Nuestro reportero fedatario no tuvo que pedir expedientes ni solicitar copias certificadas. Le bastó estar ahí. Verlo todo. Porque hay historias que no necesitan archivo… necesitan testigos. Y lo que ocurrió en la calle de Colón esquina con Manuel Doblado no fue un trámite legal, fue una escena que raya en lo criminal: hombres encapuchados, con pasamontañas, que escalaron la pared de una vivienda vecina para irrumpir por la fuerza en un predio donde había una familia. Así, sin tocar la puerta. Así, sin notificación. Así, sin ley.
Adentro estaban los nietos de la señora que hoy denuncia haber sido despojada de forma violenta de una propiedad donde ella es albacea, inmueble que pertenecía a su hermano con discapacidad, ya fallecido. El susto no fue menor. Uno de los jóvenes, sin entender qué estaba pasando, salió corriendo a activar el botón de pánico de una cámara del Ci5 ubicada frente a la casa. Y mientras el miedo se apoderaba del lugar, una mujer embarazada entraba en crisis, obligando a la llegada de una ambulancia. Esa es la escena real. No la versión que dan los sujetos que arribaron de manera violenta y asegurando que el supuesto dueño se encontraba adentro.
Ahí estaba José Antonio Toro, abogado del supuesto propietario Víctor Hugo Porras Cerón, acompañado de Jesús Adrián Velásquez Ramírez, que solo se dedicó a garbar video de todos los presentes. Nombres que, para quien ha seguido los expedientes incómodos de Oaxaca, no son nuevos… y mucho menos inocentes.
Porque aquí es donde la historia deja de ser un hecho aislado y se conecta con un expediente mayor. Como usted recordará, estimado ciberlector, el nombre de Jesús Adrián Velásquez Ramírez aparece en el caso de la exfábrica de triplay, hoy Parque Primavera, como uno de los supuestos propietarios de parte de ese predio. Y no fue cualquier reclamo: su “propiedad” se construyó a través de un juicio civil promovido en Teposcolula, mediante el cual se buscó forzar la firma de una compraventa.

De ese proceso derivó una escritura emitida por el notario Rogelio Chagoya Romero, documento que posteriormente fue señalado por el propio Gobierno del Estado como carente de valor oficial. Es decir, un intento de convertir en derecho lo que nació como simulación.
Detrás de esa jugada estaba Enrique Toro Ferrer, operador jurídico de ese entramado, quien representaba a varios supuestos propietarios, entre ellos Velásquez Ramírez y Daniel Sierra López. El mismo Toro Ferrer que promovió amparos para frenar la expropiación y que terminó topándose con un juez federal que desechó su intento al considerar apócrifo el documento con el que pretendía acreditar personalidad jurídica. El mismo Toro Ferrer que ya había sido detenido por presuntos delitos como despojo agravado y privación ilegal de la libertad. El mismo apellido que, una y otra vez, aparece donde hay conflictos de propiedad que huelen más a estrategia que a justicia.
Y ahora, en Manuel Doblado, ese apellido no está ausente. Porque José Antonio Toro, quien hoy encabeza la defensa del caso, es sobrino de Enrique Toro Ferrer. Y eso, en Oaxaca, no es coincidencia: es continuidad.
Estimado ciberlector, en los círculos donde se mueven estos litigios se dice sin rodeos que presuntamente José Antonio Toro se renta para este tipo de operaciones. Que no llega solo, que llega con estructura, con gente encapuchada que entra, toma, amedrenta y se queda. Que ocupan los inmuebles durante días, que organizan vigilancia interna, que llevan comida, que consolidan la posesión mientras los papeles hacen su trabajo en paralelo. Primero la fuerza, luego la firma. Primero el miedo, luego la escritura.
Todo un modus operandi en Oaxaca, y no solo por estos sujetos, por otros más.
¿Exageración? Basta voltear a ver lo que ha venido ocurriendo, porque son muchos casos. En la Villa de Etla, hace apenas unos días, circuló el video de otra mujer que grita desesperada mientras un grupo irrumpe para desalojarla de una propiedad donde asegura haber vivido durante años.
