Nuestra reportera totalmente chaira nos informa que en el Jardín Primaveral ya no se escuchan pájaros, sino dientes castañeteando. El lugar que prometía florecer se convirtió, en cuestión de días, en un jardín del terror, donde varios funcionarios ya sienten que su beca dorada está a punto de ser podada… y sin anestesia.

Como usted bien recordará, estimado ciberlector, hace una semana el gobernador Salomón Jara anunció que vendrán ajustes en el gabinete legal y ampliado. No dijo por dónde empezará, ni a quiénes tocará, porque esas decisiones (dicen quienes lo conocen) no se consultan ni se filtran. Y si se comentan, es con alguien que sabe guardar secretos mejor que bóveda bancaria.
Pero el verdadero escalofrío recorrió el Jardín cuando se confirmó que hoy domingo el gobernador encabezará dos reuniones de evaluación en el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCO). La primera, a las 12 del día, con la estructura del partido; la segunda, a las 16 horas, con diputadas y diputados. A partir de ese aviso, flores marchitas, garrapatas, víboras, roedores y cucarachas administrativas empezaron a correr sin rumbo, tratando de salvar lo que se pueda.

La reunión con la estructura de Morena promete ser particularmente áspera. Ahí no hay molestia: dicen las lenguas viperinas de doble filo que hay enojo abierto, encabronamiento puro. Y es que todos los funcionarios aseguran que la estrategia del partido fracasó. Y cómo no va fracasar si no hicieron su trabajo, si ellos fallaron como secretarios, directores, coordinadores. Nunca hubo cercanía, solo frivolidad.
Y lo decimos porque, aseguran las lenguas viperinas que el gobernador ya no está dispuesto a ocultar los errores de sus funcionarios, porque siempre termina cargando con ellos.
Dicen que las florecitas e insectos no jalan y tampoco se cuadran con el partido, que encabeza Emmanuel Navarro.
Usted sabe, estimado ciberlector, en Morena los peores enemigos no están enfrente, están adentro. No necesitan oposición: se devoran solos.
Sigamos… La reunión de las 16 horas, con diputadas y diputados, pinta todavía más filosa. Ahí no se va a hablar de discursos ni de principios: se va a hablar de facturas, de funcionarios que no dieron resultados, de compromisos incumplidos y de negocios que nunca llegaron, todo lo que no pudieron escupir en las comparecencias. Algunos irán a exigir cabezas; otros, simple y llanamente, a cobrar venganzas políticas.
De ambas reuniones, dicen los que saben, el gobernador saldrá con dos listas mentales: quién se va y quién puede entrar. En una de esas, hasta algún diputado o diputada brinca a funcionario y más de un suplente debería empezar a prender veladoras, porque el milagro de la curul podría concederse.
El desenlace de esas reuniones de evaluación no será discreto. El lunes se afinarán cuchillos y el martes, en conferencia de prensa, más de uno estará sudando la gota gorda frente a la pantalla. A algunos les llegará el aviso de su despido por cortesía; a otros, la noticia les caerá en vivo y a todo color.
Así que ya lo sabe, estimado ciberlector: del CCO a Palacio, la poda ya empezó.
¿Quiénes serán las primeras cabezas?
Compren palomitas. Esto se va a poner bueno.
Nuestro reportero sabueso volvió a hacer lo que a muchos les provoca comezón institucional: leer con calma lo que los gobiernos de todos los niveles suelen firmar a la carrera. Y al meterse, hoja por hoja, a las tablas 24, 25 y 26 del Informe de Avance de Gestión Financiera del tercer trimestre de 2025 de la Auditoría Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca, el hallazgo fue tan claro como incómodo: hay municipios que recibieron recursos federales para obra pública y, aun así, no registraron una sola obra. Algo que quizá a estas alturas de la vida, ya no extraña.
Para que nadie se haga el desentendido con cara de “yo no fui”: el informe analiza a 550 municipios que presentaron información. De esos, 402 municipios sí registraron obra pública, lo que equivale a 73%. Pero 148 municipios no registraron obra pública, el 27%. O sea: en Oaxaca, de cada cuatro municipios, uno aparece con el expediente de obra en blanco… aunque el dinero sí circuló.
Aquí no estamos hablando de tecnicismos ni de diferencias de formato. El propio informe es explícito: de esos 148 municipios que no reportaron obra pública, 147 registraron haber recibido recursos del Ramo 33, Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social Municipal (FISM). Dinero etiquetado. Dinero con destino social. Dinero que no es para el aplauso, sino para drenaje, caminos, agua potable y servicios básicos. Cuando ese dinero no se convierte en obra registrada, no estamos ante “un descuido”: estamos ante una puerta abierta para la opacidad.
En la Mixteca el caso más simbólico es el de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco, municipio que aparece en las tablas de la ASFE como ayuntamiento que no registró obra pública, pese a que en el mismo corte se ubica dentro del universo de municipios con recursos que debían reflejarse en obra. Tlaxiaco no es un municipio cualquiera: es cabecera regional, referente político y escaparate obligado del discurso de desarrollo en la zona mixteca.
Su presidente municipal, Jorge Octavio Hernández Martínez, ha construido una narrativa de gestión moderna: mucho café, muchas fotos, mucho video, mucho discurso de “crecimiento regional”. Sin embargo, en el papel frío de la auditoría (tan frío como la Mixteca en temporada invernal) la obra simple y sencillamente no aparece. Y cuando la obra no aparece, la pregunta obligada no es grosera: es necesaria.
¿No se hizo o no se quiso reportar? Porque una cabecera como Tlaxiaco no puede darse el lujo de fallar justo donde más duele: en la evidencia documental de lo que se presume en el micrófono.
Y para que nadie se esconda detrás del “es que somos chiquitos”, en el mismo bloque aparecen municipios como San Antonio Sinicahua y Santa Cruz Tacahua. Pequeños, sí, pero no inimputables. La obligación es la misma: si llegó dinero para infraestructura social, el mínimo indispensable es que la obra exista y que el registro exista. Porque en estos municipios la obra no es un lujo: es sobrevivencia.
