Lavadero Político 22/02/26

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Como usted bien sabe, estimado ciberlector, el pasado 18 de febrero el gobernador Salomón Jara Cruz soltó por fin los cambios en el gabinete legal y ampliado: 12 movimientos de una sentada, con la promesa de que vendrán más porque, según dijo, la cirugía completa sería de 22, es decir, todavía quedan 10 por caer.

Estimado ciberlector, esos 12 cambios en el papel suenan a manotazo de autoridad. En la calle, la lectura fue más fría: sí, hubo relevos, sí se movieron sillas… pero el pueblito noble y sabio no está pidiendo “pase de lista”, está pidiendo que se vaya la podredumbre del jardín primaveral. Y ahí es donde el anuncio se queda corto, porque una cosa es cambiar nombres y otra es desactivar las mañas que traen pegadas varias secretarías, coordinaciones y direcciones como chicle en suela.

Para que no haya duda, sí tocaron dos áreas pesadas. En Infraestructuras y Comunicaciones salió Carlos Vichido Hernández (sobrino político) y entró Sildia Mecott Gómez. En Seguridad Pública y Protección Ciudadana se fue el capitán Iván García Álvarez y llegó el vicealmirante Félix Quirós Javier. En Educación salió Delfina Guzmán Díaz y entró Fernanda Chávez Cruz; y Delfina, en vez de irse a su casa, cayó parada en el COBAO.

Y aquí es donde el Jardín Primaveral enseña el colmillo, estimado ciberlector, porque COBAO no es un “cambio” cualquiera: es un avispero con historia. Ese colegio fue orgullo por nivel académico, por competencias, por resultados… hasta que lo agarraron de caja chica. El “negocio” es viejo: guías que deberían ser gratuitas pero se venden, uniformes, casetas, insumos, “cuotas” disfrazadas, y un largo etcétera que viene arrastrándose desde tiempos priistas, pasando por administraciones conservadoras, hasta llegar a la Primavera. Y lo peor: el gobernador ordenó desde casi el arranque que ese abuso se corrigiera, y nomás no han podido o no han querido. Entonces la pregunta no es si Delfina “llega”; la pregunta es si llega a limpiar o llega a administrar el mismo mercado, pero con nueva firma.

Ahora, el otro lado del anuncio fue el que no se dijo con todas sus letras, pero retumbó en pasillos: un día antes del sacudón, se documentaron renuncias internas en Morena, incluyendo la de Shabin Jara Bolaños y la de Emanuel Navarro Jara. Y junto a eso, el dato que aquí sí importa políticamente: se dieron de BAJA 14 FAMILIARES DEL GOBERNADOR que estaban incrustados en distintas dependencias. No es menor. Ese golpe, si es real y completo, era justo el tipo de señal que el pueblito noble y sabio esperaba escuchar de frente, no a medias, porque la molestia social no venía solo por “ineficiencia”: venía por la percepción de impunidad, de privilegios y de “aquí nadie se toca”.

Pero mientras el discurso habla de depuración, la realidad sigue escupiendo ejemplos de “te quito, pero te premio”. El caso más didáctico, por lo burdo, fue el de Alejandro López Jarquín: salió del IOCIED y a cambio, en el mismo gobierno quedó acomodado su hermano Carlos López Jarquín como titular de CORETURO. O sea: te cierro la puerta… y te abro la ventana, pero con apellido compartido. Y luego nos preguntamos por qué la gente siente que le están viendo la cara.

Y si hablamos de salidas con berrinche, ahí entra el profesor Enrique Feria, que se fue de Vivienda Bienestar y, según el rumor que corre con insistencia, anda pateando el pesebre: campañas negras, descalificaciones y veneno contra quienes entraron y contra el propio gobierno, como si lo hubieran corrido “injustamente”. ¿Injustamente? Cuando en los pasillos se habla de negocios, de caja dorada y de una familia completa viviendo del presupuesto: hijos colocados en dependencias, en Secretaría de Administración, y hasta en el Congreso del Estado con “becas” que se repiten como si fueran serie de Netflix. Por eso el enojo no es moral: es financiero. Les cortaron el flujo, no la vocación.

Ahora, para que esto no se vuelva porra automática, también hay que decir lo que la calle suele decir bajito pero claro: cuando hay trabajo, el ciudadano se enoja menos con los apellidos. Y lo decimos porque hay funcionarios que, aunque les quieran colgar la etiqueta de “familia” o “grupo”, si entregan resultados, si se ven cambios, si la gente percibe eficiencia, el reclamo baja. El pueblito noble y sabio no es tonto. El problema es cuando el apellido viene acompañado de ineficiencia, soberbia y negocio. Ahí sí: el apellido pesa como costal de cemento.

