Lavadero político 31/05/26

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Nuestro reportero ruletero, nos informa que el problema de DiDi Moto en Oaxaca ya no es novedad ni sorpresa. Desde esta columna se documentó el 26 de octubre de 2025 que el servicio seguía disponible en la aplicación, con tarifas, promociones y recorridos activos, pese a que la Secretaría de Movilidad ya había dicho que no estaba autorizado. Es decir: no faltó aviso, faltó autoridad por parte de Yesenia Nolasco, titular de esa dependencia.

Estimado ciberlector, como usted recordará la propia SEMOVI reconoció desde el 12 de febrero de 2025 que DiDi Moto no cuenta con autorización en Oaxaca y advirtió sanciones de 350 UMAS, equivalentes entonces a 39 mil 599 pesos, por prestar transporte público sin permiso. También sostuvo que en el estado no existe otro servicio de transporte público fuera del autorizado por esa Secretaría.

Después vinieron los “operativos”, las supuestas “detenciones de DiDi Motos” y la multa anunciada como si fuera castigo ejemplar. Pero seamos serios: para una plataforma de ese tamaño, una sanción de 39 mil pesos es una palmada con guante de seda. Es de vergüenza que Yessenia Nolasco se atreva a presumir el manotazo, cuando la app lo paga como cambio de la guantera y sigue operando cobrando viajes.

Aquí está la prueba más reciente: se abre la aplicación, se elige Moto, aparece tarifa, pasajero, ruta y botón para confirmar. No hay clandestinidad escondida: hay operación digital a plena luz del día. La ilegalidad ya no se oculta en callejones; ahora trae interfaz bonita, descuento y algoritmo.

Estimado ciberlector el fondo es grave: la SEMOVI no puede seguir administrando el problema con llamados a misa. O regula el servicio con reglas claras (padrón, seguro obligatorio, casco para conductor y pasajero, revisión mecánica, licencia adecuada, responsabilidad de la plataforma y sanciones reales) o impide su operación de manera efectiva.

Lo que no puede hacer Yessenia Nolasco es quedarse en la cómoda simulación de “no está autorizado”, mientras la plataforma se brinca la ley con toda tranquilidad y se ríe de ella con sus multitas.

Porque aquí no se trata de perseguir al motociclista que busca ingresos ni de negar que la ciudad está colapsada y necesita alternativas. Se trata de algo elemental: si van a transportar personas en moto, el Estado debe garantizar condiciones mínimas de seguridad. Un pasajero no es una bolsa de comida. Va expuesto, sin carrocería, sin cinturón y muchas veces sin saber si quien conduce tiene seguro, capacitación o permiso.

Estimado ciberlector, la omisión no es administrativa: es política. SEMOVI ya sabía. Esta columna ya lo exhibió hace 7 meses. La propia dependencia ya lo confirmó. Hubo anuncio de multa. Y aun así, DiDi Moto sigue ahí, vivito y coleando, como si la ley de movilidad fuera sugerencia de buenas costumbres.

El día que ocurra un accidente grave, un asalto y demás, la pregunta no será quién iba manejando. La pregunta será por qué la autoridad permitió que un servicio no autorizado siguiera operando después de tantos avisos. Y entonces sí, los comunicados y golpes de pecho ya no van a alcanzar ni para tapar el golpe.

Yesenia Nolasco tiene tres caminos: regular con seriedad, hacer cumplir la ley o renunciar porque no da una. Lo demás es puro teatro burocrático con casco invisible.

Si no hacen nada, solo tiene una explicación: un moche para la titular de la SEMOVI para hacerse ojo de hormiga.

¿Qué dirá el gobernador Salomón Jara al respecto?

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Tanto estuvieron los morenistas meme y meme con que la elección de jueces y magistrados del Poder Judicial sería en 2027, que ahora ya andan apurados diciéndole a todo mundo que mejor siempre no… que quizá sea hasta 2028, porque “es muy complejo” empatar toda la logística con los comicios federales y locales.

¿No que la gran maravilla de la reforma era precisamente ahorrar millones de pesos unificando todos los procesos electorales? ¿No que era el modelo más eficiente, más democrático y más barato? Pues parece que, otra vez, la realidad les explotó en la cara.

Y es que gobernar a punta de ocurrencias tiene consecuencias. Primero anuncian reformas históricas con fanfarrias mañaneras, discursos épicos y aplausos de los levantadedos oficiales; después descubren ¡oh, sorpresa! que organizar elecciones judiciales no es tan sencillo como hacer memes en redes sociales o levantar la mano en el Congreso.

Nuevamente saldrá más caro el caldo… que las albóndigas, con estos políticos de cuarta que todo lo hacen con las p-a-t-a-s y luego quieren corregir sobre la marcha lo que jamás planearon seriamente.

