Obama pide a legisladores evitar suspensión de pagos

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El presidente estadounidense Barack Obama urgió ayer al Congreso a llegar a un acuerdo que permita conjurar la amenaza de una suspensión de pagos, para reducir el déficit de la nación y superar las cifras históricas de desempleo que pesan como una losa en el horizonte de una eventual recuperación.

 

En medio de negociaciones a contra reloj, Obama salió ayer a los jardines de la Casa Blanca para declararse dispuesto a “arremangarse las mangas” para alcanzar un acuerdo. “Urjo al Congreso a no esperar más. El pueblo estadounidense necesita que hagamos todo lo que está a nuestro alcance para ayudar a fortalecer la economía y asegurarnos de que se generen más empleos”, dijo el presidente Obama.

Apenas el pasado viernes, el mandatario estadounidense encabezó un encuentro entre demócratas y republicanos con la esperanza de alcanzar un principio de acuerdo.

Tras la reunión y con el gesto adusto, Obama compareció ante los medios para reconocer que, aunque se habían hecho algunos avances en el diálogo, ningún acuerdo había sido alcanzado.

El sentido de urgencia que utilizó ayer Obama se hizo más patente luego de difundirse los últimos datos de desempleo que han confirmado la incapacidad de la economía para absorber al ejército de desocupados (más de 8 millones) que ha dejado a su paso la peor recesión desde la década de los 30 y que se mantienen en un 9.2%.

Las cifras, consideradas como “decepcionantes” por la Casa Blanca, obligaron al presidente a salir de nueva cuenta para urgir a demócratas y republicanos a trabajar a favor de un acuerdo antes del próximo 2 de agosto cuando, en caso de un fracaso en las negociaciones, Estados Unidos enfrentará su primer incumplimiento de pagos en la historia, con el potencial de ocasionar un revuelo en las principales plazas financieras del mundo.

“La gente nos ha enviado aquí (al centro del poder en Washington) para hacer las cosas por el bien no de un partido en particular, sino de todo el país”, dijo Obama en una clara alusión a la posición del liderazgo republicano, que se ha negado en banda a aceptar un acuerdo que pase por el fin de los recortes fiscales de la era Bush que han beneficiado a los más ricos y poderosos, y que podrían traer consigo una carga adicional de entre 700 mil millones y un billón de dólares al déficit público.

“Mientras más rápido alcancemos un acuerdo, más rápido conseguiremos que los mercados confíen en un aumento en el techo de la deuda y en la puesta en marcha de un plan serio para lidiar con nuestra deuda y nuestro déficit”, consideró Obama al insistir en la necesidad de alejar los nubarrones de incertidumbre que siguen pesando en el ánimo de los inversionistas.

Pero, además, en la urgencia de imprimirle a la economía el grado de confianza necesaria para recuperar los índices de inversión y de generación de fuentes de trabajo que serán claves en el curso de los próximos meses y que pesarán en el ánimo de los electores en las presidenciales de noviembre del 2012, cuando Barack Obama se juega sus posibilidades de un segundo periodo en la presidencia.

El Universal