En el Centro Histórico, en la esquina de Xicoténcatl con Guerrero, se repitió la escena el 26 de marzo del 2025, sí hace un año: un grupo de choque entró, arrastró a quienes estaban dentro y tomó el inmueble. Hoy ese predio ya fue vaciado por dentro y preparado para construcción. Nadie lo detuvo. Nadie lo explicó. Nadie lo sancionó, y eso que el vivienda esta a 5 cuadras del palacio del gobierno, y en la esquina de las oficinas alternas de la Fiscalía. Nadie intervino, nadie hizo nada, porque cuando quisieron documentar, un senador marcó para pedir que no se metieran, que él estaba detrás de ese despojo. Es más, hasta instalaron cámaras de seguridad, y a un año sigue impune ese despojo.
Ahí, en ese caso, los nombres tampoco se dicen en voz alta, pero todos los conocen. Un grupo ligado a un senador de la República, de iniciales L.A.S.R., que usó al Partido Verde y hoy ya está en el partido Morena, fue exdiputado local en más de una ocasión y que, antes de brincar a la política nacional, se formó como notario auxiliar en la notaría de su padre, por los rumbos del Llano. Dicen que no es un solo predio. Dicen que son varios de ese mismo dueño. Dicen que hay más. Y lo más delicado: dicen que nadie dice nada. ¿Y la justicia?

Y entonces, estimado ciberlector, la pregunta deja de ser incómoda para volverse urgente. ¿Qué está pasando en Oaxaca? Porque cuando llegó el actual gobierno se prometió algo muy claro: no más despojos, no más impunidad, no más cárteles de la propiedad. Hubo incluso una detención emblemática de un personaje ligado al viejo régimen muratista, hoy disfrutando del “resort” de Tanivet. Pero después de eso… silencio. Ni sentencias ejemplares, ni redes desmanteladas, ni mensaje contundente.
Y en ese silencio, lo que pasó fue lo inevitable: otros aprendieron. Otros replicaron. Otros entendieron que, si no pasa nada, todo se puede. Hoy ya no es un solo grupo. Hoy hay varios. El que viene del viejo régimen, el que opera desde la nueva política, el que se disfraza de legalidad, el que actúa con fuerza, el que tiene respaldo, el que compra silencio.
Porque sí, también se dice (y cada vez con más insistencia) que algunos de estos operadores cuentan con protección política. Que hay venias que no se ven, pero se sienten. Que hay puertas que se abren desde adentro. Y eso es lo que más preocupa: que el problema no esté fuera… sino dentro.
Lo de Colón esquina con Manuel Doblado, lo de la Villa de Etla, y lo la calle Xicoténcatl, esquina con Guerrero, en el Centro Histórico de Oaxaca, no son un caso más. Es un síntoma. Es la evidencia de que el despojo en Oaxaca ya no es un rumor, es un método. Un método que entra con pasamontañas y sale con escrituras. Un método que se sostiene en el miedo, pero se legitima en el papel.
¿Qué pasará con esos notarios que aun se prestan para ese tipo de delitos?
Y si el gobierno no rompe ese método de raíz, entonces el mensaje queda clarísimo para todos:
Que en Oaxaca, hoy, la propiedad privada no se defiende en tribunales… se disputa en la calle.
Al tiempo…
Nuestro reportero Sabueso nos informa que en Oaxaca hay políticos que rezan mucho, hablan de transformación, se dan golpes de pecho… pero cuando la Auditoría Superior de la Federación (ASF) toca la puerta, se les olvida hasta el Padre Nuestro. Y si no, estimado ciberlector, ahí tiene usted el caso de Alejandro López Jarquín, el hombre que convirtió la obra pública en su bandera… y hoy carga con un expediente que más bien parece acta de confesión.
Porque resulta, estimado ciberlector, que la ASF no vino a dar bendiciones, vino a revisar cuentas. Y lo hizo a través de la auditoría 2024-A-20000-19-1462-2025, número 1462, metiéndole lupa al manejo del Fondo de Aportaciones Múltiples. No fue cualquier revisión: se metieron a revisar más de mil doscientos treinta millones ochocientos setenta y cinco mil quinientos pesos ($1,230,875,500.00). Y en medio de ese mar de dinero encontraron lo que nadie quería que saliera a la superficie: un probable daño a la Hacienda Pública Federal por sesenta y siete millones ochocientos treinta mil trescientos cuarenta y tres pesos ($67,830,343.00), más los intereses financieros que se sigan acumulando como deuda moral… y política.

Estimado ciberlector, no estamos hablando de dinero que “no se ejerció” o que “se regresó”. No. Ese dinero sí se pagó. Salió completo, derechito, sin retrasos ni titubeos. El problema es que cuando la ASF quiso ver cómo se justificaba ese pago… resulta que no se pudo vincular correctamente con los contratos de obra pública. O sea, el dinero sí encontró camino… pero los papeles se perdieron en la vereda.
