Nuestra reportera Police Woman, esa que no necesita patrulla para seguir el rastro del dinero público, se puso a revisar expedientes, fechas, montos, licitaciones y precios de mercado. Y, estimado ciberlector, encontró una compra que no huele precisamente a ganga gubernamental.
Resulta que mediante la Licitación Pública Estatal LPE-SA-SS-0044-05/2026, el Gobierno de Oaxaca lanzó el procedimiento para adquirir 605 juegos de vallas metálicas antimotines, destinadas a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Hasta ahí, cualquiera podría decir: “bueno, la seguridad cuesta”. Y sí, cuesta. Pero una cosa es equipar a las corporaciones y otra muy distinta es pagar precios que obligan a preguntar si las vallas vienen con blindaje emocional, bendición oficial o moño de oro.
El objeto de la licitación fue muy claro: adquirir vallas metálicas antimotines para seguridad pública. Las bases establecieron que cada juego debía componerse de mampara y base triangular de anclaje y sujeción, armables y apilables para facilitar su traslado. Las medidas solicitadas fueron de 1.20 metros de ancho por 2.50 metros de alto, con estructura de perfil metálico, lámina negra calibre 14, malla calibre 16, pintura electrostática color negro semibrillante y acabado texturizado.
Es decir, no hablamos de cualquier reja de tianguis, pero tampoco de tecnología aeroespacial.
El fallo se emitió el 16 de junio de 2026. La empresa ganadora fue Constructora Carissa, S.A. de C.V., con una oferta total de 8 millones 967 mil 600 pesos con 40 centavos, IVA incluido.
Ahora sí, saque la calculadora, estimado ciberlector.
Si dividimos los casi nueve millones de pesos entre las 605 vallas, cada juego sale aproximadamente en 14 mil 822 pesos con IVA incluido.
Y aquí empieza lo bueno.
Una revisión de mercado muestra vallas antimotines de características comparables (2.50 metros de alto, 1.20 metros de ancho, estructura metálica, lámina calibre 14 y pintura horneada) en alrededor de 8 mil 800 pesos más IVA; es decir, aproximadamente 10 mil 208 pesos con IVA.
La diferencia no es menor.
La compra del gobierno rondaría los 14 mil 822 pesos por juego, contra un precio comercial aproximado de 10 mil 208 pesos. Estamos hablando de una diferencia cercana a 4 mil 614 pesos por valla.
Multiplique eso por 605 piezas y la diferencia potencial se va a casi 2 millones 800 mil pesos.
¡Ay, nanita!
Por supuesto, aquí nadie está diciendo que todo precio de internet sea automáticamente comparable con una licitación pública. Puede haber costos de fabricación especial, fletes, entrega, refacciones, plazos, garantías, condiciones técnicas y obligaciones contractuales. Eso lo entiende hasta el policía más nuevo de la academia.
Pero justamente por eso la autoridad está obligada a mostrar su investigación de mercado, explicar cómo llegó a ese precio, qué cotizaciones comparó, qué características justificaron el monto y por qué la oferta ganadora resultó conveniente para el Estado.
Porque si una valla similar aparece en el mercado varios miles de pesos más barata, entonces la pregunta no es maliciosa: es obligatoria.
Pero el precio no es el único foco amarillo.
El expediente muestra que en la Junta de Aclaraciones, realizada el 5 de junio de 2026, no hubo solicitudes de aclaración. Ningún proveedor preguntó. Ninguna empresa pidió precisión. Nadie levantó la mano para revisar medidas, materiales, entrega, muestras, garantías o condiciones de pago.
Raro. Muy raro.
Porque en una compra de casi nueve millones de pesos, lo normal sería que las empresas interesadas preguntaran hasta el color del tornillo. Aquí no. Silencio total.
Luego vino el acto de recepción y apertura de propuestas, celebrado el 9 de junio de 2026, y ahí apareció otro dato todavía más delicado: solo se presentó un licitante.
Uno. Constructora Carissa, S.A. de C.V.
No hubo competencia real. No hubo comparación entre varias ofertas. No hubo presión de mercado para bajar precios. No hubo tres empresas peleando por ofrecer mejores condiciones. Llegó una sola, presentó su propuesta y terminó ganando.
Aquí Karina Barón puede decir que el procedimiento fue legal. Puede ser. Pero legalidad no siempre es sinónimo de eficiencia, ni de competencia, ni de buen precio.
Ahora vayamos a la empresa.
Constructora Carissa, S.A. de C.V. aparece en el padrón de proveedores del Gobierno de Oaxaca con RFC CCA250205NFA, registro PV18163, vigente del 14 de julio de 2025 al 13 de julio de 2026.
