Nuestro reportero Sabueso, nos cuenta que, mientras la realidad aprieta con el sarampión y la reaparición del gusano barrenador, adentro el gobierno primaveral insiste en sostener una narrativa que cada día se desmorona más: la de “devolverle al pueblo lo robado”. Solo que, en los hechos, todo parece indicar que han perfeccionado aquella máxima que en Oaxaca nunca pasa de moda: ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.
Y así, entre discursos y simulaciones, los escándalos brotan como hongos en temporada de lluvias… solos, sin control y sin consecuencias.
Ahí está el famoso INDEPO, el Instituto para Devolverle al Pueblo Oaxaqueño lo Robado, ese que anunciaron con bombo y platillo como si fuera la espada justiciera de la nueva era. El problema es que, a estas alturas, ni espada hay… ni justicia tampoco. Porque más allá del anuncio, lo que no han podido (o no han querido) resolver es algo mucho más básico: encontrar a alguien que no esté medio metido en lo mismo para encabezar ese instituto.
Y es que si de verdad se tratara de hacer justicia, la primera tarea sería voltear a ver sin simulación ni discurso los negocios de políticos que ayer eran conservadores de uña larga y hoy ya se acomodaron como cuasi morenistas, pero con la misma maña intacta. Personajes que, de la noche a la mañana, pasaron de servidores públicos a prósperos empresarios inmobiliarios, restauranteros y constructores, con una velocidad que ni el SAT ni la lógica alcanzan a explicar.
Cielo Azul, Bacanora… y una lista que no solo no se cierra, sino que sigue creciendo en silencio, mientras el instituto que prometía poner orden ni aparece, ni actúa, ni incomoda a nadie.
Entonces aquí la pregunta ya no es técnica ni jurídica, es política y, sobre todo, moral: ¿de verdad el pueblo noble y sabio debe seguir esperando que algún día regresen lo que se llevaron los de antes… y lo que se están llevando los de ahora?
Porque si a la mitad de la administración no hay resultados, no hay castigos y no hay señales claras de justicia, lo único que empieza a quedar claro es otra cosa: que la famosa justicia implacable se quedó en discurso, y que mientras unos robaban con una mano… otros aprendieron a hacerlo con las dos, con pala y con retroexcavadora.
Y así, estimado ciberlector, entre promesas recicladas y realidades que pesan, la duda ya no es si van a devolverle algo al pueblo…
La duda es si alguna vez tuvieron la intención de hacerlo.
Nuestro reportero, el Veterinario del Apocalipsis, nos avisa que en Oaxaca el problema ya dejó de ser si existe o no el gusano barrenador; el problema ahora es cómo lo están contando.
Porque después de varios días de silencio incómodo y versiones cruzadas, El secretario de Salud, Emmanuel Efraín Jarquín González, todo nervioso terminó aceptando lo que ya corría en corto: la muerte en el Hospital Civil Aurelio Valdivieso de un adulto mayor de 88 años por miasis asociada a esta plaga. Y aquí empieza el juego de palabras que debería preocupar más que tranquilizar: no fue “directamente”, fue “asociado”; no es brote, es “caso aislado”; no hay riesgo, pero sí hay presencia. El clásico manual del jardín primaveral para administrar crisis… sin resolverlas. Y que al final seguramente les termina explotando en la cara.
Estimado ciberlector, aunque le quieran poner maquillaje clínico, un fallecimiento con gusano barrenador de por medio no es una nota secundaria: es una alerta sanitaria. Y más cuando los propios Servicios de Salud de Oaxaca reconocen el caso, pero al mismo tiempo intentan reducir su impacto argumentando comorbilidades como Parkinson de larga evolución.
Aquí no se trata de si el paciente tenía otras enfermedades, sino de algo mucho más básico: el gusano estaba ahí, invadiendo tejido humano, y eso no es normal, ni menor, ni aislado en un contexto donde la plaga ya está documentada en el país. ¿Que parte no entienden nuestras autoridades?