Y por si eso no fuera suficiente, la ASF hizo lo que cualquier ciudadano del pueblito noble y sabio haría con tantita desconfianza: ir a ver las obras. ¿Y qué cree? Que estaban en proceso, a medio terminar, todavía en obra negra emocional, aunque el contrato decía que debían estar listas desde el 15 de marzo de 2025. Es decir, estimado ciberlector: obra pagada, obra no terminada… y documentos que no explican cómo demonios pasó eso.
Las obras ahí están, no son invento: Tecnológico de Pochutla, Tecnológico del Valle de Etla, Tecnológico de Pinotepa y la Afrouniversidad Politécnica Intercultural.
Todo suma exactamente esos 67 millones 830 mil pesos que hoy traen a Jarquín más nervioso que estudiante en examen sorpresa… aunque él se haga el relajado.
Porque mientras todo esto explota en el papel, este falso redentor anda en otro mood, estimado ciberlector. Nada de recorrer colonias ni rendir cuentas. No, no, no. Él está en su casa, muy “tranquilo”, atendiendo “gestiones” de escuelas (según presume en sus redes), cuidando sus plantitas, regando su jardincito político… como si los 67 millones fueran una maceta más.
Eso no es todo, si usted entra al portal oficial del IOCIED… y ¿qué cree? Ahí sigue apareciendo Alejandro López Jarquín como director general. Sí, como si nada hubiera pasado, como si el expediente de la ASF fuera una fake news.
Pero en los hechos, el nuevo titular es Pedro Silva. Entonces, estimado ciberlector, la pregunta es inevitable y sabrosa: ¿no han actualizado la página… o de plano el que sigue mandando es el mismo de siempre?
Porque en Oaxaca ya sabemos cómo funciona esto: el que se va… no se va. El que “ya no está”… sigue operando. Y el que tiene pendientes… mejor se hace invisible.
Pero el expediente no se borra, estimado ciberlector. Ahí está el oficio SHTFP/SASO/1605/2025, con el que la Secretaría de Honestidad intentó responder a la ASF. ¿Y qué cree? Que la propia auditoría dijo que la información no fue suficiente, ni competente, ni pertinente. Traducido al español del lavadero: contestaron, pero no convencieron.

Y mientras tanto, en el mundo real, Jarquín no está preocupado por aclarar los 67 millones. No. Está más ocupado en otra cosa: en cumplirle el caprichito político a su esposa, la diputada Tania López, a quien quiere impulsar sí o sí para que llegue a la presidencia municipal de Santa Cruz Xoxocotlán. Porque si algo ha quedado claro, estimado ciberlector, es que aquí no se suelta el poder… se hereda, se administra en familia y, si se puede, hasta se recicla.

Y uno no puede evitar imaginar la escena: Jarquín soñando con convertirse en el primer “primer damo” de Xoxo… mientras atrás le suena el eco de la ASF preguntando por 67 millones de pesos que no aparecen bien explicados.
Porque, seamos claros, estimado ciberlector: esto de los presuntos moches, de las comisiones, de los acuerdos con constructores… no es un rumor nuevo. Lleva años circulando en el ambiente político como ese olor que nadie ve pero todos reconocen. Hoy no hay sentencia judicial que lo confirme, sí, pero cuando lo cruzas con una auditoría federal de este tamaño… el asunto deja de ser rumor y empieza a parecer costumbre.
Y aquí, estimado ciberlector, ya no hay forma de hacerse el distraído ni de esconderse entre macetas y publicaciones de “gestión social”. Porque cuando la Auditoría Superior de la Federación te pone en la mesa un probable daño por $67,830,343.00, no estamos hablando de errores… estamos hablando de responsabilidades.
Porque seamos claros: el problema ya no es técnico… es moral y político. Es la vieja práctica de jugar con el dinero público como si fuera caja chica, mientras al pueblito noble y sabio le venden discursos de transformación.
Y lo más grave no es lo que ya sabemos… sino lo que falta por saberse.
¿Cuánto más hay que no ha sido revisado… o que simplemente nadie ha querido revisar?
Porque el silencio también administra… y la impunidad, en Oaxaca, ya es una forma de gobierno.