Porque detrás del discurso de “democratizar la justicia”, lo que hoy comienza a evidenciarse es el enorme desorden operativo, jurídico y presupuestal que provocó una reforma hecha más con prisa política que con verdadera planeación institucional.

Así que, estimado ciberlector, los levantadedos del Congreso de la Unión ya pueden ir calentando motores para modificar otra vez las fechas de las elecciones judiciales, porque la improvisación ya alcanzó incluso a la joya consentida de la 4T.

Y mientras el pueblo intenta entender cómo demonios va a votar por jueces, magistrados y ministros entre boletas kilométricas, pleitos partidistas y cambios de última hora, las cosas en el Poder Judicial parecen ir de mal en peor.

Diosito nos agarre confesados.

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¡Estimado ciberlector! Nuestra reportera electorera esa que ya mejor debería tener oficina fija dentro del IEEPCO porque pasa más tiempo ahí que varios consejeros, nos manda el parte desde el instituto electoral donde la estabilidad institucional ya parece leyenda urbana y la Secretaría Ejecutiva se convirtió en una especie de reality show administrativo: entra uno, sale otro, aguanta dos meses el siguiente y luego aparece un encargado de despacho a recoger los pedazos.

Porque hay que decirlo como es: la presidenta del IEEPCO, Elizabeth Sánchez González, ya empezó a ganarse un lugar en el salón de la vergüenza burocrática-electoral de Oaxaca. Y no precisamente por fortalecer al árbitro electoral.

Desde que asumió el cargo el 1 de octubre de 2021 (tras ser designada por el INE para el periodo 2021-2028) la consejera presidenta lleva nada menos que seis personas distintas desfilando por la Secretaría Ejecutiva. Seis. Y ahora el instituto ya va rumbo al séptimo secretario o secretaria ejecutiva. La duda ya no es quién llegará… sino cuánto tiempo tardará en salir corriendo.

Porque si algo se comenta en corto dentro del órgano electoral y ya en prácticamente todos los corrillos políticos de Oaxaca, es que nadie le aguanta el ritmo, las formas, el mal genio y el ambiente interno que terminó convirtiendo al IEEPCO en una oficina de desgaste permanente.

El primero en tronar fue Luis Miguel Santibáñez Suárez (ex azote del corazón de la surfista de las altas olas de Yosocuta #SinYolandaMariCarmen), quien salió apenas en diciembre de 2021, a semanas del arranque de la nueva presidencia. Aquello no fue una transición tersa: fue una guerra interna con consejeros divididos, acusaciones de obstrucción, sesiones tensas y un instituto electoral que parecía más día de plaza que órgano autónomo.

Luego vino Juan Carlos Merlín Muñoz, cuyo paso terminó siendo tan fugaz que mucha gente apenas alcanzó a ubicarlo antes de que desapareciera del mapa institucional.

Después llegó Alejandra Silva Soriano como encargada de despacho, esa figura administrativa que normalmente aparece cuando nadie quiere agarrar la bomba a punto de explotar.

Más adelante nombraron a Iliana Araceli Hernández Gómez con la promesa de darle estabilidad al instituto hasta 2026.

Pero en el IEEPCO las promesas duran lo que el viento a Juárez. Y terminó apareciendo nuevamente otra encargada: Luisa Rebeca Garza López, mientras el instituto seguía atrapado entre acomodos internos, jaloneos y desgaste administrativo.

Finalmente aterrizó Graciano Alejandro Prats Rojas, nombrado en octubre de 2025 para permanecer hasta 2028… pero que ya anunció que se va este 31 de mayo de 2026 por una “reflexión profundamente personal”. Traducción al español electorero: otro más que tampoco aguantó el ambiente.

Pero el problema no termina ahí.

Porque junto con el desfile de secretarios ejecutivos también comenzó la caída de directores ejecutivos y funcionarios clave. Apenas arrancó la gestión de Elizabeth Sánchez, vino la famosa “depuración” interna donde salieron perfiles de áreas fundamentales como Organización Electoral, Educación Cívica, Partidos Políticos y la Unidad Técnica Jurídica. En ese entonces, las acusaciones internas hablaban de imposiciones, revanchas, bloques de poder y una presidencia empeñada en barrer todo lo que oliera a la administración anterior.

Aquello convirtió al IEEPCO en una especie de Survivor electoral: el que sobrevivía una sesión extraordinaria ya podía presumirse veterano de guerra administrativa. Je, je, je.

Y mientras eso ocurría, afuera la credibilidad institucional comenzaba a desgastarse peligrosamente. Porque un árbitro electoral que no puede mantener estabilidad ni en su propia estructura difícilmente puede venderle certeza democrática a los ciudadanos.

A eso hay que sumarle las investigaciones administrativas, los señalamientos por presuntas irregularidades millonarias, las suspensiones, las confrontaciones públicas entre consejeros y el deterioro interno que terminó exhibiendo al instituto más por sus pleitos que por su función democrática.