Los datos duros son los que desarman el discurso. Y es que la propia Secretaría de Salud federal emitió desde 2025 un aviso epidemiológico tras confirmarse casos humanos de miasis por Cochliomyia hominivorax, el gusano barrenador. Para enero de 2026 ya se acumulaban más de 110 casos humanos en México, además de miles de casos en animales.
Y Oaxaca no está fuera de ese mapa: al menos 16 casos de miasis en humanos han sido reconocidos en la entidad, todos “atendidos y curados”, según la versión oficial, esa que no hay que creer mucho. Pero incluso si se acepta esa narrativa optimista, el dato relevante es otro: la presencia del parásito en humanos ya es un hecho comprobado, no una hipótesis.

Y aquí viene el punto crítico que los Servicios de Salud, ni la SEFADER quieren asumir con claridad. La miasis por gusano barrenador no aparece de la nada. Es una infestación que suele iniciar en animales (ganado, cerdos, aves) y que, cuando escala a humanos, revela que el problema ya lleva tiempo desarrollándose sin control efectivo.
Estimado ciberlector, los propios productores en la Sierra Sur y la Sierra Norte han advertido que la plaga está afectando animales de corral y ganado, y que no existen cercos sanitarios ni una estrategia sólida de contención. Es decir, mientras en el discurso se minimiza el riesgo, en territorio el problema se expande.
Salir a decir que el fallecimiento fue “asociado” no cambia el fondo: hay una persona muerta con presencia de gusano barrenador, hay una plaga activa en animales y hay casos humanos documentados.
Eso, en epidemiología básica, no se clasifica como tranquilidad, sino como foco de atención. Porque estas infestaciones, aunque no siempre mortales, pueden volverse graves en personas vulnerables, adultos mayores o con enfermedades crónicas, exactamente el perfil del caso que hoy intentan encapsular.
Y como ya es una costumbre en los funcionarios primaverales, el problema de fondo no es solo sanitario, es de manejo de la información. Cuando el Secretario Emmanuel dice “no hay riesgo” pero reconoce casos, cuando admite una muerte pero la diluye en tecnicismos con mucho titubeo, lo que genera en el pueblito noble y sabio no es calma, sino desconfianza. Porque ya lo hemos vivido y sabemos que en el peor escenario posible, inhibe la prevención, desactiva la alerta ciudadana y retrasa la respuesta colectiva.
Mientras en Salud salen a medio explicar, a medio minimizar y a medio tartamudear, en SEFADER de Víctor López Leyva siguen actuando como si la Virgen les hablara en arameo. Porque si algo queda claro es que Víctor López Leyva anda más atento a sus apoyos en especie, a sus recorridos y a sus asuntos personales que a una plaga que ya dejó de ser problema de corral para tocar la puerta de los humanos.
Y ese es el fondo del asunto, estimado ciberlector: no se trata solo de que murió una persona mayor con otros padecimientos; se trata de que el gusano barrenador ya cruzó la frontera del discurso oficial y exhibió la descoordinación, la tardanza y el silencio de quienes tendrían que estar informando con absoluta claridad. Porque este no es solo un tema clínico: es un problema directamente ligado al campo, al ganado y al control zoosanitario.
Si la plaga ya está en animales, si ya cruzó a humanos y si no hay una estrategia clara de contención visible, entonces alguien está fallando en la prevención. Y ese alguien no puede hacerse el sorprendido.
Porque aquí la pregunta ya no es si el gusano barrenador está en Oaxaca. La pregunta es cuánto tiempo llevan sabiendo… y por qué decidieron decirlo a medias.
¡Que Diosito chulo nos agarre confesados!
Nuestra reportera Colegiala nos cuenta que una de las herencias malditas en el CECyTEO, que debería atender de inmediato el actual titular, Sergio López Sánchez, tiene nombre y apellido: Carlos Chacón.
