
Hay nombres que generan confianza. Y hay instituciones que, por décadas, se ganaron el respeto de la gente. La Cruz Roja es una de ellas. En Oaxaca, incluso, ese prestigio tuvo rostro: el de una mujer que encabezó la delegación con resultados y dejó una expectativa clara de lo que debía ser el servicio.
Por eso, cuando su hija, María Antonieta Velásquez Chagoya, asumió el control de la delegación estatal, muchos dentro de la institución pensaron que las cosas seguirían por ese camino. Que habría continuidad, orden y fortalecimiento, así como lo hizo su madre.
Pero lo que hoy cuentan voluntarios y personal operativo es exactamente lo contrario.
Porque, estimados ciberlectores, lo que está ocurriendo dentro de la Cruz Roja Oaxaca no es solo un problema administrativo. Es una crisis que combina abandono, decisiones cuestionables y una realidad que termina impactando directamente en la atención a la ciudadanía. Y lo más grave: está documentado desde adentro.
Las imágenes ya lo mostraban, pero ahora se entienden con mayor claridad: muros cuarteados, grietas profundas que recorren paredes y pisos, humedad constante, filtraciones, techos dañados, baños inservibles, áreas sin limpieza adecuada, colchones en condiciones deplorables e incluso espacios con presencia de insectos y suciedad. Hay zonas que parecen abandonadas, no un espacio donde personal de emergencia descansa después de salvar vidas. Incluso el baño de mujeres, según denuncias, se ha convertido en un criadero de moscas. Todo esto en una institución que debería cumplir con estándares básicos de higiene y operación.

Pero eso apenas es la superficie. El fondo es mucho más delicado.
De acuerdo con testimonios internos, desde la llegada de la actual delegada se integró a personas provenientes de su propio entorno corporativo en áreas clave de la administración, acompañadas de más personal administrativo sin experiencia en operación de emergencias. Es decir, perfiles que no dimensionan lo que implica salir a atender accidentes, urgencias y rescates. Entre ellos aparece el nombre de Germán López Moreno, señalado como coordinador general y operador directo de decisiones internas.

Y aquí aparece uno de los datos más delicados de todo este caso. Según el propio personal, bienes, donaciones y equipo especializado que se han obtenido a nivel estatal ya no se encuentran dentro de las instalaciones de la Cruz Roja, sino en una bodega externa vinculada al entorno de la delegada, ubicada en el centro de la ciudad. Equipo de rescate urbano, material de alta montaña y diversos insumos que hoy hacen falta en las ambulancias y en la operación diaria.
Las preguntas son obligadas:
¿por qué ese material no está en la Cruz Roja? ¿por qué no se ha entregado al personal? ¿y bajo qué criterio se resguarda fuera de la institución?
Más aún cuando dentro de la propia Cruz Roja hay donaciones, como cajas de leche, bolsas de ropa, juguetes, y todo tipo de ayuda que tampoco han sido distribuidos.
Esto ya no es desorganización. Esto exige revisión.

