
Ernesto Ruiz
“Tenemos que evitar que el plástico entre al mar, en lugar de esperar a que una solución tecnológica lo extraiga”
Richard Thompson
Introducción
Aunque el uso del plástico inició a finales del siglo XIX con la pretendida sustitución de las bolas de billar -que estaban hechas de marfil-, pasando por una etapa de introducción de su utilidad en la industria de guerra, durante la segunda guerra mundial. En realidad su auge como un producto omnipresente se ubica entre la década de los 60s y 70s, desde entonces el plástico ha sido símbolo del progreso. Un material barato, maleable y, sobre todo, indestructible.
Sin embargo, es esa misma “eternidad”, la que lo hizo valioso, la que se ha convertido en su mayor condena. En la actualidad, la acumulación de residuos plásticos en ambientes marinos constituye un fenómeno de escala global. Se estima que millones de toneladas de plástico ingresan anualmente a los océanos, generando zonas de alta concentración de desechos flotantes (Borrelle et al., 2020). Paralelamente, la fragmentación progresiva de estos materiales ha dado lugar a los microplásticos que, sin percatarnos, empezaron a permear los rincones más íntimos de la biología terrestre. Los microplásticos, que son partículas de polímeros de menos de 5 mm -más o menos el tamaño de un grano de sal y menores-, han dejado de ser una preocupación meramente ecológica para convertirse en un factor de riesgo sistémico. Como señala Thompson et al. (2004), la acumulación de estos residuos en el medio marino, suelo y cuerpos de agua, es un fenómeno global cuya escala apenas estamos comenzando a comprender, pero cuyas consecuencias ya están presentes en nuestra mesa y en nuestro cuerpo.
- La Ontología del Residuo: ¿De dónde vienen realmente?
Antes de que abordemos la prevención, es menester entender que el microplástico no tiene un origen único, sino que es el resultado de dos procesos distintos: el diseño deliberado y el abandono negligente.
Microplásticos Primarios: Estos microplásticos son fabricados intencionalmente para aplicaciones industriales o cosméticas. Las microesferas en exfoliantes, detergentes y pastas dentales son el ejemplo más claro de una ingeniería que prioriza su diseño, texturas e imagen sobre la bioseguridad.
Según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, 2021), estas partículas son tan pequeñas que las plantas de tratamiento de aguas residuales no logran filtrarlas, permitiendo que toneladas de polietileno fluyan directamente desde nuestros baños hacia los cuerpos de agua y al mar. A esto debemos sumar los pellets, que son pequeñas esferas de resina virgen que sirven como materia prima para la industria plástica y que, debido a una logística deficiente, se vierten por millones durante su transporte y manejo.
Microplásticos Secundarios: A diferencia de los primarios, estos surgen de la degradación de los macroplásticos. Aquí entra en juego la fotodegradación por rayos UV y la abrasión mecánica. Un neumático que se desgasta en el asfalto, una prenda de poliéster que se agita en la lavadora o una charola de unicel que es abandonada en la calle liberan miles de microfibras por ciclo. Este proceso es particularmente insidioso porque el plástico no desaparece; simplemente se fragmenta hasta alcanzar dimensiones microscópicas, facilitando su infiltración en los sistemas biológicos más protegidos, incluyendo el nuestro.
La evidencia de esta infiltración ha dejado de ser teórica. Un estudio pionero liderado por Leslie et al. (2022) detectó polímeros plásticos en el torrente sanguíneo humano en el 80% de los sujetos analizados, encontrando principalmente tereftalato de polietileno (PET) y poliestireno. Este hallazgo sugiere que las partículas son lo suficientemente pequeñas como para cruzar las barreras epiteliales y viajar a través del sistema circulatorio, con el potencial de alojarse en órganos específicos.
Pero es aún más alarmante el descubrimiento realizado por Ragusa et al. (2022), quienes detectaron por primera vez microplásticos en la leche materna humana. Este estudio identificó partículas de polietileno, PVC y polipropileno en muestras de madres lactantes, lo que abre una dimensión ética y de salud pública sin precedentes: la exposición neonatal. La presencia de estos polímeros en la leche materna implica que la transferencia de contaminantes plásticos comienza desde las etapas más tempranas y vulnerables del desarrollo humano, planteando interrogantes urgentes sobre el impacto en el sistema inmunológico y endocrino del lactante.