Hoy, en los cafés políticos de Oaxaca, ya hasta bromean que en el IEEPCO deberían poner una ventanilla de “altas y bajas” exclusiva para secretarios ejecutivos. Porque duran menos ahí que un director técnico en el Veracruz de Fidel Herrera.

Y lo más delicado es que esto ya dejó de parecer casualidad.

Cuando un funcionario se va, puede ser diferencia de criterios. Cuando se van dos, puede hablarse de crisis. Pero cuando ya van seis nombres distintos desfilando por la misma oficina en menos de cinco años, el problema deja de estar en los subordinados y empieza a apuntar directamente hacia arriba.

¿Quién será la próxima víctima?

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Nuestra reportera parlamentaria esa que ya se sabe de memoria hasta los filtros de TikTok que usa más de un legislador oaxaqueño, nos manda el parte desde el Senado de la República, donde hay personajes que todavía no terminan de entender para qué demonios les dieron el cargo.

Y uno de ellos, nos dicen, es el senador Luis Alfonso Silva Romo, mejor conocido en los pasillos políticos como “el cabeza de Olmeca”, líder del famoso cártel LASR, esa cofradía política donde abundan las invasiones, los negocios y el oportunismo que las iniciativas serias para Oaxaca.

Resulta y resalta que el próximo 10 de junio, el senador ya anda moviendo cielo, mar y Senado para entregar un reconocimiento a La Arrolladora Banda el Limón de René Camacho. Sí, leyó usted bien: La Arrolladora, agrupación originaria de Mazatlán, Sinaloa. Porque al parecer, el legislador anda más preocupado por quedar bien con sus artistas favoritos que por voltear a ver el talento musical de Oaxaca.

Estimado ciberlector, Oaxaca no es cualquier estado. Oaxaca es tierra de bandas filarmónicas infantiles, juveniles y comunitarias que sobreviven literalmente entre cooperaciones, rifas, tequios y padres de familia endeudados para comprar instrumentos. Oaxaca es cuna de músicos extraordinarios que han llevado el nombre del estado a escenarios nacionales e internacionales sin necesidad de padrinos políticos ni reconocimientos montados para la foto.

Pero parece que eso al senador poco le importa. Porque mientras en comunidades oaxaqueñas hay niños aprendiendo música con instrumentos parchados y uniformes remendados, el senador anda feliz preparando placas, y fotografías para una banda sinaloense. No porque sea parte de un programa cultural profundo. No porque exista una agenda seria de fortalecimiento artístico. No. Simplemente porque dicen los enterados que Luis Alfonso es fan de la banda y quiere quedar bien.

Hágame usted el regrandísimo favor.

Alguien debería avisarle al senador que él representa a Oaxaca, no al club oficial de fans de la tambora. Que el cargo no es para andar jugando al influencer legislativo ni para convertir el Senado en salón VIP de conciertos y relaciones públicas para tener predios a la mala.

Aunque siendo sinceros, estimado ciberlector, quizá tampoco sorprende tanto. Porque Luis Alfonso Silva Romo ha construido una carrera política más cercana al agandalle que al debate pueblito noble y sabio.

Y ahí está la historia completa para quien quiera verla. Primero brincó de un proyecto a otro buscando acomodo político. Después terminó cayendo paradito en la senaduría gracias al Partido Verde, que prácticamente le regaló una beca dorada legislativa mientras él buscaba desesperadamente ser candidato a la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez. Morena, Verde, acuerdos, negociaciones… lo importante era caer parado en algo.

Nos dicen sus cercanos, ex aliados y gente que lo conoce muy bien, que detrás de esa sonrisa se mueve un personaje bastante más calculador y oscuro de lo que aparenta.

Porque mientras se toma fotos abrazando gente humilde, también acumula señalamientos sobre presuntos intereses inmobiliarios, cercanía con grupos de poder económico y operaciones políticas donde casualmente siempre terminan apareciendo negocios, propiedades y beneficios para su círculo cercano. Como la de Xicoténcatl esquina Guerrero, que dicho sea de paso la obra de construcción avanza, y eso que está en litigio. Esperemos que el jardín primaveral investigue a fondo, porque se está haciendo ojo de hormiga.

Ya de paso, hay que recomendarle a Luis Alfonso que tenga 10 gramos de vergüenza y que se ponga a trabajar de verdad, porque hasta el momento solo ha demostrado que tiene muy poca estatura de Estado.

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En los pasillos del Jardín Primavera hay un funcionario de alto nivel que, nos dicen, ya trae más ganas de aventar la toalla que de seguir sosteniendo el cargo. Y no precisamente porque sea víctima de una injusticia política… sino porque poco a poco comenzó a cosechar todo lo que durante meses se dedicó a sembrar: pleitos, traiciones, enemigos y operadores agraviados.

