Hay algo más doloroso que un periodista asesinado.
Que apenas unos días después de su muerte ya haya quienes intenten sacar provecho de ella.
El asesinato de Francisco Alejandro Leyva Aguilar debió unir a Oaxaca en una sola exigencia: justicia. Sin embargo, conforme pasan los días, la conversación parece alejarse de lo verdaderamente importante. Hoy abundan las conferencias, las columnas de funcionarios, los comunicados de personas ajenas a la familia, tuits sin tacto, las fotografías, los posicionamientos y las acusaciones. Lo que sigue faltando son respuestas para su familia.
Lo más preocupante es que la tragedia comenzó a utilizarse como un instrumento político y mediático. Hay quienes encontraron una oportunidad para ganar reflectores, como aquel que se puso una mordaza, ajustar cuentas pendientes o reposicionarse en la discusión pública. Otros reparten culpas con una seguridad que ni siquiera tiene la autoridad responsable de la investigación. Políticos que pagan campañas negras para lavarse la cara. En tiempos de redes sociales, parecería que cualquiera puede convertirse en fiscal, juez y sentenciador.
Tampoco ayuda que algunos medios decidan convertir el asesinato en un nuevo campo de batalla entre periodistas. Cuando una tragedia termina utilizándose para repartir etiquetas, desacreditar colegas o profundizar viejas diferencias, el debate deja de centrarse en el crimen y comienza a girar alrededor de intereses ajenos a la búsqueda de justicia.
También resulta preocupante observar a funcionarios opinando desde columnas o espacios públicos sobre un caso que todavía se encuentra bajo investigación. En momentos como éste, la responsabilidad institucional no consiste en construir narrativas, sino en generar confianza, garantizar transparencia y contribuir a que la verdad salga a la luz.
Mientras todo ese ruido ocupa la conversación pública, quienes realmente cargan con la pérdida permanecen en un segundo plano. Los hijos, las hermanas, los familiares que si lo querían y los amigos de Alejandro no necesitan discursos, protagonismos ni disputas políticas. Necesitan respuestas. Necesitan saber quién lo asesinó, quién ordenó ese crimen y que los responsables enfrenten la justicia.
Un asesinato no debería convertirse en una plataforma política ni en una competencia por ver quién obtiene más reflectores. Mucho menos en un motivo para dividir a un gremio que hoy tendría que cerrar filas frente a una agresión que nos afecta a todos.
Porque mientras unos discuten quién es “chayotero”, quién es “crítico” y quién tiene autoridad moral para hablar, las preguntas verdaderamente importantes siguen sin respuesta:
¿Quién asesinó a Francisco Alejandro Leyva Aguilar?
¿Quién ordenó el crimen?
¿Cuándo habrá justicia?
Todo lo demás es ruido.
Y la familia merece mucho más que ruido. Merece verdad, justicia y el compromiso de que la muerte de Alejandro no será utilizada como moneda de cambio política ni mediática, sino como un recordatorio de que ningún interés personal puede estar por encima de la vida de un periodista.
Estimados ciberlectores, nuestro reportero campesino, nos informa que mientras en distintas regiones de Oaxaca las y los productores siguen reclamando apoyos, caminos, asistencia técnica, comercialización y atención para sacar adelante sus cosechas, en los escritorios de la Secretaría de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural (SEFADER) ya floreció una planta bastante generosa: una consultoría por 93 millones 640 mil pesos.
No es para comprar tractores, sistemas de riego, semillas, fertilizantes ni maquinaria. Tampoco para construir centros de acopio. El contrato es para que una empresa privada reúna y administre a 231 personas que darán capacitación, asistencia técnica y acompañamiento dentro del programa Maíz Nativo durante lo que resta de 2026.
Sí, leyó bien: casi cien millones de pesos destinados a una consultoría en uno de los sectores que más reclama abandono presupuestal.
La licitación nacional LPN-SA-SF-0034-06/2026, solicitada por la dependencia que encabeza Víctor López Leyva, exigió un técnico especializado en maíz, uno en biofábricas, uno en aves de doble propósito, 16 coordinadores y 212 técnicos de campo. En total, 231 profesionistas que deberán trabajar en municipios de las ocho regiones del estado.
Pero la cobertura no es menor, estimados ciberlectores. El anexo territorial incorpora 282 registros y, descontando dos municipios aparentemente repetidos, comprende alrededor de 280 municipios distintos. Para atenderlos se contemplan únicamente 212 técnicos de campo: en promedio, uno por cada 1.32 municipios.
El expediente no explica qué comunidades atenderá cada profesionista, cuántas parcelas tendrá bajo su responsabilidad, cuántos productores deberá visitar ni con qué frecuencia recorrerá cada zona. Mucha geografía en el papel, pero ninguna ruta operativa pública para demostrar que la cobertura será verdaderamente posible.
Para terminar de aflojarle los tornillos al control, las propias bases permiten que la Sefader modifique o amplíe esa cobertura con sólo 48 horas de anticipación, mientras el proveedor queda obligado a continuar el servicio. Es decir, el territorio puede crecer, pero el expediente no explica cómo se ajustarán el personal, las cargas de trabajo o la logística.