- El Ciclo Biogeoquímico del Plástico: De la Atmósfera al Organismo
Nuestra actividad cotidiana y la comodidad que nos impuso el uso de los plásticos ha resultado en que hemos alterado los ciclos naturales del carbono y el nitrógeno, y ahora la ciencia sugiere que estamos instaurando un “ciclo del plástico”. La producción acumulada de plásticos supera ya miles de millones de toneladas a nivel global (Geyer et al., 2017). Estas partículas ya no solo flotan en los océanos; también viajan por la atmósfera. Se han encontrado microfibras en la nieve de los Pirineos y en el polvo del desierto, esto sugiere que el viento actúa como un vector de dispersión global. Este fenómeno implica que los microplásticos han pasado a formar parte del ciclo del agua: viajan en las nubes y retornan a la tierra mediante la lluvia, contaminando suelos agrícolas y acuíferos que alimentan nuestras ciudades.
La relevancia de este ciclo radica en la bioacumulación y la translocación biológica. Al ser confundidos con plancton por los niveles tróficos inferiores, los microplásticos actúan como “caballos de Troya”. No solo por el polímero en sí, sino por los aditivos químicos (ftalatos, bisfenol A) y los contaminantes orgánicos persistentes que se adhieren a su superficie porosa durante su viaje ambiental.
Esta dispersión atmosférica y acuática explica por qué la exposición humana es inevitable y constante. Al cerrar este ciclo, el plástico que alguna vez fue un residuo lejano en un vertedero o un neumático desgastado en la carretera, termina regresando a nosotros a través de la inhalación y la ingesta. Es precisamente este flujo constante el que facilita que las partículas atraviesen las barreras alveolares y gastrointestinales, explicando los hallazgos ya mencionados en el torrente sanguíneo y la leche materna. Cuando consumimos productos marinos, sal de mesa o simplemente respiramos en un entorno urbano, estamos cerrando un ciclo de contaminación que nosotros mismos iniciamos décadas atrás, transformando nuestro ecosistema interno en un reflejo de la degradación externa. Diversos estudios han señalado que la exposición crónica a microplásticos podría asociarse con respuestas inflamatorias y estrés oxidativo en humanos (Prata et al., 2020; Vethaak & Legler, 2021).
- Hacia un Nuevo Paradigma: Innovación y el Marco Regulatorio en México
La magnitud de este desafío, demuestra que nos enfrentamos a algo para lo que la voluntad individual es insuficiente sin una reingeniería sistémica. En nuestro país, el avance normativo representado por la Ley General de Economía Circular (Secretaría de Gobernación, 2026) constituye un paso relevante, pero aún incompleto. Si bien la ley establece la Responsabilidad Extendida del Productor, su enfoque actual es predominantemente post-consumo. Es decir, se centra en qué hacer con el residuo una vez que existe. Sin embargo, para combatir eficazmente los microplásticos, la Ley debe evolucionar hacia una regulación de pre-consumo. Esto implica legislar sobre el desprendimiento de microfibras en la industria textil, el desgaste de polímeros en el sector automotriz, o la composición de los envases de un solo uso, obligando a las empresas a internalizar los costos ambientales de estas partículas invisibles desde la fase de diseño.
A nivel subnacional, la Ley Estatal de Economía Circular del Estado de Oaxaca (Congreso del Estado de Oaxaca, 2023) representa un esfuerzo pionero. Sin embargo, la implementación de esta ley enfrenta retos estructurales. Para mejorarla, es fundamental que el estado transite de la prohibición a la sustitución inteligente y la infraestructura técnica.
Oaxaca tiene la oportunidad única de liderar una economía circular con pertinencia cultural. Al aprovechar su herencia en fibras naturales (como el ixtle, el agave y el algodón orgánico), el estado podría sustituir polímeros sintéticos por materiales que sean verdaderamente biodegradables en condiciones naturales, y no solo en plantas industriales que a menudo son inexistentes en la región.
Además, una mejora crítica para la legislación oaxaqueña sería la creación de normas estatales de gestión hídrica específica para microplásticos. Dado que en Oaxaca poseemos ecosistemas hídricos vitales, se requiere incentivar la instalación de tecnologías de ultrafiltración en las plantas de tratamiento de aguas residuales. Sin estas medidas, las leyes de economía circular se quedan en la superficie del problema, gestionando envases mientras permiten que millones de partículas microscópicas sigan fluyendo hacia los valles y costas del estado (Borrelle et al., 2020).
3.1. Propuestas de Acción: Hacia una Gestión Integral del Ciclo del Plástico
Para que el marco normativo actual en el estado de Oaxaca sea realmente efectivo, la transición hacia la economía circular debe integrar propuestas concretas que vinculen la salud pública con la infraestructura hídrica:
- Reforzamiento del Marco Legal y de Salud Pública
- Reconocimiento de los Microplásticos como Contaminantes de Interés Emergente: Es imperativo que la Secretaría de Salud y la COFEPRIS integren a los microplásticos en las normas oficiales mexicanas (como la NOM-127-SSA1-2021) sobre la calidad del agua para uso y consumo humano. Legislar su monitoreo obligatorio permitiría establecer límites máximos permisibles, protegiendo a la población de la ingesta sistémica de polímeros.
