Esta semana, la conferencia mañanera de la presidenta CSP alcanzó niveles históricos de audiencia. A través de su cuenta personal se pudo registrar que más de 190 mil seguidores estaban conectados viendo y escuchando el recuento de los daños ocasionados tras la captura de un delincuente en Jalisco.
La violenta reacción de los grupos criminales, tras perder a su cabecilla, originó caos y psicosis entre el “pueblo bueno y sabio”, que no estaba preparado para dejar los abrazos y volver a los balazos.
En Oaxaca, para ser más precisos en Juchitán de Zaragoza, la quema de vehículos y otras acciones realizadas por un grupo local en protesta por los hechos ocurridos el pasado domingo, dan muestra clara de que en esa zona son ellos quienes imponen las reglas.
Así es, amigos ciberlectores.
Lo que sin duda continuará es el reacomodo en las estructuras del bajo mundo del hampa, acompañado (según versiones) de la protección que aún se mueve desde las altas esferas del poder.
Dicen quienes conocen de temas de seguridad que no tardará en aparecer un nuevo grupo de apoyo para el “súper policía” de moda.
La pregunta es inevitable: ¿Quién será ese policía?
Dicen que en política los cambios no siempre son renovación… a veces son reacomodos, y otras, francamente, son síntomas.
Hoy se oficializó la nueva dirigencia estatal de Morena en Oaxaca. El Comité Ejecutivo Estatal queda encabezado por Alejandro Velasco Armas como presidente; Alejandro Villegas en la Secretaría de Organización; Beatriz Acevedo Montoya en Comunicación; Roberto López Santos en Formación Política; y Griselda Sosa Vázquez en Pueblos Originarios. Hasta ahí, todo en orden. La foto institucional, la sonrisa obligada y el discurso de unidad que nunca puede faltar.
Pero, querido ciberlector, la política no se analiza por lo que aparece… sino por lo que desaparece.
Y en este nuevo acomodo se nota, y se nota fuerte la disminución de figuras con peso territorial real. Presidentes municipales en funciones, operadores con estructura, consejeros políticos con capital propio… hoy brillan por su ausencia. Nombres que antes eran sinónimo de músculo político con presencia regional ya no están en la ecuación visible.
¿Casualidad? En política, casi nunca.
Morena en Oaxaca parece estar transitando de un partido con anclaje territorial a una dirigencia más cerrada, menos plural en perfiles de poder real. Y ahí es donde la memoria histórica nos da un déjà vu incómodo.
Porque así empezó el PRI en su fase de desgaste: primero desplazó a sus liderazgos locales con estructura propia; después centralizó decisiones; luego priorizó lealtades sobre operación; y finalmente perdió el pulso con su propia base.
No fue de golpe. Fue por capas. Fue silencioso. Fue progresivo. El PRI no cayó por falta de poder… cayó por exceso de confianza.
Morena, que nació como movimiento, hoy enfrenta el riesgo de convertirse en aparato. Y cuando un movimiento deja de nutrirse de sus liderazgos territoriales y empieza a reducir su pluralidad interna, comienza la burocratización… y la burocratización, querido lector, es el primer escalón del desgaste.
La pregunta no es si esta nueva dirigencia es legítima. Lo es.
La pregunta es si representa la fuerza real del partido en Oaxaca… o sólo una parte de ella.
Porque si algo enseña la historia política de este país es que los partidos no se degradan por los nombres que llegan, sino por los liderazgos que dejan fuera.
Y en Morena, hoy, los silencios pesan más que los nombramientos. Seguiremos lavando.
Estimado ciberlector, el martes 24 de febrero no fue un día cualquiera. Fue uno de esos días que exhiben, sin maquillaje, cómo funciona el poder cuando la crisis aprieta.
Por la mañana, mientras apenas se apagaban los micrófonos de la conferencia semanal, comenzó a circular la noticia que estremeció a Oaxaca: dos gemelitas haitianas murieron en el albergue “Casa Pato” del DIF Oaxaca, ubicado en inmediaciones del Congreso del Estado. Dos niñas. Migrantes. Bajo resguardo institucional.
Presuntamente cayeron en una fosa séptica mientras jugaban. Se habla de una tapa que cedió. Se habla de un candado que no existía. Se habla de carencias señaladas con anterioridad. Se habla de advertencias ignoradas. Todo eso deberá investigarlo la Fiscalía. Pero lo que no necesita investigación es el hecho central: murieron dentro de un espacio que debía protegerlas.
Y eso, estimado ciberlector, no es accidente menor. Es tragedia institucional.
La indignación fue inmediata. Medios nacionales retomaron el caso. En redes sociales el nombre del albergue comenzó a viralizarse. El tema no era político: era humano. Era dolor. Era enojo legítimo. Y entonces llegó la tarde.
El Congreso local estalla… justo cuando más ardía el DIF
Mientras el escándalo por la muerte de las niñas escalaba, el Congreso del Estado sesionaba para resolver la revocación de mandato de la presidenta municipal de San Agustín Amatengo, Italivy Sarahí Juárez Ramírez.
Lo que ocurrió después no fue normal y está documentado en videos que circularon en redes y en transmisiones en vivo: mujeres furiosas de Amatengo irrumpieron, confrontaron a la alcaldesa, la rodearon, la violentaron.
Y lo extraño no es que hubiera enojo. Lo extraño es lo que no había: seguridad. Sí, estimado ciberlector, no había policías visibles. No había resguardo preventivo. No había cordones institucionales. Los diputados y diputadas descendían del pleno y simplemente se replegaron. Algunos miraron. Otros caminaron hacia sus oficinas. Nadie asumió liderazgo. Nadie intentó contener.
Es imposible que viendo el enojo de los pobladores presentes, no previeran lo que podía pasar, a menos de que mandaron a armarlo al momento y esa era la instrucción de una enano de palacio. El “descuido”, es una omisión grave, sobre todos cuando la presidenta pidió en reiteradas ocasiones auxilio.
De pena ajena que Eva Diego solo vio, se paró y se fue, por lo que le preguntamos, ¿y la sororidad? Y lo mismo a todas la mujeres diputadas. El recinto legislativo, que los martes está blindado, se convirtió en escenario abierto.
La presidenta fue prácticamente forzada hacia una ambulancia que ya estaba afuera. Eso no fue improvisado. La ambulancia no llegó por casualidad. Estaba lista.
Luego vino la persecución rumbo a Zaachila. Un “rescate” que parecía escena de serie de bajo presupuesto, una copia barata de agente 007 en acción. Detenidos. Denuncias. Pronunciamientos.
Y claro no faltó que el Grupo Parlamentario del PT, escupiera para el cielo, exigiendo a la presidenta de la Mesa Directiva, Eva Diego, presentar denuncias por la violación al recinto y la agresión a la diputada Concepción Rueda Gómez. Pidieron revisar protocolos y abrir carpetas por omisiones.