Estimado ciberlector, si en la Mixteca el golpe es simbólico, en los Valles Centrales el golpe es directo. Municipios visibles, cercanos a la capital, donde la ciudadanía ve todos los días si hay obra o no la hay. Y aun así, aparecen en las tablas de la ASFE como municipios que no registraron obra pública, pese a formar parte del universo que reporta recursos para infraestructura social.
Uno de los casos que más ruido genera es San Jacinto Amilpas, encabezado por Fidel Alejandro Díaz. Y aquí es donde la auditoría se vuelve gasolina para el enojo vecinal, porque Amilpas no es “un pueblito lejano”: es mancha urbana, es presión de servicios, es tráfico, es drenaje, es pavimento y es la lista eterna de quejas de colonia en colonia.

En redes sociales y en plática de calle, lo que se repite es lo mismo: obras mal hechas, arreglos que duran lo que dura un chisme, y la sensación de que se administra con brochazos, no con planeación. Y ahora, con el informe en la mano, la pregunta se pone más pesada: si no registraste obra pública, ¿qué estás administrando exactamente: el municipio o la paciencia de la gente?, si es la paciencia, no se confíen mucho.
Otro caso delicado es San Pablo Villa de Mitla, la tierra de los muertos… donde la transparencia anda como alma en pena. Su presidente municipal, Esaú López Quero, ha apostado más por la farra y por el protagonismo visual que por la obra sustantiva: luces tipo antro, videítos para redes, ocurrencias de “modernidad” que a muchos les parecen más espectáculo arrabal que política pública.
Y mientras el municipio debería presumir obra básica y resultados, lo que el informe refleja es una ausencia en el registro de obra pública que no se explica con excusas. La gente se queja de que “no se ve nada”, que “todo es pose”, que “puro show”. Aquí hay algo que Esaú no va a entender nunca, y es que cuando ese show coincide con un vacío en el reporte oficial de la ASFE, la sospecha ya no nace del chisme: nace del documento.

La Villa de Zaachila completa este bloque incómodo. Y aquí ya no hay forma de decir “no sabemos quién”: el presidente municipal es C.P. Ernesto Vargas López, identificado como tal en los canales oficiales municipales.
Zaachila es municipio político, con tradición de colmillo largo y memoria pública dura. Por eso, cuando aparece dentro de los municipios que no registran obra pública, el mensaje es directo: no basta con calendas, discursos y fotos de tequio; en el informe lo que cuenta es si la obra se hizo, se reportó y se puede auditar. Porque si el registro no está, el municipio queda a merced de la sospecha, y con justa razón.
Como el pecho de nuestro reportero sabueso no es bodega, lo dice claro: lo verdaderamente grave no es un municipio aislado “perdiéndose en el sistema”. Lo grave es el patrón. Porque cuando el informe te marca 148 municipios con el mismo comportamiento (recursos reportados, obra no registrada) la cosa ya no suena a descuido: suena a cultura administrativa de “luego lo subimos”, “luego lo arreglamos”, “luego lo justificamos”. Y ese “luego”, en el Ramo 33, es el primo hermano del cochinero.
Además, el propio informe abre otra caja de Pandora: la discrepancia entre lo que se entrega en la plataforma estatal y lo que se reporta en el sistema federal. Estimado ciberlector, cuando dos ventanillas públicas no cuentan la misma historia, el problema no es el teclado: es quién está contando el cuento y con qué intención.
Parece que las autoridades no saben que en la administración pública, la omisión también se paga, aunque sea con el desprestigio y con el enojo social. Porque el dinero del Ramo 33 no es del presidente municipal, ni del cabildo, ni del partido en turno. Es del pueblito noble y sabio, ese que sigue esperando obras que se vean, que se usen… y que se reporten.
Si recibieron dinero para infraestructura social y su informe llega sin obra registrada, el problema no es la auditoría, eres tú presidente municipal. Y cuando esa conducta se repite en municipios grandes, medianos y pequeños, entonces el daño deja de ser “local”: se convierte en un reflejo de cómo se entiende el poder municipal en Oaxaca… como si rendir cuentas fuera opcional.
Estimado ciberlector, nuestro reportero Sabueso, nos dice que el informe todavía tiene mucha carnita, muchos trapitos que lavar y tender en este Lavadero Político. En la próxima entrega hablaremos de otros municipios que sí reportaron… pero con cifras y reportes que, cuando se cruzan, hacen que a más de uno se le enfríe la sonrisa.
Así que, estimado ciberlector, compre palomitas en combo extra grande.
Que conste que aquí no se acusa, se exhibe
Esto apenas empieza…
Nuestra reportera Coquette Rattete nos informa desde la Costa que quien de plano trae un verdadero enredo en la cabeza y no precisamente ideas, es Saimi Pineda Velasco, secretaria de Turismo de Oaxaca, mejor conocida en el mundillo político como la flor marchita. Y no lo decimos por mala leche: lo decimos porque sus ocurrencias ya cruzaron la frontera del ridículo institucional.
Resulta que a la funcionaria se le ocurrió la “genial” idea de entregar equipamiento para establecimientos de alimentos y bebidas en Playa Corralero y otras playas. El paquete incluía mesas y sillas carísimas, de esas que mágicamente se inflan cuando pasan por una licitación, pero, además agárrese bien, estimado ciberlector— congeladores.
Sí, congeladores.

El detalle chiquito, mínimo, casi invisible para la mente brillante de la Secretaría, es que en esa zona no hay energía eléctrica. No es chisme, no es invento, lo dijo la propia Saymi en su discurso, cuando anunció, muy oronda, que “después se va a gestionar el suministro eléctrico”. O sea: primero el congelador… luego el enchufe. Exactamente como los conservadores priistas con esa máxima de poner el puente antes del río, versión tropical remasterizada 4T.