De los múltiples errores ortográficos, de no precisar correctamente algunos municipios y de las duplicidades en el listado, ya ni hablamos. Para un expediente de 93 millones de pesos, esos detalles no deberían existir. Desde ahí viene la maña.
Hasta ahí, estimados ciberlectores, podría tratarse de una inversión necesaria. Oaxaca requiere acompañamiento técnico serio en el campo y nadie discute la importancia de conservar el maíz nativo. El problema comienza cuando uno abre el expediente, saca la calculadora y descubre que sólo una empresa llegó a concursar.
Ni competencia, ni segunda oferta, ni punto de comparación.
A la Junta de Aclaraciones del 9 de julio no acudió un solo licitante y tampoco se presentó alguna pregunta sobre las bases. Cuatro días después apareció únicamente Transacciones en Mercados, S.A.P.I. de C.V., representada en el acto por Édgar Rafael Velasco Diego, con una oferta exacta de 93 millones 640 mil pesos, IVA incluido. La empresa participó sola y ganó sola. Así de simple. Así de preocupante.
Así que es indispensable una explicación pública por parte de Víctor López Leyva, mejor conocido por el “Just For Man”, porque una licitación nacional con un solo competidor por casi cien millones de pesos termina pareciéndose más a un trámite de validación que a una verdadera competencia por ofrecerle al Estado las mejores condiciones.
Y aquí viene el detalle que merece lupa.
El monto sin IVA equivale aproximadamente a 80 millones 724 mil pesos. Si ese monto sin IVA se dividiera de manera puramente referencial entre los 231 integrantes requeridos, el costo promedio sería de aproximadamente 349 mil 455 pesos por persona durante el periodo contratado. No significa que cada técnico vaya a recibir esa cantidad: ahí deben caber honorarios diferenciados, prestaciones, traslados, equipo, administración y utilidad. Justamente por eso se requiere el desglose que el expediente público no ofrece.
Las bases tampoco presentan una tarifa individual para técnicos, coordinadores y especialistas. Todo fue empaquetado en un lote único y un precio global. No se publica en el expediente revisado cuánto se pagará de salario, cuánto costará la movilidad, cuánto corresponderá a prestaciones, cuánto a herramientas y cuánto será utilidad. Sin ese desglose, lo único verificable es que la autoridad aceptó el monto frente a una sola propuesta económica.
Los entregables tampoco son una evaluación independiente del impacto productivo. La empresa deberá presentar un listado del personal, 1,386 informes periódicos, 231 informes finales, un informe general y un acta de entrega-recepción acompañada de por lo menos 50 fotografías. Mucho papel, muchas firmas y muchas fotografías; pero las bases no fijan metas cuantificables sobre aumento en rendimientos, reducción de pérdidas, parcelas atendidas por técnico, recuperación de semillas o mejoras concretas en los ingresos de los productores.
Dicho con toda claridad: el contrato enumera muchas actividades, pero evita convertirlas en metas verificables. No establece cuántos productores deberá atender cada técnico, cuántas visitas hará, cuántas hectáreas cubrirá, cuántas parcelas demostrativas instalará ni qué mejora mínima deberá alcanzar. Tampoco exige georreferenciación de las visitas, evaluación externa, validación comunitaria o indicadores de productividad. Incluso permite que parte de la capacitación se realice virtualmente, como si diagnosticar un suelo, revisar una plaga o acompañar una parcela pudiera resolverse siempre desde una pantalla.
Pero hay un dato todavía más delicado: la velocidad con la que se liberará el dinero. Los primeros 231 informes deben presentarse el 10 de agosto y otros 231 apenas diez días después. Con esas dos entregas, la empresa podría cobrar el 30% del contrato, equivalente a 28 millones 92 mil pesos. Para septiembre ya habría recibido 55% y, al terminar octubre, 80%: 74 millones 912 mil pesos. El dinero avanza mucho más rápido que cualquier ciclo agrícola capaz de demostrar resultados.
En otras palabras, antes de que pueda medirse seriamente un incremento en la producción, una reducción de plagas, una mejora de los suelos o un aumento en los ingresos de las familias campesinas, cuatro quintas partes del contrato ya podrían estar pagadas. El expediente privilegia la entrega de reportes sobre la comprobación de resultados.
¿Quién es Transacciones en Mercados?
Su RFC es TME090417Q24, lo que permite ubicar su inscripción fiscal en abril de 2009, aunque el RFC por sí solo no sustituye la consulta de su escritura constitutiva para determinar la fecha exacta de creación legal. En registros de proveedores de Puebla aparece desde hace años ligada a actividades tan diversas como construcción, papelería, maquinaria agropecuaria, fertilizantes, transporte y otros servicios comerciales. También obtuvo contratos públicos desde, por lo menos, 2014 y 2015 para implementar huertos escuela y azoteas verdes en Puebla.