Ese dato también merece lupa. El propio RFC permite advertir una referencia temporal reciente: “250205”, que apunta al año 2025. Dicho con cuidado: habría que revisar su acta constitutiva para confirmar fecha exacta de creación o alta, pero por lo menos estamos frente a una empresa de registro reciente en el padrón estatal.
Y aquí surge otra pregunta incómoda: ¿qué experiencia específica acreditó Constructora Carissa en la fabricación de equipo antimotines?
Porque su catálogo de actividades es amplísimo. Tan amplio que parece menú de fonda: construcción, obra, comercio, mantenimiento industrial, actividades forestales, minería, arrendamiento y otros giros. Prácticamente puede hacer desde una banqueta hasta vender equipo de seguridad pública.
Eso no es ilegal. Pero sí obliga a preguntar si se trata de una empresa especializada en vallas antimotines o de una constructora que también le entra a lo que caiga.
Estimado ciberlector, una valla antimotín mal fabricada no solo se dobla. Puede fallar en un operativo. Puede poner en riesgo a policías, civiles y manifestantes. Puede convertir una compra cara en un problema de seguridad.
Karina Barón tiene mucho que explicar. No basta con decir que “se compró conforme a la ley”. Eso ya lo dicen todos cuando sienten pasos en la azotea.
Lo que tendría que explicar es por qué una adquisición de casi nueve millones terminó con un solo proveedor; qué estudio de mercado justificó el precio; qué experiencia acreditó la empresa; qué criterios técnicos se usaron para validar las muestras; quién comparó costos; quién autorizó la necesidad; quién revisó que el precio fuera razonable; y quién asumirá la responsabilidad si después aparecen observaciones.
Porque no es la primera vez que alrededor de compras vinculadas a su gestión aparecen dudas, críticas y señalamientos sobre justificaciones débiles, precios cuestionables o procesos donde pareciera que la competencia llega cansada, tarde o de plano no llega.
Y aquí, estimado ciberlector, el problema no es comprar vallas. El problema es comprar caro, con poca competencia y con explicaciones flacas.
¿Esta compra responde a una necesidad real de seguridad o a una urgencia administrativa por ejercer presupuesto?
Nuestro pecho no es bodega: una licitación pública con un solo licitante no prueba corrupción por sí sola, pero sí obliga a encender las sirenas.
Y aquí las sirenas suenan fuerte. Suenan por el monto. Suenan por el precio unitario. Suenan por la falta de competencia. Suenan por el perfil amplio y reciente del proveedor. Suenan por el historial de cuestionamientos en compras públicas.
Y suenan porque el pueblito noble y sabio ya está cansado de que las compras oficiales se defiendan con sellos, firmas y tecnicismos, pero no con explicaciones claras para el pueblo que paga.
Así que la pregunta queda servida:
¿Karina Barón compró vallas antimotines para fortalecer la seguridad pública… o terminó levantando una valla más grande entre la transparencia y el dinero público?
Nuestra reportera archivista, esa que tiene acceso a expedientes más viejos que algunas dirigencias partidistas, nos desempolvó una historia que parece salida de una serie política de Netflix.
Corría el año 2000. El PRI todavía se sentía dueño del país, el PAN cabalgaba el efecto Fox y en Oaxaca la disputa por una senaduría tenía un aparente ganador: el tuxtepecano Alfredo Ahuja Pérez.

Para quienes ya no lo recuerdan, hablamos del mismo Alfredo Ahuja que años después protagonizaría uno de los primeros escándalos del gobierno de Gabino Cué Monteagudo. Sí, estimado ciberlector, el mismo personaje que llegó como secretario de Turismo y Desarrollo Económico y que apenas logró calentar la silla durante quince días. Resulta que la cédula profesional con la que acreditó sus estudios pertenecía a otra persona, lo que provocó un escándalo mayúsculo y terminó obligándolo a renunciar. En aquel momento ofreció una disculpa pública asegurando que “la política lo había llevado a cometer errores”. Cosas de la vida pública: primero le quitaron una senaduría y años después terminó perdiendo una secretaría.
Todo parecía escrito.
Pero en política, estimado ciberlector, las historias suelen cambiar cuando aparecen las manos que mueven los hilos detrás del telón.
Resulta que, según cuentan los memoriosos de aquellos años, el resultado no dejó muy contentos a quienes mandaban en el partido oficial. Y cuando el resultado no gusta, ya sabe usted que siempre aparece algún genio electoral dispuesto a “corregir” lo que las urnas se empeñaron en decir.