El balazo en el pie no fue estruendoso, fue torpe y sostenido. De esos que no hacen ruido, pero te dejan cojeando frente a todos. Porque en su afán por quedar bien, comprar conciencias costeñas y hacer campaña con el dinero del pueblito noble y sabio, la costeña terminó confirmando algo elemental: no conoce el territorio que presume promover.
Aquí la pregunta no es menor:
¿quién le escribe los discursos?, ¿quién la asesora?, ¿o la dejan improvisar para que ella sola se meta el pie hasta el fondo? Porque si algo queda claro es que sus peores enemigos no están afuera, están sentados a su lado, aprovechándose aprovechándose de su ignorancia funcional para seguir ordeñando el presupuesto.
Y por si el episodio del congelador sin luz no fuera suficiente, en un video de un medio local (segundo 13, para quien guste verificar) aparece la camioneta buchona de la secretaria. Una joya automotriz que grita todo menos austeridad franciscana. La misma austeridad que tanto cacarea la Cuarta Transformación… pero que aquí, nomás no cuaja.
De los camastros, mesas y sillas que costaron muy pero muy caros y que en año pasado aquí denunciamos esa compra, y que hoy con esas fotos comprobamos que son de pésima calidad a precio de ultra elevado, les hablamos la otra semana.

Y cuando uno cree que ya no se puede caer más bajo, entra en escena FITUR.
Queridos ciberlectores, mientras en Oaxaca se reparten congeladores sin luz, en Chiapas aplicaron (por una vez) la cartilla moral de la 4T. Allá corrieron a la secretaria de Turismo porque ella y su equipo se la pasaron turisteando en FITUR, y fueron evidenciados hasta en un concierto de Carlos Rivera. Otros secretarios también fueron, sí, pero más discretos. A ella le salió cara la parranda.
Y aquí es donde el espejo quema.
Porque FITUR no es novedad: es el escaparate perfecto para fotos bonitas, viajes a Europa con cargo al erario y vacaciones disfrazadas de “misión de trabajo”. No solo para el funcionario, sino para el novio, la pareja, el cuate, la amiga y quien se deje.
Oaxaca va a FITUR año con año. El problema no es ir. El problema es no saber para qué.
El turismo no se sostiene con presencia internacional ni con videos de 130 segundos en redes sociales. Se sostiene con planeación, estrategia comercial, indicadores claros y beneficios tangibles para quienes realmente viven del turismo. Y ahí, nuestra Florecita Trotamundos nomás no quiere informar.
No hay informes claros, no hay resultados medibles, no hay datos públicos que expliquen cuánto costó ir a FITUR y qué se obtuvo a cambio. Lo único visible es que en las oficinas del Llano no se ha trabajado una estrategia seria, y que el pellizco al erario corre el riesgo de quedarse en mera presencia y pura selfie.
El pueblito noble y sabio no quiere videos motivacionales. Quiere un informe costo–beneficio. Quiere saber quién fue, los nombres con todo y apellidos, cuánto costó el hospedaje, vuelos y la clase en que se viajó, porque ella siempre va en la fifí, en qué se gastó, qué se logró y cuándo se va a notar en empleo, inversión con sus montos, sectores y plazos, los detalles de los acuerdos de promoción turística, pero verificables, la derrama económica real.
Si Saymi quiere ser honesta e integra, tendría que contestar más de 50 preguntas con pruebas palpables, que si hizo lo propio es pan comido responder.
Porque si no hay documentos, convenios, cifras ni beneficios comprobables, entonces no fue promoción turística.
Fue turismo oficial pagado con recursos públicos.
Y eso, estimados ciberlectores, ni congelándolo se conserva.
Nuestra reportera adicta a la Green nos sopla que, mientras en el Jardín Primaveral se miden lealtades y algunos ya sienten la podadora rondando, quien anda más tranquila que guajolote en feria es Karime Unda Harp, la secretaria del Medio Ambiente, mejor conocida en la dependencia (y fuera de ella) como Bety Karime Unda Pinzón.
La calma no es gratuita. En los pasillos se repite, con voz bajita pero segura, que trae padrinos de peso, de esos que no solo influyen, sino que aseguran permanencias. Esa confianza explica por qué, durante el proceso de revocación, no movió un dedo: no pidió votos, no apretó al personal, no cumplió cuotas. Nada. Total, para ella eso es cosa “de chairos aspiracionistas”.
Y así, mientras a otros les sudan las manos, Karime presume agenda cerrada, proyectos en puerta y la certeza de que nadie la va a mover.
Si usted, estimado ciberlector, no vio la comparecencia de la titular de la SEMABIESO, no se perdió gran cosa. Fue la misma función de siempre: datos inflados, cifras maquilladas y un discurso pensado para una mayoría legislativa que rara vez lee, cruza los números e investiga.
Dos días antes de subir a tribuna, Karime ya estaba inquieta. Llamó a subsecretarios, directores, jefes de área. La consigna fue clara: “denme números que luzcan”. Y se los dieron.
El ejemplo más burdo fue la verificación vehicular. Presumió 97,968 verificaciones, vendiéndolas como un incremento histórico del 125%. El aplauso no se hizo esperar. El problema es que los números no cuadran cuando se les quita el maquillaje.
Estimado ciberlector en Oaxaca hay 709,337 vehículos verificables. Con esas cifras, la verificación alcanzó apenas el 13% del parque vehicular. En 2024 se había llegado al 8.9%. El incremento real es de 4.1 puntos porcentuales, no la hazaña que se quiso vender como epopeya ambiental.
Y ya entrados en el tema, Karime Pinzón habló de 24 centros de verificación. Cualquiera que se meta a la página oficial encontrará solo 20. Los otros cuatro, al parecer, existen en el mismo plano astral donde habitan los ríos “limpios” y el aire “monitoreado”.
Porque del Índice de Calidad del Aire en la Zona Metropolitana de Oaxaca, que se supone se publica diariamente, no hay rastro visible. Mucho discurso, cero información pública actualizada.
