Uno no sabe qué es lo que más duele: Horacio Corro Espinosa

Hace años, sabíamos lo que a cada mes le correspondía, y de acuerdo a esto, nos preparábamos principalmente para jugar; por ejemplo, en los meses de febrero y marzo, empinábamos papalotes, abril y mayo jugábamos las canicas y el trompo. Dentro de julio, encontramos la mayoría de fiestas, pues en muchas poblaciones de Oaxaca, se celebra al santo patrón o las fiestas más importantes coinciden en el mismo mes.

Así pues, sabíamos que en octubre y noviembre, regularmente había temblores, como el ocurrido el 24 de octubre de 1980 en Huajuapan de León.

Y cosa curiosa, como que después de esa fecha comenzaron a modificarse muchas cosas: las aguas cambiaron su tiempo, los vientos también, y los peores temblores ocurrieron principalmente en el mes de septiembre.

El año pasado, después de escuchar las alarmas sísmicas y de realizar el mega simulacro en varios puntos del país para recordar el sismo de 1985, un ratito después, se volvieron a activar las bocinas porque en realidad venía un fuerte sismo.

Aún estábamos dolidos por el terremoto del 7 de septiembre, cuando se destruyó gran parte del Istmo de Tehuantepec.

El 19, ayer hace un año, cuando nuestro corazón aún estaba cuarteado por el dolor, volvimos a sufrir otro desgarre, pero esta vez multiplicado. Sabemos que el corazón no es tan rápido para sanar. Tarda en curarse, un poco más que la reconstrucción de nuestras comunidades. Si el corazón sanara más rápido que la obra física, en este momento no nos dolería ver la situación de los pueblos que prácticamente han sido abandonados por el gobierno federal y estatal después de la tragedia.

A veces uno no sabe qué es lo que más duele, si las palabras engañosas de los políticos, o la desgracia perpetua de esos pueblos. Tal vez las dos cosas, por eso es tan fuerte el dolor que cargamos atravesado en el pecho.

Este es el tiempo que nos tocó vivir. Tiempo que está lleno de amenazas como inundaciones, erupciones volcánicas, terremotos, etcétera. Estas amenazas son naturales, sin embargo, los desastres no lo son. Los desastres son creados por los humanos. Las causas pueden ser por la deforestación, la urbanización, la pobreza, la degradación ambiental y principalmente por la corrupción. Ese es el desastre que dejaron los políticos desde el año pasado.

Lo cierto es que nadie sabe cuándo volverá a temblar, pero hay adivinos que, por decir suposiciones, y valiéndose de la ignorancia de la gente, ponen a circular una serie de mentiras donde aseguran, con fecha y todo, que habrá grandes terremotos.

A mucha gente le encanta ser engañada. Es más, buscan a quienes les platique de lo que desconocen para disfrutar su ignorancia.

Hace años, era yo un jovencito, me tocó estar en Putla de Guerrero, Oaxaca, y en esos días se soltó el rumor de que tal día temblaría muy fuerte; por miedo, yo me regresé a mi tierra. Y lo curioso, después me platicaron, que mucha gente de este lugar salió de sus casas para irse a dormir a los cerros y no ser afectados por lo que seguramente sucedería.

Ojalá aprendamos a ya no creer en esos rumores que no sirven para la solidaridad, sino para la división entre pueblos y familias.

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