Su historial público muestra una empresa de objeto muy amplio, capaz de pasar de la construcción y la venta de papelería a maquinaria, fertilizantes y consultorías científicas. Tiene múltiples actividades económicas, así que es importante que demuestre que cuenta realmente con la estructura, experiencia y personal para movilizar a 231 profesionistas en cientos de municipios oaxaqueños. Así que nuestro reportero está muy atento en todas las regiones, porque la simulación en esta dependencia que encabeza Víctor está a la orden del día.
Y hay otro dato que llama la atención: Transacciones en Mercados fue incorporada al padrón de proveedores de Oaxaca el 12 de junio de 2026. Veinticinco días después ya estaba en condiciones de concursar; el 13 de julio presentó la única oferta y el 21 de julio obtuvo el fallo por 93 millones 640 mil pesos. En sólo 39 días pasó de registrarse ante el Gobierno estatal a quedarse con uno de sus contratos de consultoría más cuantiosos. En ese padrón aparece bajo los giros de “otros servicios de consultoría científica y técnica” y “otros servicios profesionales, científicos y técnicos”, con Édgar Rafael Velasco Diego como contacto o representante registrado.
Este detallito sí obliga a preguntar cómo verificó la autoridad, en tan poco tiempo, que una empresa recién incorporada al padrón estatal tenía disponibles 231 perfiles profesionales, oficinas equipadas, capacidad financiera, logística regional y experiencia suficiente para hacerse cargo de una operación de casi cien millones de pesos.
Las bases permitían realizar visitas al domicilio, comprobar instalaciones, revisar la existencia del personal y verificar documentos. Lo que no aparece en el fallo público es si dichas verificaciones efectivamente se realizaron, cuáles fueron sus resultados o qué contratos presentó la empresa para acreditar experiencia comparable.
La Secretaría de Administración asegura que la oferta “cumplió”. Pero no publica el dictamen técnico-económico completo, la investigación de mercado, la mediana utilizada para considerar aceptable el precio, el currículum empresarial, los contratos con los que acreditó experiencia, la nómina propuesta, los honorarios individuales ni la relación de los 231 especialistas.
Estimado ciberlector, así cualquiera presume transparencia: se publica el ganador, el monto y una firma; lo verdaderamente importante se queda dentro del sobre.

Víctor López Leyva ha informado que durante los primeros tres años del actual gobierno se ejercieron más de 2 mil 100 millones de pesos para impulsar el campo. Frente a esa cifra, está sola consultoría equivale aproximadamente al 4.5 por ciento de toda esa inversión anunciada.
Porque la transparencia no consiste únicamente en publicar quién ganó. También implica explicar por qué ganó y cómo se llegó a ese precio.
No es una cantidad menor. Y menos en una dependencia donde las quejas de productores agrícolas, ganaderos y pesqueros suelen comenzar siempre con la misma frase: no hay suficiente presupuesto.
Y aquí no termina la historia, estimados ciberlectores. Apenas comienza. Porque el contrato apenas iniciará su ejecución y será posible verificar si esos 231 profesionistas realmente aparecen en las comunidades, si los productores reciben la asistencia prometida, si los informes corresponden al trabajo realizado y si los 93.6 millones de pesos terminan reflejándose en el campo o únicamente en los expedientes administrativos. En el Lavadero Político seguiremos esa ruta peso por peso y comunidad por comunidad. Y es que ya va a iniciar el proceso electoral y dinero dicen que se necesita para inyectar campañas personales.
Porque el maíz nativo merece protección, los técnicos merecen un pago digno y los productores merecen asistencia verdadera.
Quienes no merecen otro negocio envuelto en papel membretado son los oaxaqueños.
Porque en Oaxaca el campo ya ha esperado demasiado como para conformarse otra vez con informes mal redactados y resultados mal cosechados.
Al tiempo…
Nuestra reportera Ratatouille, siempre curiosa y con la calculadora entre las patas, se metió a revisar las cifras presentadas por la secretaria de Turismo de Oaxaca, Saymi Pineda Velasco, y encontró que el supuesto banquete turístico tuvo mucho mantel, mucha vajilla y bastante propaganda… pero muy poca carne.
Saymi sin vergüenza alguna informó que, del 17 al 27 de julio, Oaxaca, recibió 146 mil 414 turistas que vinieron a disfrutar de la Guelaguetza, alcanzó una ocupación hotelera acumulada de 79.04% y generó una derrama económica de 652 millones de pesos. La lámina se veía espectacular, estimados ciberlectores: flechas hacia arriba, números grandes y colores de triunfo. El pequeño detalle es que, frente a 2025, únicamente llegaron 1,759 turistas más, es decir, un crecimiento de apenas 1.22%.
Sí, leyó bien: 1.22%.
En mayo, la propia Secretaría había proyectado para ese mismo periodo 149 mil turistas, 83% de ocupación y 668 millones de pesos de derrama. El resultado presentado finalmente quedó por debajo de las tres previsiones: faltaron 2 mil 586 visitantes, casi cuatro puntos de ocupación y 16 millones de pesos para alcanzar la meta anunciada.