A esto se suma Moisés Santiago, figura que según el personal tiene influencia directa en quién entra, quién se queda y quién sale dentro de la institución. La percepción es clara: quien incomoda o cuestiona, simplemente es dado de baja.
Pero el verdadero punto de quiebre no está en la estructura interna. Está en la operación.
Porque mientras en colectas se presume la ambulancia como símbolo de respuesta, la realidad es otra: en Oaxaca capital solo hay una ambulancia cubriendo las 24 horas. Una sola unidad para toda la ciudad.
Con apenas cuatro elementos cubriendo los turnos matutino y vespertino, y tres en el turno nocturno (considerando guardias A y B). En total, 15 elementos remunerados.
Cada guardia se paga en 320 pesos. Eso significa que un elemento logra juntar entre 1,800 y 2,000 pesos quincenales… con descuento de ISR incluido.
Y todavía tienen que gastar entre 100 y 180 pesos por guardia en comida y lo básico para mantenerse durante el servicio.
Es decir, trabajan… perdiendo dinero.
Además, pagan su uniforme, su equipo, su seguro de vida y los insumos con los que atienden emergencias.
Por eso, cuando llegan a hospitales con pacientes y piden de manera respetuosa si pueden recuperar material básico que utilizaron, no es abuso. Es porque ese material lo compraron ellos. Sí ellos.
No están pidiendo de más. Están tratando de tener material básico que compran con mucho esfuerzo de sus bolsillos para poder atender la siguiente emergencia.
Y aun así, hubo reclamos. En una clínica, presuntamente vinculada a familiares de la delegada María Antonieta, se inconformaron por esta solicitud. La respuesta de ella, fue enviar a Germán a confrontar al personal.
Él llegó (según relatan) en tono déspota, a reclamarles. Fue entonces cuando el personal lo llevó directamente a ver la realidad, misma que ya sabía: ambulancias sin oxígeno portátil, solo un tanque tipo D que ya no funciona, válvulas de presión que generan ruido y representan riesgo de estallar en cualquier momento, tuberías inservibles y unidades que, aunque operan, no cumplen con condiciones mínimas.
Y aun así, la respuesta fue que no había reportes, porque Moisés Santiago no había informado nada. Es decir, para ellos que viven otra realidad en papel todo funciona… aunque en la calle no.
Esto explica otra de las decisiones más delicadas: ante la falta de equipo, se ha indicado limitar la atención en ciertos casos, como pacientes con baja saturación o posibles cuadros respiratorios graves. O accidentes complicados.
No porque no quieran atender los voluntarios. Porque no tienen con qué hacerlo sin arriesgar la vida propia y la de los pacientes.
Y mientras eso ocurre, la Delegada María Antonieta insiste en decisiones que no ayudan. Como presionar al personal de radiocomunicación y despacho de unidades para trasladarse a operar al Ci5 estatal. Ellos han explicado que esto implica riesgos en contextos de manifestaciones, rompe la dinámica de atención actual y afecta la operatividad. Aun así, la instrucción ha sido insistente.
La respuesta del personal fue clara: no aceptan. No por rebeldía, más bien por responsabilidad.
Y mientras tanto, las soluciones llegan en forma de simulación. Después de múltiples quejas y exposiciones en redes sociales, la delegada informó que consiguió 50 uniformes. ¡Cincuenta! De los cuales 25 serían para Oaxaca capital y 25 para todas las delegaciones del estado.
Una cifra que, después de más de cuatro años al frente, resulta una burla. Sobre todo, cuando un uniforme no dura ni un año sin remiendos.
Por eso el personal los compra. Y los repara como puede.
Y mientras tanto, las instalaciones siguen deteriorándose: un solo quirófano que en temporada de lluvias presenta retorno de aguas negras por falta de mantenimiento al drenaje. El equipo de anestesia es obsoleto, las camillas que tienen más de 25 años de uso representan un riesgo adicional en caso de una emergencia mayor.
Y aun así… con todas esas carencias, con los malos tratos, represalias, ellas y ellos salen, por su vocación real de servicio. Atienden, responden, llegan.
Porque hoy nos queda claro que la Cruz Roja Oaxaca sigue funcionando… pero no por su estructura. Funciona por su gente. Por voluntarios y rescatistas que, con todo en contra, siguen haciendo lo que pueden para salvar vidas.
Y eso, estimados ciberlectores, es lo que más debería indignarnos. Porque si la Cruz Roja está para pedir donativos a la ciudadanía, también debería estar para rendir cuentas.
Porque ya hubo una visita de Cruz Roja Nacional en marzo de 2025. Pero en lugar de una revisión de fondo, lo que relatan es que lo pasearon por la ciudad, lo atendieron para distraerlo… y se fue sin ver lo que realmente ocurre. Sí, pura simulación.
Por eso la pregunta ya no es incómoda. Es urgente:
¿Dónde está la Cruz Roja Nacional?
Porque cuando quienes salvan vidas trabajan así… la emergencia ya no está en la calle. Está dentro de la institución.
Estaremos atentos y le seguiremos dando seguimiento…

Nuestro reportero Sabueso nos informa que hay informes que no se leen en voz alta porque incomodan. Y uno de esos es la Auditoría de Cumplimiento número 2024-1-12SSA-19-1456-2025 (auditoría 1456) de la Auditoría Superior de la Federación, que revisa cómo se manejó el dinero federal en los Servicios de Salud de Oaxaca, que comanda Efrén Emmanuel Jarquín González. No es cualquier cosa: la ASF auditó $6,093,633,100 pesos (seis mil noventa y tres millones seiscientos treinta y tres mil cien pesos) de un total de $7,148,088,000 pesos (siete mil ciento cuarenta y ocho millones ochenta y ocho mil pesos). Es decir, prácticamente todo el dinero que sostiene el sistema de salud estatal.