Se trata (dicen al interior de la institución) del hijo del expresidente municipal de Zaachila, con fama de “aviador” no solo en ese municipio, sino también en estructuras del gobierno estatal. Incluso, en corto, aseguran que su nombre aparece en más de una nómina… incluido, irónicamente, el “hangar” (por aquello de las alturas en las que suele moverse).
Pero eso no es todo. También lo ubican como cercano al círculo de poder con vínculos con familiares de exfuncionarios lo que explicaría (según versiones internas) su permanencia y ascenso hasta la Dirección de Vinculación, a pesar de los señalamientos reiterados en su contra.
Porque si algo se comenta con insistencia entre el personal, es el presunto uso discrecional de recursos del área: viajes constantes a distintos estados de la República que, lejos de responder a una estrategia institucional clara, parecen obedecer más a intereses personales que a necesidades del CECyTEO.
Dentro de la institución, incluso, lo apodan como el de los “gustos culposos”, no solo por su estilo personal, sino por las formas en que dicen ejerce el poder.
Trabajadores del área señalan que el trato hacia el personal bajo su mando raya en el abuso: desde enviar empleados a resolver asuntos personales en horario laboral, hasta comportamientos que, según versiones, han sido señalados como inapropiados.
Se habla de conductas que podrían interpretarse como acoso, disfrazadas de “juego”, y de un ambiente laboral marcado por la prepotencia.
Son versiones que, de confirmarse, no solo exhiben un problema administrativo… sino uno de carácter institucional y legal.
Y como si eso no bastara, también se comenta que terminó en conflicto con quien en su momento fue su principal respaldo político dentro del CECyTEO, lo que habla de una constante: relaciones que comienzan bajo protección… y terminan en ruptura.

Para completar el cuadro, hay otro dato que no pasa desapercibido: su padre forma parte de la Comisión Estatal de Arbitraje Médico de Oaxaca para el periodo 2025–2029, designado por el Congreso local. Es decir, una familia con presencia en espacios de decisión pública, lo que inevitablemente abre la conversación sobre posibles redes de influencia.
Por eso, estimado ciberlector, la pregunta no es menor:
¿Va a revisar Sergio López Sánchez estas herencias incómodas… o va a administrarlas como si nada pasara?

Porque si la llamada Primavera oaxaqueña presume principios distintos, este tipo de casos no deberían ni tolerarse… ni normalizarse.

Ante la proximidad de la temporada de estiaje, nuestros sesudos primaverales decidieron traer desde la costa oaxaqueña al ex tricolor Jesuhandy Conde, para llenar el vacío que dejó el famoso “Patas Verdes”, quien terminó relevado del cargo… por maleta.

Dicen que todo cambio es para bien, estimado ciberlector, aunque aquí más bien parece experimento. Porque el nuevo titular de SOAPA, originario de la tierra del señor 8 Venado Garra de Tigre, arrancó su gestión con lo que mejor sabe hacer la política local: gira, foto y saludo.
Una especie de tour por los municipios conurbados a la ciudad de Oaxaca, para “conocer el territorio”… y de paso convivir con quienes, curiosamente, nunca padecen la falta de agua en sus casas.
Je, je, je.
Sin ánimo de ser mal agoreros, le adelantamos algo que ya todos saben: el problema del agua no se va a resolver con publicaciones en redes sociales ni con el clásico besamanos a los gobernantes en turno.
Aquí hay un problema estructural que nadie ha querido entrarle de fondo: redes vetustas, falta de mantenimiento, crecimiento desordenado de la mancha urbana y una gestión que lleva años parchándose sin solución real.
Y mientras eso ocurre, hay algo que sí funciona con precisión quirúrgica: los recibos.
Porque esos sí llegan puntuales, completos… y con la amenaza incluida: o pagas, o te cortan el servicio.
Servicio que, por cierto, muchas veces ni existe.