Porque hay personajes que creen que hacer política consiste en ponerle el pie a medio mundo para quedarse solos con el pastel. El problema es que cuando el edificio empieza a incendiarse, los primeros que salen a señalar al pirómano son precisamente los que un día fueron utilizados, desplazados o apuñalados políticamente. Y eso, justamente, es lo que hoy estaría ocurriendo alrededor de este pequeño personaje.

Nuestra reportera pitonisa (esa que escucha más confesiones políticas que sacerdote en Semana Santa) nos cuenta que en las últimas semanas comenzaron a consultar discretamente a distintos funcionarios, operadores y actores cercanos al movimiento sobre quién habría sido uno de los principales responsables de la derrota política del pasado 25 de enero. Y curiosamente, el mismo nombre comenzó a repetirse como canción de cantina.

Porque muchos aseguran que este personaje, obsesionado con acumular poder, terminó operando más para sus propios intereses que para fortalecer al movimiento o cuidar la imagen del gobernador Salomón Jara.

Las quejas son prácticamente idénticas: que operó para sacar perfiles incómodos, que bloqueó a varios titulares, que metió a los suyos en posiciones clave, que generó confrontaciones innecesarias y que convirtió dependencias enteras en campos de guerra política interna.

Y lo peor, dicen quienes lo conocen de cerca, es que cada vez que surgía una protesta, conflicto o crisis, lejos de construir soluciones, buscaba incendiar más el problema. Hay quienes incluso aseguran que utilizaba grupos de presión y operadores para provocar caos, desestabilizar áreas y luego vender la narrativa de que ciertos funcionarios eran “inoperantes”, mientras él aparecía como supuesto salvador político.

Pero el tiro, parece, finalmente le salió por la culata. Porque hoy el desgaste ya no solamente viene de actores externos. Nos dicen que incluso dentro del círculo cercano al gobernador ya hay molestia profunda por el nivel de conflictos que este personaje terminó generando. Y es ahí donde la presión comenzó a pegarle de verdad.

Tanto, que ya habría externado a varias personas sus ganas de renunciar.

Sí, estimado ciberlector: el operador que durante meses movió piezas, empujó intrigas y construyó enemigos como si coleccionara estampitas, hace unos días estuvo pensando seriamente en abandonar el barco antes de que el agua le llegue completamente al cuello, sin embargo, parece que se tardó en irse, y ahora piden su cabeza.

Aunque aquí viene el verdadero dilema político. Porque en el fondo, algunos dentro del gobierno primaveral y hasta el propio gobernador saben perfectamente que tenerlo adentro genera desgaste… pero tenerlo afuera podría ser todavía peor.

Y es que no son pocos los que recuerdan que hace algunos años, cuando no fue favorecido políticamente con una candidatura como esperaba, el personaje se alejó profundamente resentido. Y en política, pocas cosas son más peligrosas que un operador herido, desplazado y con sed de venganza.

Sobre todo uno como él que conoce secretos, operadores, estructuras, pleitos internos y expedientes suficientes como para incendiar más de una oficina si decide soltar la lengua o mover sus piezas desde fuera.

Por eso, mientras unos piden su salida inmediata y otros creen que ya es insostenible mantenerlo, hay quienes empiezan a preguntarse qué resultará más caro para el gobierno: seguir soportando el desgaste que provoca dentro… o arriesgarse a convertirlo en enemigo abierto fuera del poder.

Porque en Oaxaca, estimado ciberlector, los operadores que hacen política desde el rencor suelen ser mucho más peligrosos cuando ya no tienen nada que perder.

#SoloProfesionales

Al tiempo…

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El descrédito generalizado de todos los partidos políticos tendrá un fuerte impacto en el proceso electoral de 2027, porque ya no hay ni a quién irle.

Como nueva opción surge el llamado “Movimiento del Sombrero”, organización política y social creada por el desaparecido Carlos Manzo Rodríguez, en Uruapán, Michoacán, la cual promueve las candidaturas independientes y tiene como bandera principal el combate a la corrupción y la inseguridad.

Varios funcionarios primaverales ya se preparan para brincar hacia una candidatura independiente, cuyo principal requisito es reunir el respaldo ciudadano mediante firmas equivalentes al 2% de la lista nominal para obtener el registro como candidatos a cualquiera de los cargos de elección popular.

El color y las siglas de Morena ya no serán garantía de triunfo. Por eso, amigos ciberlectores, no pierdan de vista a los políticos de siempre, que ahora saldrán a buscar un nuevo hueso con su clásica carita de: “Yo no fui”.

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Nuestra reportera totalmente chaira esa que trae más datos que manta de protesta y más paciencia que automovilista atrapado en bloqueo magisterial, nos informa que en Oaxaca volvimos a confirmar una tragedia política muy nuestra: cuando el problema ya está ardiendo, siempre aparece un iluminado con una cubeta… de gasolina.

