Por supervivencia, los periodistas deben unirse ante la escalada de agresiones en México y Oaxaca

* Como fundador del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores afirmamos con motivo del Día de la Libertad de Expresión que, por supervivencia personal y profesional, pero también por responsabilidad democrática, los periodistas deben unirse para enfrentar los ataques en su contra.

* Humberto Cruz, actual presidente del Foro, dijo que este levanta la voz no solo para defender el derecho a informar, sino para reconocer y visibilizar a las mujeres periodistas, quienes sostienen diariamente el ejercicio periodístico en condiciones de desigualdad, riesgo y precariedad.

 

La creciente ola de agresiones contra periodistas en México confirma una realidad alarmante: informar se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Las amenazas, atentados, secuestros, desapariciones y asesinatos de comunicadores no son hechos aislados ni simples expresiones de violencia común; constituyen ataques directos contra la libertad de expresión y contra uno de los pilares fundamentales de toda democracia.

 

Por ello, como fundador del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores, Capítulo Oaxaca, afirmamos, con motivo del Día de la Libertad de Expresión, que por supervivencia personal y profesional, pero también por responsabilidad democrática, los periodistas deben unirse. Porque cuando se agrede a un periodista, se agrede el derecho de todos los ciudadanos a conocer la verdad. Y la solución es la unión y la aplicación soberana del imperio de la ley.

 

En su Pronunciamiento Por las Mujeres Periodistas, la Libertad de Expresión y la Justicia, durante el acto convocado por el actual presidente del Foro, Humberto Cruz, frente a la estatua de Juárez en El Llano, el Foro levantó la voz no solo para defender el derecho a informar, sino para reconocer y visibilizar a las mujeres periodistas, quienes sostienen diariamente el ejercicio periodístico en condiciones de desigualdad, riesgo y precariedad.

 

La periodista Nere González envió un mensaje de reconocimiento y solidaridad a cada reportera, fotorreportera, editora, conductora, columnista y comunicadora de las ocho regiones del estado. Reconoció el esfuerzo, la valentía y la convicción con que desempeñan su labor.

 

Sabemos que muchas realizan coberturas en contextos adversos, enfrentan limitaciones económicas, carencias de infraestructura y, en algunos casos, situaciones de violencia y hostigamiento. A pesar de ello, continúan informando con profesionalismo y compromiso social. A todas ellas les decimos con claridad: no están solas; su lucha también es nuestra lucha.

 

El Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores, Capítulo Oaxaca, se suma a la indignación del gremio periodístico mexicano y condena enérgicamente el secuestro de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del portal informativo Pulso Informativo del Sureste, ocurrido en el municipio de Nanchital, Veracruz. Condena que apoyó el periodista Raymundo Ibáñez.

 

Cada periodista silenciado representa una derrota para la sociedad. Cuando una reportera como Roxana Berenice Guzmán Ramírez es secuestrada, cuando un fotógrafo es amenazado o cuando un medio de comunicación es intimidado por grupos criminales o intereses políticos o policíacos, no solo se vulneran derechos individuales, sino que se busca imponer el miedo como mecanismo de control social.

 

El reciente secuestro de la periodista Roxana Guzmán Ramírez en Veracruz, así como las constantes agresiones documentadas contra comunicadores en diversas regiones del país, evidencian que el periodismo mexicano enfrenta una ofensiva sin precedentes. A ello se suma un ambiente de polarización política que, desde distintas trincheras ideológicas, fomenta la estigmatización de la prensa crítica y alienta discursos que presentan a los periodistas como adversarios en lugar de reconocerlos como actores esenciales de la vida democrática.

 

Oaxaca no es ajena a esta realidad. Históricamente, la entidad ha sido escenario de conflictos sociales, disputas políticas, violencia regional y confrontaciones de intereses económicos que colocan a los periodistas en una posición particularmente vulnerable. Quienes investigan actos de corrupción, denuncian abusos de autoridad, documentan conflictos agrarios o exponen vínculos entre poder político y criminalidad suelen convertirse en objetivos de presiones, amenazas y campañas de desprestigio.

 

Lo más preocupante es que la impunidad continúa siendo el principal incentivo para los agresores. Mientras los responsables materiales e intelectuales de los ataques contra periodistas permanezcan sin castigo, el mensaje que recibe la sociedad es devastador: en México se puede intentar silenciar la verdad sin consecuencias.

 

Frente a esta realidad, la división del gremio periodístico resulta insostenible. Las diferencias editoriales, ideológicas o empresariales deben quedar en segundo plano ante una amenaza común. La agresión contra un periodista debe generar una respuesta inmediata y contundente de todos los medios y comunicadores, independientemente de sus líneas informativas o posiciones políticas.

 

La unidad gremial debe traducirse en mecanismos permanentes de solidaridad, protección y denuncia. Los periodistas necesitan construir frentes comunes para exigir justicia, fortalecer redes de apoyo, impulsar protocolos de seguridad y ejercer presión nacional e internacional cuando las autoridades incumplan su obligación de garantizar el libre ejercicio de la profesión.

 

La defensa de la libertad de expresión no puede quedar exclusivamente en manos de los periodistas. Corresponde también a universidades, organizaciones civiles, organismos defensores de derechos humanos y a la ciudadanía comprender que cada atentado contra la prensa representa una amenaza contra el derecho colectivo a saber la verdad de los hechos.

 

Quienes hoy atacan periodistas buscan imponer el silencio, ocultar la corrupción, encubrir abusos de poder y evitar el escrutinio público. Pretenden sustituir la verdad por el miedo y la crítica por la obediencia. Por ello, la respuesta debe ser exactamente la contraria: más unidad, más solidaridad y más periodismo.

 

México atraviesa un momento decisivo para las libertades democráticas. Si la violencia logra silenciar a quienes investigan, cuestionan y denuncian, el daño trascenderá a los medios de comunicación para alcanzar a toda la sociedad. La libertad de expresión no se defiende únicamente con discursos; se protege mediante la acción colectiva, la exigencia de justicia y la resistencia frente a cualquier intento de censura.

 

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