Así, sin agua, pero con cobro. Un modelo que en cualquier lugar se llamaría abuso… pero aquí ya parece costumbre.
La pregunta entonces no es menor:
¿Podrá un costeño en SOAPA resolver lo que nadie ha podido en años… o solo viene a administrar la crisis?
Porque una cosa es gobernar municipios costeros… y otra muy distinta es enfrentar el monstruo hidráulico de la zona metropolitana de Oaxaca, donde ni Tututepec ni Mixtepec, juntos, alcanzan la complejidad de este desastre.
Y aquí viene la otra duda, estimado ciberlector:
¿Quién fue el genio que decidió mandarlo a este campo minado?
Porque más que un nombramiento, parece una exposición.
Bienvenido a la jungla.
Solidaridad con el pueblo cubano… pero de Florida
Quien trae los chakras completamente desalineados y no le sale ni una ni otra es nuestra querida Trotamundos del Bienestar, sí estimado ciberlector Saymi Pineda. Va por aquí, va por allá; foto aquí, foto allá… pero por más que le mueve, no se halla. No encuentra el hilo, ni un resultado tangible que permita al sector turístico ya en el cuarto año de gobierno, decir con orgullo: “vamos bien”.
Y lo anterior no es exageración, estimado ciberlector. Es el sentir de más de un prestador de servicios turísticos que vio pasar otra temporada sin que la famosa “cadena de valor del sector turístico” esa que se repite hasta el cansancio en discursos, se traduzca en beneficios reales. Porque en el papel hay cifras récord y derrama económica creciente… pero en la realidad, el bolsillo no lo siente.
El famoso “Oaxaca más conectado” no conecta. Los vuelos anunciados con bombo y platillo se cancelan, y los destinos pierden competitividad.
Ahí tiene usted el caso concreto: Volaris decidió cancelar el vuelo directo Guadalajara–Huatulco. ¿La razón? Simple: el destino dejó de ser atractivo frente a otros con mayor rentabilidad. Así de frío, así de claro. Porque el turismo no vive de discursos, vive de resultados. Y eso es algo que, hasta ahora, nuestra Coquette del Bienestar no ha logrado entender… o no ha querido entender.
Mientras tanto, Huatulco se sigue hundiendo, y no por falta de potencial, sino por la ausencia de estrategia. Porque una cosa es tener destino… y otra muy distinta es saber posicionarlo.
No olvidemos, estimado ciberlector, los “proyectos” de promoción turística nacional que han salido más caros que efectivos. Campañas pagadas con dinero público, como aquella en Guadalajara, que, en teoría, debían atraer turismo, pero que en la práctica no lograron mover la aguja. Y sí, Guadalajara será sede del Mundial… pero de ahí a capitalizarlo, hay un abismo que nadie ha sabido cruzar.
Porque en turismo no basta con viajar. Hay que saber negociar, construir alianzas y cerrar acuerdos. No se trata de acumular fotos… sino resultados.
Y hablando de viajes… Resulta y resalta que, tras la narrativa de solidaridad con Cuba, nuestra Trotamundos del Bienestar decidió tomarse muy en serio su papel… pero con destino a Florida. Sí, estimado ciberlector: se nos fue jutno con el presidente de Huatulco, al Seatrade Cruise Global 2026, la feria más importante del mundo en la industria de cruceros, celebrada del 13 al 16 de abril en Miami Beach.
El viaje, en teoría, podría justificarse: Huatulco es destino de cruceros —aunque cada año recibe menos arribos— y ahí se definen rutas, alianzas y oportunidades.
El pequeño detalle es otro. Dicen los que saben que no llevaba estrategia, no llevaba negociación y mucho menos resultados. Fue, estuvo… y se regresó. Un día bastó. Eso sí, la foto no faltó.
Y aquí entra un punto que no es menor: de acuerdo con la normatividad estatal sobre viajes con cargo al erario, los funcionarios tienen un límite de salidas internacionales al año. Es decir, con este viaje, nuestra Coquette prácticamente ya agotó su cuota.