En ese marco entra Sergio López Sánchez en el CECYTEO, que fue uno de los nombramientos más comentados. A Sergio le tiraron en redes, como siempre, pero hay una diferencia: trae trayectoria pública y trae colmillo político-administrativo. No llega de adorno. Fue síndico municipal, diputado local en tres ocasiones, diputado federal, y también ocupó cargos en el Ejecutivo, incluida su etapa como subsecretario de Medio Ambiente. Por eso el gobernador lo está metiendo a un terreno donde se necesita mano: un subsistema con broncas internas, tensiones sindicales y señalamientos delicados que no se arreglan con discursos ni con cartulinas de “buenas intenciones”. Si llega a poner orden, cortar abusos y hacer que el colegio vuelva a funcionar con enfoque educativo, se va a notar rápido. Si no, será otro nombre en la lista… y el costo político caerá igual.

Estimado ciberlector, estos 12 cambios pueden leerse como el inicio de una limpieza… o como una sacudida para calmar el enojo. La diferencia la van a marcar los 10 movimientos que faltan. Porque si esos 10 son “cambios de encimita”, el gobierno primaveral va a seguir cargando el desgaste de secretarías señaladas por frivolidad, ambición y presuntos negocios. Pero si esos 10 sí cortan a quienes de verdad le han metido ruido, costo y desprestigio al gobernador Salomón Jara y a su administración Primaveral, entonces sí: el mensaje cambia, y el gobernador recupera terreno.

Por ahora, lo que queda claro es esto: Oaxaca ya no está para enroques elegantes ni para premios de consolación. Si el gobierno quiere que le crean, la poda tiene que ser real. Y real significa que duela… a los de arriba, no al pueblito noble y sabio.

Por cierto, estos nuevos funcionarios entran en funciones legalmente el 01 de marzo, y es que la baja de los ex titulares causa efecto hasta el 28 de febrero.

Al tiempo…

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Verdad o mentira.

¿El gobierno de la Primavera rendirá tributo a sus Mártires del 25 de enero y se ha dado a la tarea de ubicar un predio para crear una nueva colonia por los rumbos de Reyes Mantecón?

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Estimado ciberlector, en Oaxaca hay políticos que no caminan: flotan. Flotan entre maletas imaginarias, padrinazgos reciclados y selfies estratégicas. Y uno de ellos es Raúl Bolaños Cacho Cué, diputado federal del Verde, mejor conocido en los pasillos como el mayordomo, el “miau-miau” de los Murat.

Resulta y resalta que nuestra reportera totalmente Chaira nos informa que hace unos días llegó a Oaxaca Gerardo Fernández Noroña. Y cuentan las lenguas viperinas que no vino precisamente a probar nicuatole, sino a entregar una supuesta maleta cargada de miles de millones provenientes de Ricardo Monreal para el palacio estatal. Una maleta milagrosa que, según los cercanos de Raúl, le iluminó la mirada. Porque el muchacho entendió que ahí estaba su pase directo a la gubernatura de Oaxaca. ¡Háganos el rechingado favor!

Y como si le hubieran activado el modo campaña, se soltó en redes sociales a darse baños de pueblo. Que si conoce todo Oaxaca, que si ha recorrido cada rincón, que si en la Mixteca sus tacos favoritos son los de doña no sé quién, que en la Sierra otros, que en el Istmo otros más, y que en los Valles Centrales desde niño iba a comer tacos “La Sierrita”. Riquísimos, sí. Pero que alguien le avise al mayordomo de la vallistocracia que una orden ahí no está al alcance del pueblito noble y sabio que vive al día. En una sola orden tendrían que dar mordida toda la familia.

Porque una cosa es presumir antojos yupis-Fifís y otra entender la realidad de quienes no pueden darse esos lujos. Pero claro, para quien siempre ha vivido de la ubre gubernamental, el costo de un taco no es tema; pero el costo político, ese sí debería serlo, y parece que su cerebrito no lo entiende.

Y ya que presume que conoce Oaxaca porque la recorrió siendo secretario de SEDESOH en el gobierno de Alejandro Murat, habría que recordarle cómo eran esos recorridos. No precisamente en modo asceta. Más bien en modo adorador del Dios Baco. En más de una gira, cuentan, el trayecto era más importante que el destino: brindis, parranda y llegada cruda oliendo a zapote al evento oficial.