Fue entonces cuando entró en escena una de esas operaciones que todavía provocan escalofríos entre los veteranos de la política oaxaqueña.
Dicen que en una noche de luna llena (o al menos así la cuentan las lenguas más viperinas) aparecieron los mapaches electorales, desaparecieron algunos votos, aparecieron otros y, de pronto, quien terminó llegando a la histórica casona de Xicoténcatl fue el entonces perredista Daniel López Nelio Santiago, por la vía de la primera minoría.
Así, cuentan los viejos expedientes de este Lavadero, el poder político en turno habría terminado arrebatándole una senaduría al PAN para entregársela a un aliado político mucho más conveniente.
¿Qué cosas, no?
Lo más curioso es que hoy algunos de los herederos políticos de aquella historia militan en colores muy distintos, dan discursos sobre democracia, transparencia y voluntad popular, sin recordar que su ascenso político quizá comenzó gracias a una operación construida desde las entrañas del viejo régimen que tanto dicen combatir.
Como diría el filósofo de barrio: hay quienes nacen en la oposición… y hay quienes llegan gracias a una buena operación de quirófano electoral.
Nuestro pecho no es bodega.
Y viendo cómo se acomodan hoy algunas piezas del tablero, más de uno podría descubrir que su historia política empezó mucho antes de lo que le han contado.
La máxima fiesta de las y los oaxaqueños, acompañada por el sonido de la chirimía, ya está a la vuelta de la esquina. Las delegaciones que participarán en esta edición 2026 prometen devolverle a este encuentro pluricultural y multiétnico parte de la esencia de aquellos años en los que no existían las boleteras ni el gobierno acaparaba la celebración.
Sí, amigos ciberlectores. Poco a poco, el pueblo ha sido desplazado a ver por televisión o a través de las redes sociodigitales sus propias tradiciones, porque los precios de los boletos se han vuelto prácticamente impagables para muchas familias que desean asistir de manera presencial al Auditorio Guelaguetza.
Lejos quedaron los tiempos en que las familias oaxaqueñas convivían en las faldas del Cerro del Fortín y compartían la música, los bailes y las expresiones culturales de las ocho regiones en un ambiente de fiesta popular. Hoy, para muchos, la Guelaguetza también se ha convertido en una pasarela de políticos que buscan reflectores, aspiran a un nuevo cargo de elección popular o simplemente quieren darse un baño de pueblo.
Mientras tanto, el país vive un evento internacional de futbol en el que los propios anfitriones, en muchos casos, tienen que conformarse con seguir los partidos desde una pantalla, porque asistir a los estadios está fuera del alcance de sus bolsillos.
Y entonces surge la pregunta inevitable:
¿Está corriendo la Guelaguetza la misma suerte que los grandes espectáculos internacionales, donde la fiesta se organiza para todos, pero solo unos cuantos pueden disfrutarla desde adentro?

Nuestra reportera Green, fanática de la verde (pero de la naturaleza, no de los cargos reciclados o heredados) nos informa que ya no sabe qué más tiene que pasar en la Secretaría de Medio Ambiente, Biodiversidad, Energías y Sostenibilidad para que alguien le pregunte a Betty Karime Unda Harp Pinzón qué demonios está haciendo con uno de los pendientes más graves de Oaxaca: el rescate del Río Atoyac.
Porque, estimado ciberlector, una cosa es sembrar pichones, tomarse fotos y presumir actividades de jardín escolar, y otra muy distinta es meterse de lleno a sanear un río que durante años ha recibido descargas, basura, abandono institucional y promesas de todos los colores políticos.
Resulta y resalta que Karime Unda anunció un “Plan Interno para el Rescate y Saneamiento de los Ríos Atoyac y Salado”, distinto al plan que ya venía del sexenio pasado. Muy bonito el nombre, muy elegante la intención, muy verde el discurso. Pero aquí la pregunta no es cómo se llama el plan, sino dónde están los resultados.
Porque el Gobierno primaveral hoy presume como proyecto estratégico el Parque Lineal del Río Atoyac, con una inversión superior a 191 millones de pesos en su primera etapa, para intervenir 1.8 kilómetros entre el puente Valerio Trujano y el puente Porfirio Díaz. Se habla de corredor verde, recreación, deporte, movilidad sostenible, puentes peatonales, canchas, juegos infantiles y recuperación de espacios públicos.
Hasta ahí suena precioso. El problema es que un río contaminado no se rescata poniendo bancas bonitas junto al agua sucia.