Y esta vez el nombre apunta hacia San Pablo Villa de Mitla, donde el presidente municipal Esaú López Quero decidió pasar de autoridad municipal a enemigo del gobierno federal y estatal. Porque el miércoles 27 de mayo, mientras la Sección 22 mantenía bloqueos carreteros como parte de su lucha por prestaciones y demandas principalmente frente al gobierno federal, en la tierra de los muertos, el conflicto terminó escalando a niveles que jamás debieron permitirse: jaloneos, violencia, disparos, vehículos dañados, personas heridas y un escándalo político que le cayó como piedra en el zapato no solo al municipio, sino también al gobierno de Oaxaca.

Mitla no es terreno nuevo para este tipo de tensiones. Hace más de una década, habitantes de la población ya habían confrontado a la Sección 22 y respaldado a la Sección 59 para mantener clases en las escuelas. Aquella historia dejó claro que ahí el tema educativo y sindical no se procesa con calma, sino con agravios acumulados y una pólvora social que cualquier autoridad medianamente sensata debería saber manejar con pinzas.

Pero Esaú, por lo visto, confundió gobernar con alborotar. Porque una cosa es que una comunidad esté cansada de bloqueos, cierres carreteros y afectaciones económicas. Eso es entendible. Pero otra muy distinta es que una autoridad termine encabezando o permitiendo un escenario de confrontación que convirtió un conflicto político en una crisis de seguridad.

Y ahí está el detalle fino, estimado ciberlector: Esaú no ayudó a contener el problema; lo amplificó. No desactivó la tensión; la empujó hasta convertirla en un escándalo nacional justo cuando el gobierno primaveral y el partido morena, menos necesitaba otro frente abierto, con la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Porque nos dicen fuentes bastante cercanas al movimiento (de esas que todavía tienen entrada a oficinas donde otros ya ni el saludo reciben), que la presidenta Claudia Sheinbaum trae un fuerte nivel de molestia con Morena Oaxaca y con varios funcionarios del llamado Jardín Primavera. ¿La razón? Las constantes quejas que han llegado hasta Palacio Nacional desde distintos grupos morenistas, petistas y actores políticos locales que acusan desplazamientos, soberbia, abusos internos, malas operaciones políticas y una creciente descomposición dentro del movimiento en Oaxaca.

Y eso no es todo. También aseguran que desde el centro del país ya traen reservados varios temas delicados relacionados con operadores y funcionarios del gobierno estatal. Por eso lo ocurrido en Mitla cayó tan mal: porque terminó reforzando la percepción de desorden político interno justo cuando Oaxaca está bajo observación nacional. ¡Ay… Esaú!

En ese contexto, la actuación de Esaú López Quero terminó siendo dinamita pura.

Ahora sale con que pidió licencia indefinida para que se investiguen los hechos y prácticamente deja entrever que si su cabeza sirve para solucionar el conflicto, ahí está. Hágame usted el regrandísimo favor. Después de provocar semejante desastre político, ahora pretende venderse como pieza de sacrificio. #ElMundoAlRevés

No, presidente. Eso no es sacrificio. Eso se llama enfrentar las consecuencias de tu torpeza monumental.

Y el costo no lo paga solo él. También se lo cargó a quienes lo impulsaron, lo cobijaron y lo acomodaron políticamente después de brincar del viejo PRI a Morena. Porque Esaú López Quero no nació precisamente en las filas de la transformación; fue reciclado, bendecido y acomodado en la Primavera Oaxaqueña pese a varios intentos fallidos por alcanzar el poder municipal.

Y ahí aparece otro nombre incómodo: Jesús Romero. Porque dentro de Morena muchos señalan que el secretario de Gobierno fue uno de los principales operadores que empujaron el proyecto político de Esaú. Hoy, el problema ya no es únicamente el alcalde de Mitla, sino el tamaño del daño político que terminó provocando para el gobierno estatal.

Si hubieran, respetado la votación del pueblito noble y sabio, hoy apostamos doble contra secillo, que no estuvieran asi…

Y es que una cosa es lidiar con la presión histórica de la Sección 22 y otra muy distinta tener alcaldes del propio movimiento generando imágenes de violencia que terminan fortaleciendo la narrativa de conflicto.

La situación incluso obligó a Morena Oaxaca a reaccionar públicamente. Alejandro Velasco Armas, dirigente estatal del partido, salió a condenar los hechos y a pedir que se investigue lo ocurrido. Aunque alguien también debería decirle que deje de intentar hablar como copia pirata de Andrés Manuel López Obrador. Porque una cosa es tener referentes políticos y otra convertir cada declaración en concurso de imitación presidencial.

El problema de fondo aquí no es solamente Mitla. El problema es que dentro de la llamada Primavera Oaxaqueña hay demasiados personajes como Esaú que llegaron al poder sin entender lo que implica gobernar un estado tan complejo como Oaxaca. Creen que todo se resuelve con presión, desplantes o demostraciones de fuerza. Y cuando el conflicto les explota en las manos, entonces aparecen las conferencias, las licencias y los discursos dramáticos, que ya nadie cree.