¿Y los resultados?
Hasta ahora, ninguno claro, ninguno medible, ninguno que justifique el gasto.
Pero eso ya tampoco sorprende. Porque si algo ha quedado claro en esta administración turística, es que se viaja mucho… pero se aterriza poco.
Y mientras el pasaporte se llena de sellos, Huatulco se vacía de vuelos, de cruceros y de oportunidades.
Pero bueno, estimado ciberlector… de Puerto Escondido y sus propios dolores hablaremos la próxima semana.
Nuestro reportero Triqui nos informa que en Oaxaca hay promesas que envejecen peor que el pan del recreo, y una de ellas fue aquella joya del obradorismo que juraba que en este país ya no habría intermediarios, que el gobierno atendería directo, sin coyotes, sin gestores y sin organizaciones que le torcieran el brazo al Estado.
AMLO lo dijo de manera reiterada en 2019: los apoyos y la atención serían “sin intermediarios” y no se privilegiaría a dirigentes ni a organizaciones sociales. Pues bueno, estimado ciberlector, alguien debería pasarle esa grabación en bocina de perifoneo a los funcionarios que hoy se sientan muy sonrientes con la UBISORT, porque la foto que circuló esta semana dice exactamente lo contrario.
Y la foto no es menor. La propia Unión de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT) publicó que, después de sus jornadas de resistencia y diálogo, obtuvo el compromiso de iniciar los trabajos de apertura del camino hacia Unión de los Ángeles, con un plazo de diez días para el ingreso de maquinaria.

O sea, traduzcámoslo al idioma del pueblo noble y sabio: aprietan, bloquean, presionan, se toman la foto, salen con el “primer avance” y otra vez queda claro que en Oaxaca no manda la ruta institucional, sino el músculo de quien sabe doblar al escritorio correcto.
Aquí el dato que sí vale la pena subrayar es quiénes están del otro lado de la mesa. Gilberto Hernández Morales titular del Centro SICT Oaxaca, y José Carlos Fuentes Ordaz delegado federal de la Secretaría de Gobernación. Así que cuando se dice que el gobierno ya no sería rehén de intermediarios, pero luego aparece una organización sentada, negociando y marcando tiempos, el problema ya no es de percepción: es de contradicción abierta.

Estimado ciberlecto del lado de la UBISORT tampoco estamos hablando de unas blancas palomitas recién bajadas del arca. Distintos reportes recientes identifican a Fabián Pereda Pereda, ejor conocido en el bajo mundo como “El Calaco” como dirigente de esa organización, hoy metida de lleno en la exigencia de obras y en el plantón frente a la SICT en Oaxaca.
El mismo liderazgo que ahora vende el acuerdo como resultado de su “firmeza” y su “organización”, mientras del otro lado del escritorio parece que nadie quiso explicar por qué el gobierno que prometió atención directa acabó otra vez sentado con el intermediario de siempre, solo que con otro logo, otra narrativa y la misma maña.
Eso es lo que verdaderamente exhibe este episodio. No si el camino se abre o no se abre; ojalá se abra, porque la gente necesita caminos, no rollos. Lo que queda al descubierto es que el discurso de la transformación se desmorona cuando toca operar en tierra. Porque una cosa es decir desde Palacio que ya no habrá gestores, y otra muy distinta es que, en Oaxaca, el gobierno siga entrando a mesas donde quien presume el resultado no es la autoridad, sino la organización que los hizo reaccionar.
Y así, entre sonrisas, compromisos y comunicados de “primer avance”, al final no se sabe qué salió más barato: si la congruencia o el pudor.
Nuestro reportero en la Mixteca, el Flechador del Sol, nos avisa que en Huajuapan ya no están en precalentamiento… ya están en plena función. Y como en todo espectáculo adelantado, hay quienes salen al escenario sin libreto, sin propuesta… pero con utilería.