Así que no nos venga con el cuento de que conoce los tacos en todas las regiones del estado, si se la pasó con la copa en la mano durante su paso por la administración de su amo el Cachorro Murat.

Ahora, que el amor por su amo y dueño no lo puede ocultar. Mandó a publicar que dentro de la cúpula nacional, Raúl Bolaños Cacho Cué y Alejandro Murat están firmes en su proyecto político nacional y estatal. Sí, estimado ciberlector, Murat rumbo a la Presidencia de la República y él rumbo a la gubernatura de Oaxaca. Todo esto cuando la presidenta Claudia Sheinbaum apenas lleva en su mandato un año, cuatro meses y 21 días. Es evidente que la prudencia política no la tiene, pero la ambición desbordada, esa le sobra.

Pero además, presume fotografías con la presidenta y asegura que tanto ella como el expresidente Andrés Manuel López Obrador los aprecian profundamente (el chiste se cuenta solo). Aquí es conveniente decirle que le baje 9.9 rayitas al ego. Coincidir unas cuantas veces no convierte a nadie en consentido del obradorismo. Pero el muchacho se emociona fácil. ¡Tonto tu cabeza manito!

Porque, estimado ciberlector, el problema no es que aspire; el problema es que no conecta, el problema es que es arrogante, el problema es que es él siendo él. Y como necesita su dósis de “ubicatex”, hay que recordarle que en la campaña pasada, si ganó no fue por él. Ganó porque otros en el Verde sí trabajaron, sí recorrieron colonias, sí generaron simpatía. A él, en más de una colonia, lo corrían. Eso no lo decimos nosotros: lo dice el pueblito noble y sabio que lo vio pasar sin pena ni gloria.

Y como si no fuera suficiente evidencia de su desconexión, luego se aventó otra joyita. Se le ocurrió llamar a la “conciliación” entre Benjamín Robles y el gober Salomón Jara. Así, como si él fuera el poseedor de la autoridad moral, el árbitro supremo de la política oaxaqueña. ¡Por favor!

Primero, pone al mismo nivel a Salomón y a Benjamín, como si no considerara que uno es gobernador constitucional y el otro ni siquiera es dirigente estatal de su partido, sino comisionado. Segundo, llama al diálogo cuando es clarísimo que Benjamín ha sido quien más ha insultado al gobernador. Y tercero, en su “llamado a la civilidad”, se desvive en elogios para Robles, como si estuviera haciendo méritos para quedar bien con él. Bueno… ambos sirven al mismo amo, los Murat.

Eso no es altura política. Eso es frivolidad y oportunismo mal calculado. Y con esto confirmamos que al “miau-miau” de los Murat, lo tiraron de chiquito y por eso ahora está malito de su cabeza. je, je, je.

Porque cuando alguien quiere quedar bien con todos, normalmente termina quedando mal con todos. Y ese episodio no fue conciliación: fue una exhibición más de que el chamaco no termina de entender en qué tablero está jugando.

Su fama de traicionar por una beca dorada porque no sabe trabajar, tampoco ayuda. Hoy es el “miau-miau” de compañía de Ricardo Monreal, lo acompaña a dar cátedra y se sienta como alumno aplicado. No por amor al estudio, sino porque necesita padrino.

Da ternurita cómo presume en redes sociales que va de carga café y mayordomo con el doctor Ricardo Monreal. “Como todos los viernes”, dice. Como si la maestría supliera la experiencia política que se construye con calle. Y calle es lo que menos tiene.

Pero lo más jugoso viene al final. Dicen que los Murat lo están mandando como sirviente al matadero. Que lo van a exponer primero, que lo van a desgastar, y cuando ya esté chamuscado políticamente, entonces sí, meterán a Ivet Morán como candidata al gobierno.

Si eso es cierto, Raúl no es el heredero. Es el fusible.

Y mientras él se toma fotos, habla de tacos caros y presume padrinazgos nacionales, en Oaxaca la memoria no es tan corta. Aquí saben quién trabajó y quién solo posó.

Así que, estimado ciberlector, cuando vea al “miau-miau” hablar de proyecto político consolidado, recuerde algo simple: en política no basta con tener amo; hay que tener arrastre.

Y esa, créanos, no vota. ¡Ups!

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Nuestra reportera “Magistrada”, siempre bien estirada, adicta al bótox y al ácido hialurónico, nos confirma que por fin ya se fue el magistrado Luis Enrique Cordero Aguilar. Oficialmente, dicen que fue “por jubilación”. Ajá. “Jubilación”. Así, entre comillas, como cuando alguien se va antes de que le pidan la renuncia.

