido —todavía identificado con el color rosa— ante el Consejo General del IEEPCO.

Su trayectoria política tampoco ha estado exenta de tropiezos. Entre ellos, su paso como administrador municipal de San Lucas Zoquiápam, donde enfrentó un conflicto con habitantes del municipio

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Estimado ciberlector, estará usted de acuerdo que hay derrotas políticas que llegan en las urnas y otras que se reflejan en los hoteles vacíos, en los restaurantes esperando clientes y en los artesanos regresando a casa con la mercancía casi intacta. La Guelaguetza 2026 dejó uno de esos mensajes que ningún boletín oficial puede ocultar.

Mientras el Gobierno del Estado presume ocupaciones históricas, derramas millonarias y el éxito de más de 140 actividades culturales, una parte importante del sector turístico cuenta una historia completamente distinta. Hoteleros, restauranteros y prestadores de servicios (muchos con décadas viviendo de esta industria) coinciden en que este julio estuvo lejos de cumplir las expectativas que tradicionalmente genera la máxima fiesta de los oaxaqueños.

Porque las cifras oficiales pueden construir una narrativa; el mercado no. Si hubo habitaciones disponibles en plena temporada alta, si las reservaciones quedaron por debajo de otros años y si las ventas de los artesanos no despegaron como se esperaba, entonces algo falló. Y ese “algo” no puede explicarse únicamente con boletines optimistas.

Aquí es donde entra en escena nuestra ya conocida Trotamundos del Bienestar, quien parece más preocupada por administrar el discurso que por reconocer que la política turística del estado necesita mucho más que eventos, fotografías y publicaciones en redes sociales.

La pregunta es inevitable: ¿cómo puede hablarse de éxito cuando quienes viven del turismo sostienen exactamente lo contrario?

Porque, además, el problema no es la falta de recursos.

La Cuenta Pública 2025 muestra que la Secretaría de Turismo dispuso de un presupuesto superior a 322.5 millones de pesos. Una cantidad suficiente para diseñar una estrategia seria de promoción nacional e internacional, fortalecer la marca Oaxaca y aprovechar uno de los escaparates turísticos más importantes del país.

Y durante 2026 el gasto continuó.

Mediante las licitaciones LPE-SA-ST-0023-05/2026 y LPE-SA-ST-0024-05/2026, el Gobierno del Estado destinó 11 millones 34 mil 326 pesos para bienes, servicios y campañas de promoción relacionadas con el Mundial de Futbol 2026.

Entonces surge una pregunta que cualquier ciudadano tiene derecho a formular:

Si hubo presupuesto, si hubo campañas y si hubo promoción… ¿por qué el sector turístico asegura que los resultados no llegaron?

Hasta ahora nadie ha dado una explicación convincente.

Porque una estrategia turística no se mide por el número de eventos organizados ni por la cantidad de boletines difundidos. Se mide por la ocupación hotelera, por el consumo en restaurantes, por la derrama económica en los mercados, por las ventas de los artesanos y por la capacidad de atraer visitantes que generen riqueza para miles de familias.

Desde el inicio del sexenio hemos escuchado que los funcionarios serían distintos a las mañas de los conservadores, que terminarían los excesos, el despilfarro y las decisiones improvisadas. Sin embargo, conforme avanzan los meses, la distancia entre ese discurso y los resultados parece hacerse cada vez mayor.

Un ejemplo es la Feria Gastronómica y Artesanal de San Vicente Coatlán. Nadie discute la importancia de impulsar a los municipios, pero cuesta entender por qué se privilegian eventos de promoción cuando esa población enfrenta rezagos sociales importantes y un Índice de Desarrollo Humano cercano a 0.529, por debajo del promedio estatal.

La pregunta no es si debe haber promoción turística.

La pregunta es si existe una política pública coherente detrás de cada peso que se gasta.

Porque, hasta ahora, la Secretaría de Turismo sigue sin presentar una ruta clara. No existe una estrategia pública con metas, indicadores o resultados medibles que permita entender hacia dónde quiere llevar al turismo de Oaxaca. Lo que sí abundan son anuncios, campañas, eventos y cifras triunfalistas. Y estimado ciberlector, cuando la estrategia no aparece, inevitablemente surge la sospecha de que la improvisación terminó sustituyendo a la planeación. Y los hechos hablan por sí solos.

Más aún cuando, al revisar públicamente a algunas de las empresas beneficiadas con contratos millonarios de promoción, resulta complicado encontrar información suficiente sobre su experiencia o trayectoria en campañas de este nivel. No significa, por sí mismo, que exista una irregularidad; pero sí deja abiertas preguntas legítimas sobre la selección de proveedores y sobre la eficacia del gasto público.

