Conversaciones con garganta abismal: Raúl Castellanos Hernández

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El #QuédateEnCasa impuesto por la pandemia, como todo en la vida, tiene sus claros y sus obscuros. Lamentablemente las estadísticas dan cuenta del aumento de la violencia intrafamiliar y la inseguridad; también, como suele suceder, el ingenio del mexicano se ha mostrado en su máxima expresión, particularmente dos son los temas más recurrentes en las redes sociales: el debate sobre las medidas, acciones y mensajes del Presidente López Obrador y la “vida en pareja” con todos sus matices.

 

En el otro extremo, ha sido una oportunidad para la reflexión; escribir desde chistes, poemas, hasta novelas autobiográficas; escuchar la música de tu preferencia auditiva y referencial de las etapas de tu vida. En mi caso, los Beatles por siempre y otras melodías que me hacen recordar momentos de encuentros y desencuentros, desde “¿Cómo fue?”, “I want to Know what love is”, “Almohada” -no puede faltar una de José José en el inventario de un bohemio de afición- hasta “Tiene espinas el rosal”. Los cinéfilos también se están dando gusto.

 

Ha sido también una oportunidad para reparar en las cosas más bellas que nos ofrece la naturaleza: un amanecer, el sonido de la lluvia, los atardeceres, la luna llena, el trinar de las aves, el volar de las palomas. Y por supuesto, darnos el gusto de dejar que la loca de la casa, la imaginación -en definición de Santa Teresita- ocupe los más recónditos espacios de la mente, de los recuerdos y las utopías. Recién un amigo me decía (citando a Julio Iglesias): “¡Me olvidé de vivir!”

 

En este escenario, y derivado de varias alusiones de amigos recordando la columna que escribía hace casi treinta años: “Conversaciones con Garganta Abismal”, me sumergí en el arcón de las evocaciones. Para quienes en esa época no habían nacido o eran pequeños, déjenme comentarles que el 8 de agosto de 1974, el entonces poderoso Presidente de los Estados Unidos Richard Nixon, después de una exitosa y abrumadora campaña de reelección presentó su renuncia para evitar ser enjuiciado.

Factores fundamentales de tal dimisión lo fueron dos reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, que realizaron una exhaustiva y valiente investigación sobre lo que en principio se definió y redujo a un “robo” al Cuartel General del Partido Demócrata durante el proceso electoral de 1972, ubicado en el Edificio Watergate -que dio nombre al caso-; hecho que en los hechos -valga el pleonasmo- no fue más, pero nada menos, que una incursión de un equipo especial, enviado por los “líderes”del Cuarto de Guerra de la campaña de Nixon, para instalar escuchas clandestinas, lo cual era un exceso de soberbia imperdonable (ojo, morenos), puesto que tenían ganada de calle la reelección de Nixon.

 

A principios de 1974, Woodward y Bernstein publicaron el libro -que ganó el premio Pulitzer- “Todos los Hombres del Presidente“, en el que narran los detalles de su investigación que en buena medida fue la puntilla para Nixon. En la narrativa, se evidencia el papel fundamental que jugó en sus indagatorias un personaje que les proporcionaba desde los sótanos de la Casa Blanca y del FBI información clara, precisa y concisa, al cual sólo identificaban como “GARGANTA PROFUNDA” –en referencia al nombre de una película porno, Deep Throat-. El 31 de mayo de 2005, la revista Vanity Fair reveló el nombre y el “currículum”del personaje. Pero esa es otra historia.

 

En este contexto, invitado por Víctor Ruiz Arrazola, Isidoro Yescas, Anselmo Arellanes, Ulises Torrentera, Claudio Sánchez, Paco Pepe y otros amigos a escribir una columna para el Semanario CAMBIO, me pregunté si no habría dentro de la grilla local y nacional un personaje que pudiera jugar el papel de Garganta Profunda. Me dediqué a la búsqueda y finalmente ubiqué a un buen amigo que desde los tiempos universitarios se distinguió por su interés por los fenómenos políticos y sociales; lo recordaba por el 68 y el 71 y de los tiempos en que andábamos de serenata con “Los Marinos” (por cierto, tenía muy mala suerte con las mujeres; creo que después le cambió). Lo reencontré en el México Distrito Federal de Chava Flores y me dio mucho gusto que no hubiera perdido su vena política y sobre todo su inteligencia, ironía y buena vibra para el debate y el análisis.

 

Sin más y estando en el centro de las contradicciones la elección del 88, la “Solidaridad” Salinista, en Oaxaca la sucesión de “Juaritos Ramírez” -así lo identificó con malicia Porfirio a Heladio durante mi campaña para gobernador en el 92- y varios temas más, lo invité a comer al Winston Churchill -restaurante que lamentablemente llegó a su fin recientemente y en el que pasé veladas históricas de mi vida personal y política- y tomé la decisión de llamarlo “GARGANTA ABISMAL”.

 

Llegamos puntualmente; “la puntualidad es un don de dioses” diría Porfirio Muñoz Ledo. De inmediato ordenamos los aperitivos, Buchanan en las rocas; Garganta Abismal de entrada degustó mousse de pato, luego bisque de langosta, ensalada de espinacas con nuez y tocino y de plato fuerte un filete Wellington con salsa de morillas. Por mi parte, me incliné por paté de jabalí con avellanas, una sopa de hongos silvestres, espárragos frescos a la vinagreta y de plato fuerte, lo de siempre (soy de querencias para toda la vida), prime rib corte fino Lady Clementine Cut; para el postre sugerí y aceptó: cerezas jubilee flameadas al oporto. Ya en los digestivos, Garganta Abismal prefirió anís con anís y moscas -pasas y granos de café- y un servidor mi Carlos I y  un exprés cortado, con un twist de limón y una cereza en trébol.