Así que, estimado ciberlector, esto no es grilla ni golpeteo. Es algo mucho más simple y más peligroso: dinero público sin explicación… y un responsable que sigue sin rendir cuentas.
Y eso, tarde o temprano… siempre revienta.
Al tiempo… tic, tac, tic, tac.

Como nuestro reportero Sabueso anda imparable e implacable, también nos informa que en Oaxaca hay municipios que se rigen por usos y costumbres… aunque a veces parecen más bien abusos y costumbres. Y si no, estimado ciberlector, voltee usted a ver lo que acaba de destapar la Auditoría Superior de la Federación en San Antonio de la Cal, donde el entonces presidente municipal, el doctor en derecho Porfirio Santos Matías, dejó un expediente que no huele a administración… huele a desaparición contable.
Porque la ASF no se anduvo con medias tintas. En la auditoría de cumplimiento 2024-D-20107-19-1494-2025, número 1494, revisó absolutamente todo el manejo del gasto federalizado del municipio.
No fue una muestra, no fue una probadita: fue revisión al 100 por ciento de los recursos, es decir, cincuenta y dos millones ochocientos treinta y ocho mil ochocientos pesos ($52,838,800.00). Y lo que encontró no es menor: encontró un municipio donde simplemente no se puede saber en qué se gastó el dinero.
Sí, así de claro, estimado ciberlector. No es interpretación, no es exageración: el propio informe dice que no se proporcionaron registros contables, ni documentación comprobatoria, lo que impidió verificar el destino del gasto por treinta y tres millones ochenta y siete mil pesos ($33,087,000.00).
Y ahí es donde empieza el verdadero escándalo. Porque ese monto no es cualquier cosa. De ahí se desprenden dos joyitas que usted ya vio… pero que juntas pintan el tamaño del problema: un pliego de observaciones por $19,495,973.72 pesos y otro por $13,591,042.61 pesos. Sume usted, estimado ciberlector, y el resultado es una bomba: $33,087,016.33 pesos cuyo destino, literalmente, se desconoce.

No hay facturas, no hay registros, no hay comprobantes… no hay nada. Pero espérese. La ASF también detectó pagos sin respaldo en obra pública, contratos mal integrados, empresas sin comprobar cumplimiento fiscal y hasta obras con firmas incompletas. Sí, leyó bien: contratos sin firmas completas. Como si el dinero público se manejara con confianza… pero sin responsabilidad.
Y por si faltaba algo, estimado ciberlector, también encontraron pagos a trabajadores por encima del tabulador autorizado, es decir, dinero que salió de más, sin justificación, como si el presupuesto municipal fuera caja chica del ayuntamiento.
Ah, pero eso sí: cuando la ASF fue a pedir explicaciones… el municipio no emitió comentarios. Silencio absoluto. Ni una línea. Ni una defensa. Ni un intento serio por aclarar el desastre.
Estimado ciberlector, todo esto ocurrió bajo la gestión del doctor Porfirio Santos Matías, el mismo que pretendía volver al poder, como si la memoria pública fuera corta y los expedientes federales fueran opcionales.
El mismo que dejó un municipio donde, según la ASF, no se puede saber en qué se gastaron más de 33 millones de pesos.
Y aquí no estamos hablando de un tecnicismo contable. Estamos hablando de algo mucho más grave: dinero público cuyo destino es desconocido.
Ahora bien, estimado ciberlector, aquí viene el detalle que en política pesa más que cualquier auditoría: la credibilidad. Porque usted podrá decir que fueron “fallas administrativas”, que “faltaron papeles” o que “se están integrando los expedientes”… pero cuando la ASF dice que no hay forma de conocer el destino del dinero, el problema es de confianza pública.
Así que si el Doctorcito en derecho quiere volver a tocar puertas puertas del poder en San Antonio de la Cal o cualquiero otro lugar, primero debe de acordarse de que hay una cuenta pendiente que no se puede brincar: explicar cada peso.
Nuestra reportera Totalmente chaira, que no pierde detalle de lo que se mueve en el tablero oaxaqueño, nos comparte una de esas claves que explican por qué hay liderazgos que no dependen de las circunstancias… sino que las construyen.
Porque si algo ha caracterizado a Salomón Jara Cruz a lo largo de su trayectoria, es su capacidad para leer el momento político y ajustar la ruta sin perder el objetivo. No desde la improvisación, sino desde el conocimiento del territorio y de cómo se mueven realmente las elecciones en Oaxaca.
