
Diana Méndez
Desde las primeras horas de este Jueves de Corpus Christi, el corazón de Oaxaca volvió a llenarse de aromas dulces, colores festivos y expresiones de fe que han sobrevivido al paso de los siglos. En los alrededores de templos, atrios y plazas, cientos de familias se reunieron para celebrar una de las tradiciones más entrañables del calendario religioso y cultural de la entidad.
Las protagonistas indiscutibles de la jornada fueron las tradicionales empanadas de lechecilla, coco y piña, elaboradas por manos oaxaqueñas que cada año mantienen viva una costumbre profundamente arraigada en la memoria colectiva. Los puestos instalados en las inmediaciones de iglesias y parroquias se convirtieron en puntos de encuentro donde la gastronomía y la fe caminaron de la mano.
Entre el ir y venir de visitantes, el sonido de las campanas y las expresiones de religiosidad popular, Oaxaca volvió a demostrar que sus tradiciones no son piezas de museo, sino manifestaciones vivas que continúan reuniendo a generaciones enteras alrededor de una misma identidad.
Pero el Corpus Christi va mucho más allá de las empanadas. La celebración también es conocida como el “Día de las Mulas”, una referencia que remite a la época colonial, cuando campesinos y comerciantes llegaban a las ciudades transportando en mulas sus cosechas y productos para ofrecerlos como muestra de gratitud y fe.
Con el paso del tiempo, aquellas escenas dieron origen a una de las expresiones más representativas de la festividad: las pequeñas mulitas artesanales elaboradas con palma, barro, carrizo y otros materiales tradicionales, que aún hoy se venden y regalan como símbolo de prosperidad y devoción.
La tradición también conserva la costumbre de vestir a niñas y niños con atuendos regionales e indígenas, evocando a los antiguos pobladores que acudían a las celebraciones religiosas luciendo sus mejores prendas. Las calles del Centro Histórico se llenan así de imágenes que parecen conectar el presente con la historia de Oaxaca.
Para muchos habitantes, el Corpus Christi representa un encuentro entre la espiritualidad y la cultura popular. Es la oportunidad de acudir a las ceremonias religiosas, compartir alimentos tradicionales y transmitir a las nuevas generaciones el significado de una celebración que forma parte del patrimonio intangible del estado.
Mientras las empanadas salen calientes de los hornos y las mulitas adornan los puestos de artesanías, Oaxaca vuelve a reafirmar que sus tradiciones siguen siendo uno de sus mayores tesoros. En cada bocado, en cada oración y en cada figura artesanal, permanece viva una historia que se niega a desaparecer.






