Dejar vivir: el gran dilema: Joel Hernández Santiago

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En la mayoría de las culturas que se consolidaron, la palabra de los viejos era ley, cuando las leyes escritas aun no existían; su guía era regla y su sabiduría conducía hacia el buen camino y el bienestar.

De hecho, la vejez por entonces y por muchos años era lo que hoy llamaríamos “madurez” aun cuando el promedio de vida era de cincuenta años, que ya se consideraba que una persona había llegado a la cumbre de la vida; al otoño; a la edad de mirar a sus hijos y querer a los nietos, aunque también aun eran productivos y sabios.

La vejez era y es el periodo luminoso de todo ser humano, en el que se refugia y se resume lo que ha sido la vida y el que nos aporta el elemento indispensable para reflexionar en lo que somos y lo que haremos “para llegar a viejos” todos porque, a muchos, la fortuna les ha permitido llegar a esa cima, muchos otros se quedan en el camino, por desgracia.

Pero resulta que en tiempos de crisis hay funcionarios públicos que no saben qué hacer con sus viejos. Sobre todo en este momento crucial en el que la humanidad se enfrenta a una pandemia de dimensiones incalculables aun pero a la que habrá que vencer para la subsistencia humana.

En China, almácigo de esta crisis de salud mundial, atendieron por igual a sus viejos y a sus jóvenes; todos parejos para salvarlos siempre que fuera posible.

En Europa se reconoció aquella Bioética surgida durante las guerras mundiales, sobre todo la Segunda en la que se reflexionó en la vida o muerte de unos u otros; dependía de factores distintos como la gravedad del enfermo, grado de posibilidades de vida de unos y otros, estado de salud futura y sí, edad, si fuera necesario, aunque el planteamiento estaba ahí: ¿qué hacer con la vida de unos u otros en tiempos de crisis sin atentar a su derecho a la vida?

Muy recientemente se puso en la mesa de las discusiones el tema en Italia y en España. Y aunque se sugirió priorizar ‘la ganancia en años’, sí se han atendido por igual las emergencias; tan es así que muchos hombres y mujeres mayores de edad contagiados, han salido ilesos del Covi 19.

En México el tema viene de lejos. No es nuevo. Está reflexionado tanto en las clases de ética que se otorgan a los estudiantes de medicina, aunque esto mismo se precisa en el momento en el que terminan la carrera y al titularse hacen el juramento de Hipócrates: “No llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”… el mismo que en 1948 se redactó en la Convención de Ginebra: “Me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.”

Y todo esto viene al caso, precisamente porque hace unos días el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez puso en su discurso el tema de la Bioética, del que seguramente comentó con el presidente de México por su gran importancia en tanto vida o muerte…

Y dijo que en caso de disyuntiva, y dadas las carencias de instrumentos médicos como son los ‘ventiladores para respiración’, si los médicos tiene enfermos ancianos y enfermos jóvenes, se recomienda dar prioridad a los segundos. O si la disyuntiva está en a quien otorgar el auxilio vital, podría dejarse esto a la suerte (‘un volado’… ¡sic!)…

En marzo pasado, la Comisión Nacional de Bioética (CNB) presentó una “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica”. Aunque se dijo que todavía era “un borrador”, este documento es el mismo que salió a colación en días recientes y que priorizaba a jóvenes sobre adultos mayores en la aplicación de recursos del sistema de salud…

Esto es: dejar morir a los adultos mayores y salvar a los jóvenes, ‘para ganar en años’.

Esto generó una discusión fuerte. Al grado de que el documento hizo que el titular de la CNB renunciara el 20 de marzo pasado, aunque esta renuncia se hizo efectiva apenas el 16 de abril. Argumentó “motivos personales” aunque luego hizo claro su desacuerdo con el Documento.

‘Ante las expresiones de la guía como inadecuada frente a la situación de emergencia sanitaria que vivimos y que abre la posibilidad a interpretaciones que den cabida a conductas discriminatorias’. Se retiró el documento de la página web de la CNB…

Pero puesta esta “solución” desde el mismísimo foro presidencial por López Gatell puede entenderse como una “orden” al sistema público de salud nacional: ‘priorizar a los jóvenes frente a los ancianos’ o dejarlo al azar.

Nada más lamentable que esto dicho. Inmediato la UNAM se desvinculó del documento y del criterio. Ni se les consultó ni están de acuerdo, dijo el rector Braue.

Pero lo más grave es eso: que como resultado del desabasto de instrumental y medicinas en México, por tropelías, saqueos, corrupción y malos manejos en el sistema público de salud hoy mismo, se tenga que llegar al punto de “dejar morir a los viejos”…:

Condenarlos a la muerte es homicidio: Es aplicar criterios utilitarios lejos del sentido humano de la medicina que obliga a salvar vidas, no a dejar morir a unos y dejar vivir a otros en contraparte. Esto afecta a todos porque los viejos son el origen de nuestra vida y lo serán, a pesar de criterios políticos y a pesar de criterios de muy mala interpretación del juramento de Hipócrates para algunos.

Ya se verá en los hechos qué ocurre. Es una cuestión de vida o muerte. Es una cuestión, si, de ética, no de cargos y abonos, no de pérdidas o ganancias, no de utilidades: son vidas humanas ¿se dan cuenta estos señores médicos puestos a políticos? ¿No será mejor invertir en lo que urge hoy mismo para salvar vidas, en lugar de invertir en proyectos improbables y caprichosos?

joelhsantiago@gmail.com