Para entender el tamaño del problema, primero hay que entender de dónde viene ese dinero. El FASSA es el fondo federal que paga lo básico: médicos, enfermeras, hospitales, operación diaria. El U013 es el programa que se usa para atender a personas sin seguridad social, ahora bajo el esquema IMSS-Bienestar. Y el E001 es el que debería servir para prevenir enfermedades, detectar a tiempo y evitar que la gente llegue grave a los hospitales. Esos tres son el corazón del dinero en salud.
Y con eso claro, ahora sí, nuestro reportero Sabueso pone el dedo donde duele.
Porque mientras públicamente se ha querido instalar la narrativa de que aquí no se regresó dinero, la Auditoría dice otra cosa. Del FASSA se devolvieron $785,900 pesos (setecientos ochenta y cinco mil novecientos pesos); del U013 se regresaron $1,080,600 pesos (un millón ochenta mil seiscientos pesos) más $539,500 pesos (quinientos treinta y nueve mil quinientos pesos); y del E001, $230,000 pesos (doscientos treinta mil pesos). Sumando todo, estamos hablando de $2,636,000 pesos (dos millones seiscientos treinta y seis mil pesos) que simplemente no se usaron.
Pero la historia no termina en lo devuelto. Porque la ASF también reporta $2,634,700 pesos (dos millones seiscientos treinta y cuatro mil setecientos pesos) recuperados, más $54,443 pesos (cincuenta y cuatro mil cuatrocientos cuarenta y tres pesos) de cargas financieras, y deja todavía $4,428,700 pesos (cuatro millones cuatrocientos veintiocho mil setecientos pesos) pendientes de aclaración. En total, el monto entre dinero regresado, recuperado y no explicado ronda los $7,119,843 pesos (siete millones ciento diecinueve mil ochocientos cuarenta y tres pesos).
Y aquí es donde la cosa deja de ser técnica y se vuelve política. Porque una cosa es que falte dinero… y otra muy distinta es que sobre y se regrese en un sistema que todos los días dice que no tiene. Eso, aquí y en China, no es ahorro, es desorden.
Ahora bien, si el dinero no se ejerció bien, el siguiente paso lógico es revisar cómo se manejó. Y ahí es donde la Auditoría encuentra uno de los puntos más delicados: los Servicios de Salud de Oaxaca no operaron únicamente con las cuentas oficiales, sino QUE UTILIZARON 14 CUENTAS BANCARIAS ADICIONALES, donde mezclaron recursos del FASSA, del U013 y de otras fuentes y, dentro de ellas, dos incluyeron también recursos del U013, mezclando pagos de servicios personales, gastos de operación, impuestos y aportaciones de seguridad social con otras fuentes de financiamiento. O sea, hicieron una licuadora financiera.
¿Y qué pasa cuando haces eso? Que pierdes claridad. Que no sabes con certeza qué dinero es de qué fondo. Y que, como lo dice la propia ASF, se vuelve imposible verificar si los saldos realmente corresponden a los recursos auditados.
El problema no es solo que se moviera el dinero… es que ni la Auditoría pudo seguirle bien la pista al dinero.
Y para rematar, esas mismas cuentas generaron rendimientos financieros importantes: más de $15,564,700 pesos (quince millones quinientos sesenta y cuatro mil setecientos pesos) en el FASSA y cerca de $3,447,000 pesos (tres millones cuatrocientos cuarenta y siete mil pesos) en el U013. Es decir, había dinero generando intereses en el banco… mientras el sistema de salud sigue argumentando falta de recursos para operar.
Luego viene otro punto que Sabueso no deja pasar: el convenio con IMSS-Bienestar. Oaxaca tenía que transferir recursos al FONSABI, que es el fondo nacional que garantiza la atención médica gratuita para personas sin seguridad social. Pero la Auditoría señala que esa transferencia no se acreditó correctamente. Es decir, hay dinero cuya ruta no quedó plenamente documentada.
Y en auditoría, cuando no puedes demostrar a dónde se fue el dinero, el problema ya no es administrativo… es serio.

A partir de ahí, el informe entra a otro terreno igual de delicado: los pagos indebidos. Se detectaron casos donde se pagó a personal que no cumplía con los requisitos académicos o de experiencia laboral, lo que obligó a reintegrar a la TESOFE más de $1,296.415 pesos (un millón doscientos noventa y seis mil cuatrocientos quince pesos). No es una cifra menor, porque revela que los controles internos no están funcionando como deberían.
Pero lo que termina de prender las alertas es otro dato: se identificaron pagos cancelados por más de $14,196,600 pesos (catorce millones ciento noventa y seis mil seiscientos pesos) sin evidencia clara de su registro contable. Es decir, dinero que se movió, que se canceló… pero que no quedó debidamente documentado. Y cuando eso pasa en finanzas públicas, ya no es un detalle. Es un riesgo.
Y justo cuando uno pensaría que ya no puede ponerse peor, aparece el contrato que resume todo el problema: el de $16,240,000 pesos (dieciséis millones doscientos cuarenta mil pesos) para dispersión de pagos mediante monederos electrónicos. El contrato 137/2024, para el “servicio de dispersión para el pago de medidas de fin de año y otras prestaciones”.
Aquí la ASF encontró un cochinero en varias capas.
Primero, el proveedor adjudicado no acreditaba en su constancia fiscal ni en su objeto social una relación clara con el servicio contratado. O sea, le dieron un contrato especializado a una empresa cuya actividad económica registrada iba por otros rumbos.
Segundo, un mismo representante legal firmó por dos proveedores, sin que los Servicios de Salud presentaran la propuesta conjunta de ambos ni el poder legal del representante común.
Tercero, el contrato no precisó bien qué le tocaba hacer a cada proveedor. Y cuarto, ni siquiera se contó con el documento del SAT que autorizara al proveedor 1 para emitir monederos electrónicos, ni se acreditó la póliza de garantía de cumplimiento.
Pero la cereza del pastel fue el proveedor 2: el representante legal de la empresa Intec Medios de Pago, Sociedad Anónima de Capital Variable, que ya estaba inhabilitado por el Instituto Nacional Electoral por un año y cuatro meses para participar en procedimientos de contratación y celebrar contratos en materia de adquisiciones, arrendamientos y servicios (o sea, el INE hace eso cuando un juez suspende sus derechos). Y por si eso no bastara, durante 2024 el SAT no le renovó la autorización para emitir monederos electrónicos de vales de despensa.

