México rompe récord de IED, pero Oaxaca va a contracorriente: el sureste espera la promesa del Corredor Interoceánico

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#JaimeGUERRERO

México cerró 2025 con el mejor año de su historia en materia de inversión extranjera directa (IED). La cifra alcanzó 40 mil 871 millones de dólares, un crecimiento del 10.8% respecto a 2024 y el monto más alto jamás registrado en un ejercicio anual.

La presidenta Claudia Sheinbaum lo presentó como señal de confianza internacional en el modelo económico de la Cuarta Transformación, y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lo enmarcó en una tendencia creciente: la IED registra un incremento acumulado de 69% entre 2018 y 2025.

México se posicionó como destino estratégico para el capital productivo global en un entorno donde los flujos de IED hacia las economías en desarrollo mostraron una caída del 2% en 2025, según estimaciones de la UNCTAD.

El mayor dinamismo provino de las nuevas inversiones: ascendieron a 7 mil 378 millones de dólares, un crecimiento de 133% respecto a 2024, con una participación en el total que pasó de 8.6% a 18%.

Los sectores que más capital captaron fueron la manufactura —impulsada por el nearshoring—, los servicios financieros, la construcción de infraestructura industrial y la minería.

Sin embargo, esa bonanza no llegó de manera homogénea al territorio nacional. Y Oaxaca es el ejemplo más revelador de esa brecha.

Los datos oficiales de la Secretaría de Economía Federal muestran que Oaxaca inició 2025 con un flujo neto negativo de 14 millones de dólares en inversión extranjera, convirtiéndose en la única entidad del país con salida neta en nuevas inversiones durante el primer trimestre.

Durante el primer semestre la situación no mejoró: el estado acumuló un flujo negativo de 14.1 millones de dólares.

Los países que históricamente invierten en la entidad —Bélgica, España y Estados Unidos— registraron en 2025 salidas de capital, especialmente en reinversiones y cuentas entre compañías.

El resultado es que, al cierre del año, Oaxaca quedó en un grupo de entidades con nuevas inversiones de entre 28 y 89 millones de dólares —junto con Yucatán, Estado de México, Puebla y Chihuahua—, muy por debajo de los estados líderes.

El panorama histórico es igualmente preocupante. Oaxaca se ha mantenido en el fondo de la distribución nacional de IED, con apenas el 0.2% o 0.3% del total del país desde 1999. El récord nacional no movió ese piso estructural.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ubicó a Oaxaca como penúltimo lugar en su Índice de Competitividad Estatal 2025, identificando entre sus desafíos la baja tasa de inversión extranjera directa y el bajo grado de escolaridad.

La esperanza del Corredor Interoceánico
Frente a ese cuadro, la apuesta del gobierno estatal y federal sigue siendo el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT).

La puesta en marcha de este megaproyecto logístico representa una posibilidad histórica para detonar empleos, atraer inversión y transformar el desarrollo regional, según especialistas, quienes señalan que Oaxaca podría consolidarse como actor estratégico en sectores como agroindustria, alimentación, bebidas, textiles y manufactura ligera.

El proyecto tiene dimensiones continentales: el CIIT interconecta el Océano Pacífico con el Golfo de México y el Atlántico.

La línea Z, que une los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz, y Salina Cruz, Oaxaca, tiene capacidad para trenes de hasta 65 carros y 260 contenedores por viaje.

El proyecto busca atraer inversión a través de 10 Polos de Desarrollo con incentivos fiscales, con el objetivo de mejorar las condiciones socioeconómicas de una región históricamente rezagada.

Sin embargo, los resultados reales aún no se reflejan en la IED estatal. Analistas advierten que los efectos del Corredor no serán visibles sino hasta que se concreten incentivos fiscales y acuerdos logísticos.

El problema del capital humano

El Corredor puede traer empresas, pero Oaxaca enfrenta otro obstáculo igual de profundo: la falta de capital humano calificado para absorber esas inversiones.

En 188 de los 570 municipios del estado no hay un solo plantel de educación media superior, y 512 carecen de instituciones de educación superior. Solo 14 de cada 100 estudiantes logran concluir una licenciatura.

El mercado laboral poco dinámico impulsa la migración del talento: 24% del estudiantado universitario oaxaqueño elige cursar la universidad fuera del estado, atraído por mejores condiciones.

Quienes migran ganan en promedio 36% más (hombres) y 57% más (mujeres) que quienes permanecen en Oaxaca.

El resultado es un círculo vicioso: sin talento, no llegan inversiones de alto valor; sin esas inversiones, el talento no regresa.

La concentración geográfica de la IED en México es uno de los datos más incómodos del récord de 2025. Los principales destinos de inversión fueron Ciudad de México, Nuevo León y Estado de México, que concentraron el 71.7% del total.

La Ciudad de México captó 22 mil 381 millones de dólares, equivalentes al 54.8% del total nacional, con un crecimiento de 55.1% respecto a 2024.

En contraste, el sur-sureste del país —la región donde el gobierno federal ha apostado más en infraestructura— sigue siendo receptor marginal de capital extranjero. Oaxaca y Veracruz, estados clave en el proyecto del Corredor Interoceánico, registran bajos niveles de IED en comparación con el resto del país.

El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030 promete una inyección adicional de recursos públicos al sureste.

El plan contempla 5.6 billones de pesos a lo largo del sexenio de Sheinbaum, de los cuales 722 mil millones de pesos se ejercerán en 2026, equivalentes al 2% del PIB.

La pregunta es si esa inversión pública podrá funcionar como detonador de capital privado extranjero en estados como Oaxaca, donde las condiciones estructurales —inseguridad, rezago educativo, déficit de infraestructura básica— siguen actuando como freno.