- Protocolos de Vigilancia Epidemiológica: Se propone la creación de programas de salud pública específicos para estudiar la correlación entre la exposición a microplásticos y enfermedades metabólicas o endocrinas en zonas de alta contaminación hídrica. La ley debe obligar a la transparencia en el etiquetado de productos que contienen microplásticos añadidos, permitiendo el ejercicio del derecho a la salud informada. Además de restringir los envases, utensilios, contenedores y embalajes elaborados de polímeros, de un solo uso.
- Ecodiseño y Responsabilidad Extendida: Exigir por ley que la industria textil y automotriz, refresquera y de alimentos implementen medidas de mitigación desde el origen. Esto puede incluir, por ejemplo: la obligación de que todas las lavadoras domésticas vendidas en el mercado mexicano cuenten con filtros de microfibras estandarizados. No obstante, la evidencia científica advierte que algunos bioplásticos y materiales de base vegetal pueden presentar perfiles toxicológicos comparables a los plásticos convencionales si no se diseñan adecuadamente (Zimmermann et al., 2020)
- Transformación del Sector Hídrico y Tratamiento de Agua
- Actualización de las Normas de Descarga (NOM-001-SEMARNAT-2021): El marco normativo debe actualizarse para incluir la retención de microplásticos en las descargas de aguas residuales hacia cuerpos receptores. En Oaxaca, esto es vital para proteger los mantos freáticos y los ríos que abastecen a las comunidades rurales.
- Infraestructura de Filtración Avanzada en Plantas de Tratamiento (PTAR): Se propone que la Ley de Agua Potable y Alcantarillado para el Estado de Oaxaca establezca la obligatoriedad de implementar tecnologías de tratamiento terciario (como filtración por arena, carbón activado o biorreactores de membrana) en las PTAR municipales. Estas tecnologías han demostrado altas eficiencias de retención de microplásticos, evitando que las plantas actúen como vectores de dispersión hacia los suelos agrícolas a través del lodo residual o el agua de riego.
- Monitoreo Biológico en Fuentes de Abastecimiento: Implementar sistemas de alerta temprana en las cuencas hidrológicas de Oaxaca para detectar concentraciones críticas de microplásticos, vinculando la salud de los ecosistemas con la seguridad hídrica de la población.
Conclusión: El Despertar de la Conciencia Infiltrada
La presencia confirmada de polímeros en la sangre y la leche materna es un recordatorio de que las fronteras entre el medio ambiente y el cuerpo humano son una ilusión. Lo que vertemos al océano tarde o temprano fluye por nuestras venas. Esta realidad nos obliga a redefinir nuestra relación con la materia: el plástico no es un desecho que se “tira”, es un material que se redistribuye en el ecosistema hasta integrarse en nuestra propia fisiología.
La prevención de los microplásticos no es una utopía técnica, es una urgencia ética que exige un cambio de escala. Las leyes en México y Oaxaca deben dejar de ser meros instrumentos de gestión de basura para convertirse en marcos de protección biológica. No basta con reciclar mejor; debemos producir menos y diseñar con el fin de la persistencia química en mente.
Somos la primera generación plenamente consciente de que estamos “infiltrados” por nuestra propia tecnología. Esta conciencia no debe conducir a la resignación, sino a una movilización sin precedentes hacia la soberanía de nuestros cuerpos y territorios. Si logramos transformar la indignación que produce el hallazgo de plástico en la leche materna en políticas públicas de ecodiseño y restauración hídrica, Oaxaca y México podrían demostrar que es posible desvincular el bienestar humano de la herencia tóxica de los polímeros. Somos la última generación con la oportunidad de decidir si el plástico será nuestro legado geológico o simplemente un error histórico que supimos corregir a tiempo para preservar la integridad de la vida.
*Sobre el autor: José Ernesto Ruíz López es consultor ambiental, abogado maestrante en Derecho Ambiental y experto en ciencia política con 27 años de trayectoria comunitaria. Exdelegado de SEMARNAT, Exsubsecretario de Normatividad Ecológica y Gestión Ambiental, Exprocurador de Protección al Ambiente en Oaxaca, actualmente ha fundado y coordina el Centro de Educación Ambiental Pitao Peeche, desde donde impulsa capacitación para funcionarios y activistas, así como foros para armonizar la normativa estatal hacia la prevención de microplásticos. Su enfoque integra la experiencia legislativa federal y local con soluciones basadas en ecosistemas para proteger la salud hídrica y la biodiversidad regional. Es un estratega reconocido por la ONU por su compromiso con la campaña “Mares Limpios” y la conservación de ecosistemas vitales. Su labor actual busca transformar el marco jurídico oaxaqueño en un modelo de protección biológica y soberanía sobre el territorio.