Usted no está para creerlo, pero antes de vendernos el sueño del parque lineal Karime Unda debería de responder preguntas básicas: ¿dónde está la evaluación ambiental completa?, ¿qué estudios hidrológicos respaldan la intervención?, ¿qué se hará con las descargas residuales?, ¿qué plantas de tratamiento funcionan realmente?, ¿cuáles serán rehabilitadas?, ¿qué municipios están cumpliendo y cuáles siguen echándole al río lo que no quieren ver en sus patios?
Porque si primero se construye el parque y después se ve cómo se limpia el río, entonces no estamos ante una política ambiental: estamos ante maquillaje urbano con olor a drenaje.
Y ahí está la falla de Karime Unda. No ha logrado comunicar, defender ni sostener técnicamente el proyecto. No ha salido a explicar con claridad qué parte corresponde al saneamiento, qué parte corresponde al parque, qué riesgos existen, qué mitigaciones habrá y cómo se va a garantizar que no sea otra obra bonita sobre un problema podrido. La señora no sabe nada, se cree la sabelotodo, pero en la práctica está verde o bueno gris. Solo se guía por lo que le dicen sus “asesores” que están peor que ella.
Y claro, cuando los funcionarios como Karime no hacen su chamba, la oposición entra con machete bien afilado.
Ahí anda Alejandra García Morlan, la naranjita fugitiva de la Pitufialdea, diciendo con justa razón que están haciendo una obra primaveral en zona de riesgo, que antes ahí se tiraba basura y que ahora el gobierno primaveral tira dinero. Y aunque la señora tampoco es precisamente la voz más pura del ambientalismo mundial, hay que decirlo: Karime le dejó la cancha libre.
Porque al gobernador Salomón Jara le venden el proyecto como transformación, pero quienes deberían blindarlo técnica y ambientalmente parecen más ocupados en sobrevivir en el cargo para seguir impulsando su proyecto de pájaros, que en cuidar el fondo del asunto.
Y cuando el río huele mal, estimado ciberlector, la peste política no le llega a la secretaria. Le llega al gobernador. Porque nadie dice: “Karime no hizo el trabajo técnico”. El pueblito noble y sabio dice: “el gobierno está tirando dinero”.
Ahí está el problema.
Estimado ciberlector, el Atoyac no necesita discursos verdes ni renders bonitos. Necesita saneamiento real, plantas de tratamiento funcionando, vigilancia de descargas, coordinación municipal, evaluación ambiental seria y seguimiento permanente.
Porque hacer un parque junto a un río enfermo sin atender primero la enfermedad es como ponerle perfume a un cadáver y presumir que ya revivió.
Nuestro pecho no es bodega: si Karime Unda no puede sostener técnicamente uno de los proyectos ambientales más importantes del sexenio primaveral, entonces el problema ya no es el río.
El problema es quién está sentada en la silla encargada de rescatarlo.
Y mientras el Atoyac siga esperando resultados, cada peso invertido en bancas, canchas y puentecitos tendrá una pregunta flotando encima:
¿están rescatando el río… o solo construyendo una postal para la foto?
Al tiempo.
Temporada 2: Gobernantes de Maleta (episodio: El Retorno de la Patrona)
Cuentan las lenguas más viperinas, bilingües y conocedoras de las cañerías del “Palacio Chairo”, que ahora que la ex primera dama Ivette Morán sigue asomando la cabeza, el ambiente político se puso más espeso que un chocolate de agua. Por cierto, olvídense por completo de su desgastado discurso de mujer empoderada, autónoma e independiente; la señora sigue aferrada con uñas y dientes al “de Murat” como si fuera amuleto de la suerte. Ignora olímpicamente que colgarse el apellido del marido va en total contrasentido de la lucha histórica de las mujeres por tener una identidad propia, pero claro, su cálculo es frío y descarado: sabe perfectamente que sin el “Murat” no es nadie. ¿O de qué se trata, pues?
El chiste es que, tras meses de mantener una supuesta “agenda altruista”, intensificó sus recorridos por el estado. Pero ojo, estimado ciberlector, que no te den atole con el dedo: las disfraza de “entrevistas” y “reuniones casuales” para armar sus pasarelas políticas encubiertas y encerronas secretas.
Ahí, lejos de los reflectores oficiales, la señora se dedica a cobrar facturas, exigir apoyos a chaleco y refrescarles la memoria a todos aquellos a los que, según ella, les debe favores por los contratos y prebendas otorgados en el sexenio pasado. La tirada es obvia: quiere amarrar una beca dorada de gobernadora por dos años, o de lo que caiga, con tal de asegurar hueso, fuero e impunidad presupuestal.

