Sembrar terror, nueva táctica de grupos opositores en Siria

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Los grupos opositores armados en Siria incrementan hoy el lanzamiento de morteros y la detonación de coches bombas contra blancos civiles, situación que insufla al conflicto que vive la nación un componente de violencia inusitado.

Tales acciones responden a la ofensiva gubernamental en los bastiones de los insurgentes, quienes ahora tratan de lograr la caída del gobierno del presidente Bashar Al Assad mediante actos terroristas de gran magnitud, que provoquen incertidumbre y malestar en la población, advierten analistas políticos.

En las últimas semanas y casi a diario, los rebeldes apuntaron hacia el barrio residencial de Al Mezzeh, en el suroeste de la capital, con morteros emplazados en la localidad de Daraya, provincia de Damasco Campo.

Edificios de apartamentos, escuelas, la Unión Nacional de Escritores, comercios en la avenida Sheikh Saad, así como el Ministerio de Información, donde también se ubica la sede del periódico Al Baath y una sucursal del Banco Comercial de Siria, recibieron daños significativos por el impacto de los proyectiles.

Dichas acciones dejaron sobre todo muertos y numerosos heridos, comprobó Prensa Latina.

En días recientes, en Damasco y otras ciudades del país explotaron coches bombas en barrios residenciales, áreas de comercios y plazas públicas, donde se concentran grandes cúmulos de personas.

El 28 de noviembre, un doble atentado suicida provocó la muerte de unas 50 personas en la localidad de Jaramana, Damasco Campo, mientras el 1 de diciembre otro artefacto estalló en un paradero de autobuses de Esh Al-Warwar, barrio de la periferia capitalina, donde perdieron la vida tres personas y unas 35 quedaron heridas.

Ciudades como Alepo, Homs, Hama y Deir Ezzor han visto incrementarse los mortales estallidos desde hace 20 meses cuando iniciaron protestas contra el gobierno, acciones manipuladas por potencias occidentales para aupar el conflicto que caldea a la nación y ha costado la vida a unos 40 mil ciudadanos, según estimados.

Una nota de la Cancillería rusa señaló que actos tan inhumanos e injustificables constituyen métodos tradicionales de organizaciones terroristas internacionales como Al Qaeda, cuyo objetivo apunta a socavar cualquier esfuerzo de estabilizar la situación en Siria y de resolver la crisis con medios pacíficos y políticos.

Precisamente el llamado Frente al Nusra, uno de los grupos con base en la nación levantina y filial de la red creada por el asesinado Osama bin Laden, se adjudica la autoría de la mayor parte de los atentados en el territorio.

Un reciente artículo del diario británico Daily Telegraph califica al Frente de “la mayor y más dura de una veintena de organizaciones yihadistas, cuyos métodos brutales, que incluyen las decapitaciones, han cambiado la dinámica de lo que había sido anteriormente una oposición sunita en su mayoría moderada”.

El reportaje “Dentro del Frente al Nusra, el ala más extremista”, refiere que las llamadas organizaciones yihadistas ambicionan crear un Estado Islámico no solo en Siria, sino en todo el Medio Oriente y la “Ummah” (comunidad de todos los países árabes), bajo la ley de la Sharía (código de conducta islámico).

La clave de la violencia extrema es el reclutamiento de combatientes radicales en varias naciones de la región, quienes deben demostrar que “están comprometidos con Dios y luchando solo por Alá”, mediante la eliminación de quienes no profesen sus ideales.

Naciones como Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Turquía, Catar y Arabia Saudita, entre otros, apoyan con armas, municiones, dispositivos de comunicación y dinero a las facciones de la oposición siria, dentro de las cuales figuran las referidas entidades extremistas.

Ello contrasta con el discurso enarbolado por Washington y sus aliados de la OTAN desde hace más de una década para intervenir en naciones como Afganistán e Irak, durante la alegada cruzada internacional contra el terrorismo, enfocada en el combate a Al Qaeda o hacer respetar los derechos humanos en dichas naciones.

El terrorismo ha demostrado ser el instrumento de presión fundamental en el plan de desestabilizar al gobierno sirio, alertó en un reciente artículo el periodista chileno Juan Francisco Coloane.

“Al no denunciar ni hacer esfuerzos para detener la escalada terrorista, esos países se hacen directamente cómplices en un escenario donde el número de víctimas producto del terrorismo supera a las generadas por una guerra irregular”, agregó.

Quizás el mayor peligro, amén la escalada de muertes inocentes que parece no tener fin en Siria, es el aliento irresponsable al monstruo del terrorismo que, de no ponerle bozales, podría tocar mañana a las puertas de Occidente, otra vez y con más fuerza.

PL