Aun así, terminó en el contrato. Así, sin vergüenza y con firma. Por eso la ASF promovió una Promoción de Responsabilidad Administrativa Sancionatoria. Y con toda razón.
Además, en ese mismo contrato la Auditoría señaló algo que debería encender alarmas en cualquier escritorio serio: no se proporcionó la documentación que permitiera verificar si debieron aplicarse penas convencionales, ni si los servicios realmente correspondieron con las facturas pagadas y con las especificaciones técnicas pactadas. O sea: contrataron mal, con proveedores mal parados, y ni siquiera dejaron bien amarrado cómo demostrar que el servicio sí se prestó como debía. Hágame usted el rechingado favor.
Y aquí es donde todo empieza a conectar.
Porque mientras en los papeles aparecen estos desajustes, en la realidad el sistema de salud sigue con carencias. Y eso lleva a otro detalle que parece menor, pero no lo es: el programa U013 exige que al menos el 20% del recurso se destine a prevención. Oaxaca reportó 19.8%. Es apenas una diferencia, pero en auditoría eso es incumplimiento. Y en la práctica significa que se sigue invirtiendo menos en prevenir enfermedades… y más en atenderlas cuando ya es más caro y más complicado.

Y en medio de todo este escenario aparece un nombre que no pasa desapercibido, Octavio Torres Castillo, quien todavía firmaba documentos oficiales a inicios de enero de 2026 y poco después salió, o lo hicieron salir, bajo la versión de una “renuncia” filtrada, sin explicación pública convincente.
Estimado ciberlector, no queremos ser mal pensados, pero las fechas se llevan demasiado bien con el calendario de las observaciones para que nadie levante la ceja.

Y mientras tanto, Octavio no desapareció del mapa primaveral. Se le ha visto operando, comiendo en las mesas de los rincones para que nadie vea que se reúne con Donato Vargas, Coordinador de Delegados por la paz, y con Diego Humberto Ramos Robles, mejor conocido como “el vochito”, titular del organismo operador encargado de la gestión y manejo integral de los residuos sólidos urbanos y de manejo especial en Oaxaca, el llamado CIRRSU.
Así que la pregunta política ya no es si salió de Salud, sino si de verdad salió del tablero. Porque en Oaxaca, ya se sabe, a varios no los corren: nada más los mueven de mesa.
Lo cierto es que este informe no es menor. Es una advertencia seria.
La pregunta, entonces, es bastante sencilla:
¿Quién va a informar con claridad qué pasó, quién autorizó qué, por qué se devolvió dinero en un sistema colapsado y quién va a asumir responsabilidades?
Porque en salud, cada peso mal manejado no es solo un número mal acomodado en Excel. Es una medicina que no llegó, una consulta que no se dio, un equipo que no se compró y una atención que se retrasó. Y eso, estimados ciberlectores, ya no cabe debajo de ninguna alfombra primaveral.
Al tiempo…
Nuestro reportero de la cuchara y el pico nos cuenta que del ex titular del IOCIED, Alejandro López Jarquín, siguen saliendo historias como si alguien hubiera destapado la coladera… y no precisamente una de aguas limpias.
Porque, estimado ciberlector, si usted pensaba que el asunto se quedaba nomás en los moches, las comisiones y en dejar colgados a constructores con obras para escuelas, agárrese, porque el costal todavía trae más mugre.
Como ya se contó en la edición pasada, a Alejandro le atribuyen un modo de operar bastante mañoso: primero enganchaba. Ofrecía negocio, hablaba bonito, ponía sobre la mesa cuánto iba a tocarle a cada quien y, según relatan afectados, cumplía puntualmente las primeras vueltas.
Es decir, daba la impresión de que era hombre de palabra. Y ahí estaba el truco. Porque una vez que el constructor o proveedor bajaba la guardia y pensaba “ah, bueno, este sí cumple”, venía el segundo acto del circo: otra obra, otro acuerdo, otra repartición… y luego la ya clásica petición de dinero “prestado”, de apoyo para mover gente, de ayuda para sacar pendientes, de cooperación para causas que siempre parecían urgentes y casualmente ajenas al interés público.
Dicho de otro modo: primero sembraba confianza, luego cosechaba la lana. Así, presuntamente, varios terminaron atorados, cansados, pateando puertas y cobrando en abonos de paciencia lo que nunca volvió. Y mientras ellos se quedaban chiflando en la loma, en la oficina del entonces titular y su pequeño club de privilegiados no parecía faltar el buen vivir.
Porque a nuestro reportero le llegó al buzón otra postal del estilo de vida de ciertos funcionarios protegidos por Alejandro López Jarquín. Cuentan que se daban el lujo de comprar todo una fila de asientos en el cine, porque no querían sentarse junto a los que despectivamente llamaban “mugrosos”. Hágame usted el rechingado favor. Con esa finura de tianguis fifí, con esa delicadeza de metate mal pulido y ese tallado a machete, resulta que los exquisitos eran ellos. ¡No bueno!, el mundo al revés?
Ya entrados en gastos, también se habla de ramos de flores tipo buchones enviados con cargo al erario sentimental a sus respectivas malinches, pedidos constantes en aplicaciones de comida como si el presupuesto público fuera menú abierto, y viajes a distintas partes del país con paquete todo incluido que, según aseguran las lenguas viperinas, no salían precisamente de la bolsa de los susodichos.
Y aquí es donde el asunto deja de ser anécdota de oficina con ínfulas de grandeza y empieza a oler a algo más serio. Porque no sólo estamos hablando de presuntos excesos, desplantes ridículos y vida cómoda con dinero ajeno; también estamos hablando de señalamientos sobre obras presuntamente infladas, cobro de comisiones indebidas y un esquema que, si se investiga de verdad, podría explicar por qué tantos quedaron con la mano estirada y otros con la cartera bien rellenita.
Por eso bien haría la hoy llamada Secretaría de Honestidad (que luego parece más de la deshonestidad cuando se hace la que no ve) en revisar con lupa lo que pasó en el IOCIED durante el paso de Alejandro López Jarquín. Porque si las denuncias que corren de boca en boca y de chat en chat tienen sustento documental, entonces no estamos ante simples rumores de pasillo ni ante berrinches de proveedores ardidos. Estaríamos frente a un patrón que mezcla poder, negocio, favoritismo y probable abuso de la función pública con una soltura que ya quisiera cualquier tahúr de feria.