Mientras tanto, quienes terminan pagando las consecuencias es el pueblito noble y sabio atrapados entre bloqueos, violencia, confrontaciones y autoridades rebasadas por sus propias decisiones.

Y quizá ahí está la verdadera tragedia de todo esto: Oaxaca tiene demasiados problemas históricos como para todavía cargar con personajes como Esaú que, en lugar de contener crisis, parecen especialistas en fabricarlas. Porque además, sigue quieriendo salvar su cuello, y si lo dejan, esto se va a empeorar.

Y lo más irónico es que hoy muchos dentro del propio movimiento observan la caída de Esaú con absoluta frialdad. No por casualidad, sino porque el alcalde se ganó enemigos a pulso: por el trato, por los desplantes, por las amenazas, por su soberbia y por esa forma de ejercer el poder que terminó alejando incluso a quienes alguna vez lo defendieron.

Ahí está la lección que varios siguen sin entender: reciclar expriistas puede servir para ganar elecciones… pero no necesariamente para saber gobernar.

Porque una cosa es ponerse la camisa guinda y otra muy distinta quitarse las viejas mañas.

Más de un morenista se pregunta si Jesús Romero ordenó a Esaú enfrentar a los maestros para afectar a los funcionarios que le estorban en sus aspiraciones politicas futuras, y las sospechas tienen lógica, porque recordemos que Esaú le debe su cargo.

Del dinero que Esaú debe a varios proveedores, luego les contamos, porque dicen que le gusta pedir y pedir y no paga.

Por cierto, dicen las lenguas viperinas conocedoras, que el Negro Esaú tiene grabado a su patrón cuando le ordenó el ataque contra la sección 22. Razón por la cual grita a los cuatro vientos que no le pasará nada. ¿Lo sabrá el gobernador? ¡Ay… nanita!


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Nuestra reportera siempre fit, nunca fat esa que sí entiende la diferencia entre área de recuperación física y motel de paso federativo, nos manda el parte desde la Olimpiada Nacional CONADE 2026 en Tlaxcala, donde mientras niñas, niños y jóvenes oaxaqueños se partían el alma en el tatami, el presidente de la Asociación Oaxaqueña de Taekwondo, Arturo Caballero Pastor, decidió que lo suyo era practicar otro deporte: la dormida sincronizada sobre camilla oficial.

Sí, así como lo lee.

Padres de familia presentes en la competencia quedaron indignados al ver al dirigente acostado en la camilla del fisioterapeuta, con chamarra tapándole la cabeza para que, según él, nadie lo reconociera. Todo esto mientras los atletas esperaban combates, bajaban golpeados del tatami o necesitaban orientación, respaldo y acompañamiento en plena competencia nacional.

Y ahí estaba el presidente de la asociación.

Dormido. Hágame usted el re…grandísimo favor.

Porque no estamos hablando de una reunión cualquiera ni de un torneo de colonia. Era la Olimpiada Nacional CONADE, donde llegan jóvenes que entrenan durante meses para representar a Oaxaca. Muchachos cuyos padres hacen sacrificios económicos enormes para pagar viajes, uniformes, inscripciones, alimentación y preparación. Familias enteras organizándose para que sus hijos puedan competir dignamente.

Por eso molestó tanto la actitud de Arturo Caballero Pastor y de varios integrantes de la delegación oaxaqueña.

Nos cuentan que mientras entrenadores y delegaciones de otros estados convivían con atletas y padres de familia, apoyaban, orientaban y hasta animaban a los muchachos, en Oaxaca predominó un ambiente pesado, indiferente y hasta grosero. Ni los buenos días, dicen algunos asistentes. Mucho menos palabras de motivación antes de competir o respaldo después de perder.

Y eso pesa.

Porque el deporte juvenil no solamente se trata de medallas. También se trata de formación emocional, disciplina y acompañamiento. Hay muchachos que llegan nerviosos, frustrados o golpeados después de un combate y lo mínimo que esperan es sentir respaldo de quienes supuestamente encabezan la delegación.

Pero parece que algunos dirigentes andaban más ocupados cuidando sus grillas internas que cuidando a los atletas.

Y ahí está otro de los problemas que salieron a flote en Tlaxcala: los pleitos entre grupos y escuelas dentro del taekwondo oaxaqueño. Padres de familia aseguran que las diferencias personales entre ciertos entrenadores y dirigentes terminaron reflejándose en el trato hacia algunos competidores.

O sea: los adultos jugando a las guerras de poder mientras los muchachos son los que terminan pagando las consecuencias en el tatami.