Al final, querido ciberlector, el turismo no entiende de propaganda.

El turista no reserva una habitación porque un funcionario diga que todo fue un éxito. La reserva cuando existe una estrategia que logra convencerlo de visitar Oaxaca.

Y esa diferencia es justamente la que hoy tiene a muchos empresarios turísticos diciendo, en voz baja y otros ya no tan baja, que esta Guelaguetza dejó más decepciones que ganancias.

Porque los boletines pueden inflar cifras. Los discursos pueden repetir que todo salió bien.

Pero las habitaciones vacías, las mesas sin comensales y los artesanos sin ventas tienen una mala costumbre: siempre terminan contando la verdadera historia.

P. D. La próxima semana, una vez concluida la Octava de los Lunes del Cerro, revisaremos cuánto dinero se destinó realmente a la Guelaguetza, qué partidas se ejercieron y quiénes fueron los beneficiados con contratos pagados con recursos públicos. Porque, como suele ocurrir, la historia apenas comienza.

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Nuestra reportera, Totalmente Chaira, nos cuenta que quien sigue sin lograr recomponer su relación política con el gobernador Salomón Jara es la presidenta municipal de Santa Cruz Xoxocotlán, Nancy Benítez Zárate. Y no precisamente porque alguien le esté poniendo obstáculos desde fuera, sino porque, según comentan en los pasillos del Palacio de Gobierno, buena parte de los problemas se los ha fabricado ella sola.

Dicen quienes han coincidido con la alcaldesa en reuniones de trabajo que existe un patrón que comienza a cansar. Cuando surge un problema, la responsabilidad siempre recae en alguien más: funcionarios del Gobierno del Estado, integrantes de su propio gabinete o cualquier otro actor. Todos terminan siendo señalados… menos quien encabeza el Ayuntamiento.

Y ahí está el fondo del asunto. En política, reconocer errores no debilita; al contrario, fortalece el liderazgo porque permite corregir el rumbo. Lo que realmente desgasta a un gobernante es transmitir la impresión de que nunca se equivoca y que las fallas siempre tienen un responsable distinto. Ese discurso puede funcionar una vez, quizá dos, pero termina agotándose cuando los resultados no acompañan.

Las lenguas viperinas aseguran que esa actitud ya habría provocado un evidente enfriamiento con el gobernador. No se trata de un rompimiento institucional (porque ambos pertenecen al mismo movimiento y las formas políticas obligan a mantener la cordialidad), sino de una relación que, dicen, está lejos de la confianza que existía al inicio de la administración.

Mientras tanto, el reloj político no se detiene. En Morena ya comenzaron los movimientos rumbo a la sucesión municipal y, cuentan quienes conocen el ambiente interno del partido, hay más de un grupo esperando el momento oportuno para disputar el liderazgo en Xoxocotlán. Porque en política, cuando un liderazgo empieza a desgastarse, los relevos nunca tardan en aparecer.

Y si la presidenta quiere seguir pensando en una eventual reelección, primero tendrá que recuperar algo mucho más importante: la confianza política que, según dicen, ha ido perdiendo paso a paso. Porque, al final, el rival más peligroso no siempre está enfrente… muchas veces se encuentra en el espejo.

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Estimado ciberlector, mientras el Gobierno del Estado se prepara para celebrar el Día del Empleado 2026, cuya logística deberá quedar lista durante la primera quincena de agosto, nuestra reportera Godín ya comenzó a revisar los expedientes… y el primero ya levantó más de una ceja. Las propias bases de la licitación establecen que los uniformes, calzado y accesorios deportivos debían entregarse a más tardar el 6 de agosto, y que el contrato tendría vigencia hasta el 14 de agosto, por lo que la celebración se prevé para esos días.

Resulta que la Secretaría de Administración lanzó una licitación pública para adquirir miles de uniformes, calzado y accesorios deportivos. Hasta ahí todo normal. Lo curioso vino después: no se presentó un solo proveedor. Ni uno. El procedimiento terminó declarándose desierto.

¿Por qué ninguna empresa quiso participar? ¿Las condiciones eran poco atractivas? ¿Los tiempos de entrega demasiado ajustados? ¿Las especificaciones técnicas desalentaron a los proveedores? Por ahora no hay respuestas.

Lo que sí sabemos es que una licitación desierta no necesariamente pone fin a una compra pública. En determinados supuestos legales, la autoridad puede optar por otros mecanismos de contratación, por lo que la historia apenas comienza.