El antecedente más claro está en Juchitán. En aquella elección donde Morena no abrió el espacio a Emilio Montero Pérez, la historia no se detuvo. Simplemente tomó otra vía. La candidatura caminó por el PT, con la misma base política y el mismo respaldo territorial. El resultado fue contundente: el proyecto ganó.
No fue un episodio aislado, fue una muestra de método.
Porque lo que ahí se vio fue una forma de operar que no se limita a una sola sigla, sino que entiende que los procesos electorales en Oaxaca se construyen desde el territorio, con estructura, con perfiles y con decisiones oportunas.
Esa lógica volvió a reflejarse en 2024, ahora en Oaxaca de Juárez. Mientras Morena apostaba por una ruta definida desde lo institucional con Francisco Martínez Neri, en lo local se configuró una alternativa competitiva a través del Partido Verde y Fuerza por México. La fórmula fue similar: construir candidatura, consolidar estructura y alinear territorio.
El resultado volvió a ser favorable.
Ahí es donde empieza a dibujarse con mayor claridad la estrategia: no se trata de confrontar, sino de asegurar condiciones para ganar. De tener siempre una vía, una estructura y una opción viable en el tablero.
Hoy, en el contexto actual, esa lógica cobra aún más sentido. Las diferencias con el PT son parte de la dinámica política del momento, pero no alteran el fondo de la estrategia. El Partido Verde y Fuerza por México continúan siendo aliados clave en la construcción de escenarios, mientras Morena se mantiene como el eje central del proyecto.
Lo relevante no es la coyuntura entre partidos. Lo relevante es la capacidad de operación.
Por eso, cuando se empieza a mirar hacia el 2027, lo que se perfila no es una ruptura ni un giro, sino una continuidad con ajustes. Morena a nivel nacional podrá impulsar perfiles o marcar directrices, pero en Oaxaca la experiencia reciente ha dejado claro que las candidaturas no solo se designan… se construyen.
Y en esa construcción, la estrategia del gobernador ha mostrado una constante: adaptarse al escenario sin perder control del resultado. Esa es la diferencia entre participar en una elección y conducirla.
Así, el 2027 no se presenta como una incógnita, sino como un proceso donde volverá a ponerse a prueba una forma de hacer política que ya ha dado resultados. Jugar dentro cuando las condiciones están alineadas, y saber articular otras rutas cuando el escenario lo requiere.
Porque en Oaxaca, al final, más allá de las siglas, lo que define las elecciones es quién entiende mejor el terreno.
Y en ese terreno, hay estrategias que no solo compiten…
Simplemente saben ganar.
Desde el corazón de Ciudad Universitaria, nuestro reportero Chiquilín nos suelta el dato: la efervescencia por la Rectoría de la UABJO está al tope… y ya empezaron a brotar aspirantes como hongos en temporada de lluvias.
Pero aquí lo interesante no es cuántos levantan la mano… sino quiénes están detrás.
Porque, según nos cuentan en corto, se viene un choque de trenes entre funcionarios de la llamada primavera oaxaqueña, que ya traen gallo —y bien alimentado— para sentarse en la silla grande de la universidad. Y aunque la convocatoria vendrá, como siempre, con sus candados bien puestos para aparentar orden, la realidad es otra: esta elección se va a definir a billetazos.
Así, sin rodeos.
Porque en la UABJO ya sabemos cómo se juega: una cosa es lo que dice el papel… y otra muy distinta lo que pasa en la operación.
Nuestro reportero nos adelanta que será en este mismo mes cuando se conozca quiénes pasan el primer filtro, esos que cuentan con la “bendición” necesaria para seguir en la carrera. Y en mayo, si no pasa nada extraño —o más bien, aunque pase—, se estará entregando el bastón de mando universitario.
Así que vayan tomando asiento… porque esto apenas empieza.
Y como aquí no vendemos humo, sino avisos a tiempo:conste que ya les avisamos.
Nuestro reportero Santurrón, no informa que en Oaxaca, donde la Semana Santa se vende como tradición, cultura y devoción, el Zócalo volvió a ser escenario… pero no precisamente del tipo de espectáculo que presume el gobierno. Porque mientras la Banda de Música del Estado tocaba piezas sacras para propios y extraños, lo que realmente se escuchaba y fuerte era el reclamo.
No fue improvisado. Fue acumulado. Las cartulinas no dejaron espacio a la duda: “Solución a nuestras peticiones”, “Señor gobernador, nuestras demandas siguen sin respuesta”… y el señalamiento directo, sin rodeos, a quien corresponde: Flavio Sosa Villavicencio.