Estimado ciberlector, la secuencia de esta puesta en escena deja demasiadas coincidencias alineadas en el mismo día en que el foco mediático estaba sobre la muerte de dos niñas bajo tutela del Estado. Y en política, las coincidencias casi nunca son inocentes.
Si alguien (y usted ya sabe a que enano siniestro nos referimos) creyó que el escándalo legislativo iba a desviar la conversación pública de la muerte de las gemelitas, el cálculo fue pésimo. Porque lo que más indignó, lo que más se compartió, lo que más dolió, fue la tragedia del albergue.
El Estado puede sobrevivir a un escándalo político. Lo que no debería sobrevivir es la negligencia que cuesta vidas.

En ese martes negro tuvimos dos escenas, un mismo mensaje:
A dos menores fallecer en un albergue oficial.
A un Congreso incapaz de controlar su propio recinto.
Dos hechos distintos, sí. Pero con una sensación compartida: FRAGILIDAD INSTITUCIONAL.
Hay que decirles a esos encargados de la política interna y la seguridad, que salir a casi llorar y anunciar detenciones, no es reaccionar cuando ya explotó el escándalo. El trabajo de la política interna es que no exista el riesgo, que se tenga paz social y gobernabilidad. Algo que no hacen porque están más ocupados en sabotear y sus aspiraciones tontas. Sin embargo, la memoria no se distrae tan fácil.
El martes negro no será recordado por la ambulancia ni por la persecución. Será recordado por dos gemelitas que llegaron buscando una mejor vida y terminaron muriendo bajo custodia del Estado.
Y esa herida no se tapa con teatro legislativo. Porque el pueblo puede discutir política… pero no perdona cuando la negligencia se lleva a los más vulnerables.
P.D. Un Copy Pettit ya está muy desgastado, nada le funciona, ni la política interna, ni la lealtad de las novias, y ahora ni las cortinas de humo.

De los creadores de La Casa del Boxeo llega la función estelar: morenistas contra morenistas y morenistas contra petistas.
Sí, estimado ciberlector, esto ya no es grilla… es lucha libre sin referee.
Como le hemos venido contando, el agarrón interno escala y escala. En Morena la palabra “unidad” ya solo se usa en discursos; en los hechos, cada quien afila su cuchillo. Esto ni bien arranca y ya es guerra abierta por debajo de la mesa.
En Oaxaca, las y los aspirantes a “corcholatitas” ya abandonaron la comodidad del aire acondicionado para regresar al viejo truco del baño de pueblo. Sombrero prestado, abrazo calculado, sonrisa impostada. Todos juran que aman al pueblito noble y sabio… justo cuando huele a sucesión.
Nuestra reportera totalmente Palacio Federal nos dice que, tras el reciente descarrilamiento político del movimiento primaveral, a quien se le alinearon los astros fue a Nancy Ortiz, la superdelegada de Bienestar, que de nuevo ya anda recorriendo las ocho regiones con sus siervos de la nación, entregando apoyos con timing quirúrgico.
Dicen que ya tiene volteados a todos sus santos para ver si en esta ocasión sí conecta con la gente, porque recordemos que a pesar de traer estructura federal nada más no la armó.
Pero donde la cosa se pone verdaderamente peligrosa es con la senadora Luisa Cortés.