Así que la reportera Godín ya sacó la libreta. Estaremos atentos para conocer si se emite una nueva convocatoria, si cambia el procedimiento o quién terminará suministrando los artículos para esta celebración. Porque, como suele ocurrir en las compras públicas, muchas veces la noticia no está cuando una licitación se declara desierta… sino en lo que sucede después.

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¿Quién es el funcionario del Jardín Primaveral al que ya conocen como “el funcionario del corazón sumergido de los Países Bajos”?

Pista única: porque la caga aquí, la caga allá… y cada nuevo tropiezo lo hunde un poquito más. Je, je, je.

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¿VERDAD O MENTIRA?

Las lenguas viperinas andan diciendo que la actual titular de las Becas Benito Juárez en Oaxaca, María de Jesús Melgar, se habría sometido a varias cirugías estéticas para dejar atrás el apodo de “MariChucky”.

¿Será esa la transformación de la que tanto hablaban?

Los mismos chismosos aseguran que el retoque fue tan generoso que, según ellos, ahora hasta trabajo le cuesta abrir bien los ojos.

Nosotros no afirmamos nada… solo transmitimos el chisme que anda recorriendo los cafés políticos.

Recomendación musical de la semana

Tema: Remodelación facial

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Hay quienes creen que el peor enemigo de un artesano es la falta de ventas. O el regateo del turista. Se equivocan, asegura nuestro Flechador del Sol.

En Huajuapan el verdadero enemigo despacha detrás de un escritorio y se llama presidente municipal, alias el Chupón.

Resulta que, para vender una artesanía en el área de arte popular del palacio municipal de Huajuapan, ya no basta con tener talento. Tampoco con pagar el derecho de piso. Ahora el artesano debe demostrar que está al corriente con el agua, el predial, la basura y cualquier otra ocurrencia recaudatoria del Ayuntamiento.

Como si el productor de chocolate o el tejedor de palma fuera un evasor de cuello blanco y no un ciudadano que intenta comer con lo que moldean sus manos.

Pero la codicia oficial no termina ahí. Los artesanos que exhiben en el palacio denuncian que además de los trámites hay que soltar dinero en efectivo en cuotas periódicas.

Ya lo advertimos antes: este Ayuntamiento dejó de ser un gobierno para convertirse en un auténtico grupo delictivo. Aplicaron su propia versión del sistema gota a gota.

Asfixian al creador exigiéndole dinero para financiar los caprichos en turno. Entre ellos, los famosos hermanamientos que siempre terminan en turismo político. Es decir, el artesano trabaja. Vende. Paga sus impuestos. Y encima tiene que rendirle tributo a la mafia municipal.

Lo más grave no es el asalto a los bolsillos. Lo verdaderamente preocupante es la anulación de la ley. Los expositores tienen su propio reglamento interno, pero al Chupón eso lo tiene sin cuidado. Para él, la única regla válida es su palabra. Y los resultados de esa arbitrariedad están a la vista. Esa área de exposición tiene una condición estricta: es un espacio exclusivo para creadores mixtecos. Ahí debe exhibirse el trabajo honesto de quienes producen café, ropa hecha en telar de cintura, obras de pintura, escultura y artesanía común.

Sin embargo, en esos mismos pasillos ya se encuentran productos chiapanecos y guatemaltecos. El presidente hizo a un lado a los creadores locales para dejar entrar a la reventa. El Ayuntamiento dejó de administrar un espacio cultural para operar una caja chica.

Gobernar por ocurrencias es el primer paso hacia la tiranía de pueblo. Los reglamentos no se escribieron para estorbar. Existen para evitar que el poder cambie las reglas del juego cuando le da la gana.

Cuando la ley enmudece y mandan los caprichos, los ciudadanos pierden sus derechos y se convierten en vasallos que piden permiso para trabajar.

El presidente municipal tiene la obligación de explicar hoy mismo cuánto le cobra a los expositores, a dónde va ese dinero y por qué pisotea el reglamento interno para meter mercancía de otros lados.

La transparencia siempre será más barata que el silencio. Y el silencio es la confesión más clara del abuso.

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Nos platica nuestro reportero en la Mixteca, que la Casa Huaxuapa tiene dos meses de silencio y una renuncia escondida. Además, con una regidora que se cree candidata.

Desde hace varias semanas había una pregunta rodando por los pasillos culturales de Huajuapan. Una que nadie en el ayuntamiento parecía dispuesto a contestar.

¿Quién dirige realmente Casa Huaxuapa?