Porque aquí no hay que hacerse bolas: el problema tiene nombre y apellido. Y es que el hoy secretario de Cultura, Flavio Sosa Villavicencio el ya bautizado sembrador de la discordia, dejó crecer un tema que perfectamente pudo haber resuelto antes de que le estallara en plena cara… y en el peor momento: con turistas, con cámaras y con Oaxaca presumiendo lo mejor de sí. Pero no.
Prefirió hacer lo que mejor sabe: patear el problema. Porque mientras la banda cumple, Don Sembrador de la Discordia no. Mientras los músicos sostienen la imagen cultural del estado, él administra el abandono. Y ahí está el dato duro, el que ni él pudo esconder en su propio comunicado: el aumento salarial de enero, febrero y marzo simplemente no se ha pagado.

Tres meses donde ese dinero, que para cualquier trabajador no es extra, es necesario, no llegó. Tres meses donde ese aumento pudo haber hecho la diferencia en la casa, en la comida, en los gastos diarios… pero que para Flavio Sosa fue lo suficientemente irrelevante como para dejarlo en pausa.
Eso sí, su quincena no falla. Porque mientras la banda espera lo que le corresponde, Flavio cobra puntual, completo y con todo y bono RDL, y los ingresos por los presuntos negocios que hace dentro de la Seculta, porque ya sabe, nada hace sin que le toque una buena tajada. A él no le dicen “aguántese”. A él no le aplican eso de “en la siguiente quincena”. A él no le toca la austeridad que tanto presume.
Y como si no fuera suficiente, el problema no se queda en el dinero. Porque la Banda de Música del Estado (la misma que hoy sostiene los eventos culturales) trabaja en condiciones que rayan en el abandono: instrumentos deteriorados, falta de mantenimiento, equipo insuficiente. Una agrupación que debería ser orgullo… operando como puede, resolviendo con lo que hay, parchando lo que ya no da.
Pero eso sí, que no falte la foto. Porque para la pose, Flavio siempre está listo. Memelita en mano, discurso social bien ensayado, austeridad de escaparate… mientras en la realidad la cultura se le cae a pedazos. Y es que tampoco es casualidad.
Estimado ciberlector, Flavio Sosa no llegó ayer al poder. Viene de un sistema que conoce bien, del viejo régimen conservador donde bajo el cobijo del exgobernador José Murat aprendió cómo se mueven las cosas. Donde los famosos sobrecitos amarillos no eran cuento, son práctica. Y siempre, siempre, bien acompañado de su “súper asesor”, ese que opera en lo oscurito y que aquí ya hemos ventilado.
Hoy, con otro discurso, la historia se repite: dejar crecer el problema, hacerse de la vista gorda… y cuando ya revienta, salir con el clásico comunicado tibio.
Ese donde básicamente dice: sí debemos, no negamos… pero ahorita no joven, no hay. Que en abril, que en la primera quincena, que paciencia… como si la paciencia llenara el refri o pagara la luz. Pero la realidad es otra.
Flavio Sosa dejó que la cultura se le volteara en el Zócalo. Dejó que la música se convirtiera en reclamo.
Y dejó que Oaxaca, frente a visitantes, exhibiera el abandono que él mismo generó. ¿o será que eso le ordenó su jefe el viejo Murat?
Porque cuando quien dirige la cultura no paga, no gestiona y no resuelve… el problema ya no es administrativo. Es político. Y sobre todo, es personal.
Dicen por ahí que esto apenas empieza… que vienen más cosas por estallarle en su cachetón rostro.
Al tiempo.
En esta temporada de Judas, aquí el pecho no es bodega para andar guardando cosas… y si de traiciones hablamos, en la dirigencia estatal del PRI hay material de sobra.
Ahí tienen a Carmelita, la de todos los moles, que en su momento filtró a medios el uso del helicóptero del gobierno por parte de los herederos del triple A. Un escándalo que no fue menor y que terminó costándole el hueso al entonces tricolor conocido como el “rabo verde”. Porque aquí no se cae por accidente… se cae por fuego amigo.
Pero no es la única.
El otro Judas es el violinista mixe Jesús Madrid, que se paseó como promotor del PMR —Partido de Mujeres Revolucionarias— y que, en su paso por Protección Civil, no dejó ni las colchonetas. Sí, así como se lee: material destinado a comunidades terminó con otro destino… mucho más conveniente.