Y por si faltara algo para completar la estampita del reciclaje político, nos cuentan que parte de ese personal consentido, para que no se quedara sin su bequita ni sin seguir colgados de la chiche gubernamental, hoy habría encontrado acomodo en la Coreturo, cobijado por el hermano, Carlos López Jarquín.
Estimado ciberlector, en Oaxaca, ya se sabe, hay funcionarios que no caen: rebotan. Los corren de una ventanilla y aparecen en otra. Se les acaba el negocio en una dependencia y ya están calentando silla en la siguiente. El talento para vivir del presupuesto, ese sí lo traen bien desarrollado.
Lo más grave de todo es que, mientras el jefe hacía negocios, cobraba favores, otros daban trato de realeza barata y jugaban al conquistador con flores, comida y viáticos, las escuelas y las obras públicas eran lo de menos. Y eso debería encender focos rojos. Porque el IOCIED fue creada para atender infraestructura educativa, pero desde la administración anterior a cargo de Chiporra, se convirtió presuntamente, en caja chica de ambiciones personales, y eso quiere decir que el daño no sólo es administrativo: también es moral y político.

Así que a estas alturas la pregunta ya no es si Alejandro López Jarquín era o no un “lobo con piel de oveja”. La pregunta es cuánto más falta por salir, cuántos se animarán a hablar, y si de verdad alguien en el gobierno tendrá las ganas y los tamaños de rascarle hasta el fondo a este lodazal.
Porque una cosa es posar de “santo”, darse golpes de pecho y hablar de valores. Y otra muy distinta es cargar con un rosario en la mano mientras en la otra se pasan la charola.
En la biblia del IOCIED dicen que vienen cosas peores… porque vamos a conocer quien regalaba las camionetas de lujo, y los viajes…
Ay nanita chula…
A quien también ya le calentaron la cabecita con la idea de que puede llegar a ser algo “grande” en el próximo piñatazo electoral es a Mari-chucky… ¡ups! Perdón, a María de Jesús Melgar Vásquez, actual Coordinadora Estatal de las Becas Benito Juárez.
Y es que, cuentan en corto, la funcionaria anda en modo insoportable, repitiéndole a todo el que la quiera escuchar que trae todo el padrinazgo de la Sección 22. Sí, de la única… porque según ellos, no hay dos.
¿Qué tal?
¿Le creeremos?
Porque si algo es cierto, estimados ciberlectores, es que la Sección XXII sigue siendo uno de los poderes fácticos más influyentes en el estado… y también uno de los que históricamente ha sabido asegurar espacios en las listas plurinominales.