La duda no era gratuita. Personas cercanas al ámbito cultural aseguraban que la presidenta del patronato había desaparecido de las actividades públicas apenas unas semanas después de asumir el cargo. Dejó la silla vacía. Las versiones sobraban: diferencias internas, choques de ego, un ambiente insostenible que la obligó a hacerse a un lado.

Hasta ahí, podría ser una crisis normal en cualquier organismo ciudadano. Lo verdaderamente grave fue el encubrimiento que vino después.

Oficialmente nadie dijo nada. No hubo comunicado. No hubo explicación. No hubo sustitución. En política, cuando todos guardan silencio al mismo tiempo, no es porque no pase nada. Es porque alguien dio la orden de esconder la basura bajo la alfombra.

Ahora sabemos por qué guardaban silencio.

La maestra Laura Rivera Palacios, artista plástica y gestora cultural, presentó su renuncia voluntaria e irrevocable a la presidencia del Patronato de Casa Huaxuapa, Arte y Cultura 2026-2027 desde el 25 de mayo. Hace casi dos meses. La hizo llegar formalmente a Presidencia Municipal, al cabildo del H. Ayuntamiento y a la Regiduría de Cultura, Turismo y Deporte.

El ayuntamiento no dijo nada. Ni una palabra. Ni un comunicado. Ni una explicación a la ciudadanía.

Y la propia Laura Rivera lo confirma en su carta: “Desconozco las razones por las que el H. Ayuntamiento no ha dado a conocer a la ciudadanía mi renuncia.”

Dos meses de silencio deliberado. Dos meses en los que nadie en el ayuntamiento consideró necesario informarle a Huajuapan que la responsable de una institución cultural pública había dejado el cargo. Dos meses en los que alguien, desde la sombra, siguió tomando decisiones, firmando documentos y administrando recursos sin que nadie supiera quién era ni con qué autoridad actuaba.

Eso no es un descuido administrativo. Es una irresponsabilidad legal con nombre y apellido institucional.

Pero la historia no termina ahí. Cuando la maestra Laura Rivera, harta del silencio, decidió hacer pública su renuncia por sus propios medios, se comunicó con la regidora de Cultura, Melina Mendoza, conocida en los círculos del palacio municipal como la Sonrics. La respuesta de la regidora fue tan reveladora como grosera:

Ahora resulta que estoy en mi derecho de comunicar yo.

Así, con esa arrogancia, le respondió a una ciudadana que solo pedía que su renuncia, presentada dos meses antes, fuera conocida por la comunidad a la que había servido.

Pero la Sonrics tiene sus razones para andar con los humos por las nubes. El presidente Chupón le ha hecho creer que será la próxima candidata a la presidencia municipal. Y como su papá es cuñado de Heladio Ramírez López, ella considera que esa conexión familiar le garantiza el camino libre para candidatearse por el partido que ella elija. Lo que el Chupón le tiene prometido, según se comenta en los pasillos del palacio, es la candidatura por el PAN.

Con esas ilusiones en la cabeza, la Sonrics anda insoportable. Trata a los ciudadanos como si ya fuera presidenta. Responde con desdén a quienes le hacen una petición legítima. Y protege el silencio del ayuntamiento como si fuera su propio silencio.

Las preguntas que nadie ha respondido siguen en pie y ahora pesan más:

¿Quién dirigió Casa Huaxuapa durante los dos meses en que la presidenta ya había renunciado pero el ayuntamiento ocultaba la información? ¿Quién firmó los documentos oficiales? ¿Quién tomó las decisiones? ¿Quién administró el dinero? ¿Con qué sustento legal operó la institución durante ese tiempo?

La maestra Laura Rivera hizo lo correcto: renunció formalmente, esperó con paciencia y finalmente hizo pública su decisión cuando el ayuntamiento dejó claro que no tenía intención de informar.

El ayuntamiento hizo lo que hace siempre: esconder, callar y esperar que nadie pregunte.

Y la regidora Melina Mendoza, la Sonrics, hizo lo que hacen quienes se creen más de lo que son: contestar con soberbia lo que debió responder con respeto.

En Casa Huaxuapa hay una silla vacía desde hace dos meses. El ayuntamiento sabía. Y calló.

Eso, en cualquier administración que se respete, se llama negligencia. Aquí lo llaman normalidad.

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Nos cuenta nuestro reportero el Flechador del Sol que el foro que el ayuntamiento municipal prometió apoyar terminó convertido en un asalto.

La Confederación Internacional de Mexicanos en el Extranjero llegó a Huajuapan con una agenda ambiciosa y una sospecha que pronto se confirmó: el apoyo del ayuntamiento no iba a llegar. Al menos no como lo prometieron.

