Un cuento de Navidad: Mario Arturo Mendoza Flores

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Una noche estaba Daniel, el Mago,  mirando al cielo estudiando las estrellas cuando llegó un mensajero con una carta de sus amigos Melchor, Gaspar y Baltasar. La abrió enseguida, pues esperaba impaciente nuevas noticias sobre el significado de una estrella especial que había surgido en el cielo. Decía lo siguiente: “Apreciado amigo Daniel, después de consultar los libros y preguntarles a los sabios hemos averiguado el significado de la estrella que descubriste en el cielo. No hay duda, indica el nacimiento de una persona importante, quizá la más importante jamás nacida. Es una persona que será a la vez rey, dios y hombre. Nosotros hemos descubierto una estrella igual que la tuya y nos hemos puesto a seguirla para llegar cuanto antes al lugar del nacimiento de este niño. Espero que nos encontremos en el camino: Tus amigos Gaspar, Melchor y Baltasar

 

Daniel enseguida dispuso todo para emprender el camino que le indicara su estrella y poder  alcanzar así a sus amigos. Escogió a sus mejores animales de carga y depositó sobre sus lomos oro, incienso y mirra para regalárselos al niño que los tres Magos le habían dicho estaba por nacer. Pero nada más que al salir se encontró con un dilema. Allá a lo lejos veía la estela que el caballo, el camello y el elefante de sus compañeros habían dejado, pero la luz que desprendía su estrella le señalaba un camino distinto al de ellos. Mientras los Magos se dirigían al norte, su estrella apuntaba hacia el sur, ahí por la mixteca oaxaqueña.  No sabía que hacer. Sin embargo se dejó llevar por su intuición, por lo que finalmente decidió seguir su propia estrella.  Más adelante, ésta se posó sobre un grupo de niños que contemplaban el cielo con una alegría singular a pesar del hambre que sus ruidosos estómagos dejaban descubrir. Así pasaban horas y horas pero no entendían el significado de hacerlo. Daniel se acercó y les explicó todas las constelaciones y también el significado de esa estrella especial indicándoles el motivo de su viaje. Los niños decidieron unirse a su expedición para buscar a esa persona tan importante. La estrella no quería que hiciera el camino solo, sino con otros niños. En el trayecto Daniel  les compartió su tiempo, les entregó parte de su carga y les dio de comer. Quizá lo principal es que les devolvió la esperanza. Por ello decidieron acompañarlo al final de su destino.

 

Solo que después de andar varios días en su peregrinar, otra vez la estrella que lo guiaba se separó del camino de sus amigos. No sabían qué hacer, porque a ese ritmo serían los últimos en arribar y eso si es que llegaban. Pero la luz insistía en que cambiaran su rumbo. Daniel pensaba que quizá se había equivocado de estrella, que esta le llevaba por caminos distintos y más largos. Pero bueno, al fin y al cabo era su estrella, así que se puso a seguirla. De repente, esta se posó sobre una familia que estaba al borde del camino. La mamá lloraba amargamente. No tenía nada para darle de comer a su niño recién nacido que llevaba en brazos y ya era el tercer día que estaba en esta situación. Un tiempo de sequía les había dejado sin cosecha y un fuerte temblor sin casa. Daniel llevaba muchas cosas, pero era para regalárselas al niño que acababa de nacer, pero ¿cómo podía quedarse sin hacer nada? Cogió las monedas de oro y se las dio a la familia diciéndole: Mira, estas monedas eran para un rey, pero te las doy a ti para que puedas comer y reconstruir tu casa. Ya encontraré algo para obsequiarle a él.

 

Daniel y sus amigos emprendieron otra vez su peregrinar. Y como para no variar, la estrella nuevamente volvía a alejarse del camino sólo que ahora para posarse sobre un pueblo. Cuando se acercaron, del pueblo salía un olor muy feo, que al respirarlo les producía nauseas. Casi todo el pueblo estaba enfermo por culpa de ese olor. Recordaron que ellos llevaban incienso y mirra, los que al juntarlos perfuman el ambiente y hace que desparezcan los malos olores. Pero qué hacer si  eran para el niño que iban a adorar, porque era Dios y hombre. Entonces oyeron el llanto enfermo de un niño recién nacido y dijeron: ¿cómo dejar que esas personas se mueran por no ayudarlos?  No lo pensaron más. Sacaron todo el incienso y la mirra que llevaban y perfumaron toda la ciudad, hasta que desapareció todo el mal olor. Los habitantes de esa ciudad estaban muy agradecidos, pero ellos se habían quedado sin nada; por lo que se preguntaron: ¿Cuándo estemos delante del niño, qué le vamos a regalar?

 

A pesar de ello siguieron su estrella y se encontraron a Gaspar, Melchor y Baltasar que volvían de adorarlo y les dijo donde podrían encontrar a Jesús. Daniel y sus amigos continuaron caminando hasta llegar al lugar señalado. Al entrar en el pueblo se preguntaban qué le iban a regalar. No les quedaba nada, lo habían dado todo. Iban a quedar muy mal delante del niño. Tocaron a la puerta y una mujer con un niño en brazos salió a abrirles. Su rostro se les hacía conocido, pero no daban quién era. De pronto, el niño empezó a llorar y ¡oh, sorpresa!,  ese llanto le recordaba a alguien: por lo que pronto dieron que se trataba dela familia que habían ayudado al borde del camino, el niño que habían curado en la ciudad. Admirados, se pusieron de rodillas a adorarlo. El niño que lleva por nombre Jesús les sonrió e inundó para siempre sus corazones de amor y de paz.

 

“Que los cuentos sirvan para dormir a los niños
y despertar a los mayores”.

 

¡Feliz Navidad!

 

Twiter: @Mario_Mendoza_F