 

La conversación fue espléndida. Pasamos revista al mayor número de temas de política internacional, nacional y “chapulinera”; recordamos nuestros tiempos de la prepa. Me contó cuando una chica, compañera nuestra a la que se le había declarado dos veces, le mandó decir con otra amiga que “ni se le ocurriera hacerlo una tercera, porque nunca le haría caso, porque era feo, regular estudiante y no tenía coche”; reímos y volvimos a pedir una ronda más. Esa tarde acordamos que nos reuniríamos cada semana a comer y a discutir un tema para mi columna que se llamaría “Conversaciones con Garganta Abismal”.

Corrieron los años… pasó mucho tiempo… Dice el poeta en “El Seminarista de los Ojos Negros”: “una salmantina de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras el tejido mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio a los seminaristas que van de paseo… sólo falta uno entre todos ellos… su seminarista de los ojos negros.”

Y sí. Ha pasado el tiempo; han corrido los años, hasta este tiempo en que Claudio Sánchez e Isidoro Yescas me invitaron a participar en estos “Cuadernos de la Pandemia”; iniciativa que valida su vocación periodística como razón de vida. Por ello, y también porque me gusta voltear al pasado de vez en cuando, decidí indagar dónde andaba Garganta Abismal. Para mi sorpresa lo encontré lúcido y en plenitud, después de los saludos y el natural reclamo de su parte –“alguna opinión has de querer”, me dijo- platicamos largo. Finalmente acordamos reanudar nuestras conversaciones, por ahora a la distancia.

Ya entrados en gastos, le pedí su opinión sobre los temas del momento actual que privan en nuestro país. Muy en su estilo me respondió: “pero te aguantas, porque hasta donde te recuerdo tú eres o eras fan de AMLO”, nos reímos y le recordé la máxima de Voltaire: “podré no estar de acuerdo en lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”. Volvió a reír y ya en plan serio me dijo:

“México es un caso especial. No podemos actuar como primermundistas, aunque contradictoriamente, en nuestro país hay económicamente tales rasgos frente a condiciones de inframundo; por ello López Obrador tiene que hacerle al equilibrista, lo cual no debe implicar que pierda de vista que es un Jefe de Estado. Rechazo su postura frente a los medios de comunicación; como ha dicho Ángela Merkel en una reflexión que viene al caso para todos: “hay libertad de expresión en nuestro país, a todos aquellos que dicen que no pueden expresar sus opiniones les digo: si das tu opinión, debes asumir el hecho de que te pueden llevar la contraria, expresar una opinión tiene sus costos, pero la libertad de expresión tiene sus límites, esos límites comienzan cuando se propaga el odio, empiezan cuando la dignidad de otra persona es violada, debemos oponernos al discurso extremista, de lo contrario, nuestra sociedad no volverá a ser la sociedad libre que es”. Por ello, estos deben ser tiempos de prudencia en el discurso. “La palabra es acto”, decía Reyes Heroles, y eso Andrés Manuel parece no entenderlo”. Concluyó Garganta Abismal.

Cuestionado sobre cómo ve Oaxaca, respondió: “Nuestra tierra es un mosaico de grupos e intereses políticos. Diría un ex gobernador que aquí el índice de agostadero es de más de veinte mil políticos por hectárea, y en tal sentido la pandemia no ha frenado las ansias de novilleros, todos quieren estar en la foto; de ahí presumo se deriva la decisión de López Obrador de designar su representante plenipotenciaria a la Senadora Susana Harp, nombramiento que independientemente del mensaje cifrado, tiene un tufo de oportunismo electorero innegable, volvería a citar a Reyes Heroles: “En política lo que parece es”. Aun así, creo que la Senadora Harp, tiene la obligación moral, política, jurídica, social e histórica, si aspira a algo más, de deslindarse de su mentor y pariente Alfredo Harp Helu, uno de los dos principales beneficiarios del FOBAPROA y de la venta de Banamex a City Group, que le redituó una cantidad de miles de millones de dólares que ningún mortal se imagina; además de que con la complicidad de los gobiernos federales y estatales se ha apoderado de forma inescrupulosa y alevosa del patrimonio cultural de la Ciudad de Oaxaca; ya te daré cifras y datos en una próxima conversación”. Sentenció Garganta Abismal.

 

Luego pasamos a comentar la decisión de la SCJN sobre la “Ley Bonilla”, en la que coincidimos renueva la esperanza de que en nuestro México prevalecerá un régimen democrático, el respeto a la Constitución, a la división de poderes y al Estado de Derecho.

Ya tarde nos despedimos. Para concluir, me sorprendió al decirme “luego te platico a qué lugar de Gabinete se va Alejandro Murat el próximo año y quién se queda de interino”. Subí a mi despacho, ya iba a empezar el noticiero de Ciro Gomez Leyva, en cuya producción tiene un papel determinante mi entrañable amigo Manuel Feregrino. Yo paso a servirme un Jack Daniel’s.

Pásenla súper.

¡VOLVEREMOS A ABRAZARNOS!