Y se va dejando lo que mejor supo cultivar: rezago.

Porque en la Sala Indígena esa que debía ser ejemplo de sensibilidad y justicia pronta para los pueblos originarios, Cordero (que no quita el pecado de Dios y a veces hasta lo pone) deja más de 120 expedientes rezagados. Y eso ya después de la maquilladita de último momento. Porque, según nos cuentan, antes de empacar comenzó a archivar asuntos que tenía empolvándose desde 2021. Sí, leyó bien: 2021. Expedientes que llevaban años esperando resolución, criterio, sentencia… o al menos lectura.

Que alguien le diga que archivar no es resolver. Archivar es cerrar el cajón. Y cuando se archiva tarde, la justicia no llega: se posterga. Pero claro, el “gurú” del indigenismo (así le gustaba que le dijeran) sabrá explicar cómo un rezago que llegó a superar los 300 expedientes bajo su responsabilidad se convierte, por arte de magia administrativa, en salida decorosa.

Estimado ciberlector, tener más de 300 asuntos atorados en una sala que atiende conflictos delicadísimos. Comunidades, elecciones internas, derechos colectivos. No eran trámites de papelería. Eran decisiones que impactan territorios completos. Pero mientras tanto, el maestro Cordero seguía pontificando sobre justicia intercultural. ¡No bueno!

Dicen que ahora quiere ir a vender espejitos a la Corte o alcanzar al segundo amor de su vida, “la Chivis”, a quien logró acomodar cuando el poder todavía le sonreía. Hoy, cuentan, ya ni se hablan. Ay, dolor, no me vuelvas a dar.

Y como cereza del pastel, en su despedida no quiso cooperar ni para el agua en su propia ponencia. Ni detalle, ni gesto. Nada. Codo hasta el final, pese al sueldo y al rango.

Se fue Luis Enrique Cordero Aguilar dejando una sala que ahora tendrá que empezar limpiando el rezago. No se fue un “gurú”; se fue un funcionario cuya estadística pesa más que su discurso.

Y queda flotando la pregunta inevitable: ¿quién responde por la flojera de Cordero? ¿quién responde por los años perdidos y la justicia que llegó tarde… o nunca llegó o que nunca llegará?

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¿Alguien sabe si los tinacos que anda repartiendo el gobernador Salomón Jara Cruz son de la empresa de Diego Humberto Ramos Robles, director general del Organismo Operador de Residuos Sólidos Urbanos (FORSU/SIRSU)? Es para una tarea… jejeje.

Porque, de ser así, más de uno debería empezar a rezarle al santo de su preferencia. No vaya a suceder lo mismo que en la pasada repartición, cuando los tinacos que Diego “Vochito” vendió al Gobierno del Estado resultaron más frágiles que las promesas de su jefe político, el N.D., a sus múltiples novias en conocida oficina. Apenas sintieron el inclemente sol oaxaqueño y ¡crac! Se partieron como galleta María.

Y claro, el gobernador que los entregó de buena fe y la gente que los recibió pensando que por fin tendría una solución para almacenar agua terminaron con un plástico rajado y una mentadita para el que lo vendió.

Dicen por ahí que cuando el negocio es redondo, el plástico sale ovalado. Y aquí la pregunta no es menor: ¿quién lo recomendó?, ¿quién certifica la calidad?, ¿quién autoriza la compra?, ¿quién responde cuando el producto no sirve? Porque una cosa es entregar apoyos y otra muy distinta es hacer negocio con ellos.

Estimado ciberlector, prepárese porque le vamos a dar santo y seña de este gran negocio. ¿O a poco piensa que ese cuerpecito, que ya se pasó de micronutrientes, es producto de la casualidad?

Y ojo, que no es el único episodio donde está detrás de contratos, adquisiciones y decisiones que huelen más a compadrazgo que a eficiencia. De las metidas de pata que han provocado varios problemas en el gobierno primaveral también le contaremos.

Pero tranquilos, estimado ciberlector, que esto apenas empieza. Porque cuando el plástico se derrite, también lo hace la narrativa oficial.

Seguiremos informando…

tierraciegos1En Oaxaca, los vendedores de juguitos de naranja (mejor conocidos como Movimiento Ciudadano) andan en plena campaña de reciclaje. Y si usted tiene en su casa escombro, cascajo, fierro viejo, refrigeradores descompuestos o cualquier objeto sin compostura… llame ya, llame ahora a las oficinas de la representación estatal.