Ahí tienen a la diputada del Sexto Distrito, Dulce Belén Uribe Mendoza, que ya anda recorriendo colonias populares como si la elección fuera mañana. Saluda, sonríe, graba videítos… y reparte pelotitas de plástico como si estuviera en festival del Día del Niño y no buscando gobernar uno de los municipios más complejos de la Mixteca.
Así, tal cual, estimado ciberlector: su estrategia política, hasta ahora, cabe en una bolsita de dulces.
Porque mientras Huajuapan carga problemas reales, falta de agua, inseguridad, comercio presionado y un Ayuntamiento que huele más a negocio que a gobierno, la diputada decidió que lo urgente era inflar globos… perdón, pelotas.
Nuestro reportero Flechador del Sol nos cuenta que el objetivo es clarito: quiere la presidencia municipal. Lo que no queda claro es desde dónde pretende construir esa aspiración, porque en el municipio no le reconocen arraigo ni historia.
En corto, en los barrios, le dicen “la diputada chilanga”. Y ese apodo pesa.
No es solo geográfico, es político. Es la forma en que la gente resume lo que ve: alguien que llega de fuera, que no creció con los problemas del municipio y que cree que con recorridos exprés y regalitos puede conectar con una realidad que no conoce. Porque el arraigo no se simula. Y el respeto no se reparte en plástico.
Ahora, si volteamos a ver su trabajo legislativo… la cosa se pone peor. Porque simplemente no hay nada que presumir. Ni iniciativas relevantes, ni posicionamientos que hayan movido la aguja, ni gestión visible para la Mixteca. Cero.
Y si jalamos el hilo un poquito más atrás, aparece otro episodio que en Huajuapan no se olvida: su paso por el Registro Civil. Una gestión gris, sin resultados, pero con suficiente ruido como para que en esta misma columna se documentaran prácticas que olían a negocio: agilización “preferencial” de trámites, cobros por debajo del agua y la famosa venta de actas que, por cierto, nunca terminó de aclararse.

Y por si fuera poco, el relevo no fue precisamente institucional… fue familiar. El cargo terminó en manos de su torpe esposo Alfredo Santiago Chávez, como si el servicio público fuera herencia y no responsabilidad.
Estimado ciberlector, dicen en el circulo rojo que el problema para Dulce no es que regale pelotas. El problema es que no tiene con qué sostener una candidatura. Porque como funcionaria no la armó, como diputada menos, piensa que tu trabajo es ser intento de influencer, comer, regalar baratijas, y sobre todo defender con uñas y dientes a su marido.
El problema de fondo no es la forma en la que se está moviendo, sino lo que representa: una aspiración construida sin trayectoria, sin resultados y con un entendimiento bastante superficial de lo que implica gobernar.
Porque cuando el punto de partida no es el servicio público sino la ambición personal, lo que se busca no es resolver, sino ocupar. Y en un municipio como Huajuapan, donde la crisis es real y el desgaste institucional es evidente, apostar por perfiles sin sustancia no solo es un error político… es una señal de que hay quienes siguen creyendo que el poder se puede improvisar.
Al tiempo…


Nuestro reportero Adivinador de Cantina vuelve a sacar la bolita de cristal y nos deja este acertijo que anda circulando en voz bajita… pero con carcajada incluida.
A ver, estimado ciberlector, póngase abusado:
¿Quién será ese politiquillo venido a menos, hoy más activo en el escándalo que en el servicio público, al que dicen ya le soplan en la nuca desde la Fiscalía por un asunto bastante delicado?
Ahí le van las pistas, porque este personaje es de colección:
Dicen que en política es más cambiante que el clima en la sierra: arrancó en el PRI, luego brincó, luego volvió a brincar… y hoy navega en aguas turbulentas, pero de esas ya medio fermentadas, donde lo único fresco es el discurso.