Estimado ciberlector, no se trata de regatearle importancia a la Guelaguetza. El problema es que Saymi quiere convertir un crecimiento marginal en una hazaña monumental. Porque después de meses de promoción, giras nacionales e internacionales, espectáculos, logística, publicidad y un despliegue gubernamental de gran tamaño, presumir un avance de 1.22% es como organizar una calenda completa para celebrar que se vendieron dos tamales más.
La derrama económica tampoco escapa al maquillaje. Saymi presume 12 millones de pesos adicionales frente a 2025, pero no explica en la presentación si el cálculo está expresado únicamente en valores nominales, cuál fue el gasto promedio diario, cuántas noches permaneció cada visitante ni cómo se comprobaron los consumos. Tampoco precisa si los 652 millones de pesos provienen de ventas verificadas o de multiplicar una estimación de turistas por un gasto promedio.
Y aquí nuestra reportera Ratatouille olfateó otra curiosidad: la flamante secretaria asegura que 48% de la derrama se concentró en hospedaje, aproximadamente 313 millones de pesos. Sin embargo, fue justamente el sector hotelero el que públicamente cuestionó el optimismo oficial. José Luis Bustamante del Valle reportó una ocupación cercana al 38% antes del Primer Lunes del Cerro y advirtió que difícilmente se alcanzaría el 50%. Es cierto que ese dato correspondía a un corte previo y no necesariamente al promedio final del 17 al 27 de julio; precisamente por Saymi tendría que publicar sus cifras diarias, el universo de hoteles consultados y la metodología que explica cómo terminó en 79.04%.
Pero como Saymi, siempre busca justificar lo injustificable, en lugar de despejar la diferencia con bases de datos, número de habitaciones y establecimientos consultados, se le ocurrió llevar a la conferencia a restauranteros, empresarios, agencias de viajes y representantes del Mercado 20 de noviembre para respaldar sus “otros datos”. Muy respetables todos los invitados, por supuesto, pero una fila de testimonios no sustituye una metodología. La estadística no se decide por aplausómetro ni por mayoría de invitados en una conferencia.
También se presentaron más de 78 mil asistentes a las dos calendas, aunque la propia lámina reconoce que 60% eran residentes locales. Es decir, cerca de 47 mil personas no eran turistas. Esa asistencia demuestra participación ciudadana y éxito cultural, pero no puede emplearse indistintamente como prueba de crecimiento turístico o de ocupación hotelera. Además, falta saber si se contaron personas únicas o accesos acumulados, porque alguien pudo acudir a las dos calendas y aparecer dos veces en la suma.
En otra gráfica se asegura que 71% de los asistentes encuestados eran visitantes nacionales, 24% locales y apenas 5% extranjeros. El problema es que la presentación no detalla cuántas encuestas se aplicaron, dónde se levantaron, cómo se seleccionó a las personas ni cuál fue el margen de error. Sin esa información, los porcentajes que presentó lucen muy exactos, pero resultan imposibles de verificar.
Y hay un dato que merece un capítulo aparte. Sólo el 5% de los visitantes fueron extranjeros. Vale la pena detenerse en esa cifra. Durante los últimos meses vimos a Saymi Pineda recorrer ferias y eventos internacionales para promover Oaxaca. Estuvo en FITUR, en España, realizó actividades de promoción en Estados Unidos y participó en otras estrategias internacionales con el discurso de posicionar a Oaxaca como un destino turístico de talla mundial.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿ese 5% de visitantes extranjeros refleja realmente el resultado esperado después de toda esa estrategia de promoción internacional? Porque si la apuesta era atraer más turismo del extranjero, el dato presentado por la propia Secretaría no parece respaldar un crecimiento relevante de ese segmento. Y si el objetivo de esas giras era otro, también sería deseable que la dependencia, pero sobre todo Saymi explicara cuáles fueron los indicadores con los que evaluó el éxito de esa promoción y cuál fue el retorno concreto de la inversión pública destinada a esos viajes, porque no salieron nada baratos, sobre todo porque la señora viaja en primera clase.
La conectividad aérea merece la misma lupa. La costeña informó 145 mil 636 pasajeros en el Aeropuerto Internacional de Oaxaca del 1 al 25 de julio, con un crecimiento de 10.59% respecto de 2025. Es un indicador positivo, pero pasajero no significa automáticamente turista de Guelaguetza. Ahí se mezclan llegadas y salidas, residentes oaxaqueños que viajaron, visitantes por motivos de trabajo, conexiones y personas que acudieron por razones distintas a las fiestas. Hay que decirle que no nos venda gato por liebre, porque ese dato, por sí mismo, no acredita cuántos turistas asistieron a la Guelaguetza ni explica el nivel de ocupación hotelera.
Y llegamos al famoso Observatorio Turístico. La propia Saymi Pineda reconoció que el software todavía se encuentra en construcción. Eso abre una interrogante legítima: ¿cómo se garantiza la confiabilidad y trazabilidad de los datos si la herramienta tecnológica que debería sistematizarlos aún no está concluida?
Más aún, el Observatorio depende de la misma Secretaría que organiza los eventos, realiza la promoción, presenta los resultados y presume los logros. Aquí estimado ciberlector hay una pregunta inevitable: ¿quién audita al auditor?