Jejeje.

Porque el reciclaje político está a todo lo que da. Lo que otros partidos ya desecharon, aquí lo reciben con los brazos abiertos, le sacuden el polvo y lo presentan como “nuevo perfil ciudadano”.

Pasan los años, cambian los colores, pero los mismos personajes —que ya probaron suerte en el PRI, PAN, PRD, Verde, Morena y Nueva Alianza— hoy descubren súbitamente su vocación naranja. Y todavía hablan de congruencia.

La gente no es ingenua. A esos chapulines los ha visto brincar más que en temporada de lluvia. Hoy juran lealtad al naranja; mañana, si el viento cambia, estarán estrenando camiseta.

Poco o nada le suman al proyecto. Pero eso sí, suman experiencia en mudanzas partidistas.

Aquí lo advertimos con tiempo. Y también aquí les informaremos cuando estos reciclados políticos anden estrenando oficina en otro partido.

¿Verdad, Edy Caballero?

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El jaloneo de trenzas entre el partido en el poder y sus aliados volvió a escena. Y, como cada tres años, ante el pueblito bueno y sabio nos montan la misma obra teatral: ahora sí, dicen, van a desaparecer las plurinominales en la Cámara Alta y en la Cámara Baja.

Ajá.

El libreto es viejo, pero lo reciclan con entusiasmo. Cambian los actores, cambian los colores, pero el guion es idéntico: “vamos a acabar con los privilegios”. Y mientras lo dicen, varios ya están haciendo cuentas para ver a quién le toca la próxima curul sin hacer campaña.

Aquí les apostamos doble contra sencillo a que las pluris van a seguir vivitas y coleando. Porque cuando estaban en la oposición eran perversas; ahora que gobiernan, son estratégicas. Antes eran “becas doradas”, hoy son “equilibrio democrático”.

En el pasado neoliberal (ese que tanto critican) los priistas hasta juntaron firmas y las llevaron al INE para intentar acabar con las plurinominales… y no pudieron. Y ahora resulta que quienes se benefician de ellas sí van a renunciar voluntariamente al privilegio. Verdad, Carol Antonio, Verdad Irma Juan Carlos, Verdad Telesa (Mariana Benítez), anexos y convexos.

Por favor.

Las pluris no se tocan porque son el seguro de vida de muchos que jamás ganarían una elección de tierra, sudor y voto directo.

Así que, estimado ciberlector, mientras vea a diputados y senadores rasgarse las vestiduras en tribuna, recuerde algo muy simple: cuando el discurso suena demasiado bonito, casi siempre es porque la nómina está en juego.

Y como dice el Grupo Frontera: Tu pluri no se va… no se va.

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Estimados ciberlectores, cuando nuestras autoridades dice “estamos investigando” puede significar dos cosas: que está trabajando… o que está administrando el tiempo. Y en Oaxaca, ustedes ya saben, el tiempo también se usa como herramienta: para enfriar el coraje, para acomodar intereses, para negociar salidas y, de paso, para decidir qué verdad conviene que quede en el expediente.

Por eso durante la conferencia del gobernador Salomón Jara que se llevó acabo en San Pedro Pochutla, el Fiscal General de Oaxaca, Bernardo Rodríguez Alamilla, respondió a la pregunta de un reportero sobre los avances de la investigación del accidente del 9 de enero del Presidente Municipal de Santa María Huatulco, Julio César Cárdenas Ortega que no solo reabre un caso trágico; reabre un tablero político. La historia oficial viene en modo institucional: “se investiga quién manejaba”, “el chofer se asumió responsable”, “esperamos peritajes”. Hasta ahí, todo suena correcto. El problema es lo que esa narrativa intenta empacar en una sola bolsa: responsabilidad penal, control de daños y reacomodo de poder.

Estimado ciberlector, estará usted de acuerdo con nuestra reportera Police Woman que el punto más sensible no es técnico, es humano y político: la muerte de una joven acompañante del presidente municipal Julio Cárdenas, ocurrida semanas después del accidente.

Esa muerte exige claridad, no burocracia. Y aquí es donde el discurso se empieza a torcer: si ya hay una persona “culpable” confesa, ¿por qué el caso sigue caminando a paso de tortuga? Si la evidencia es tan sólida como se quiere insinuar, ¿qué exactamente están “peritando” todavía?

