Una década sin Michael: Ismael Ortiz Romero Cuevas

De verdad, pensé mucho en escribir sobre Michael Jackson y su décimo aniversario luctuoso. Lo pensé porque supuse que todo el mundo hablaría, escribiría, recordaría el suceso en todos lados y tal parece que lo olvidaron. Leí, vi y escuché muy pocas reseñas sobre el ídolo pop y lo que había significado en la industria; quizá llevados por las investigaciones policiacas y todo lo que representa o lo que Jackson se supuso fue en vida que ahora es algo políticamente incorrecto recordarlo, pues según, hizo mucho daño a los niños que forzadamente lo rodeaban. Lo cierto es que esos escándalos, ciertos o no, nunca pusieron en duda su talento.

Hace diez años, cuando fue su deceso, las redes sociales estaban en pañales. El 25 de junio de 2009, Twitter y Facebook no tenían el alcance que tienen hoy, pienso que no porque no tuvieran la capacidad sino porque aún no sabían el potencial que alcanzarían a lo largo de los años. Es más, algunos ni siquiera tenían (o teníamos) cuenta aún en Twitter o en Facebook; y ya ni hablamos de WhatsApp, Instagram, Tinder o Snapchat que ni siquiera existían. Por lo tanto, cuando nos enteramos de la noticia que detuvo al mundo, no fue hasta que llegamos a casa cuando pudimos encender el televisor o la radio para enterarnos de los acontecimientos. En efecto, el autollamado “Rey del pop” había fallecido en las circunstancias más extrañas.

Fue la muerte de Michael Jackson quizá el último acontecimiento de mayores magnitudes que han cubierto los medios electrónicos, antes de cualquier red social. Fue ese suceso el que quizá dio aún grandes audiencias a los canales televisivos, pues la cobertura en su mansión llamada “Neverland” por el cuento de Peter Pan, pasó de ser una simple noche de información más, a un seguimiento de noticias de días y días. Así, nos enteramos de algunos de los secretos que su recámara guardaba, de que era adicto a los analgésicos, que usaba peluca, que se maquillaba las manchas del vitíligo, que no tenía una nariz postiza y que poseía fotografías de niños y bebés dentro de ella, sin especificarse para qué las utilizaba. Nos enteramos también del papel que jugó el médico Conrad Murray, pues se encontró un maletín de objetos personales y médicos que pertenecían al galeno. Y mientras pasadas algunas horas, algunos medios eran más reservados en emitir algún tipo de información, fue el portal TMZ, desde entonces ya polémico, quien diera primero la noticia de la defunción.

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Sin importar la forma, los sucesos y lo que pudo ser o no con respecto a la vida del intérprete de “Billie Jean”, no podemos negar que fue también quizá el último gran ídolo de multitudes, el que llenaba estadios con sus espectáculos, el que hizo verdaderos tours mundiales y visitaba prácticamente cada país del planeta; el que hizo de la música un espectáculo inolvidable. Lo que pueda yo escribir de Michael sale sobrando, pues faltarían líneas para celebrar el talento y la maestría con que ejecutaba cada movimiento y cada nota de sus canciones sobre el escenario; su vestuario, su forma de bailar, incluso sus cirugías plásticas fueron emblemas del entonces encumbrado cantante. De alguien que no conocía los límites.

Podemos recordar sus años cuando estuvo al lado de sus hermanos en “The Jackson Five”, hasta sus años solista y sus álbumes más representativos de finales de la década del setenta, los dos emblemas de la música que presentó en la década de los 80’s, con “Thriller” y “Bad”, cuyos videos principales fueron dirigidos por cineastas de la talla de John Landis y Martin Scorsese respectivamente, hasta su último gran trabajo a principios de la década del noventa: “Dangerous”, con el que salió por última vez de gira y recorrió todo el mundo, incluyendo tres apoteósicos conciertos en el Estadio Azteca de la ciudad de México; fue en ese álbum, donde se incluyó también el tema “Will You Be There”, que fue el principal de la cinta “Liberen a Willy”, que protagonizó Kéiko, la ballena orca que habitaba en el parque “Reino Aventura” en la capital del país.

No es que los posteriores trabajos de Michael no fueran buenos, sin embargo, pienso que justamente “Off The Wall” de 1979; “Thriller” de 1982; “Bad” de 1987 y “Dangerous” de 1991, fueron los que le dieron mayores satisfacciones e hicieron que alcanzara la verdadera celebridad; fueron los que lo convirtieron a Michael, en la última gran leyenda de la música. A 10 años de su desaparición, no podemos negar que su genialidad será eterna.

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