Porque un observatorio que depende de la propia autoridad que evalúa corre el riesgo de convertirse en juez y parte. La mejor forma de despejar cualquier duda no es con discursos, sino publicando la metodología completa, el tamaño de la muestra, los cuestionarios, las bases de datos y los criterios utilizados para construir cada indicador.
Estimado ciberlector, nuestra máxima fiesta, merece mucho más que cifras acomodadas y maquilladas para perfilar en una conferencia. El pueblito noble y sabio, merece saber cuánto se gastó en promoción, qué beneficio real obtuvieron hoteles, restaurantes, artesanos, transportistas y comunidades, cuál fue el retorno de esa inversión pública y por qué, después de todo ese despliegue, el crecimiento reportado apenas alcanzó 1.22%.
Porque las cifras no sólo sirven para presumir; también sirven para rendir cuentas. Y cuando el crecimiento apenas rebasa el uno por ciento, cuando persisten dudas sobre la metodología, cuando el propio sector hotelero contradice el discurso oficial, cuando el turismo extranjero representa únicamente el 5% de los visitantes encuestados después de una intensa agenda de promoción internacional y cuando el Observatorio Turístico todavía construye la herramienta que debería respaldar sus mediciones, la discusión deja de ser turística y se vuelve de maña política.
No hay que perder de vista otro detalle. Esta fue, probablemente, la última Guelaguetza que Saymi Pineda encabezó como secretaria de Turismo, en un contexto en el que sus aspiraciones rumbo a la gubernatura son ampliamente conocidas en el ámbito político oaxaqueño. Precisamente por eso, las cifras que hoy presenta deberían ser las más transparentes y las más sólidas de todas, porque inevitablemente serán parte de la carta de presentación de su gestión.
Y ahí está el verdadero fondo del asunto. Estimado ciberlector, cuando los números se utilizan para construir una narrativa política, la obligación de demostrar su veracidad también aumenta.
Porque una cosa es promocionar Oaxaca y otra muy distinta promocionarse con Oaxaca.
Y al final, estimados ciberlectores, el mejor promotor de nuestro estado nunca será una conferencia llena de diapositivas coloridas, ni un eslogan, ni una gira internacional. Será la credibilidad. Y esa no se consigue con aplausos, ni con testimonios cuidadosamente seleccionados, ni con discursos triunfalistas.
Hay que decirle a Saymi que cuando los números necesitan más explicación que celebración, el problema ya no está en quien los cuestiona… está en quien los presume.
Nuestro reportero “El Curadito” nos cuenta que en esta Guelaguetza no sólo hubo quienes se pasaron de copitas. También hubo funcionarios que se pasaron… de infantiles.
Resulta que hace unos días las redes sociales hicieron su trabajo. Un video de un hombre portando chaleco de brigadista, tambaleándose presuntamente en estado de ebriedad durante la Feria del Mezcal, se volvió viral en cuestión de horas. Los memes no tardaron en llegar y muchos dieron por hecho que pertenecía a la Coordinación Estatal de Protección Civil.
La dependencia encabezada por Manuel Maza Sánchez salió de inmediato a aclarar, mediante un comunicado oficial, que esa persona no forma parte de su plantilla operativa y que el personal había sido comisionado por la Secretaría de Desarrollo Económico, a cargo de Raúl Ruiz.
Hasta ahí, asunto aclarado.
Lo que vino después fue lo verdaderamente interesante.
En lugar de asumir con serenidad que el trabajador pertenecía al personal asignado por su dependencia, durante la conferencia del gobernador del martes pasado, Raúl Ruiz decidió responder con un tono que más bien parecía el de un niño al que acaban de descubrir haciendo una travesura. Con una ironía innecesaria, prácticamente quiso dejar en claro que “ya no llorara Manuel Maza”, cuando el único que parecía incómodo porque le regresaron el balón era él.
Y ahí quedó retratado un estilo que varios dentro del propio gobierno conocen bien: tirar la piedra, esconder la mano y esperar que el costo político lo pague otro.
Porque mientras durante varios días el golpe mediático cayó sobre Protección Civil, desde la Secretaría de Desarrollo Económico nadie salió con la misma prisa a decir: “Sí, el elemento estaba asignado por nosotros”. La aclaración llegó hasta que el jefe Maza puso los puntos sobre las íes y evitó cargar con una responsabilidad que simplemente no le correspondía.
Estimado ciberlector, el fondo del asunto tampoco es menor. No se trata únicamente de un trabajador que, de acuerdo con el informe oficial, presuntamente se encontraba en estado inconveniente. Se trata de una persona asignada a labores relacionadas con la seguridad de miles de visitantes en uno de los eventos más importantes del estado, la Feria del Mezcal. Eso amerita explicaciones, revisión de protocolos y, sobre todo, asumir responsabilidades.
Pero aceptar errores no parece ser la especialidad de Raúl Ruiz, y ya ha demostrado que es de los que tiran la piedra y esconden la mano.
Quienes lo conocen desde hace años dicen que tiene una habilidad muy particular: cuando las cosas salen bien, siempre aparece en la fotografía; cuando salen mal, el responsable siempre resulta ser alguien más.