Para ello, su principal achichincle y mandadero, Raúl Bolaños Cacho Cué, anda operando a marchas forzadas tras bambalinas, buscando acomodo lo mismo en Morena que en el Partido Verde Ecologista, arrastrándose para venderle la idea a la “Cuarta Transformación” de que cobijar a la esposa de su patrón es un negocio redondo.
Hoy la señora sale en videos dándose golpes de pecho y jurando un “amor eterno” por Oaxaca. ¡Por favor! Si algo le sobra al pueblo noble y sabio es memoria, y quienes vivieron ese sexenio de cerca recuerdan la cruda y soberbia realidad de las pomposas giras que realizaba con el DIF Estatal. Ahí nunca existió la menor autenticidad. Los testigos (desde ciudadanos de a pie hasta los propios funcionarios locales que hoy la ensalzan por puro miedo) recuerdan perfectamente su trato déspota, clasista y despectivo, solo frente a las cámaras abrazaba y sonreía.
Quienes la conocen dicen que era la clásica y humillante división no escrita del palacio: los “yopes” (término sumamente racista con el que se referían a los oaxaqueños originarios) y los “yupis” (los blanquitos importados de Polanco y satélites mexiquenses que vinieron a saquear). A los primeros se les miraba de arriba abajo con asco; a los segundos se les entregaba el estado en bandeja de plata mientras vaciaban las arcas.
A todos esos exfuncionarios y “huelepunes” que hoy andan de arrastrados organizándole la logística, cargándole la bolsa y aplaudiéndole los desaires, les conviene revisar el historial de lealtades de la pareja imperial. El matrimonio Murat-Morán tiene una regla de oro sumamente tóxica: te utilizan y, cuando las cosas se ponen color de hormiga, te dan la espalda y te dejan colgado.
El ejemplo más vivo, fresco y doloroso para su estructura es el de Alejandro Aroche Tarasco. Él se sumó fielmente a los recorridos, se la jugó con ellos cuando el poder se les acabó y los defendió a capa y espada frente a quien fuera. ¿Y qué pasó cuando la justicia finalmente lo alcanzó y fue detenido? El teléfono de la dirigencia “Muratista” simplemente dejó de sonar. Lo abandonaron a su suerte en un abrir y cerrar de ojos. Así operan Alejandro e Ivette: si les sirves, te exprimen; si te atrapan, ni te conocen. El costo de refrendarles el apoyo es altísimo, y la probabilidad de terminar en el abandono es del cien por ciento.
Como nuestro pecho no es bodega y la descripción de la realidad es nuestro motor, les avisamos que los inquilinos actuales del Palacio primaveral son sumamente rencorosos y la memoria penal no prescribe tan fácil. Así que mientras la señora juega a la candidata, la Fiscalía y las auditorías ya están desempolvando expedientes de varios exfuncionarios que hoy le cargan la cola. Creen que los padrinos políticos morenistas en el poder federal los van a salvar, pero el piso se les está moviendo bien gacho y el respaldo no les va a alcanzar.
Vayan preparando las maletas, porque ahí en el Resort Tanivet ya les tienen preparados y reservados varios metros cuadrados para cuando les toque estrenar celda. Aquí los primeros de la lista:

“Chester” (El magnate hombre de negocios): Dueño de medio Cielo Blue (el chiste se cuenta solo). A este personaje le está haciendo una falta tremenda de piso para arrastrarse con su jefecita Ivette. Anda de tapete creyendo que la libró por tener dinero, pero dicen que presuntamente tiene cuentas pendientes muy largas en el sector empresarial, de la construcción y de asignaciones. En el Resort Tanivet ya le están midiendo el piso, para cuando se le termine el de afuera.
El otro es un exsecretario de Infraestructuras (Mejor conocido como “El Sinaloa”): Aquel que bajo el sello corporativo de #SoloProfesionales presuntamente operó los proyectos de cemento más jugosos y las licitaciones más amañadas del sexenio pasado. Sus carpetas por presunto desvío de recursos públicos ya están sobre la mesa principal de los investigadores estatales, bien desinfectadas y listas para ejecutar.
A estos dos y a los que se sigan sumando parece que les encanta que los traten mal y los utilicen, pues está visto que no tienen más talento que estar estirando la mano para hacerse de dinero fácil a costa de un pueblo noble. Pero esta vez el juego de las escondidas políticas les va a salir en un dineral y se va a pagar con encierro.
Que conste que el aviso está dado.
¡Ay… nanita!
En Zaachila, la cuna del Imperio Zapoteca, con las primeras lluvias ya empezaron a brotar los aspirantes a la Presidencia Municipal.