Eso no es todo. El famoso Concurso de Municipios Verdes merece capítulo aparte. Tras un año completo, finalmente se entregaron los premios: tres camiones recolectores. ¿El municipio beneficiado? Tontotepec Villa de Morelos, casualmente el municipio amigo, el que “sí cumple”, el que siempre aparece bien parado.
Mientras tanto, otros municipios siguen esperando. Porque para Karime la política ambiental avanza con compadrazgo, no con urgencia.
En el tema de residuos electrónicos, la simulación es todavía más descarada. En el informe oficial se habla de 39 toneladas acopiadas en Oaxaca de Juárez, Huajuapan y Huatulco. Pero semanas después, en un comunicado del 10 de marzo de 2025, la cifra mágicamente se convierte en 24 toneladas, ahora repartidas entre Valles Centrales, Sierra Juárez, Istmo y Sierra Sur.

¿Se perdieron 15 toneladas? ¿Se reciclaron dos veces? ¿O simplemente se inflaron cifras para cumplir metas de papel? Preguntas que nadie respondió en tribuna.
Con los neumáticos, la historia no es muy distinta. La empresa Cruz Azul se los lleva, pone transporte, combustible y los destruye en sus hornos. Eso ya se hacía desde antes.
Lo mismo pasa con el Reciclatón: empresas privadas hacen la chamba, pero en los informes las cifras crecen como por arte de magia. Y, casualmente, ese trabajo ya lo venía operando su prima, Helena Iturribarría Rojas, la ex secretaria de esa dependencia en los tiempos de el Cachorro Murat. El proyecto estrella… operado en familia.
El proyecto “Tierra de Agaves, Naturaleza y Cultura” suena precioso: sustentabilidad, equilibrio ambiental, protección del territorio. Cinco años de duración, financiamiento internacional, respaldo de organismos globales.
El detalle que no se dice en voz alta es que la Secretaría solo sale en la foto. Quien realmente coordina y opera el proyecto es Helena Iturribarria Rojas, prima de la secretaria. Karime acompaña, sonríe y firma. El trabajo técnico lo hacen otros.
Además, Karime presume 80 resoluciones de impacto y riesgo ambiental. En los pasillos se comenta otra cosa: que para que salgan rápido hay que cooperar, que hay “apoyos” para la oficina, para el director Manuel Valdez y hasta solicitudes para financiar eventos como el Festival de Aves. Nada escrito, todo sabido.
Los convenios se firman, se presumen y se quedan en papel. Leyes, normas, reglamentos y programas sin avance real. Mucha firma, poca ejecución.
Y si volteamos a ver el equipo que sostiene o debería sostener la política ambiental, el panorama se vuelve todavía más revelador.
Ahí está María Amparo Suárez, la funcionaria consentida que presume trayectoria “técnica” por haber pasado por SEMOVI. En el papel se vende como experta en planeación y normatividad, pero en la práctica su función dentro de la Secretaría se ha reducido a operar instrucciones, apagar fuegos internos y servir de escudo político para la titular. Mucha presencia en reuniones, mucha firma en oficios, pero cero resultados visibles en campo. En Medio Ambiente saben que Amparo administra el escritorio, no el territorio.
El caso de Sinaí Casillas Cano, Subsecretario de Política Ambiental y Energías Renovables, es todavía más delicado. Llegó sin trayectoria sólida en energías limpias, sin proyectos previos de impacto y sin experiencia real en transición energética. Su currículum habla de cursos, capacitaciones y acompañamientos, y eso mismo es lo que hoy presume: cinco capacitaciones a municipios y sector productivo. El problema es que no hay un solo proyecto de energías renovables operando, ni parques, ni sistemas comunitarios, ni reducción medible de emisiones. Mucha capacitación, cero kilowatts verdes. Eso sí, los convenios con empresas para “ecotecnias” siguen fluyendo… y el negocio también.
Luego está José Francisco Hodich, hoy Director de Energías Renovables, quien carga no solo con un cargo técnico, sino con el apellido. Hermano de Diana Hodich, su llegada no se explica por experiencia comprobada en el sector, sino por red de relaciones. Su área debería diseñar, ejecutar y evaluar proyectos estratégicos de energía limpia; en la realidad, no hay indicadores, no hay metas cumplidas y no hay impacto público verificable. El puesto existe, el discurso también; los resultados, no.
En la oficina de la titular aparece Gaspar Gómez Berdeja, secretario particular, pieza clave del control interno. Su función no es técnica ni ambiental: es filtrar información, controlar agendas y cuidar el cerco político. Es quien decide quién entra, quién sale y qué problema se atiende… y cuál se deja pudrir.
Y no se puede dejar fuera a Nancy Briseida García Ramírez, actual directora, quien llegó al cargo tras una jugada interna que aquí ya le contamos: intrigó, evidenció y tumbó a su exjefe, el famoso “come huevos”. Su currículum habla de experiencia administrativa, pero su ascenso no se explica por méritos ambientales, sino por habilidad de ser la Chapoy. Desde su llegada, la dirección se volvió más opaca, más cerrada y más eficiente… pero para cuidar el puesto, no para resolver problemas ambientales.
Estimado ciberlector, como se dará cuenta, el organigrama de Medio Ambiente parece más una red de lealtades que un equipo técnico. Cada quien cuida su parcela, su firma y su espacio, mientras los ríos siguen sucios, el aire sin medirse.
En medio de una comparecencia gris, solo una diputada levantó la voz: Irma Pineda. Sin rodeos, le dijo que dejara de maquillar cifras, que no hay ríos limpios, que el trabajo ambiental es pobre y que hay extracciones en el Istmo, específicamente en Unión Hidalgo, que no pueden seguir ignorándose.
La cara de molestia de Bety Karime Unda Pinzón fue evidente. Ahí quedó claro que cuando alguien sí revisa los números, el discurso verde se desmorona.
Dicen los resignados que el problema no es si se va… sino cuánto más se queda. El problema también es cuánto más puede sostenerse una política ambiental hecha de boletines, su prima Helena operando proyectos, engañar al gobernador con cifras infladas y resultados que nunca llegan.