Nuestra reportera Police Woman, que no se emociona con boletines, lo plantea más simple: en tiempos de arcos de seguridad, casetas con cámaras y vigilancia de corredor, la gran duda quién iba al volante no es un misterio metafísico. Es un dato verificable. Y si existe un arco de seguridad en San Ignacio, Miahuatlán, inaugurado para vigilar el paso hacia la Costa, y si hay registros en casetas de cobro, entonces la pregunta que debería estar resuelta desde hace rato es otra: ¿por qué no se enseña la prueba contundente y se acaba el tema? ¿Para qué sirve esa infraestructura cuando el caso toca poder? O van a salir con el garlito de que no funcionan.

Estimado ciberlector, el presidente municipal de Huatulco no es una figura neutra para el gobierno del estado, Julio tomó su caminito de los negocios, eso es evidente. Es un alcalde con vínculos y preferencias que incomodan. Y ese “incomoda” no es psicológico: es económico y es territorial. Ahí está el fantasma permanente del “tío Richi”, Ricardo Salinas Pliego, y todo lo que representa en un municipio turístico donde se cruzan intereses privados, marcas, contratos, visibilidad mediática, Campo de golf, concesiones, acuerdos comerciales, el control de un destino, temas que llevan tiempo incomodando.

En ese contexto, el accidente se vuelve una palanca. Una palanca que puede funcionar para dos fines simultáneos: buscar justicia por una muerte que duele en la opinión pública y, al mismo tiempo, apretar a un presidente municipal del PVEM que no camina alineado. Porque se supone que ese partido y sus “líderes” estatales son aliados del gobierno en turno. ¿o ya se están rebelando?

El problema es que cuando se mezclan ambos objetivos, la justicia deja de ser recta: se vuelve negociable. Y ahí el caso cambia de nombre: ya no es “esclarecimiento”, es “administración del escándalo”.

Ahora, del lado del Presidente Municipal también se ve el mismo instinto: conservar la silla como si fuera salvavidas. Porque si de verdad se tratara de dignidad y de limpiar cualquier sospecha, la reacción lógica sería separarse temporalmente, abrir la puerta a la investigación, ponerse a disposición y dejar que los hechos hablen.

Pero no. Sigue ahí. Aferrado. Y ese aferramiento no es gratuito: el que se aferra es porque teme lo que se destapa cuando pierde el control del municipio. Lo que se firma, lo que se oculta, lo que se cobra, lo que se negocia… o lo que se protege.

Y aquí es donde el “chofer confeso” se vuelve sospechosamente útil. No porque sea imposible que haya manejado, sino porque es el comodín perfecto en México: el operador que paga la factura para que el patrón conserve el apellido limpio. Si el chofer se “culpó”, hay dos escenarios: o dice la verdad, o está comprando el silencio con una promesa de futuro. Y ambas rutas son graves, porque en ninguna se ve el centro moral del asunto: una vida perdida y una responsabilidad que debe ser personal, no delegable.

Si existen registros visuales, arcos de seguridad con amplio alcance y cámaras en puntos estratégicos, ¿por qué no mostrar la prueba definitiva y terminar con la especulación? ¿Para qué sirve esa infraestructura cuando el caso involucra a un presidente municipal? ¿O los arcos solo funcionan cuando el señalado no tiene cargo ni padrinos?

Por eso este caso se siente como esos expedientes donde no solo se investiga, también se calcula. Se calcula cuándo soltar información, cuándo dejar que el rumor haga su trabajo, cuándo apretar al alcalde para que se “alinee” y cuándo permitirle respirar para que siga siendo útil. Porque sí, estimados ciberlectores, el poder también usa la justicia como palanca y la tragedia como oportunidad. Es indecente, pero es real.

Dicen los que saben, que la verdad que está en disputa no es quién manejaba, sino quién se queda con Huatulco, con sus contratos, con sus alianzas y con su narrativa. La joven murió, el municipio se convulsiona, el presidente se aferra a su silla y negocios, y arriba están jugando ajedrez con piezas humanas.

La pregunta final: si la verdad está en una cámara, ¿quién está apagando el switch… y a cambio de qué?

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Estimado ciberlector, como bien sabe, el 18 de febrero hubo cambios en el gabinete y el gobernador Salomón Jara tomó protesta al nuevo secretario de Seguridad, el almirante Félix Quirós Javier. Hasta ahí todo institucional. Lo que nadie esperaba era el espectáculo de vestuario.

Porque alguien (y no precisamente un enemigo externo) decidió que era buena idea que el almirante apareciera en una extraña combinación: pantalón y botas tácticas… coronadas con una guayabera mal puesta. Ni uniforme formal reglamentario, ni atuendo civil institucional completo. Un híbrido que parecía más ocurrencia de camerino que acto protocolario.