Y agárrense, estimados ciberlectores, porque las lenguas viperinas aseguran que en el próximo proceso electoral podrían romperse todos los récords. Dicen que fácilmente se superarían los 15 aspirantes registrados entre partidos políticos, candidaturas ciudadanas, independientes, independientes de los independientes y uno que otro que todavía no sabe ni por qué quiere ser candidato.
El que ya está más que apuntado en la lista es el popular “Chabelote” Manuel Andrés García Díaz, actual regidor de Asuntos Sin Importancia (perdón, de Asuntos Metropolitanos), a quien algunos de sus antiguos seguidores acusan de haber abandonado al equipo petista que lo llevó hasta donde hoy se encuentra.
Pero no viene solo.

En la otra esquina aparece la regidora conocida como “Chabela”, quien también asegura que tiene con qué competir y que quiere aparecer en la boleta. Así que, si las cosas siguen como van, todo indica que en las planillas zapotecas no faltará algún “Chabel@” buscando la silla municipal.
Mientras tanto, en los barrios y agencias ya comenzaron a sacar cuentas.
Barrio de la Soledad, Barrio del Niño, San Sebastián, San Jacinto, Lexio y las colonias de la zona oriente ya se preparan para la temporada electoral, esa época del año donde abundan los abrazos, las promesas, los compromisos, los saludos que duran tres años en llegar y, por supuesto, el tradicional frijol con gorgojo disfrazado de proyecto político.
Jejeje.
Porque en Zaachila todavía no empieza formalmente la carrera electoral, pero los aspirantes ya andan calentando motores, repartiendo sonrisas y ensayando discursos.
Y apenas estamos en temporada de lluvias…
De la emoción del presidente municipal de Zaachila en los dos partidos donde ha jugado y ganado nuestra selección mexicana ya mejor ni hablamos, su cara lo dice todo…

Nuestra reportera de la Ciudad de los Muertos nos informa que en Mitla hay una pregunta que cada vez se escucha más fuerte en las calles, en los cafés y hasta en los pasillos del propio Ayuntamiento:
Si Esaú López Quero pidió licencia para separarse del cargo y permitir que se investigaran los hechos de violencia en contra de la Sección 22 que lo colocaron en el ojo del huracán, o mejor dicho que él mismo se colocó, ¿por qué sigue apareciendo en el palacio municipal como si nada hubiera pasado?
Porque, estimado ciberlector, una cosa es solicitar una licencia o una separación temporal para atender un proceso político o administrativo, y otra muy distinta es que el pueblito noble y sabio siga viendo al mismo personaje operando, despachando y tomando decisiones como si jamás hubiera dejado la silla municipal.
Desde hace semanas diversos sectores, incluida la Sección 22, exigieron responsabilidades políticas tras los hechos ocurridos en Mitla. La presión fue tal que se habló de una separación del cargo para facilitar las investigaciones y evitar cualquier sombra de interferencia institucional.
Pero en Mitla las lenguas más viperinas aseguran que la separación existe más en los documentos que en la realidad.
Porque mientras oficialmente se habla de licencia, en los hechos muchos afirman que el control político del Ayuntamiento sigue pasando por las mismas manos.
Por si algo faltara para alimentar la polémica, el propio Esaú decidió subir a sus estados de WhatsApp una imagen donde presume un tatuaje con el rostro del gobernador Salomón Jara.
Sí, leyó usted bien.
Mientras siguen las preguntas sobre su situación política y administrativa, el presidente municipal con licencia (o sin ella, según a quién le pregunte usted) decidió compartir una imagen que muchos interpretaron como una burla, una provocación o simplemente una demostración de que se siente más firme que nunca. Es más, aquí se la dejamos.

Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Qué opina de todo esto el gobernador?
Porque una cosa es la lealtad política y otra muy distinta el costo político que generan ciertas señales públicas, que además son torpes e innecesarias. En primer lugar, quien tiene el respaldo no lo presume. Quien no lo tiene, lo hace.
Sobre todo cuando existe un sector social que sigue inconforme y que considera que el caso nunca quedó suficientemente aclarado.
Al final, estimado ciberlector, el problema ya no es el tatuaje creado en IA. El problema es el mensaje.

Cuentan las lenguas más viperinas y conocedoras de la grilla educativa que a más de tres enemigos políticos de Sergio López Sánchez, director general del Cecyteo, se les cebó el teatrito. Ya tenían las palomitas listas, el refresco frío y las manos frotándose para ver cómo el subsistema se hundía en un paro de esos que hacen época, pero se quedaron con las ganas.