Y como en este lavadero nada se queda a medias, hay otro dato que empieza a oler fuerte: la famosa planta para la elaboración de tinacos, allá por los rumbos de la Y griega. Dicen que detrás hay sociedades con personajes de esos que no pasan ni un filtro de reputación… pero de eso, pronto les estaremos contando con pelos y señales.
Y ya que andamos por tierras de la zapoteca zaachileña, ahí les va otra:
¿adivinen quién anda vendiendo piezas de las unidades de motor que desaparecieron del encierro primavera en la administración pasada de Oswaldo García Jarquín y Martínez Neri?

La respuesta corre sola en corto: el papá de Gerardo Pech Ku.
Porque en Oaxaca, en temporada de Judas… la traición no se esconde, se recicla.
Resulta y resalta que nuestro viejo conocido, Ángel Domínguez Escobar, mejor bautizado por el Andariego (aunque últimamente ya le dicen el “Ayuditas de la 4T”), volvió a hacer de las suyas. Porque cuando se trata de andar de metiche y buscar reflectores, este personaje no pide permiso… se mete hasta la cocina.
Ahora reapareció muy solidario, muy conmovido, muy “humanitario”, para hacer una donación que, según él, lo dejó en la ruina: un megáfono para el Hospital General IMSS Bienestar de San Juan Bautista. Sí, leyó usted bien… un megáfono. La magna obra del sexenio versión Andariego.
Dicen los propios guardias del hospital (con ese humor que solo da la realidad) que hubiera ayudado más quedándose a cubrir turno. Pero no, lo suyo no es chambear… lo suyo es que lo vean.
Y es que no hay que olvidar que este personaje ya pasó por la nómina pública. Fue diputado federal, y sí, también tuvo paso por lo local, donde no precisamente se caracterizó por vivir en austeridad franciscana. Pero ahora resulta que anda en modo benefactor de bajo presupuesto… con donaciones que parecen más sketch que solución.
Por cierto, lo de “Ayuditas” no es gratis. Nuestro reportero Zancudito Loco nos cuenta que el personaje carga su respectivo vendaje en el brazo, muy al estilo de cierto personaje urbano bastante conocido en Oaxaca… pero curiosamente, cuando hay fiesta o brindis, el milagro ocurre: el brazo revive. Cosas de la fe… o de la conveniencia.

Y mientras reparte megáfonos y sonríe para la cámara, también se le ve rondando reuniones, acercando funcionarios, moviendo contactos… porque aquí nada es gratis. Ese cuerpo de ornitorrinco no se mantiene solo.
En fin, entre la simulación, el protagonismo y las “donaciones” de utilería, queda claro que hay quienes no superan el cargo… y andan buscando cómo colarse de nuevo al presupuesto, aunque sea a gritos… con megáfono en mano.
Porque en Oaxaca ya entendimos algo: hay ayudas que no ayudan… pero cómo hacen ruido y provocan burlas.


El presidente municipal de Huajuapan, Luis “Chupón” Martínez, cree que las emergencias ambientales se resuelven con aplausos, cámaras y fiestas. Hoy mismo, el alcalde decidirá si amplía los días de los inútiles “tequios” obligatorios para los empleados del ayuntamiento. No entiende —o no le importa— que mandar gente a arrancar la maleza con las manos es un engaño. El problema no cede con sudor; se alimenta del agua podrida. No están limpiando una presa, están revolviendo un foco de infección.
Y como si la negligencia no fuera suficiente, decidió montar su gran evento: el “Yosofest 2026”. Fotografías recientes documentan una verdadera bomba de tiempo sanitaria en pleno festival. Los montículos de lirio, lechuguilla y algas recién sacados de las aguas negras fueron apilados a escasos metros de los puestos de comida. Quienes organizaron esto ignoran una regla de sobrevivencia básica: esa maleza no es simple hierba mojada, es una esponja saturada de heces fecales y toxinas.
Al dejar esa materia pudriéndose bajo el sol junto a las cocinas, el ayuntamiento desató tres plagas invisibles sobre sus visitantes.
La primera es el puente de las moscas: insectos carroñeros que se posan en el lodo del drenaje y, segundos después, aterrizan en los platos de los comensales, sirviendo infecciones gastrointestinales a la carta. La segunda es el polvo venenoso: cuando las algas azul verde se secan, sus células se rompen y el viento esparce toxinas invisibles que caen sobre la comida descubierta, atacando el hígado de quien las ingiere. La tercera son los escurrimientos, charcos de agua contaminada que pisan las familias a centímetros de donde preparan los alimentos.