Porque una cosa es posar de verde y otra muy distinta es cuidar el medio ambiente de verdad. ¡Verdad Karime Pinzón!
Estimado ciberlector, hay imágenes que no necesitan contexto: se explican solas y se defienden peor. La que circuló esta semana pertenece a esa categoría incómoda. El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz, se detiene antes de ingresar al Teatro de la República, en Querétaro, mientras integrantes de su equipo se agachan para limpiarle los zapatos. No es una escena doméstica ni un gesto de cortesía mal entendida. Es una postal de poder en estado puro, capturada para mayor ironía durante la ceremonia por el 109 aniversario de la Constitución de 1917, ese texto que proclama igualdad mientras la realidad se inclina. ¡No bueno!
Como seguramente usted ya lo vio en las redes sociales, la escena ocurre sin prisas. Hay escoltas, funcionarios, testigos y celulares atentos. Todos vimos como presidente de la SCJN baja la mirada, espera y deja que le limpien sus zapatos que obviamente no son de la marca Flexi.
No hay sobresalto, no hay ese manotazo reflejo de quien entiende que el cargo no convierte a nadie en pedestal. Hay calma. Y su calma, en este caso, es reveladora, porque lo que vemos en el vídeo, es evidente que no es un accidente, es una costumbre que tiene y que le hacen, por eso, para él ese momento no lo sintió extraño.
Cuando la imagen ya les había dado la vuelta a las redes sociales, causando condenas y provocado el repudio, llegó el comunicado.

Defendiendo lo indefendible. Habló de café y la nata derramado, de un malentendido, de una reacción espontánea que supuestamente fue detenida.
El video, sin embargo, es ingrato con las coartadas. No muestra sorpresa ni urgencia por detener la escena. Muestra algo más honesto: comodidad y descaro. Y parece que el olvida que, en política, sentirse cómodo mientras alguien se agacha frente a ti no es un descuido, es un hábito, un hábito que además fue supervisado. Veía de un lado a otro su zapato para ver si lo habían limpiado bien.
En este caso, estimado ciberlector, el problema no es el zapato. El problema es quién se agacha y por qué. La dama y el caballero no son ciudadanos solidarios ni almas caritativas de ocasión. Son personas que trabajan para él.
Durante los años que lleva la 4T se ha dicho con discursos, libros y arengas que este país dejó atrás las prácticas de sometimiento y servidumbre, que son diferentes, que con el pueblo todo, que sin el pueblo nada, y todo tipo de golpes en el pecho que usted se pueda imaginar. Que ya no. Que eso era antes. Por eso esta imagen incomoda tanto: porque no parece una excepción, sino una regresión bien planchada. Cambiar los apellidos no erradica los reflejos del mando.
Hay además un detalle que algunos prefieren minimizar, como si fuera accesorio: la subordinada que se agacha es mujer. En un país donde la desigualdad tiene rostro y género, permitir esa escena en un acto oficial no se corrige con disculpas ni agradecimientos públicos. Hay que decirle a Hugo Aguilar que la dignidad no se limpia con servilletas institucionales.
Como nuestro pecho no es bodega, dicen en los pasillos del Poder Judicial, que desde que sentó en el trono, la soberbia no es ajena al estilo personal de Hugo Aguilar. Que el trato ríspido es parte del paquete. Por eso la escena no sorprendió a quienes lo conocen, conviven y lo tienen que aguantar a diario.
Se imagina estimado ciberlector, si eso es así, el video no revela un instante incómodo: confirma el modo en que Hugo ejerce el poder. La diferencia es que ahora quedó documentado.
Con todo esto, vale entonces recordar una frase atribuida al mecías de todos los Chairos, sí, Andrés Manuel López Obrador, hoy curiosamente olvidada por muchos de los que la aplaudían, entre ellos el propio Hugo Aguilar: “EL PODER ATONTA A LOS INTELIGENTES Y A LOS TONTOS LOS VUELVE LOCOS”. No es filosofía barata, es experiencia acumulada. Y esta imagen parece ilustrarla con puntualidad quirúrgica.
Parece que el Hugo se le olvidó que el evento al que acudió, no era una gala privada ni una escena fuera de agenda. Era un acto republicano, cargado de símbolos, en la cuna de la legalidad constitucional. Y ahí, el presidente de la Suprema Corte permitió que se representara una relación de poder que contradice todo lo que la institución presume defender.
Es lamentable que Hugo Aguilar, el indígena que se da golpes de pecho, normalice la humillación, aunque luego la niegue con un copy todo torpe.
Y aquí, estimado ciberlector, la pregunta no solo flota en el aire: se queda dando vueltas como mosca en mole negro. ¿Qué tipo de justicia puede impartir alguien que ve la humillación ajena como cosa menor y luego pretende taparla con un comunicado, así nomás, como quien dice “ya estuvo, aquí no pasó nada”?
Porque si eso vimos con cámaras, testigos, celulares Diosito chulo, nos libre de imaginar cómo Hugo ejerce el poder cuando no hay testigos y la toga se siente más corona que responsabilidad.
Caray… la historia no se corrigió, nomás se cambió de actor. El problema es que el papel sigue siendo el mismo.

Por cierto, y como si hiciera falta un giro más en esta historia, ya apareció el primer grupo dispuesto a convertir la crítica en herejía. Desde PLURAL se emitió un respaldo público al ministro Hugo Aguilar Ortiz, no por los hechos, sino por su origen indígena, como si la identidad fuera salvoconducto automático para el ejercicio del poder sin cuestionamientos. No, no va por ahí.
Ser indígena no otorga licencia para la soberbia ni convierte la humillación en acto culturalmente aceptable. Combatir el racismo es una causa justa; usarlo como escudo para justificar privilegios es otra cosa muy distinta. Y que figuras como Víctor Leonel a quien muchos creíamos más crítico salgan a defender lo indefendible, no hace más que confirmar que aquí no se está discutiendo identidad, sino poder… y el intento burdo de darle la vuelta al espejo.