Que actualmente presume encargo público menor aquí en Oaxaca, que le quitó a su propiar sangre, de esos donde debería atender a la gente… pero curiosamente atiende todo, menos su propia responsabilidad. Eso sí, para la foto, el evento, el saludo y la simulación… siempre está puntual.
Que vive más del recuerdo de lo que fue, que en la realidad, y creyéndose figura… aunque en corto, ni sus muchachos lo toman en serio.
Que le encanta el reflector, pero también dicen las afinidades muy específicas, de esas que coinciden más con su propio espejo que con la diversidad que públicamente presume respetar… mientras en privado, a cierto sector simplemente no lo traga.
Que presume disciplina física, rutinas y entrenamiento… aunque el resultado sea más tema de conversación que de admiración. Ya sabe, de esos cuerpos que uno no sabe si están en construcción… o en demolición. Je, je, je.
Que le encanta la buena vida, los viajes y las compañías que se mantienen más por billetera que por cariño… porque, como dicen en el pueblo, es tan pobre… que lo único que tiene es dinero.
Y lo más serio: que el pasado no se borra con filtros ni con publicaciones, que las investigaciones avanzan y que, en una de esas, el show podría cambiar de escenario… del selfie al expediente.
Así que, estimado ciberlector…
¿Ya sabe de quién hablamos?
Porque en este lavadero, cuando el acertijo suena tan claro… es porque el nombre ya se está cocinando.
Y cuando hierva… no habrá manera de taparlo.
El martes circuló con euforia en redes sociales el amparo indirecto 421/2026. Una juez federal ordenó a las autoridades municipales atender el desastre ecológico en la presa Yosocuta, tras una demanda interpuesta por el licenciado Juan Morales Salazar. La ciudadanía celebró casi de inmediato, creyendo ingenuamente que el problema de recibir agua negra en sus casas estaba por terminar. Pero en el periodismo no se aplaude por instinto, se lee la letra chiquita. Nuestro reportero, el Flechador del Sol, revisó las treinta y dos hojas del expediente para no dejarse tomar el pelo por un documento que huele a montaje.
Resulta que el amparo no es una espada de justicia para los ciudadanos. Es una escoba legal diseñada para barrer la verdad debajo del lirio. Mientras aquí hemos documentado hasta el cansancio el agua podrida, las bacterias asesinas y los trabajadores con la sangre infectada, el juicio decidió mirar hacia un solo lado: la plantita que flota en la superficie. Para el demandante, el problema de Yosocuta es puramente estético.
Este amparo es un teatro a la medida exacta del presidente municipal Luis Chupón Martínez. La juez le ordena que haga algo y con esa ambigüedad basta para montar la escena perfecta. Veremos policías arrancando maleza en la orilla, funcionarios con botas de hule tomándose fotos para el Facebook y discursos prefabricados sobre el compromiso ambiental. Y listo, problema atendido ante la ley.
Nadie en ese tribunal pregunta quién contaminó el agua. Nadie exige detener las descargas de drenaje crudo que alimentan la plaga. Nadie menciona a los enfermos que se tragan el lodo. Se redujo una crisis estructural de salud pública a una simple urgencia de jardinería. El presidente no necesita ganar este juicio para salir ileso, le basta con fingir que lo cumple. Es una coartada legal que no rompe el sistema corrupto, sino que lo ordena para que nada cambie. Un problema letal convertido en simulación administrativa para proteger una candidatura.
A este gobierno de simulación no le molesta el amparo a modo; le aterra lo que publica el Flechador del Sol. Porque mientras el ayuntamiento sostiene su fachada de ecologistas de fin de semana, la realidad de Huajuapan está partida en dos: la mentira impecable que firman en las oficinas y la verdad que supura en la sangre de sus propios empleados.
