Día de las secretarias: Horacio Corro Espinosa

Ayer me recordó mi amiga Felicia, que el 17 de julio se celebraba el Día de la Secretaria. En nuestro país se festeja el tercer miércoles de julio. Esto nació gracias a la Presidenta de las secretarias ejecutivas de México en 1958. De eso ya hace un buen rato, pero ni por eso se acuerdan los jefes de festejar a quienes en muchas ocasiones los han sacado de muchos problemas. Seguramente sin y ellas no serían los jefes lo que son.

            La secretaria, desde que abre los ojos, comienza pensar en las tareas que realizará en su oficina. Así que se levanta, sin más remedio, antes de que salga el sol. Se baña aprisa y disimula su estrés con un poco de color artificial. Sale a la calle a perseguir el primer autobús o colectivo que la lleve a la oficina de todos los días.

            Allí se enfrenta a los retos del día anterior: trámites pendientes, recados que mecanografiar, solicitudes, oficios, memorandums. Ordena los papeles y desea también, archivar el tedio y la rutina. Lava la cafetera y prepara café nuevo para servirle una taza al jefe en cuanto éste llega. Cuida los modales y las risas, la eficacia y la amabilidad. Sólo sus compañeros de oficina se percatan de los gestos de hartazgo que hace mientras contesta dulcemente el teléfono.

            Los papeles se reproducen con increíble rapidez, el teléfono no deja de sonar, y el jefe requiere su presencia cada cinco minutos: «voy a dictarle una carta; venga un momento, por favor; búsqueme el expediente del señor Morales; comuníqueme con mi esposa», etcétera.

            Parece que largos años la han entrenado para las mentiras: «el señor se encuentra en una junta muy importante,y en este momento le es imposible recibirlo, ¿quiere dejar algún mensaje? Llame mañana y con gusto le daré una cita.

            La secretaria sabe que el jefe necesita todo «urgentemente», y los dedos de la hábil mecanógrafa vuelan sobre las teclas sin permitirse error alguno. El jefe es una persona que quiere todo para «hoy mismo», y no acepta impuntualidades ni equivocaciones, así que estas exigencias le impiden darse el lujo de enfermarse.

            Cuando hay vacaciones (si llegan), el jefe le pide que las aplace porque «ahora no, ¿no ve cómo estamos de atrasados?» Así que las vacaciones se posponen como todo lo demás, como el placer de levantarse tarde, como el darse la oportunidad de salir un fin de semana, pero, además,no le quedan ganas para nada.

            A veces se entretiene con alguna película, o en las redes sociales. Si es casada o madre soltera, tiene que atender a los hijos o cocinar para el marido.

            Al terminar otro día de labor en su oficina, tiene que salir a la calle, otra vez, a perseguir el último camión o colectivo para regresar a la rutina de la casa.

            Acostarse temprano no siempre le es posible, cuando hay que dejar preparada la comida del día siguiente, la ropa lista para ganar tiempo, la cocina en orden. Además, acostarse temprano no le es muy seductor cuando la cama está vacía.

            Un abrazo a todas las secretarias porque ayer fue su Día.

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Día de las secretarias: Horacio Corro Espinosa – Libertad-Oaxaca