¡Ay… Diosito chulo!
Ante los brotes de insurrección rumbo al proceso electoral de 2027 por parte del PT y el Verde, los dirigentes de Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde decidieron firmar un acuerdo para mantener la alianza entre ellos y poner punto final a las especulaciones sobre un posible rompimiento o división entre estos partidos.
La alianza está “más fuerte que nunca”, según los mandamases.
Pero en Oaxaca el PT se ha convertido en un serio dolor de cabeza para el morenismo, que ya no ve lo duro sino lo tupido. Los caritas sucias no quieren ir “ni a la esquina” con el number one y, sin necesidad de ser videntes ni de echarle las cartas a nadie, todo indica que los petistas llegarán a 2027 avanzando en el reparto de los distritos federales: pasarán de encabezar dos diputaciones en distritos mixtecos a quedarse con tres.

La firma nacional del PT con Morena no le saldrá barata al partido gobernante en turno.
Y más adelante, amigos ciberlectores, nuevamente en los procesos locales el PT estará abriéndole las puertas a todos los tránsfugas del morenismo que no sean palomeados por el dedo elector primaveral.
Mientras tanto, los nepo babies del Verde en Oaxaca navegan con banderas blancas y se entretienen pintando canchitas de basquetbol, porque políticamente son como la caca del perico. Eso sí, mantendrán uno de los distritos federales que actualmente representan.
Los partidos satélite avanzarán y Morena cederá.
Toing… y recontra toing.
Desde el aula grande de la burocracia educativa, nuestro reportero Profe pide silencio y lanza la pregunta que muchos docentes ya se hacen en voz baja:
¿por qué hasta enero empezó a repartir el IEEPO lo que debió estar funcionando desde hace meses?
Porque sí, las fotos son recientes, los eventos existen y los discursos suenan bonitos. Emilio Montero Pérez, director general del IEEPO, aparece entregando computadoras y proyectores como si se tratara de un logro extraordinario. Pero aquí nadie discute si el equipo existe. El tema es otro: ¿por qué llegó tarde y por qué ahora se presume como si fuera un favor?
El Profe anota en el pizarrón algo básico: el recurso es federal. Eso significa reglas claras, tiempos claros y evidencias claras. Comprar no es cumplir. Guardar no es entregar. Y entregar en enero no borra que diciembre ya quedó atrás. Entonces la duda es legítima:
¿el equipo ya estaba formalmente recibido antes del cierre del año o apenas se está acomodando para que cuadren los números?
Porque si ya estaba en bodega desde 2025, el retraso exhibe una cosa muy simple: desorden, mala planeación y cero capacidades logísticas. Y si no estaba, el problema es mayor, porque entonces no hablamos de lentitud, sino de comprobación tardía, esa palabra que en auditoría provoca urticaria.

Nuestro reportero Profe escucha los aplausos de los eventos y no puede evitar la ironía: mientras se presume una “gira de trabajo”, las escuelas esperaron meses. Y no por falta de recursos, sino por falta de organización. Sin calendario de distribución, sin control de almacenamiento y sin claridad para los propios planteles, el retraso no fue mala suerte, fue consecuencia directa de una gestión errática.
Aquí es donde el nombre importa. Emilio Montero no es espectador ni heredero pasivo del problema: es el responsable de que el instituto funcione. Y cuando el trabajo se hace tarde, no basta con tomarse la foto y seguir adelante. Porque en el mundo real —no en redes— las preguntas no se borran con likes.
Nuestro reportero Profe lo dice claro, sin rodeos: entregar en enero lo que debió operar desde antes no es eficiencia, es ir alcanzando el rezago. Y hacerlo como si fuera un acto de generosidad es todavía peor. Las escuelas no recibieron un regalo, recibieron algo que ya estaba pagado y comprometido.
Así que la duda queda en el aire, incómoda, sin boletín que la tape:
¿el IEEPO está cumpliendo o apenas está tratando de que no le observen el atraso?
Porque una cosa es repartir cajas y otra muy distinta es hacer bien el trabajo. Y en educación, como en las auditorías, los tiempos sí importan, aunque a Emilio Montero parezca no importarle explicarlos.
De los bloqueos que tuvieron en jaque a la capital, luego les platicamos, porque ahí dicen que un “Petit Copy” tuvo mucho que ver.
De verdadera risa y también de pena ajena han resultado las comparecencias de varios funcionarios de la Primavera Oaxaqueña en el Circo 4T de San Raymundo Jalpan. Y es que, si en los tiempos del PRI había cínicos y sinvergüenzas, hoy muchos de quienes prometieron que con Morena todo cambiaría no solo los igualaron, sino que en algunos casos ya los superaron.
Jajajaja… pero con amargura.
Hace apenas un par de semanas arrancaron las comparecencias y sin salvo honrosas excepciones, han pasado sin pena ni gloria. Mucho discurso, mucha pose, pero cero sustancia. El único “espectáculo” real, ese que dio de qué hablar, lo protagonizó la titular de la Secretaría del Trabajo (SETRAO), Edith Santibáñez Bohórquez, quien de plano se saltó la barda, que la hace candidata a ser una integrante más de la Cruz del Sur, por los rumbos de Reyes Mantecón.
Previo a su comparecencia, la funcionaria denunció haber sido víctima de amenazas y persecución para evitar que informara al “pueblito bueno y sabio” sobre su gestión al frente de ese elefante blanco y reumático que hoy regentea. Una narrativa que, lejos de generar empatía, provocó carcajadas nerviosas incluso entre los suyos.
Porque, seamos claros, los delirios de persecución de la señora no son nuevos. De hecho, en los pasillos del propio gobierno se comenta que su comportamiento raya en lo errático y que urge una revisión seria, no del discurso, sino del estado emocional con el que está tomando decisiones públicas.