Hay que decirle que la política exige carácter para reconocer equivocaciones. Los berrinches sirven para el recreo, no para una conferencia de prensa.
Porque al final, el escándalo ya no fue el del famoso “Chucky”, que terminó convertido en meme nacional.
El verdadero espectáculo comenzó cuando Raúl prefirió responder con ironías antes que con autocrítica.
Y en política, como con el mezcal… el problema no es el primer trago; el problema es cuando después nadie quiere hacerse cargo de la cruda. Por cierto, del mega pleito ya mejor ni hablar, incluso un jefe de departamento de salud será el culpable, no la falta de previsión y prevención del fifí de Raúl Ruiz, ese grandulón como es su costumbre se anda lavando las manos.![]()
El actual secretario de las Culturas y Artes del estado de Oaxaca ha demostrado su inexperiencia en el cargo y su falta de ética en el manejo de los recursos públicos, violando gravemente los principios de la administración pública. El primer acto en el que ha dejado ver su desdén por el interés colectivo cultural es posicionando a su cuñada, sí, a su cuñada, como directora administrativa de la SECULTA, percibiendo un sueldo mayor al de cualquier director o directora. Aunado a eso, tiene en nómina y en un cargo público, como titular del Centro Cultural Álvaro Carrillo, a nada más y nada menos que a su yerno, pareja sentimental de su hija Frida Sosa Castañeda. Recordemos que dicho centro cultural se encuentra sin operaciones por falta de mantenimiento.
El nepotismo señalado en la ley parece no importarle a Flavio Sosa. ¿Sabrá Salomón Jara de lo que hace Flavio con el presupuesto de Cultura? ¿Qué favor le deberá Salomón Jara a Flavio para permitirle tal atrocidad?
No conforme con eso, la cuñada del actual secretario se jacta de adjudicarse los procesos de contratación de personal, correr a empleados y no otorgar vacaciones porque, desde su perspectiva, se debe estar disponible las 24 horas del día. Además, de pagarle a su antojo lo que ella considera a cada empleado, reteniendo bonos o quitándolos porque, a consideración de ella, ya ganan lo suficiente. Por si eso fuera poco, también se toma el tiempo para opinar de cultura, como si tuviera al menos un curso acerca de lo que significa la cultura y el arte.
¡Y por si creíamos que ya había sido suficiente, pues no! La flamante administradora no logra entender nada de administración pública, menos de ética, y en su gran ignorancia cree que los procesos de licitación no tienen importancia. La adquisición de instrumentos que se realizó el año pasado fue un verdadero desastre, pues se aferró a comprarlos con su proveedor, de donde obtuvo grandes ganancias que le permitieron liquidar su nuevo vehículo. Y no hablemos de la muestra cultural de Oaxaca en Los Pinos, en donde ella personalmente se encargó de contratar a los proveedores; aquella joven que intentó renunciar cuando recién llegó aprendió muy rápido la forma de comprobar los recursos públicos.
Aun así, el encargado de la cultura en uno de los estados con mayor riqueza cultural la defiende a capa y espada. Durante más de año y medio han existido quejas recurrentes de su altanería, pero eso no ha bastado para remover a su cuñada. La pregunta sería: ¿por qué no remueve a una funcionaria que no da resultados y que, a pesar de eso, suma un trato déspota? La respuesta parece clara.
Y para ponerle la cereza al pastel, no conforme con todo lo ya adjudicado, los espacios culturales están en el abandono. Un ejemplo claro es el caso del Centro de Iniciación Musical (CIMO), en donde padres de familia han señalado las pésimas condiciones en las que sus hijos toman clases de música: goteras por todos lados, falta de insumos, falta de sillas, puertas oxidadas, baños descompuestos, y eso sin mencionar los detalles del abandono en que se encuentran los demás espacios.
No conforme con eso, el Congreso del Estado de Oaxaca aprobó, sin conocer el estado actual de los museos, el cobro para poder recorrer las pocas exposiciones que SECULTA fomenta. A pesar de que Flavio Neruda sabe que no existen condiciones para cobrar, pues de acuerdo con la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad se obliga a las instalaciones públicas y privadas a garantizar el libre desplazamiento, eliminando barreras arquitectónicas, a Flavio tal parece que eso no le importa. Su cuñada ya vio la otra minita de oro, pues exige que le reporten las ganancias del cobro sin que existan las condiciones para hacerlo; el ejemplo más claro ocurre en el Museo de los Pintores Oaxaqueños, en donde no entregan comprobante o boleto oficial que acredite el cobro del acceso a dicho recinto, fomentando así la evasión y el uso indebido de recursos públicos.


Nuestro reportero “El Maratonista” nos cuenta que quien terminó más decepcionado que atleta sin medalla fue el director del Instituto del Deporte de Oaxaca, Arturo de Jesús Chávez Ramírez, mejor conocido como “Teporocho”, perdón “Tocho”.
