Futbol o ‘Songo le dio a Borondongo’ | Joel Hernández Santiago

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Nadamás había que ver la cara de los aficionados en Qatar y en México luego de que el equipo que representaba a nuestro país dio por terminada su asistencia al máximo evento del futbol este año. Era la de la desolación.

México ganaba a Arabia Saudita, pero luego de otros dos juegos perdía su acceso a la siguiente ronda en búsqueda de un triunfo que nunca ha conseguido en la historia de su futbol y de su Federación Mexicana. Nada. Mucho ruido y pocas nueces. Porque eso sí, para fiesta del futbol estimulada desde las dos más importantes televisoras los mexicanos hemos caído en la trampa.

O por lo menos los mexicanos aficionados al futbol y conocedores de las técnicas, el arte, el deporte y los intríngulis de una industria multimillonaria en México.

México es –dicen- el sexto país a nivel mundial con el mayor porcentaje de población identificada con este deporte. Por tanto, esta industria en México ha conseguido cifras de dinero en proporciones astronómicas, convirtiendo al fut en un negocio archi redondo.

‘Un reporte elaborado por el Grupo de Economistas y Asociados (GEA) a petición de la Liga MX, reveló que la actividad económica relacionada con la Industria Mexicana del Futbol (IMXF) representa el 54% del PIB que genera toda la actividad deportiva en el país, así como el 25% del PIB generado por la industria del entretenimiento.

‘Con 78 por ciento de los mexicanos declarados como aficionados al fútbol, esta industria genera 193 mil 200 empleos, con una derrama salarial de 25 mil millones de pesos anuales.’

De acuerdo con el Sistema de Cuentas Nacionales del INEGI, el valor de las ventas de la industria del fútbol, tan sólo en 2018 ascendió a 55 mil 800 millones de pesos.

Sin embargo, este valor genera efectos adicionales en la economía, ya que los expertos consideran que “por cada peso que genera la Industria Mexicana de Futbol, una cantidad similar se derrama en el resto de la economía”, lo que le da un valor de producción final de aproximadamente 114 mil millones de pesos, es decir, el 0.4 por ciento del valor de la producción total en México.

Las utilidades para los propietarios de los equipos y de todo lo relacionado con la industria del fut bol, son millonarias. Los pagos por jugadores son cada vez más altos. Y el comercio de la compra y venta de jugadores es un negocio muy jugoso para ellos.

Y todo esto lo pagan los aficionados a través de distintos medios: pagos directos por boletaje, publicidad absorbida, televisión, consumo de productos relativos, en particular licores… y tantísimo más.

El regodeo en México de juegos, campeonatos, equipos de unos contra otros, de jugadores que no quieren ni exponerse ni desgastarse, partidos en los que se enfrentan unos contra otros y se dicen y se maldicen y estimulan desde la misma industria a esas “barras” de aficionados que con frecuencia son violentos adversarios unos de otros… es un regodeo cómplice de la mala calidad.

Los aficionados son vistos como consumidores-parte del negocio-, y les salen con que en México se juega un futbol de excepción y les hacen creer que aquí están los mero-mero chipocludos del futbol mundial, a nivel del arte… etcétera…

Pero nada. Que cada vez que estos jugadores y equipos salen a enfrentar a equipos de alto rango salen perdedores y, excepcionalmente ganan, para registro en el calendario.

La industria cuida que sus jugadores no se arriesguen a tener contratiempos o algún incidente,  o un encuentro dañino y más –como ocurre en los juegos dentro de México- porque cada jugador es un producto y ese producto, para que genere, debe estar en condiciones impecables…

Los aficionados mexicanos aplauden a rabiar los juegos en México, de equipos mexicanos, sin reconocer que están viendo un fut bol de baja calidad, comparado con los estándares mundiales.

Sí, es una industria mundial. Pero en otros países se estimula la calidad excepcional. Se busca que sus jugadores sean eso: jugadores de altísimo rango y nivel, así como sus equipos, y que cuando se presentan en algún juego de fut, tanto de liga, como entre clubes o entre países, lo hagan para generar expectativas supremas y, por lo mismo supremas utilidades… Futbol a la altura del arte.

No es gratis que a un Messi o a un Christiano Ronaldo les paguen archimillonarias cantidades por jugar. Los empresarios saben que cada uno de ellos representa un altísimo ingreso para sus arcas.

En México nos quedamos con lo de espectáculo y el negocio. Sin arte. Eso hacen los directivos encargados del  fut bol en México. Pero al mismo tiempo, con esa política de primero el negocio, han echado a perder generaciones de buenos jugadores que podrían ser de excelencia.

Lo del fracaso en Qatar –y esto lo dicen los especialistas que saben del tema, así como aficionados que son especialistas– es por varios factores: principalmente el de la organización y coordinación desde la Federación Mexicana de Fut bol, malas decisiones hacen malos resultados.

La incapacidad del director técnico al que se apoyó en todo, a pesar de la advertencia de muchos de que estaba integrando a una Selección Nacional incapaz de enfrentar a potencias del futbol.

Están los jugadores mismos, que juran y perjuran que entregan el alma en cada juego pero se da el caso de que nunca –juntos- ganan campeonatos de nivel superior, como es el Campeonato Mundial de Fut bol de cada cuatro años, el que nunca ha ganado México.

Y es culpa de los aficionados mexicanos que son gritones y peleoneros, pero que no exigen más calidad y más entrega y más resultados a tono con sus expectativas, emoción y gasto. Y eso: los aficionados mexicanos son olvidadizos seguirán aplaudiendo “el clásico de tal equipo contra tal equipo”. ¿O sí? ¿O no?