En cualquier manual básico de ceremonial hay dos opciones claras: o uniforme completo conforme a norma naval, o traje civil acorde al cargo. Lo que no existe es el “uniforme a medias con toque tropical”. Y menos en una toma de protesta oficial.

¿Error inocente? En política, sabemos que casi nunca lo es.

En los pasillos ya circula la versión de que un diminuto personaje metió mano. Que la idea era sencilla: hacerlo ver improvisado, descolocado, vulnerable. Porque nada debilita más a un recién llegado que arrancar con una imagen que genera burla en vez de autoridad. El modus operandi ya lo sabemos, primero te hacen tropezar… luego te ofrecen el bastón. ¡Aguas Almirante!

Ya vimos esa película con el capitán Iván y aquellas “mesas de seguridad” que prometían paz y dejaron puro show y cero resultados.

P.D. A veces el fuego amigo quema más que el enemigo.

Y en seguridad, estimado ciberlector, la forma también manda. Si el inicio fue disfrazado, esperemos que la estrategia no lo esté.

Al tiempo…

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Bien dicen que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota siempre termina siendo huérfana. Y en Oaxaca ya comenzaron los deslindes preventivos.

La dirigente estatal de las panteritas rosas (FXO), Salomé Martínez, salió a curarse en salud y a marcar distancia al señalar que no todos los funcionarios públicos de la Primavera han estado a la altura de las exigencias planteadas por el propio number one. Y tiene la boca llena de razón, pero sus comentarios en política se traducen como: si algo sale mal, que no me carguen el muerto.

Pero el señalamiento tiene filo de doble cara. Porque si hablamos de nivel, tampoco las diputadas y diputado (Mónica Belén López Javier, María Eulalia Velasco Ramírez, e Isaías Carranza Secundino) que integran la fracción parlamentaria de FXO en el Circo de Jalpan han brillado precisamente por su protagonismo legislativo. Mucho aplauso, poca sustancia.

Y si vamos a otro de sus territorios (ubicado junto al Registro Civil), dicen quienes trabajan en esa Casa, que los desplantes y actitudes poco primaverales de cierta dama con el personal de base, no siempre ha sido el más institucional.

El descontento del pueblito bueno y sabio no es invento de sobremesa. Es tangible. Y hay un dato que duele más que cualquier discurso: en la casilla donde vota Salomé, no pudo ganar. Si no convences en tu propia sección, algo está fallando en el mensaje… o en el liderazgo.

Porque aquí aplica aquello de que tanto peca el que mata la vaca… como el que le detiene la pata. No basta con señalar hacia afuera cuando se forma parte del mismo engranaje.

Toing.

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Nuestro reportero Flechador del Sol nos vuelve a decir que los problemas que hoy presenta la presa de San Francisco Yosocuta pudieron evitarse desde hace al menos cuatro años, durante el anterior periodo del presidente municipal, cuando se le informó a Luis “El Chupón” Martínez sobre el avance del lirio acuático. Pero su ignorancia —que parece no tener límites— le impidió dimensionar el riesgo. No actuó. No previno. No invirtió. Y hoy ese descuido se traduce en la destrucción de la poca actividad pesquera y recreativa que aún sobrevivía en la zona.

Lo que era un orgullo regional se convirtió en una alfombra verde, densa y asfixiante, como una enfermedad avanzada que nadie quiso diagnosticar a tiempo. Lo más grave no es la plaga: es la miopía política de una administración que cree que un desastre ambiental se resuelve con escobas, sudor ajeno y fotografías para Facebook.

Ahora pretenden corregir años de abandono con tequios improvisados, como si el problema no hubiera requerido desde el inicio planeación, inversión y coordinación con la CONAGUA. Creen que con voluntarismo se remienda lo que se dejó pudrir por negligencia.

Para colmo, “Olmos, la ardilla del palacio”, que todo lo sabe y de todo opina, propuso usar el lirio acuático como abono y alimento para el ganado. Una ocurrencia sin sustento técnico. El lirio absorbe metales pesados, aguas negras, residuos químicos y bacterias. Convertirlo en forraje sin tratamiento es convertirlo en veneno verde. Es como querer alimentar pollos con papel periódico: pura ignorancia disfrazada de ingenio.

Peor aún: ahora llevan a niños a recolectar el lirio para la foto y la propaganda oficial, y después exhiben sus rostros. Sin supervisión. Sin protocolos. Sin conciencia. Esa planta alberga parásitos, hongos y bacterias. Si es peligrosa para el ganado, imagine lo que representa para un menor expuesto solo para simular trabajo gubernamental.