El 18 de julio, en la Casa de la Cultura de Huajuapan de León, se realizó el Foro Regional “Conexión México-EE.UU.”, dirigido a familias de trabajadores migratorios de las tres Mixtecas: Puebla, Guerrero y Oaxaca. Líderes comunitarios de Chicago, Los Ángeles, Texas y Nueva York cruzaron medio continente para estar presentes.

Lo que no cruzó fue la palabra del presidente municipal.

Días antes del evento, el Chupón le prometió al organizador apoyo completo: hospedaje, alimentación y, si se podía, algo del transporte. Palabra de presidente. Compromiso en persona. De esos que en Huajuapan ya se sabe cuánto duran.

Cuando el organizador regresó a recordarle la promesa, el presidente ya no estaba disponible. Quien lo recibió fue “la Diva”, la secretaria conocida en el palacio municipal por gritarle al Chupón y ponerle los dedos en la cara frente a la gente. El presidente no volvió a dar la cara. En su lugar mandó a uno de sus funcionarios de burbuja a “escuchar” y a darle el avión con toda la elegancia institucional que caracteriza a esta administración.

El mensaje, sin decirse, quedó claro: aquí no hay nada para usted.

Lo único que le ofrecieron fue el uso del auditorio de la Casa de la Cultura. Y ahí comenzó el segundo capítulo del asalto.

Por órdenes de la regidora de Cultura, Melina Mendoza, la Sonrics, al organizador le cobraron por todo. Por los tablones. Por las sillas. Por cada detalle logístico que en cualquier municipio que se respete se considera apoyo básico a un evento de esta naturaleza. Pero lo más insólito vino después: se atrevieron a pedirle desodorantes personales de marcas específicas. Desodorantes. A un organizador de un foro internacional sobre migración mixteca.

En cualquier otro contexto sonaría a broma. En Huajuapan, con esta administración, es procedimiento normal.

El organizador cumplió con todos los caprichos que le exigieron. Pagó lo que le cobraron. Entregó lo que le pidieron. Y aun así, lo que recibió del ayuntamiento que días antes le había prometido hospedaje y transporte fue, en palabras precisas, un asalto en despoblado.

Sin más opciones dentro del municipio, tuvo que buscar apoyo afuera. Y ahí apareció quien no tenía ninguna obligación de ayudar, pero lo hizo sin pensarlo dos veces: el presidente municipal de Huajolotitlán, el ingeniero José Barbosa Barragán, mandó apoyo desinteresado y generoso cuando el anfitrión oficial había fallado.

Amigos así se cuentan con los dedos de una mano. Y presidentes municipales así, también. Por algo es el líder natural de la cañada.

El contraste no necesita explicación: mientras el Chupón rompía su promesa y la Sonrics cobraba desodorantes, un presidente de municipio vecino llegó a tender la mano sin que nadie se la pidiera dos veces.

El foro salió adelante. Con gran éxito, según informó la propia Confederación. Se presentaron tres proyectos de alcance internacional: la convocatoria al Primer Congreso Internacional de Familiares de Trabajadores Migratorios, un Sistema de Articulación Comercial y de Ahorro para el Desarrollo Productivo dirigido a mexicanos en el exterior y sus familias en México, y la propuesta de Organización Legal del Trabajo Migratorio.

Tres proyectos que tocan directamente la vida de miles de familias mixtecas cuyos integrantes cruzan la frontera cada año buscando lo que su propio municipio no les da.

Mientras eso ocurría en la Casa de la Cultura, el presidente Chupón estaba ocupado en lo suyo: en la feria más cara de la historia, en los grupos piratas, en los millones que no se explican y en las cuentas que nadie quiere abrir.

Un foro internacional sobre migración mixteca no cabía en su agenda. Nunca cabe lo que no produce foto conveniente ni negocio a la vista.

Los migrantes de las tres Mixtecas vinieron, expusieron, propusieron y se fueron con acuerdos. Sin el ayuntamiento. A pesar del ayuntamiento. Con la ayuda de quien menos obligación tenía de darla.

Que quede en el registro: cuando los hijos de la Mixteca necesitaron a su gobierno municipal, el gobierno municipal les prometió apoyo, los mandó con la Diva, les cobró las sillas y les pidió desodorantes.

Y cuando el evento salió adelante solo, con éxito y con líderes de cuatro estados de la Unión Americana presentes, el Chupón no estaba. Como siempre.

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Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:

En política, el verdadero poder no se demuestra silenciando a quien critica, sino teniendo la grandeza de escuchar aquello que nadie quiere oír.