Así de miserable. Porque cuando una asociación deportiva empieza a funcionar más como grupito político que como estructura de formación, el deporte deja de ser prioridad y los egos pasan a gobernar todo. Y luego vienen los malos resultados, los conflictos, las inconformidades y las escenas vergonzosas como la del dirigente dormido mientras la delegación compite.

Y sí, Oaxaca logró medallas y buenos resultados gracias al talento y esfuerzo de los atletas. Pero precisamente eso vuelve más indignante lo demás. Porque los muchachos están sacando la cara prácticamente solos, empujados por sus familias y por entrenadores que sí se toman en serio su trabajo.

Mientras tanto, hay dirigentes que parecen entender el cargo como una mezcla entre paseo turístico, club social y oportunidad para tomarse fotos cuando cae alguna medalla.

La imagen de Arturo Caballero Pastor acostado en la camilla termina siendo más simbólica de lo que parece.

Porque refleja perfectamente uno de los grandes males del deporte oaxaqueño: dirigentes cómodos, desconectados de los atletas y atrapados en sus propios pleitos internos mientras los jóvenes hacen el verdadero trabajo pesado.

Y luego se preguntan por qué tantos talentos terminan abandonando el deporte o emigrando a otros estados.

Pues porque los muchachos necesitan líderes deportivos…

No funcionarios cansados del esfuerzo ajeno.

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Esta semana, durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, apareció un nombre que debería ser motivo de orgullo para toda la Mixteca: Carlos Guadalupe Hernández, conocido artísticamente como Carlos CGH. El rapero triqui fue presentado como ganador de la canción para el Mundial. Su trabajo, construido con identidad, lengua y raíces de esta tierra, terminó llegando a uno de los escenarios políticos más visibles del país.

Lo curioso es que antes de llegar a Palacio Nacional intentó presentarse en Huajuapan. Y Huajuapan lo ignoró.

El 22 de enero del año pasado, el artista solicitó permiso para realizar una presentación en la Plaza de la Libertad de Expresión. El proyecto no era cualquier espectáculo improvisado. La producción incluía músicos mixtecos y triquis, además de elementos tradicionales de la región que iban desde la indumentaria hasta las expresiones culturales de diversos pueblos de la Mixteca.

La respuesta oficial nunca llegó. Ni autorización. Ni negativa. Ni explicación. Simplemente silencio.

Las malas lenguas, esas que en Huajuapan tienen muy buena memoria, dicen que el séquito del alcalde prefirió ignorar al artista para que no “afectara” la Plaza de la Libertad de Expresión. Porque al presidente no le gusta la gente que le recuerda quién es. Porque un rapero triqui con huaraches y máscara tradicional no encaja en la fantasía de duque europeo que cultiva cada mañana frente al espejo.

Y aquí es donde el espejo se vuelve juez. Luis Martínez se mira cada mañana y no ve la verdad. El alcalde de Huajuapan, a quien el pueblo bautizó con toda justicia como el Chupón, clava la vista en el cristal y se imagina duque madrileño. Ve tez blanca donde hay piel morena. Ve linaje europeo donde brota el pelo necio, parado, innegablemente mixteco.

La negación de la raza es el primer acto de traición de un hombre que gobierna con dinero público del mismo pueblo al que desprecia en privado.

El Chupón padece un complejo de sangre azul con raíces de tepetate. Se pasea por Europa para borrar de su memoria el polvo de su propia tierra. Presume ascendencia española como si fuera patente de corso. Cuando le cuestionaron los evidentes nexos familiares dentro de su Cabildo, su respuesta fue un chiste que da vergüenza ajena:

Todos en el Cabildo pueden ser primos por las raíces españolas.

Esa es su coartada. Gobierna con la ilusión de ser aristócrata de rancho rodeado de plebeyos. Cuando tuvo sobre la mesa la propuesta para elevar a Huajuapan a la categoría de municipio indígena, el alcalde retrató de cuerpo entero su desconexión con el pueblo que gobierna:

Yo no me considero indígena.

No fue un episodio aislado. Cuando Marcelo Ebrard visitó la región, el presidente municipal de Cacaloxtepec tenía listo un mensaje de bienvenida en lengua mixteca. El Chupón lo censuró de última hora. Le dio vergüenza que un funcionario federal escuchara el idioma de los abuelos. Escondió la lengua materna debajo de la alfombra del protocolo como si fuera una mancha de suciedad en la sala.

Pero la hipocresía no descansa. Cuando Claudia Sheinbaum pisó la Mixteca, al alcalde le resucitó el árbol genealógico de golpe. De pronto le brotó el amor por la raza. Corrió a regalarle huaraches de llanta y un cuero de chivo. Usó como escenografía la misma pobreza que le produce repulsión en privado. Los mismos huaraches que su familia repudia. Populismo de aparador. Indigenismo de utilería para la foto oficial.

La contradicción resulta difícil de ignorar. Por eso el caso de Carlos CGH duele más de lo que parece.

