La tragedia del empleo: Isaac Leobardo Sánchez Juárez*

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Puede afirmarse que, desde hace algún tiempo, las malas noticias relativas al empleo han dejado de ser noticia. La tendencia al aumento en las cifras de desempleados en unos casos, la extensión de la inestabilidad y los empleos de bajos salarios en otros, o los desajustes entre la formación que ofrecen los centros de enseñanza y los puestos de trabajo disponibles son tan sólo tres de las múltiples caras de un problema general cuya solución parece difícil y lejana, pese a la gran cantidad de declaraciones y medidas puestas en práctica por los gobiernos de numerosos países.

Debe señalarse que en la mayoría de áreas subdesarrolladas o en desarrollo, las dificultades del mundo laboral tienen un carácter estructural y permanente. El precario equilibrio entre la población y los recursos existentes en las economías de autoconsumo y escaso desarrollo técnico, con crisis periódicas debidas a malas cosechas o al aumento de la población, dieron origen en muchas áreas a un éxodo rural que se intensificó allí donde la implantación de actividades capitalistas permitió la generación de puestos de trabajo, ya sea en las explotaciones agrarias orientadas a la exportación, en la minería, las manufacturas, el comercio o en los servicios urbanos.

De este modo, mientras los problemas laborales en los espacios rurales se derivaban, con frecuencia, de los excedentes de mano de obra asociados a la progresiva mecanización, la explosión demográfica y/o unos sistemas de propiedad de la tierra muy desigualitarios, los de las áreas urbanas se asociaron de forma progresiva a los bajos salarios, la elevada presencia de trabajo informal y de subempleo (comercio ambulante, servicio doméstico…), como estrategias de supervivencia ante la debilidad o inexistencia de los sistemas de protección frente al desempleo.

Aunque la deslocalización industrial ha permitido la creación de un buen número de empleos en algunos países, con predominio de los vinculados a procesos intensivos en trabajo poco cualificado y elevada participación de la mujer, los problemas laborales no han dejado de agravarse en la mayoría de estas áreas durante los últimos tiempos por la confluencia de varios motivos: 1) Un fuerte aumento de la población activa, como resultado de las altas tasas de fecundidad y la juventud de sus pirámides demográficas, que intensifica la presión sobre los mercados de trabajo ante la creciente demanda de empleo; 2) la reconversión que tiene lugar en ciertas regiones desde una agricultura tradicional orientada a la autoproducción de alimentos hacia otra moderna más tecnificada; 3) en las grandes urbes, la masiva llegada de inmigrantes y el propio crecimiento vegetativo acentúan los desajustes entre oferta y demanda de puestos de trabajo y 4) en el sector formal urbano, lo más destacado es el crecimiento del empleo en servicios, tanto privados como en la administración pública, que actúan muchas veces como freno al desempleo a costa de una muy baja productividad (Méndez, 2006).

En conclusión, la falta de empleo es una tragedia que deteriora la estabilidad de nuestras sociedades y la propia supervivencia futura del sistema, que aúna el despilfarro de recursos humanos a la generación de graves costos sociales. El desempleo generalizado es una lacra social; genera una pérdida de producción de bienes y servicios; ralentiza la tasa de crecimiento económico y de nuevas inversiones; causa daños graves en la moral de la sociedad y en la de numerosos individuos a los que afecta; por último, genera sentimientos de rechazo, apatía, desesperación y agresividad irracional que son caldo de cultivo para el autoritarismo, la delincuencia, los conflictos étnicos y la erosión de las instituciones democráticas. Brindar empleo a todos es esencial no sólo para el desarrollo sino para garantizar el mantenimiento de una sociedad libre y civilizada.

GUELAGUETZA EN OAXACA

El pasado lunes se llevó a cabo la Guelaguetza, tanto la magisterial como la oficial, y afortunadamente para la entidad resultó un éxito, sin acontecimientos que lamentar, enhorabuena para todos aquellos que viven directamente o indirectamente de la actividad turística, esperemos que todo siga así y por fin se entienda que no debemos dar una mala imagen, el turismo es el oxígeno que mantiene vivo a nuestro querido Oaxaca. De particular importancia fue la aprobación del público a la velaria del auditorio, un tema que causó mucha polémica, incluso un servidor se mostraba en desacuerdo con el proyecto, ahora que lo he conocido en su fase final debo reconocer que se ve muy bien y permite que los espectáculos que se presentan en el auditorio puedan disfrutarse cómodamente sin sufrir inclemencias. Es cierto que se ha perdido la sorprendente vista desde el auditorio y que ya no será posible admirar los fuegos artificiales sentados en su interior, pero se gana en comodidad y modernidad para los diversos espectáculos que están por venir. Lo que sugiero ahora es que se tenga mucho cuidado con el mantenimiento, que no se abandone el auditorio, que lo recaudado en los lunes del cerro se canalice a un fideicomiso destinado a la restauración y mejoramiento, la lona que instalaron y el equipo visual y de audio no son eternos, son más bien efímeros y de aquí la importancia de hacer un buen uso de los recursos que se recauden.      

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* Profesor-investigador de la UACJ, doctorado en estudios del desarrollo regional.

Referencia:

Méndez, Ricardo. 2006. Geografía económica. Madrid: Ariel editores.