La duda que empieza a rondar es otra:
¿Ya le habrán adelantado alguna posición a la maestra y ex diputada local?
Pronto lo sabremos… porque en política, cuando alguien empieza a sentirse candidato, normalmente es porque algo ya le dijeron.
Nuestra reportera Police Woman nos cuenta que en la PABIC alguien no durmió tranquilo después del pasado 8 de marzo. Y no fue por carga de trabajo ni por vocación de servicio, sino porque el golpe mediático cayó donde más duele: en lo que se guardaba… y no se entregaba.
Porque, estimados ciberlectores, apenas nueve días después de que en esta columna se ventilara que los regalos donados llevaban dos años desaparecidos en el limbo administrativo, la Policía Auxiliar, Bancaria, Industrial y Comercial (PABIC) salió, ahora sí muy aplicada, a organizar la rifa por su 52 aniversario.
Así, de la nada, sin previo aviso, sin explicación. Como cuando el alumno que nunca entrega tarea de repente llega con todo… porque ya lo evidenciaron.
Y mire usted qué coincidencia: lo que no apareció en dos años, apareció en nueve días. ¡ilumínalos Diosito chulo!
Según el en vivo, se rifaron 506 regalos. Pero la plantilla real ronda los 3,100 elementos, más otros 500 adicionales por contratos recientes.
Es decir, ni para todos, ni parejo… pero eso sí, muy bien grabado para redes. Y ahí fue donde se les salió de control el guion.
Porque mientras ellos transmitían “transparencia”, los comentarios empezaron a exhibir la otra realidad: que ojalá no cambiaran los premios en el cuartel, que a ver si ahora sí respetaban lo ganado, que los nombres ya parecían previamente acomodados, y que mínimo no hicieran el clásico “dedazo rifado”.
En pocas palabras, la tropa no se la creyó.
Y es que cuando la desconfianza se escribe en vivo, ya no hay discurso que la tape. Pero espérese, porque lo bueno viene después.
De los seis refrigeradores, solo entregaron dos. Los otros cuatro… simplemente no existen en la escena. Desaparecieron, se esfumaron, se “administraron”, dirían algunos.
Y mientras tanto, dicen en los pasillos de la PABIC que los premios grandes terminaron en manos cercanas a la dirección. O sea, la rifa sí… pero con dirección.
Pero si eso ya huele raro, lo de los uniformes ya es descaro institucional. Por segundo año consecutivo, entregaron solo un uniforme cuando antes daban dos. Y además incompleto: un pantalón, una camisola, una playera, botas… Pero sin chamarra, sin impermeable y sin vergüenza.
Y mientras tanto, los elementos trabajando en gasolineras, en calle, bajo lluvia o sol… como Dios les da a entender.
Estimado ciberlector, pero vámonos a lo que ya es tragicomedia: las patrullas. Porque aquí aplica la vieja regla del poder: lo nuevo se queda arriba… y lo usado se reparte abajo. Y es que dicen que las patrullas nuevas se las quedan los jefes. Las que ellos dejan, ya trabajadas, se las pasan a los encargados de sector.
¿Y las que hoy circulan?
Ya están dando lo último. Literal, sobreviviendo.
Y ni hablar de las motopatrullas: remendadas, parchadas y estiradas… mientras las nuevas siguen siendo promesa de escritorio.
Pero regresemos al acto de magia institucional: la rifa. Porque sí, hay que decirlo sin mezquindad: bien por haberla hecho.
Pero también hay que decir lo que sigue, sin anestesia: los cuatro refrigeradores que faltan no se pueden esconder debajo de la alfombra.
Y aquí es donde la cosa se pone seria, porque tanto nuestra reportera Police Woman como varios elementos tienen perfectamente documentado el tema.
No es rumor, no es grilla, no es invento. Es evidencia.
Así que la exigencia ya cambió de nivel: no basta con rifar lo que sí apareció… ahora toca responder por lo que no aparece.
Porque si ya hicieron el show, lo mínimo es que entreguen completo el paquete y no anden recortando premios después.
Y ojo, porque la tropa ya no está para cuentos. Ya lo dijeron en los comentarios: si hubo mano negra en la rifa, mínimo que no haya mano larga en la entrega.
Por lo pronto, estimados ciberlectores, este tema apenas comienza.
Y aquí vamos a estar, con lupa, porque en el jardín primaveral… los regalos no solo se rifan… también se desaparecen.