Los análisis médicos cuentan el horror que la autoridad intenta sepultar. Un trabajador, obligado a meterse al agua, registró casi veintidós mil leucocitos. Eso es más del doble del límite que soporta un cuerpo humano sano. Presenta granulación tóxica en la sangre. Su sistema inmune está en guerra abierta contra una infección bacteriana masiva tras tragar lodo contaminado en Yosocuta. La crisis fue tan severa que el hospital privado tuvo que intervenir con antibióticos de alto espectro para frenar el envenenamiento.
¿Qué hizo el servicio médico del municipio ante esta evidencia biológica? En un acto de crueldad burocrática, le otorgó dos días de incapacidad argumentando una supuesta contractura muscular y dolor de ciática. Redujeron una infección sistémica severa a un simple dolor de cintura por barrer. Es escupirle en la cara a la ciencia. Y hay decenas de trabajadores con estudios similares, silenciados por el terror a ser despedidos sin un solo peso de indemnización si se atreven a denunciar.
Pero el abuso cruza la frontera laboral y se convierte en un delito federal descarado. Bajo el pretexto de esta falsa urgencia ecológica, el gobierno desvía recursos públicos a la vista de todos. Patrullas y policías, financiados estrictamente con el Fondo 4 para la prevención del delito, son utilizados para arrancar lirio en short y playera.
Entre las seis y las nueve de la mañana, elementos desvelados tras cumplir sus jornadas nocturnas son subidos a las bateas y obligados a convertirse en peones de limpieza en aguas de alcantarilla. Huajuapan se queda desprotegido a merced de la delincuencia. Los ciudadanos pagan sus impuestos para tener policías vigilando las calles, no para financiar jardineros esclavizados en una fosa séptica para cuidarle la imagen al alcalde.
Todo esto ocurre con la absoluta complicidad de un cabildo de regidores que levantan la mano sin leer la ley y sin medir las consecuencias. Ignoran la bomba de tiempo que tienen enfrente. ¿Qué pasará la mañana en que una patrulla vuelque en la carretera con policías exhaustos? ¿Qué pasará cuando un elemento caiga al lodo tóxico y no salga? Si ocurre una tragedia, el municipio enfrentará un daño patrimonial de millones de pesos por violar los derechos laborales más elementales. No los va a salvar un discurso político, los va a hundir una sentencia judicial.
El expediente del amparo calla todo esto y también ignora deliberadamente las soluciones reales. La Universidad Tecnológica de la Mixteca y el Instituto de Hidrología tienen proyectos técnicos viables, con diagnósticos precisos sobre el tratamiento de aguas y la gestión de lodos. Están archivados porque la ciencia exige transparencia y presupuestos auditables, un territorio que esta administración tiene estrictamente prohibido pisar.
A Luis Martínez le importa mucho más su futuro político que la vida de su personal. Prefiere montar circos como el Yosofest para que la gente coma garnachas junto a cerros de basura tóxica, o intentar emboscar a Monseñor Miguel Ángel Muñoz Castro para robarse una foto de respaldo moral. Pero el tiro le salió por la culata. El prelado fue, certificó con sus propios ojos el peligro y se retiró en un silencio de piedra, dejando al alcalde completamente solo con su mentira.
El periodismo de verdad no tiene amigos, no tiene bandos y no negocia silencios. Tiene memoria y tiene rigor. Al exhibir las grietas de este teatro jurídico, le ahorramos miles de pesos en asesores legales al presidente municipal. Le entregamos el análisis de su defensa totalmente gratis. Pero de eso trata exactamente la imparcialidad. Nuestra pluma no está para aplaudir a una oposición que simula demandar, ni mucho menos para proteger a un gobierno que simula gobernar.
Que el alcalde duerma tranquilo esta noche, porque el amparo en su contra es una farsa superficial que no le hará ni cosquillas. Ya perderá el sueño de golpe cuando la sangre infectada de sus trabajadores y el dinero federal desviado de sus patrullas lo alcancen en un tribunal donde no haya salidas fáciles ni jueces a modo.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:
En política, los principios son flexibles… como las sillas del gabinete.
