Y es que antes de que arrancaran las actividades de la Guelaguetza, cuentan que reunió a varios deportistas para pedirles un pequeño favor. Nada extraordinario… sólo que, cuando estuvieran frente al gobernador y a los medios de comunicación, no olvidaran agradecerle públicamente y reconocer que él era, prácticamente, el mejor director que había pasado por el Instituto del Deporte.
¡Nomás tantito!
Casi casi faltó que también le atribuyeran las medallas, los campeonatos, las horas de entrenamiento, el sacrificio de las familias y hasta el oxígeno que respiran los atletas.
El problema es que el guion nunca llegó al escenario.
Los deportistas simplemente no fueron pasados para hacer aquella lluvia de elogios que, dicen, ya estaba cuidadosamente ensayada. Así que el aplausómetro se quedó sin funcionar y el reconocimiento que tanto esperaba terminó guardado en el cajón de las buenas intenciones… o de los sueños de grandeza.
Quienes conocen la operación del instituto aseguran que al director le encanta aparecer en la fotografía cuando hay triunfos, aunque esos resultados sean producto de años de disciplina de los atletas y de sus entrenadores, mucho antes de que él llegara al cargo.
Porque los apoyos no salen de su bolsillo, son recursos públicos. Y el trabajo de un funcionario no es que le den las gracias por cumplir con una obligación, sino generar mejores condiciones para que el deporte crezca.
Dicen en los pasillos que al director ya le agarró cariño a la oficina, a la comodidad del cargo y a los reflectores. Tal vez por eso le urgía coleccionar aplausos propios, aunque fueran prestados.
Eso sí… Mientras algunos deportistas siguen entrenando para romper marcas, hay funcionarios que parecen entrenar todos los días para romper récords… de protagonismo.
Y por cierto…
Del pasado y del presente de Arturo Chávez todavía quedan capítulos que más de uno prefiere mantener bajo llave. Hay historias que en política parecen dormir durante años… hasta que un día despiertan. Porque, como bien dicen los abogados, no todo termina cuando deja de hablarse de un asunto; hay conductas cuya responsabilidad legal puede seguir vigente dependiendo de cada caso.
A veces el verdadero maratón no está en la pista. Está en la memoria. Ay… nanita.

La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Rancho Solano, Huajuapan de León, donde encabezó la entrega de Viviendas para el Bienestar, dejó una escena que difícilmente olvidarán quienes estuvieron presentes: una verdadera radiografía de cómo se cobra el pasado en la política oaxaqueña.
Antes de que arribara la Presidenta, hizo su entrada triunfal, o eso creía él, el exgobernador Alejandro Murat. Y no llegó solo; traía comparsa. Lo acompañaban personajes conocidos de la política huajuapeña, entre ellos Ivette Zárate, colaboradora cercanísima al notario Luis de Guadalupe Martínez Ramírez, padre del presidente municipal Luis de León Martínez, mejor conocido como “Chupón”.
La escena fue reveladora. Alejandro Murat entró primero. Detrás de él caminaba Ivette Zárate. Mucho más atrás, a unos diez o quince metros de distancia, avanzaba Luis de Guadalupe Martínez Ramírez. Demasiada distancia para ser casual; la medida exacta del cálculo político.
Y entonces ocurrió lo inevitable. Apenas cruzó el acceso, comenzaron los gritos:
—¡Fuera, Murat! —¡Ratero! —¡Murat, culero! —¡Tú no eres moreno!
🚨🟥 #Almomento | #Enterate
¡Le llueven los abucheos a Alejandro Murat Hinojosa (@alejandromurat) en Huajuapan!
Entre gritos de rechazo, el exgobernador enfrentó un recibimiento que no pasó desapercibido y que ya genera reacciones en redes sociales. pic.twitter.com/6LciGCAGr3
— Libertad-Oaxaca (@libertadoaxnews) August 1, 2026
No fue un grito aislado ni un reclamo de esquina. Fue un coro envolvente, un repudio que retumbó desde todos los flancos y que le pisó los talones durante todo su trayecto. Hubo incluso un ciudadano que lo persiguió detrás de las vallas, gritándole en la cara todo el coraje que traía acumulado en el pecho desde hacía años.
Murat intentó aplicar el viejo manual del político impermeable: alzó la mano y esbozó el saludo de costumbre. Pero esta vez el gesto se quedó suspendido en el vacío. No hubo una sola mano de vuelta, ni una sonrisa cómplice. Solo el peso de un rechazo popular unánime y frontal.
Quienes lo recuerdan en sus años de gloria sexenal, cuando caminaba con el pecho inflado, rodeado de vallas, guaruras y aplaudidores a sueldo, apenas y pudieron reconocerlo. El Murat de Rancho Solano era otro: hombros caídos, paso encogido y la mirada en el suelo. Porque la política tiene una memoria implacable: hay ilusos que creen que cambiándose el chaleco de color se borra el expediente, pero al pueblo se le olvidan los partidos mucho antes que los agravios.