El color del 21 de marzo en Guelatao
Esta fecha parece haber quedado institucionalizada como el día estatal del godín-burócrata acarreado. Porque gobiernos van y gobiernos vienen, pero en todos la mecánica es la misma: son siempre los trabajadores al servicio del Estado quienes tienen que acudir a pasar lista y aplaudir a los patrones en turno.
Entre tortas, frutsis y manzanas, los godínez trataban de alimentarse para mantenerse heroicamente de pie y aguantar la desvelada o la desmañanada, ya que fueron citados desde muy temprana hora para honrar la memoria del Benemérito de las Américas.
Quienes llegaron muy bien arregladitos —y pasados de maquillaje— fueron funcionarios, diputados locales, dirigentes de partidos políticos, senadores y varios de ellos acompañados de su media naranja, para que el pueblo viera que el amor sí existe. Jejeje.
No faltaron quienes arribaron en machuchonas camionetas, ataviadas con costosos trajes regionales que dejan muy lejos aquella máxima del Patricio de Guelatao: “Todo funcionario público debe vivir en la justa y honrosa medianía”.
Una auténtica pasarela en la que no podían faltar las godínez VIP, esas que han hecho del PET casi un templo en sus diminutos cuerpecillos.
Fiel a la tradición priista impuesta por el tricolor, algunos funcionarios primaverales decidieron acompañarse de música de viento y meterle tambora a un acto solemne.
Tantito respeto, señores.
En el show del medio tiempo, los profes, como cada año, también se hicieron presentes y al grito de “¡Si Juárez viviera, con la Sección 22 estuviera!”, marcaron su territorio.
Tampoco faltaron los vendedores de algodones de azúcar, manzanas con chamoy, paletas de hielo, artesanías, empanadas y hasta capibaras. Solo faltaron los payasos… aunque varios ya andaban sin maquillaje.
El aplausómetro no alcanzó los niveles esperados por parte de las estructuras gubernamentales.
Quienes andaban como chivo en cristalería fueron varios funcionarios recién nombrados en la “Primavera”, todavía sin encontrar su lugar ni su ritmo.
Y claro, las aspirinas a corcholatas rumbo al 2027 también se dejaron ver, porque ya se sabe: quien no se mueve… no sale en la foto.
Juárez hoy, Juárez siempre… aunque algunos solo lo recuerden en discurso.
La lucha por el reciclaje continúa entre los partidos políticos locales… y ya sólo les falta salir a las calles a buscar colchones, refrigeradores, microondas o fierro viejo que vender. Porque en Oaxaca, cuando escasean los cuadros propios, más de uno opta por abrir la bodega de los saldos políticos y sacar lo que otros partidos ya usaron, desgastaron y devolvieron.
En esa lógica anda Movimiento Ciudadano, que a estas alturas no parece estar construyendo una alternativa fresca ni formando nuevos perfiles, sino más bien recogiendo lo que va quedando en la banqueta del sistema partidista. Desesperados por la falta de cuadros, le siguen abriendo la puerta a politicuches que ya quedaron mal en el pasado, pero que ahora quieren volver a vender como si fueran novedad. Y no sólo eso: a toda costa buscan decirle a la muchachada que esos personajes son poco menos que ángeles traídos expresamente del cielo… con todo y alas. Hágame usted el favor.
De pena ajena, por ejemplo, la incorporación a MC de la ex presidenta de San Juan Bautista Cuicatlán, toda una “politicuchaza” que ha sabido brincar con singular habilidad de sigla en sigla. Su paso por el PRD, PRI, Verde, Nueva Alianza y ahora su nueva pintada de naranja no habla precisamente de convicciones, sino de esa vieja maña oaxaqueña de militar donde haya espacio, reflectores o posibilidad de seguir viviendo del presupuesto. No es evolución política, es turismo partidista.

Y ahí está justamente el problema de fondo para Movimiento Ciudadano en Oaxaca. Mientras a nivel nacional intentan venderse como una opción distinta, moderna y hasta juvenil, en lo local terminan cayendo en las mismas prácticas de siempre: reciclar perfiles quemados y tratar de envolverlos en papel naranja para ver si alguien los confunde con algo nuevo. Pero la memoria política en Oaxaca no es tan corta como quisieran. La gente sabe quién es quién, dónde estuvo, con quién operó y cuántas veces se cambió de camiseta.
Por eso, en el distrito de Teotitlán, con Maricel Mariscal, MC parece tener más bien garantizada la derrota. Porque una cosa es sumar nombres a una lista y otra muy distinta es sumar credibilidad en las urnas. Y cuando el partido apuesta por figuras que ya vienen arrastrando desgaste, descrédito o simple oportunismo, lo que construye no es una ola naranja: es una crónica anunciada de fracaso.