Nuestra reportera más colegiala nos cuenta que en el Cecyteo se vivieron días de pura adrenalina pura. El Sindicato de Trabajadores del Cecyteo se declaró en paro de brazos caídos exigiendo el respeto a su Contrato Colectivo de Trabajo y metiéndole velocidad a las negociaciones para la revisión contractual 2026-2028. Las redes sociales se inundaron en un santiamén: mantas, reclamos, posicionamientos públicos y las alarmas encendidas. Hasta ahí, la clásica coreografía de un conflicto laboral.
Pero aquí es donde la puerca torció el rabo y la cosa se puso buena. Mientras los malquerientes del director ya saboreaban el colapso total de la institución para ir a acusarlo “allá arriba”, las mesas de diálogo avanzaron más rápido que pólvora en mano. Una cosa es el derecho sagrado de los trabajadores a defender sus conquistas y otra muy distinta la fantasía de los opositores que ya querían pintar el asunto como el apocalipsis educativo del año.
Lo que hubo en la realidad fue una mesa abierta, una prórroga bien jugada para evitar colgar las banderas de huelga y una ruta de descompresión que apagó el fuego antes de que les quemara las manos. Claro, esto no significa que en el Cecyteo ya todo sea miel sobre hojuelas; las demandas siguen vivas y el contrato colectivo todavía se tiene que amarrar con números fríos, pesos, centavos y la siempre sufrida disponibilidad presupuestal. Pero de que evitaron llevar el conflicto al terreno del ganar-perder, ni duda cabe.
Fue precisamente ahí donde Sergio López intentó poner el cascabel al gato. En su encerrona con los delegados sindicales, el director no se anduvo por las ramas: soltó el discurso políticamente correcto de que todo dentro de la ley y respetando los derechos, pero soltó una bomba incómoda de esas que a muchos les da alergia escuchar. El mensaje implícito fue directo a las aulas: los derechos laborales se defienden, sí, pero las responsabilidades profesionales también se cumplen.
Y es que el director lanzó una advertencia que seguramente le cayó como patada en el estómago a más de un acomodado. Advirtió con todas sus letras que la institución no va a tolerar casos de acoso, bullying, maltrato ni ausencias injustificadas por parte del personal docente, ventilando que ya hay quejas reales bajo la lupa de la normatividad. Esa declaración a pesar de ser fuerte, no fue mal vista por la base trabajadora, que conoce a varios de sus compañeros.
Al menos por ahora, estimado ciberlector, la megacrisis que algunos anunciaban con bombo y platillo se quedó en una fuerte advertencia sindical que obligó a las partes a sentarse a arrastrar el lápiz.


Cuenta la lengua viperina, bilingüe y conocedora de nuestra reportera chaira de altos vuelos, que si hay alguien en Oaxaca que aplica a la perfección la máxima de la Sección 22 de “ni perdón ni olvido”, esa es la senadora Susana Harp. La cantante y legisladora todavía tiene la espina clavada y nomás no termina de digerir la monumental traición de la que fue objeto hace unos años, cuando era la suspirante “más fuerte” a la candidatura al gobierno del estado.
Dice la gente que sabe que la senadora aún recuerda con dolor de estómago cómo perdió el tiempo reuniéndose todas las mañanas con el famosísimo “Niñito Dios” (por aquello que todo mundo lo carga y nadie lo ve crecer) hoy flamante Secretario de Gobierno del jardín primaveral, Jesús Romero López.
El escenario de aquellas promesas de amor político eterno eran unas oficinas por los rumbos del Crestón, habilitadas en ese entonces como su cuarto de guerra. Ahí se encerraban a trazar la ruta hacia la gubernatura cuando se suponía que ella llevaba las de ganar.
En aquellos ayeres, Chucho Romero andaba con el orgullo herido y el corazón roto. Estaba enfurecido con el hoy gobernador Salomón Jara porque sentía que no lo había apoyado en su berrinche por ser el candidato a la presidencia municipal de la capital, cediéndole el lugar a Francisco Martínez Neri. Y cómo no iba a estar que se lo llevaba el tren, si el hombre ya había invertido una millonada de dinero público y privado tapizando la ciudad con espectaculares y su ya legendaria (y bastante ególatra) frase de “El mero mero”. Por cierto, ¿alguien sabe de dónde salió todo ese dinero?
Dicen que en ese búnker del Crestón no estaban solos; las encerronas mañaneras eran una trinidad: Susana Harp, el ex vocero Alfonso Martínez y Conny Rueda (la actual diputada de Morena y exazote del chaparrito de lentes). Ahí, el “Niñito Dios” juraba y perjuraba lealtad absoluta. Les prometió que caminarían juntos y fuerte en contra del proyecto de Salomón Jara para asegurarse de que Susana ganara y, obviamente, él amarrara un puesto de primera línea en esa administración.