Y si el repudio de la gente fue lapidario, la actitud de sus acompañantes fue de una cobardía exquisita. Mientras caía el chaparrón de insultos sobre el exgobernador, su comitiva se hizo pequeña, frenó el paso y mantuvo intactos esos diez o quince metros de seguridad. Nadie corrió a arroparlo. Nadie puso el pecho. Ninguno de sus aliados quiso salpicarse con el costo político de caminar a su lado, ni siquiera el clan del notario, ese que presume controlar todos los partidos políticos en la región y que tiene de alcalde al “Chupón”.

Las fotografías de campaña sirven para presumir quién está contigo cuando hay poder; pero las distancias en una valla revelan quién te desconoce cuando empiezan los abucheos. Porque acompañar al jefe hasta la puerta es fácil; sostenerle el paso cuando la gente le grita ratero en la cara, eso ya es otra historia.
En política, la lealtad y las amistades eternas duran exactamente lo que tarda en sonar el primer silbido. Cambiar de partido es un trámite de ventanilla; cambiar la memoria de un pueblo al que le fallaste, eso no lo logra ni el disfraz más guinda.

Cuando en una oficina de gobierno preocupa más el mensajero que el mensaje, es porque la podredumbre ya no se puede esconder.
En las últimas semanas han salido a la luz testimonios que describen un ambiente irrespirable dentro de la Tesorería Municipal. Y no hablamos de simples diferencias de escritorio ni de errores administrativos. Hablamos de un sistema de intimidación puro y duro. Hablamos de miedo.
El caso de una trabajadora lo resume todo: fue llamada a un interrogatorio que nada tuvo que ver con su desempeño laboral. Nadie le revisó cuentas, nadie le señaló fallas en sus tareas. La sesión se concentró en una sola obsesión policiaca: averiguar quién habla con quién, quién filtra los datos, quién publica y, sobre todo, quién le pasa información tan precisa al Flechador del Sol.
Les incomoda la exactitud de los datos. Les duele que se sepa lo que ocurre en sus pasillos.
Desde luego que el Tesorero conoce perfectamente la cacería de brujas dentro de su oficina, la tolera y prefiere jugar al comisario antes que corregir el rumbo.
La pregunta importante aquí no es quién le pasa información a esta columna. La pregunta es por qué una autoridad que conoce estos atropellos prefiere la complicidad del silencio.
Una administración pública no puede operar con empleados que documentan cada paso por temor a represalias, ni con trabajadores aterrados por sus propios jefes. El servicio público exige profesionalismo, no tribunales de inquisición para ver quién es el traidor del equipo.
Cuando una Tesorería dedica más tiempo, energía y recursos a investigar quién habla que a rendirle cuentas a los ciudadanos, el gobierno deja de servir al pueblo para ponerse a pelear contra sus propias sombras. Y eso, además de ridículo, lo acaban pagando siempre los mismos: los que tributan.
Cada feria deja dos cosas: resaca y cuentas. La primera se quita en un par de días; las segundas tienen que rendirse peso por peso ante el pueblo.
Llegó a mis manos un recibo oficial expedido por la Tesorería Municipal de Huajuapan de León. No es una copia clandestina ni un anónimo de pasillo; es un comprobante oficial con sello y folio por 14 mil 857 pesos con 12 centavos, cobrados por el uso de dos espacios en la Nave A de la Feria Regional.
Hasta ahí, todo parece un trámite normal. Lo verdaderamente interesante comienza cuando uno intenta seguirle la pista a ese dinero.
Varios comerciantes aseguran que el sistema donde se registraban estos cobros sufrió una curiosa amnesia y ya no muestra la información detallada. Ahora, donde antes había claridad, aparecen conceptos genéricos y resbaladizos como operación o finiquito. Y cuando los datos precisos se evaporan de un sistema de gobierno, surge una pregunta inevitable: ¿por qué borran la huella del dinero?
La feria regional mueve millones de pesos. Cada puesto, cada metro cuadrado de piso, cada stand representa un ingreso real de dinero público. No tendría que existir ningún misterio, ni zona de sombras, ni trucos de contabilidad.
Si las manos están limpias y todo está en orden, el Ayuntamiento no debería tener ningún problema en publicar una relación completa de los espacios rentados: quién los ocupó, cuánto pagó cada comerciante, cuánto ingresó por cada nave y cuánto entró a la caja en total. Así de simple. La transparencia de un municipio no puede depender de que un ciudadano le tome fotos a un recibo antes de que lo borren del sistema.
El dinero recaudado en la feria no es patrimonio del comité organizador, ni es la caja chica del tesorero, ni es propiedad del presidente municipal. Ese dinero le pertenece a Huajuapan.
Cuando los recursos públicos se esconden detrás de conceptos ambiguos y sistemas borrosos, dudar de la autoridad deja de ser una sospecha para convertirse en una obligación ciudadana.
Si juran que las cuentas cuadran, que lo demuestren sin pretextos. Abran los libros a la luz pública. Porque la fiesta y la música se terminan en una semana, pero las preguntas sobre dónde quedó el dinero se quedan retumbando mucho más tiempo.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector la frase de la semana:
En política, cuando el adversario logra que cambies tu agenda para responder la suya, ya obtuvo una primera victoria.