Y mientras en tribuna se victimiza, afuera se acumulan los señalamientos. Nuestra reportera come cuando hay confirma el dato denunciado por el PT: personal de limpieza de la SETRAO ha sido llevado a su domicilio particular para realizar labores domésticas, trapeando casa ajena con recursos públicos.
Nada nuevo, dirán algunos. Lo hacían funcionarios conservadores del pasado y lo siguen haciendo los de hoy, con la misma lógica miserable: ahorrar unos pesos, aunque se embolsen millones inflando contratos y negocios.
Vecinos de San Jacinto Amilpas, donde la funcionaria vivía antes de asumir el cargo, aportan otro ingrediente al retrato. Dicen que la señora siempre fue prepotente, altanera y conflictiva, pero que una vez nombrada secretaria le hizo el fuchi a la colonia, “ya no era de su nueva categoría”, por eso se mudó a un lugar que consideró más acorde con su nuevo estatus fifí. Así, dejó atrás lo que ahora llama, con desprecio, “esa zona de pobres”.
Los vecinos aseguran que no lo dicen por mala leche, dicen que lo dicen porque lo vivieron: la pedantería no es pose reciente, viene de tiempo atrás. Y si alguien lo duda, que le pregunte a quienes convivieron con ella antes del cargo.
Por eso, no sorprende que una de las áreas donde ya urge un ajuste de titular sea justamente la SETRAO. No por grilla, sino porque el desorden interno, el maltrato y la banalización del cargo ya rebasaron cualquier margen de tolerancia.
Y así, al ritmo de Gloria Trevi, desde este Lavadero Político solo queda decirle:
Creo que ya es tiempo de ir con el psiquiatra…
bam, bam, bam-bam-bam,
da-ba-da-ba-dam-bam…
Desde los pasillos recién encerados del Palacio Chairo, nuestra reportera —la que ve, anota y sonríe— nos comparte un enigma que huele a incienso administrativo. Resulta que hay una capillita muy conocida, cercana al célebre Niñito Dios, a la que no solo le renuevan la fe, sino también las oficinas.
No fue un arreglo discreto ni un retoque menor. Se trata de espacios relucientes, mobiliario nuevo, clima que sí funciona y una sala de juntas tan bien puesta que ya la quisieran varias oficinas de mayor jerarquía. Porque aquí lo llamativo es que ahora una subsecretaria despacha con más comodidades que su propia jefa, y eso, en Palacio Chairo, no pasa sin permiso.
Desde que terminaron las remodelaciones, la capillita no ha perdido oportunidad de presumirlo todo. Video tras video, foto tras foto, reunión tras reunión. Cada publicación es una postal cuidadosamente tomada para que otras capillas tomen nota de quién sí recibe atención especial y quién solo recibe discursos.
Nuestra reportera del Palacio Chairo nos dice que el mensaje se entiende sin necesidad de subtítulos: aquí hay consentidas, aquí hay trato diferenciado y aquí la discreción ya no es prioridad. Porque cuando el favor es constante, se nota en los espacios, en los tiempos y en la libertad para exhibirlo sin pudor.
Y dicen las lenguas viperinas que en Palacio Chairo nunca mienten, que la remodelación VIP no fue un premio al desempeño, sino un intento desesperado por calmar los celos. Porque la capillita beneficiada anda con el incienso revuelto desde que empezó a circular otro nombre en los pasillos: el de Deni Velasco, prima de Saymi Pineda Velasco, la secretaria de Turismo, a la que ya llaman la flor marchita de la primavera.
Cuentan que Deni es justo todo lo contrario a su famosa prima: trabaja todo el día, se mueve a todas horas y aparece en reuniones donde no cualquiera entra. Y eso, en el mundo de las capillitas, se llama amenaza directa.
No es casual, dicen, que justo cuando Deni empezó a ganar presencia, aparecieran filtraciones sobre ella. Información que no salió de la nada ni del archivo muerto. Según murmuran en voz bajita, fue la misma capillita beneficiada de la remodelación la que soltó el veneno, temerosa de ser desplazada, como ella misma desplazó antes a otras que ya no existen ni en la memoria del Niñito Dios.
Dicen que Deni entra a reuniones ultra privadas, atiende al personaje casi como rey, y cumple al pie de la letra los rituales que él exige, peticiones que quien no conozca su precio, sí se la compra. Porque aquí la austeridad franciscana se predica, pero se adapta.
Y mientras una capillita ventila a una y presume oficinas nuevas y salas relucientes, las demás capillas siguen esperando. Esperando mejoras, esperando reconocimiento, esperando que algún día les toque algo más que palabras bonitas y promesas recicladas. Pero parece que no todas merecen lo mismo. A unas se les consiente; a otras, con cualquier cosa las tranquilizan.
Nuestra reportera seguirá observando, porque en ese palacio donde se presume austeridad, lo que en realidad florece no es la igualdad, sino la preferencia selectiva.
Y a las demás capillas, esas que miran desde lejos, solo queda una recomendación que corre bajito por los pasillos:
Dense cuenta, amigas, hoy te consienten… y mañana te rezan el responso.


Quienes se quedaron con un palmo de narices fueron nuestros Godínez de la Secretaría de Administración en la pasada celebración de la Candelaria. Y es que resulta que el secretario Noel Rito hizo pública la invitación para que todas y todos pasaran a la explanada de Ciudad Peluche a disfrutar de sus “deliciosos y ricos tamales oaxaqueños”, mismos que —según dijo— él personalmente y con sus propias manitas había preparado. Jejeje.
Cuenta nuestra reportera que las tres bandejitas no rebasaban los 300 tamales, y estas criaturas no consideraron que son más de mil los cristianos devotos de las tradiciones del 2 de febrero.

La inconformidad no tardó en llegar y de inmediato la hicieron saber a nuestra reportera. Ahí fue cuando soltaron la pedrada: que si este gobierno primaveral no tiene o no le alcanza para repartir más de un tamal, que mejor avisen y se coopera, pero que no anden haciendo el ridículo de dejar al pueblo bueno y sabio nomás relamiéndose los bigotes.