Su proyecto representaba exactamente aquello que cualquier gobierno orgulloso de su tierra habría presumido: talento local, identidad regional y proyección nacional. Un artista triqui llevando la cultura de la Mixteca a escenarios cada vez más amplios. Una historia de éxito construida desde abajo, con lengua propia y raíces sin disculpas.

Y aun así, no encontró espacio en Huajuapan.

Encontró espacio en otros estados. Encontró público en otros lugares. Encontró reconocimiento nacional. Esta semana incluso encontró plataforma en la conferencia presidencial.

Lo que no encontró fue respuesta del ayuntamiento de Huajuapan.

La ironía es difícil de pasar por alto. Mientras la música de Carlos CGH resonaba en la mañanera, el gobierno que decidió ignorarlo quedaba retratado por contraste. Como esas fotografías donde el fondo termina revelando más que el protagonista.

Ahora surge la pregunta inevitable.

¿Qué ocurrirá cuando el éxito ya sea imposible de ignorar?

Porque en la política mexicana existe una tradición tan antigua como persistente: despreciar el talento local cuando nace y querer fotografiarse con él cuando triunfa. Primero se le cierran puertas. Después se le extiende la alfombra roja. Primero se le trata como estorbo. Después se le presenta como orgullo colectivo.

Habrá que ver si esa historia vuelve a repetirse.

Mientras tanto, Carlos CGH ya consiguió algo que ningún permiso municipal podía otorgarle: el reconocimiento que nace del trabajo propio y la legitimidad que concede el público.

Y eso, para fortuna del artista y desgracia de los burócratas, no necesita sello oficial.

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Hay verdades que el protocolo no puede contener. Y hay funcionarios que, con micrófono en mano y público enfrente, dicen en voz alta lo que deberían guardarse para siempre.

Ocurrió en la Feria del Mezcal de Huajuapan. El subsecretario de Desarrollo turístico en representación de Saymi Pineda, titular de la Secretaría de turismo del gobierno del estado de Oaxaca, José Hernández Cárdenas, llegó a inaugurar el evento con toda la solemnidad que el cargo exige. Micrófono abierto, autoridades presentes, comunidad escuchando. El momento perfecto para decir algo memorable.

Y vaya que lo logró.

Frente al público, con el presidente municipal Luis Martínez —el Chupón— parado a su izquierda, el subsecretario soltó lo que ningún funcionario en sus cabales debería soltar en un acto oficial: que el alcalde ya se había tomado dos botellas de mezcal y que no se le notaba.

Se hizo el silencio.

Después vino el intento de rescate. La risita nerviosa. El “no es cierto, no es cierto” de quien acaba de darse cuenta de que la regó con la lengua demasiado suelta. El clásico movimiento del que dispara primero y pide perdón después, cuando la bala ya no tiene regreso.

Pero las palabras dichas en público no se recogen. Se graban. Se comparten. Se recuerdan.

 

Hay que detenerse un momento en la imagen completa: un subsecretario de Turismo del gobierno de Oaxaca, enviado oficialmente a inaugurar un evento que promueve el mezcal como patrimonio cultural —y vale aclararlo: Huajuapan no es productor de mezcal, es revendedor, salvo una o dos excepciones—, usa su turno en el micrófono para informarle a la comunidad que el presidente municipal lleva dos botellas encima antes de la inauguración.

Y el aludido, ahí parado a su izquierda, sin moverse.

La escena levanta preguntas que nadie en el presídium quiso responder ese día. ¿El subsecretario lo dijo porque lo sabía de buena fuente? ¿Porque lo vio con sus propios ojos? ¿Porque en los círculos del gobierno estatal es un dato tan conocido que ya se comenta sin filtro en los actos públicos?

Porque una cosa es que alguien mienta en un micrófono. Eso pasa todos los días en la política mexicana y ya nadie se sorprende. Pero otra cosa muy distinta es que alguien diga una verdad incómoda, se arrepienta a los tres segundos e intente cubrirla con una carcajada.

Esa secuencia tiene un nombre: lapsus de conciencia.

El mezcal es el orgullo de Oaxaca. Tiene denominación de origen, historia e identidad. Representa el trabajo de generaciones enteras que cuidan el maguey como se cuida lo sagrado. Por todo eso merece eventos serios, autoridades sobrias y funcionarios que lleguen a celebrarlo, no a protagonizar el chiste involuntario de la tarde.

Huajuapan merece un presidente municipal que llegue a los actos oficiales en condiciones de representar a su gente. No uno del que el propio gobierno estatal se ría en público, aunque sea por tres segundos, aunque después quiera desdecirse.

El subsecretario intentó borrar sus palabras con una risotada.

El micrófono no olvidó. El pueblito noble y sabio tampoco.

 

bullets100

Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:

“En Política no se tiene amigos, sino enemigos de mejor calidad”.