Existe una máquina especializada para retirar el lirio, pero permanece detenida porque el “Chupón” se niega a invertir 190 mil pesos, que es lo que cuesta una banda para ponerla en funcionamiento. Con esa cantidad se podría resolver, al menos en parte, un problema que ya afecta y seguirá afectando a miles de personas.

Mientras Yosocuta se pudre, en SAPAHUA el panorama no es mejor. Alexandro Rosales Olmos, encargado del agua potable, no ha sido auditado por casi 32 millones de pesos sin respaldo documental, además de más de 12 millones recibidos entre 2022 y 2024 de la Tesorería municipal para “solventar gastos”. En total, más de 44 millones de pesos sin explicación clara.

Lo más grave: esos recursos no pasaron por el Cabildo. Y si pasaron, nadie lo recuerda. O peor: nadie quiere recordarlo.

En este contexto reaparece la priísta Leticia Méndez, alias “La Matagatos”. Antes síndico municipal; hoy, comisaria de SAPAHUA. En la práctica, solo aparece para cobrar, mientras realiza trabajo político para Morena. Pero conoce perfectamente el origen y manejo de esos préstamos irregulares. Y también sabe utilizarlos como herramienta de presión para conservar su dieta y su posición.

Así funciona hoy este gobierno: negligencia en la presa, ocurrencias en la solución, opacidad en el manejo del agua, silencio en el Cabildo y chantaje en los pasillos.

No es mala suerte. No es falta de recursos. No es un accidente. Es corrupción. Es incompetencia. Y mientras nadie rinda cuentas, Yosocuta seguirá muriendo, y el municipio seguirá pagando la factura.

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En pleno corazón de Huajuapan de León, el área en construcción del Mercado Porfirio Díaz se ha convertido en un monumento a la negligencia municipal. Más de tres meses de obra inconclusa, sin avances visibles, sin explicación pública y sin respeto por la ciudadanía.

Lo que debía ser una mejora para comerciantes y usuarios, asegura nuestro reportero en la Mixteca, hoy es un obstáculo permanente. Montones de grava, arena, varilla y escombros invaden banquetas y calles, bloquean el paso peatonal y complican la circulación vehicular. Caminar por la zona se ha vuelto un riesgo. Transitar, una odisea. Y vender, una condena.

El material de construcción permanece abandonado como si la vía pública fuera bodega privada del Ayuntamiento. Nadie regula. Nadie ordena. Nadie responde. El caos se normaliza mientras las autoridades miran hacia otro lado.

Mientras tanto, el presidente municipal, Luis “El Chupón” Martínez, guarda silencio. Un silencio que huele a costumbre. Porque no es la primera vez que una obra se estanca, se prolonga sin justificación y termina inflando facturas, modificando presupuestos y multiplicando costos sin rendición de cuentas.

Aquí no se ve planeación. No se ve supervisión. No se ve transparencia. Lo que sí se ve es improvisación, desorden y desprecio por la gente.

Los comerciantes pierden clientes. Los peatones arriesgan caídas. Los automovilistas enfrentan embotellamientos. Y el gobierno sigue cobrando como si todo marchara bien.

¿Dónde está el calendario de obra? ¿Dónde están los informes técnicos?

¿Dónde está el monto real invertido? ¿Quién supervisa los recursos? Nadie lo sabe. Y eso no es casualidad.

Porque cuando una obra se alarga sin explicación, casi siempre alguien está ganando, y no es el pueblo. Lo más grave no es solo el retraso. Es la normalización del abandono. Es la idea de que la ciudadanía debe acostumbrarse a vivir entre polvo, varillas y promesas rotas. Es el mensaje implícito: “aguántense, aquí mando yo”.

Pero no. El espacio público no es propiedad del alcalde. Las calles no son patios de obra eterna. Y el dinero no es botín. Esta construcción inconclusa no es un error técnico. Es un reflejo político. Refleja un gobierno sin rumbo, sin control y sin respeto por la gente que trabaja y paga impuestos.

Hoy el mercado está secuestrado por la incompetencia. Mañana será otra calle. Luego, otro barrio. Y mientras no haya cuentas claras, seguirá el mismo patrón: obras lentas, costos inflados y ciudadanos ignorados.

Porque aquí no falta dinero. Falta vergüenza. Falta capacidad. Y sobran excusas.

bullets100

Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector la frase de la semana:

En Política, los amigos de mis enemigos, son mis secretarios.” (R.M.+)