Porque una cosa es la austeridad franciscana y otra muy distinta es el tacañerismo institucional.
Que el Niñito Dios los perdone, (nos referimos al que sí hace milagros efectivos, el de verdad).
La porra los saluda: Rito, Marín y Feria.
En Huajuapan, el gobierno municipal ha decidido que el medio ambiente es un buen pretexto para el discurso, pero un estorbo para la práctica. La incongruencia ya no es accidental: es hasta organizada. Lo ocurrido con el uso de unicel no es un detalle menor, es una radiografía del modo en que se gobierna.
Mientras la Procuraduría Municipal de Protección al Medio Ambiente convoca a la ciudadanía a evitar el uso de unicel, bajo el argumento del aumento en el volumen de residuos sólidos, el propio ayuntamiento, encabezado por el presidente Luis “Chupón” Martínez, se burla abiertamente de su discurso. No en privado. No a escondidas. En un evento público, masivo y organizado por la autoridad: la Feria del Tamal 2026, donde todo fue servido en vasos y recipientes de unicel.
No fue un error de organización. No fue una excepción inevitable. Fue una decisión política. En una palabra, fue la hipocresía.
El mensaje es brutalmente claro: el gobierno municipal exige conciencia ambiental, pero no está dispuesto a ejercerla cuando implica esfuerzo, planeación o coherencia.
A la ciudadanía se le pide sacrificio. A los comerciantes se les imponen sanciones. A la autoridad, nada. Porque el mismo ayuntamiento que reparte unicel a manos llenas a todos sus clientes, es el que ha clausurado establecimientos comerciales, incluidos Aurrerá, Soriana y pequeños negocios, por vender exactamente el mismo producto. A ellos sí se les aplicó la ley. A ellos sí se les castigó. A ellos sí se les señaló.
¿Y al ayuntamiento quién lo sanciona? El presidente Chupón aplica la ley como garrote, no como principio.
Aquí el problema no es el unicel. El problema es el uso selectivo de la ley.
En Huajuapan, la política ambiental no parece diseñada para proteger el entorno, sino para castigar al ciudadano común y simular autoridad. Se clausura al comerciante, pero se exonera al gobierno. Se vigila al de abajo, pero se absuelve al de arriba.
Eso no es gobernar. Eso es administrar el abuso. Esto lo ha repetido una y otra vez nuestro reportero.
Aunque no lo crean, en Huajuapan hay una patrulla verde, que esa y el cinismo, es lo mismo. Se presume mucho a la “patrulla verde”, misma que, aseguran, atenderá denuncias al 911 para disuadir el uso de unicel. Es decir, se invita a la ciudadanía a convertirse en vigilante ambiental, mientras el propio gobierno viola sus disposiciones sin consecuencia alguna.
La pregunta es inevitable y legítima: ¿Alguien llamó a la patrulla verde cuando el ayuntamiento repartió unicel? ¿Hubo acta, sanción o multa? ¿O la vigilancia ambiental solo aplica cuando no toca al poder?
Este tipo de incongruencias no solo contaminan calles o rellenos sanitarios. Contaminan la confianza pública, porque el daño es real. Porque cuando la autoridad predica una cosa y hace otra, el resultado no es conciencia ambiental, sino desprecio por la norma.
El ciudadano aprende rápido: si el gobierno no cumple, ¿por qué debería hacerlo él?
Si el gobierno municipal de Huajuapan quiere prohibir el unicel, que empiece por prohibírselo a sí mismo. Si quiere sancionar, que se sancione primero. Si quiere educar, que deje de dar el peor ejemplo posible. De lo contrario, todo esto no es política ambiental. Es ambientalismo de utilería.
Es autoridad de cartón servida en unicel. Y la verdad, la ciudadanía ya no está para farsas.
Hace unos días, una persona perdió la vida al derrapar en su motocicleta durante la madrugada del 2 de febrero, sobre el boulevard frente a la Unidad Deportiva, de la ciudad de Huajuapan de León.
La causa no fue el exceso de velocidad, ni el alcohol (hasta donde se sabe), sino algo mucho más grave y evitable: gravilla suelta dejada sobre la carretera estatal por trabajos de revestimiento inconclusos, sin señalización y sin advertencia alguna.
Dejar una vialidad en esas condiciones es negligencia. No es un detalle menor ni un simple descuido técnico: es un riesgo mortal, especialmente para motociclistas, ciclistas y automovilistas que circulan de madrugada, cuando la visibilidad es reducida y la confianza en la vía es lo único que sostiene la conducción.
No hay señalamientos. No hay conos. No hay advertencias visibles. Por eso, desde este espacio, hacemos un llamado directo a la autoridad responsable de esta obra —presumiblemente dependiente del Gobierno del Estado de Oaxaca— para que: Señalice de inmediato la zona de riesgo. Retire la gravilla suelta. Termine correctamente los trabajos. Explique por qué se dejó una vialidad abierta en condiciones tan peligrosas.
Las obras públicas no pueden hacerse a medias cuando están en juego vidas humanas. La falta de señalización también mata. El silencio oficial no limpia la conciencia ni borra la responsabilidad.
Lo mínimo que se puede hacer es avisar a la ciudadanía:
Si transitas por esa zona, maneja con extrema precaución, reduce la velocidad y evita maniobras bruscas. Si usas motocicleta, el riesgo es mayor.
Informar es una responsabilidad. Advertir puede salvar una vida. Callar también es una forma de negligencia. Y cada minuto que pasa sin atender este problema es una muestra de la indiferencia institucional frente al dolor de una familia y el peligro latente para toda la comunidad.
La memoria de quien perdió la vida exige justicia y acción inmediata. No se trata de un accidente aislado, sino de un recordatorio brutal de lo que ocurre cuando la autoridad decide que la improvisación y la simulación valen más que la seguridad de la gente.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:
En política, las puñaladas se dan por la espalda… pero se cobran de frente.


