Pero de buenas a primeras, el “Niñito Dios” aplicó el clásico humo y no se volvió a presentar. Nunca le dio la cara como lo haría un verdadero hombre de política seria, bueno ni el adiós, ni el muchas gracias. Dicen que el cálculo político frío le susurró al oído que Jara Cruz tenía más posibilidades y estructura para ganar que la senadora. Olvidando las promesas hechas frente al café mañanero, jaló sus canicas y corrió a entregarse a los brazos del hoy mandatario.
Hoy, Susana Harp, convertida en la archienemiga política del grupo en el poder, ve el desmadre que traen en el estado y, lejos de enojarse, hasta compadece al jardín primaveral. La senadora está segurísima de que el Karma es canijo: si Jesús Romero la traicionó a ella después de jurarle amor político eterno en el Crestón, al actual gobernador le va a hacer exactamente lo mismo, y es que jura y perjura que al final del día, ese es su modus operandi y su naturaleza.
Por cierto, las malas lenguas aseguran que Susana Harp y varios de su grupo disfrutaron como enanos la famosa foto del avión. Sí, esa polémica y muy comentada imagen del secretario viajando a todo lujo que causó un terremoto en redes sociales y que puso a temblar las redes de la austeridad republicana. Lo más chistoso del caso y que se cuenta solo, es que el fuego amigo está a la orden del día: dicen que la filtración de esa foto salió de las mismas entrañas del gobierno del estado. Y es que en estos años Chucho ha sembrado muchos enemigos de manera innecesaria.
Por cierto, esa foto tiene al Niñito Dios con el sistema nervioso totalmente destrozado. Anda paranoico, viendo moros con tranchetes y buscando la manera de vengarse de todo el mundo.
Alguien debería comprarle un té de tila al “Niñito Dios” y recordarle una verdad universal que en Palacio de Gobierno parecen olvidar: el poder no es para siempre y el piso de arriba no es eterno.
¡Al tiempo!
Nos comenta nuestro reportero, el Flechador del Sol, que ante la cercanía de las festividades de Huajuapan 2026, al presidente municipal Luis “Chupón” Martínez le ha entrado el pánico. Y no es para menos: con el trasero ardiendo y el temor a futuras auditorías, el alcalde habría girado instrucciones de morderse la lengua y cuidar al máximo la información que se fuga de las entrañas del Palacio Municipal.
El miedo no es menor. El Chupón quiere sellar bajo siete llaves los dispendios y cuantiosos gastos realizados con cargo al erario público. Tiene pavor de que trasciendan las facturas de hospedajes, comidas, viáticos y toda clase de atenciones (y excesos) para artistas, invitados especiales y personajes vinculados a Morena que desfilarán por el municipio. La fuente nos asegura que la generosidad es grande cuando el dinero no es de ellos: también hay una jugosa partida destinada a consentir a sus amigos cercanos, parásitos VIP traídos desde Monterrey con todos los gastos pagados con el dinero del pueblo.
Pero el circo no se detiene ahí. Cuentan en los pasillos que, viéndose acorralado por la peste administrativa, el presidente le exigió al contador Lauro que se trague sus quejas y deje de chillar en público sobre las anomalías que observa al interior de la administración. Al Chupón le quitan el sueño los presuntos enjuagues financieros de Musio Morales, un cochinero que tarde o temprano saldrá a flote. Saben perfectamente que una revisión exhaustiva de sus cuentas dejaría al descubierto transas imposibles de justificar ante la ciudadanía.
Entre el murmullo de las oficinas, el catálogo de corruptelas apunta de manera directa a la existencia de dobles nóminas, pagos turbios y beneficios entregados en charola de plata a proveedores y cuates de la cofradía. Los nombres que resuenan con más fuerza en este cochinero son los de sobra conocidos: Christian, Olmos y el flamante doctor Mora, expertos en tejer redes de impunidad mientras el municipio se cae a pedazos.
Por ahora, los pasillos arden en dimes y diretes, pero el hedor a corrupción ya es insoportable. Habrá que recordarle al presidente municipal que el dinero público no es la caja chica de su campaña ni el cajero automático de sus amigos. Cuando un gobierno se esconde, censura y se preocupa más por ocultar la información que por transparentar los centavos, la sospecha se convierte en certeza. En Huajuapan, el cinismo ya no cabe bajo la alfombra, y las cuentas, tarde o temprano, se pagan.
No se pierdan la próxima entrega, porque seguiremos destapando la cloaca de esta administración de opereta.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:
“En un pueblo de hombres y mujeres libres hay Gobiernos rehenes”.
