Y por si algo faltaba en este reciclaje político, en Huajuapan otra prófuga de la aldea pitufina también ya hizo maletas rumbo a Movimiento Ciudadano: Alejandra Legaria. Mientras tanto, en el PAN cada día se quedan más solos, viendo cómo se les desmorona lo poco que quedaba de estructura y discurso. Porque si Manuel Gómez Morín o el Maquío levantaran la cabeza, no alcanzarían las palabras para describir el nivel de traición y desdibujamiento ideológico de quienes hoy dicen representarlos. Judas se queda corto.
Lo más curioso es que la dirigencia estatal, encabezada por “Chayito”, ni siquiera ha acusado recibo. No hay posicionamientos, no hay despedidas, no hay dignidad política. Ni un comunicado para decirles “que les vaya bien” a sus pitufines y que encuentren el amor en otros brazos. Nada. Silencio absoluto… como si aquí no hubiera pasado nada. Jejeje.
Cosas peores se verán. Se reciben apuestas.
AVISO: Se recibe escombro político en las oficinas de Movimiento Ciudadano.


Nos dice nuestro reportero en la Mixteca, Flechador del Sol, que en el Ayuntamiento de Huajuapan hay funcionarios perdiendo el sueño. Y no es por vocación de servicio ni por exceso de trabajo. Es por algo mucho más inquietante: los inventarios han empezado a hablar. Y cuando los inventarios hablan, las carreras políticas empiezan a tartamudear.
En el mes de noviembre del año pasado, nuestro reportero nos dio a conocer que Anabel Vivar Ojeda, la excoordinadora de Alumbrado Público, vendía material reciclado al proveedor Israel Bazán, dueño de la empresa Kenimar, y éste, a su vez se lo revendía al gobierno municipal de Huajuapan.
El tema hoy no es muy diferente. Es lo que recorre por los pasillos del Palacio Municipal como un escalofrío. Tiene que ver con el alumbrado público. Un asunto que parecía de simple rutina administrativa —compra de lámparas, faroles, cableado y material para la Feria y las Fiestas Patrias— hasta que alguien decidió revisar los expedientes.
Ahí brotó el problema. Según la información, el papeleo revela un detalle incómodo: el material oficialmente pagado no aparece por ningún lado.
Así de simple. Lámparas que se facturaron, pero no están. Faroles que se cobraron, pero nadie encuentra. Cableado supuestamente instalado en diversas colonias, pero que en el campo de los hechos es un fantasma.
Como era de esperarse, el nerviosismo ya tiene nombres y apellidos. Por un lado, la funcionaria conocida como “la maestra” lleva días sudando frío, intentando cuadrar lo incuadrable y reconstruyendo a toda prisa trámites que ya no soportan una suma básica.

En cuanto a las auditorías a las administraciones de Chupón, todos sabemos que fueron solo un maquillaje. Algunas parecieron mostrar que algo se estaba haciendo, pero en realidad, todo estaba lleno de irregularidades. Trámites sin comprobación, sin firmas, sin contratos. Y, como siempre, los responsables, Musio y Lauro, autorizaron pagos sin justificación alguna, mientras los ciudadanos siguen esperando que se resuelvan los problemas básicos, como el alumbrado público. La última auditoría reveló más de 200 expedientes irregulares. Áreas como Alumbrado Público y Obras Municipales destacaron por su falta de transparencia. Pero, como siempre, las consecuencias fueron nulas. El circo sigue en pie.
Por este motivo, aparece Mucio, particularmente inquieto porque varios de los procedimientos cuestionados llevan su autorización. Y es una regla básica de la administración pública: cuando el material desaparece, las firmas en los documentos se convierten en una soga.
Por otro lado, dentro del terror contable se suma el ingrediente clásico de la política municipal: el parentesco. En el área de Adquisiciones, el control ahora está en manos de Amairani Cabrera, hermana de Fito Cabrera. Un movimiento que dentro del propio Ayuntamiento describen con ironía pura: “no cambió el negocio, solo cambió de escritorio”. El flujo de las compras sigue orbitando en el mismo sistema solar familiar.
Pero el capítulo no termina en el papeleo mal hecho. También circula la versión de un presunto robo de lámparas y cableado en obras recientes, con mención especial al puente de los Chirundos, en San José. Lo interesante es que, en la política local, hay robos y hay autorrobos administrativos. Explicar la diferencia en una auditoría suele ser un reto insalvable.
Por si fuera poco, el cortocircuito del alumbrado empieza a alcanzar a otras áreas. Las inconsistencias salpican a Servicios Municipales, al SITRESUGAH, a los opacos contratos de renta de maquinaria, y a las nóminas infladas con “aviadores” que cobran puntualmente con recibo oficial sin que nadie sepa dónde trabajan.
Y mientras los expedientes arden en las oficinas, la pregunta central sigue flotando en el Palacio Municipal: ¿por qué el presidente municipal no ha presentado un informe detallado y público sobre los costos reales del reloj monumental, el obelisco, el puente de los Chirundos y los robos de material eléctrico?
Cuando la transparencia falla, el rumor ilumina lo que el gobierno dejó en penumbras. En Huajuapan, nos dice el Flechador del Sol, el problema del alumbrado dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una crisis política. Porque cuando las lámparas desaparecen, lo
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:
En política, lo único que vale es la percepción. No gana el que más hace. Gana el que más se nota que hace.
















