¿Quien gana la elección 2021?: Moisés Molina

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Hay quienes quieren que el 2020 ya se acabe. Hay para quienes ya se acabó.

Ha sido un año difícil. El más complicado desde que yo tenga memoria.

Uno de los países que se ha distinguido siempre por figurar en los primeros lugares en todas las mediciones de felicidad, hoy no lo parece tanto.

Las grandes asignaturas pendientes, lo siguen estando y encima enfrentamos nuestra peor crisis de salud que detona crisis económica a nivel macro y en millones de familias.

Aunque tal vez no sea tu caso personal, México está enfermo, empobrecido y dividido.

México está deprimido y crispado.

En medio de todo, hemos iniciado el proceso electoral en que miles de cargos estará en disputa en todos los estados del país.

La participación es la piedra angular de la legitimidad de nuestros gobernantes y representantes populares.

Entre más concurridas son las elecciones, más legitimados están quienes elegimos.

A mayor abstencionismo menor legitimidad.

En la mayoría de las elecciones son los menos quienes deciden por los más. El abstencionismo, por regla general es el que gana.

Después de la elección más concurrida de que tengamos registro, que fue la de 2018, la participación ciudadana para 2021 representa el gran reto.

Es evidente que el volumen de votación agregado no será ni remotamente cercano al de la elección histórica del 18.

Y más aún. Uno de los efectos colaterales de la pandemia será también, sin duda, un menor porcentaje de participación ciudadana. La pandemia no se acaba, en los pronósticos más optimistas, sino hasta 2022.

Por otra parte, las campañas negras son también un inhibidor de los votantes.

Y en medio de la polarización en que se están cocinando las próximas elecciones no podemos menos que esperar las campañas más negras de nuestra historia reciente.

En medio quedarán las y los votantes que solo quieren vivir y trabajar en paz, ajenos al conflicto.

En términos políticos y de grandes intereses no es poco lo que se juega.

Está en juego el proyecto político del Presidente. Está en juego la 4T.

En nuestro diseño constitucional la única manera de sacar adelante el programa de la 4T es con mayoría legislativa.

Si el Presidente pierde su mayoría en la Cámara de Diputados tendrá que cogobernar a partir de 2021.

El legislativo es la cuna de las reformas y la cámara de diputados, en concreto, es la fábrica de la ley de ingresos y del presupuesto de egresos.

Sin leyes y sin presupuesto a modo no habrá 4T posible.

Por ello me atrevo a decir que, en un escenario de alto abstencionismo, los grandes ganadores serán aquellos que más capacidad y eficacia tengan a la hora de movilizar a sus simpatizantes a las urnas.

Será una elección donde el fin habrá de justificar todos los medios.