En términos prácticos, el Yosofest no fue una fiesta de rescate; fue sentar a la población a comer en la orilla de una fosa séptica destapada y con ventilador.
Y justo cuando el alcalde buscaba desesperadamente una foto que le lavara la cara ante este escenario de insalubridad, creyó que le caía un regalo del cielo: Monseñor Miguel Ángel Muñoz Castro, Obispo de Huajuapan, apareció en la presa con una gorra blanca.
Pero hay que dejar las cosas muy claras. La presencia del obispo no fue un abrazo ni un respaldo político al presidente municipal. Todo lo contrario: fue la certificación de la máxima autoridad moral de que Yosocuta es una zona de desastre.
El prelado llegó como un ciudadano más, discreto y sin avisar. Quería ver con sus propios ojos la crisis de salud de la que todo el pueblo habla. Su preocupación es genuina; incluso pidió datos técnicos a los especialistas de la UTM, recordando desgracias ecológicas similares que conoció en Valsequillo, Puebla. Su plan era observar, trabajar un rato y retirarse a las 10 de la mañana. Pero alguien lo reconoció y le pidió la bendición.
Ese fue el error. Alguien corrió a avisarle al presidente municipal, y en cuestión de minutos, “Chupón” armó una emboscada mediática. Llegó corriendo con su equipo de comunicación para robarse la foto y venderle a la gente la ilusión de que la Iglesia avalaba su estrategia.
La jugada le salió al revés. Quienes estuvieron ahí vieron cómo el semblante de Monseñor cambió de golpe. Se mostró serio y visiblemente incómodo al darse cuenta de que lo querían usar como utilería de campaña. Aguantó unos minutos por pura educación, pero cuando el alcalde intentó coronar la farsa invitándolo a desayunar, el obispo lo cortó en seco. Rechazó la invitación, dio media vuelta, le ordenó a su chofer arrancar y se fue a las 9 de la mañana, mucho antes de lo que tenía planeado.
En el trayecto de regreso, el obispo no pronunció palabra. Un silencio rotundo que envía un mensaje clarísimo a las autoridades: la molestia es real y la información de lo que verdaderamente ocurrió fluye desde las entrañas mismas de la Iglesia. Ese silencio y esa retirada repentina son el peor veredicto para un presidente al que, en privado, Monseñor prefiere mantener a sana distancia.
Mientras el alcalde peleaba por la foto clerical y festejaba su Yosofest, hay otras fotografías que el Ayuntamiento intenta esconder.
Ya circulan las imágenes de la trabajadora municipal que resbaló y tragó lodo tóxico en la presa. Esas fotos —que ahora son públicas, aunque protegemos su rostro— son la prueba reina de la negligencia oficial. Muestran el interior de la ambulancia municipal que la atendió: no traía equipo, la atención fue apenas ponerle un suero básico y los paramédicos no contaban con el material necesario para una intoxicación por aguas negras.

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo más van a seguir fingiendo que esto funciona? Porque ya no es un tema ambiental. Ni siquiera es solo administrativo. Es un problema de lógica básica. Si haces lo mismo todos los días y el resultado es el mismo todos los días, no estás resolviendo nada.
Si quitamos el ruido y vemos el fondo, esta semana nos dejó verdades que cualquier ciudadano puede entender:
Primera: La plaga en la presa no tiene freno y los tequios obligatorios son inútiles. Lo que limpian hoy, reaparece mañana.
Segunda: El Yosofest fue una trampa sanitaria. Apilar maleza tóxica junto a los puestos de comida es servir infecciones directamente en el plato de la gente.
Tercera: La autoridad prefiere el espectáculo sobre la solución. Son capaces de emboscar e incomodar al obispo con tal de aparentar respaldo.
Cuarta: Hay pruebas fotográficas de que enviar a los trabajadores a esa presa es mandarlos al matadero, sin protección y con ambulancias vacías.
La simulación se ahoga por su propio peso. El obispo fue a certificar el peligro, la gente comió junto a la basura tóxica, los trabajadores lo están pagando con su salud, y el agua podrida, tarde o temprano, siempre saca la verdad a flote.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:
“En Política no se tiene amigos, sino enemigos de mejor calidad”.

















