PRI Oaxaca: batallas paralelas | Adrián Ortiz Romero Cuevas

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Entre el priismo oaxaqueño se libra una sórdida batalla por la supervivencia. Aunque pareciera que la confrontación interna tiene como origen las recientes definiciones de la dirigencia nacional, lo cierto es que aquí se libran también, y en paralelo, los irremediables ajustes de cuentas relacionados con la pérdida de la gubernatura el año pasado. Vale la pena ver el panorama completo de este jaloneo por los escombros de la entidad federativa —Oaxaca— que en otros tiempos fue considerada como uno de los principales semilleros del llamado “voto verde” para ese partido.

En efecto, es necesario ver los dos panoramas: por un lado, en el escenario nacional el dirigente Alejandro Moreno Cárdenas está buscando perpetuarse en el cargo, bajo el engañoso argumento de que las recientes reformas legales modifican el calendario electoral y por ende no sería posible renovar el Comité Ejecutivo Nacional dado el principio de estabilidad que la Constitución federal mandata para las dirigencias partidistas en el marco de los procesos electorales. En el escenario local, la dirigencia estatal es aliada a sangre y fuego de Moreno Cárdenas, aunque por razones propias. Veamos.

En el primero de los rubros, es evidente que Moreno Cárdenas no está preocupado por respetar los principios constitucionales, sino en aferrarse al cargo hasta tratar de convertirse en candidato presidencial en 2024, o en colocar a alguien de su grupo, para mantener los cotos actuales en las dos cámaras del Congreso de la Unión. Sabe que la única vía que le puede garantizar vida artificial para los próximos años, es la de no ceder a nadie ni la dirigencia ni la candidatura presidencial priista.

Uno de los personajes que contribuyó a colocarlo en la dirigencia nacional, pero que paradójicamente ahora está frente a él con las mismas pretensiones, es el exgobernador Alejandro Murat. Éste desarrolló la última parte de su gestión tratando de ubicarse como una figura de diálogo moderado con la que se identificaran los sectores que son afines al PRI, pero que no están con la línea testaruda de Moreno Cárdenas y que también rechazan la radicalidad de Morena. Por eso mismo, el exgobernador Murat anunció en abril del año pasado una gira nacional —que no realizó— y luego intentó posicionar —con más cuestionamientos que reconocimiento— lo que él mismo denominó en genérico como el “Modelo Oaxaca”.

Todo esto podría hacernos pensar que el priismo oaxaqueño correría la misma suerte del exmandatario, y que sus destinos estarían ligados por ser éste el “jefe político” de los tricolores en Oaxaca. Pero no parece ser así. ¿De qué hablamos? De que, por un lado, en Oaxaca siguen abiertas las heridas de la demoledora derrota en los comicios de 2022. El grupo que se quedó con la dirigencia estatal del partido decidió respaldar incondicionalmente a Alejandro Moreno Cárdenas, a partir de que fue éste quien empujó a Alejandro Avilés para convertirse en candidato del PRI a la gubernatura.

Pues en las conveniencias de los Murat no estaba Avilés sino Germán Espinosa, y así lo escribimos en enero de 2022, cuando antes de saber quién sería el abanderado priista —y cuál sería el malogrado destino de ese partido en los comicios estatales—, en esta columna escribimos:

“…es claro que quien sea ungido como abanderado en 2022 será quien se quede con la herencia del priismo oaxaqueño. Y es evidente que, aun perdiendo la gubernatura, el actual grupo dominante no querrá perder la puerta de acceso a los cargos públicos a través de la dirigencia priista oaxaqueña. Por eso, se habla con tanta insistencia de que Germán Espinosa Santibáñez es el más viable para convertirse en candidato del tricolor; no porque tenga carisma o arrastre entre la militancia, sino porque es un integrante orgánico, y de toda la confianza, del actual grupo gobernante, a quien sí le pueden encargar esa herencia sin el riesgo de que pretenda una ruta independiente, o traicionarlos.” (Al Margen 12.01.2022).

AJUSTE DE CUENTAS

Es fundamental entender este contexto, porque de ahí deriva el endurecimiento de las posiciones entre priistas. Alejandro Murat aceptó a Avilés como candidato, pero lo dejó solo en la batalla por la gubernatura. No le proveyó el apoyo —económico y político— que habían pactado, y finalmente lo abandonó en la víspera de la jornada electoral. Todo eso, en el marco de la sempiterna sospecha del acuerdo entre Murat y el presidente López Obrador para permitirle el paso a un gobierno morenista, a cambio de su respaldo para hacerse de la dirigencia nacional del PRI. En algún punto, más de uno estaba convencido de que “juntos” Murat y AMLO operarían la sucesión presidencial de 2024.

El problema es el choque con la realidad. Murat terminó su gestión como Gobernador y, como era de esperarse, se fue de Oaxaca. El desastroso resultado de su gestión como jefe político del priismo oaxaqueño, puede verse en el hecho de que mejor decidió —o fue irremediable— irse a hacer pequeñas reuniones y actos políticos de poca trascendencia en otras entidades federativas, porque aquí prácticamente no dejó nada; y tampoco revela ascendencia entre las élites priistas locales. Es evidente que el muratismo hoy carece de base social entre el priismo oaxaqueño; y que los pocos personajes que se quedaron rondando la estructura priista responden a sus propios intereses.

En todo ese marco, era lógico que la dirigencia del priismo oaxaqueño respaldaría a Moreno Cárdenas. No fue un acto de legalidad ni de disciplina, sino de supervivencia. Avilés está correspondiendo el favor a Moreno Cárdenas de hacerlo candidato, y por eso aseguró su alianza con Javier Villacaña para afianzar su destino a la suerte que corra “Alito” Moreno. Si la dirigencia nacional ya hubiera cambiado, seguro Avilés y Villacaña ya habrían sido relevados de sus posiciones políticas actuales.

Así, hay quienes se dicen inconformes y decepcionados de las decisiones de la dirigencia priista oaxaqueña. Lo dicen por sus propias conveniencias. Porque lo cierto es que el actual Comité Directivo Estatal no le corresponderá a Murat cediéndole lo que queda del priismo oaxaqueño —básicamente la postulación de candidatos en 2024 y las posiciones plurinominales que se negocien en la capital del país— cuando éste pareció decidir en total desprecio hacia el derrotado candidato a la gubernatura y la dirigencia estatal del PRI.

Por eso hoy es clarísima la alianza entre las dirigencias local y nacional, y por eso mismo, todo esto deja ver que las acciones y decisiones corresponden a un claro ajuste de cuentas entre priistas por los agravios cometidos durante el proceso electoral del año pasado.

 

EPITAFIO

No sólo en la Corte hay definiciones relevantes. En los tribunales locales también hay mucha política, agravios y patadas bajo la mesa. Oaxaca está inundada de esos temas a los que, ojalá, pronto el nuevo régimen les ponga atención. Abundaremos.

@ortizromeroc

@columnaalmargen