Porque mientras unos posan y otros reparten, ella anda operando. Y no precisamente con discursos suaves.
Nos cuentan que quiere aprovechar la percepción de debilidad de la Primavera oaxaqueña para pegar donde más duele. No solo al gobernador, sino al núcleo del movimiento. Y lo hace con una estrategia vieja, pero efectiva: prometer poder y dinero.
Anda “empoderando” a varios inconformes. Les ofrece posiciones estratégicas. Les habla de espacios que supuestamente van a caer. Les vende la idea de que pronto habrá vacantes que ocupar. Les susurra lo que quieren escuchar: presupuesto, control, reflectores. Y ahí es donde empieza el problema.
Porque quienes hoy se dejan envolver deberían preguntarse algo básico: si los está usando.
Dicen sus cercanos que Luisa Cortés no es ingenua. Que sabe perfectamente con quién trata. Que los trae medidos. Que mientras le sirvan para su vendetta política, los abraza. Y cuando cumplan su función… los desechará sin pestañear, porque fueron capaces de traicionar a quienes juraron lealtad.
Y ojo con este detalle. Luisa también guarda expedientes. Carpetas discretas. Información útil. Porque cuando alguien deje de ser funcional para ella, siempre hay manera de recordarle sus pecados.
Así que la abuelita no es nada ingenua, tiene un cálculo frío. Aguas en Palacio.
Y aguas también aquellos que creen que están subiendo a un barco ganador. Porque puede que solo estén siendo utilizados como carne de cañón en una vendetta personal.

Y si de ahorrar se trata… la que se lleva el trofeo de austeridad performática es la diputada federal y exprecandidata “balín” a la gubernatura, Irma Juan Carlos.
Dicen que duerme en su propia camioneta con sus achichincles para no gastar en hospedaje. Que la mística del sacrificio revolucionario incluye colchón reclinable y estacionamiento estratégico. Eso sí, de comer no les falta. En el menú, la “rata voladora” es el platillo principal.
El problema no es que ahorre. El problema es que quiere venderlo como épica. Como si dormir en camioneta sustituyera estructura política. Como si la foto improvisada reemplazara operación real.

Y del otro lado del escenario, afinando garganta desde la Ciudad de México, sigue “La Llorona Harp”.
Vive convencida de que le van a respetar el acuerdo porque, como en la quiebra de piñatas, “ya le toca”.
Es más, dicen que ya desempolvó aquellas hojas que vio escribir a su pariente, el “Miau-Miau” de los Murat, Raúl Bolaños Cacho Cué, durante un vuelo.
Y ya que anda tan preocupada por la afinación, alguien debería sugerirle que en lugar de cambiar la tonalidad del Himno Nacional, mejor use autotune. De paso le afina la voz… y quizá también el cálculo político.
Estimado ciberlector, mientras unos prometen venganzas, otros presumen austeridad teatral y otros afinan la garganta esperando turno, la pelea interna apenas calienta motores.
Y cuando todos creen que “ya les toca”, casi siempre termina tocándole a alguien más.
Nuestra reportera come cuando hay nos confirma (y cuando ella prende la lavadora es porque ya separó blancos de color) que quien anda moviendo su propia narrativa es Edith Santibáñez, ex titular de la Secretaría del Trabajo. Sí, estimado ciberlector, la misma que fue debut y despedida en una dependencia que nació prácticamente junto con ella.
Arranquemos por donde duele. Cuando inició el gobierno de Salomón Jara, la Secretaría del Trabajo no era una herencia institucional consolidada; fue una decisión política. Se abrió el espacio, se creó la estructura y se colocó ahí a Edith como parte del acomodo inicial de fuerzas, particularmente para el PT. No fue casualidad, fue cálculo. Y eso, lejos de ser menor, era una enorme oportunidad.
Porque aunque la materia laboral es federal, el margen estatal existe. Y es ahí donde se mide la capacidad política: Edith tenía que construir agenda propia, generar políticas públicas locales, impulsar empresas socialmente responsables, mediar con autoridad entre sindicatos y contratistas, fortalecer inspección laboral con estrategia. Había cancha para jugar.

Pero la percepción pública no caminó por ahí. En lugar de que Edith se enfocara en consolidar un perfil técnico-político fuerte, lo que empezó a crecer fue otra narrativa: eventos, convivios, presencia constante en actos que poco abonaban a una agenda laboral robusta. Más reflectores que resultados. Más forma que fondo.
Y en política, cuando el fondo no sostiene la forma, el ajuste llega. El movimiento fue claro: la Secretaría desde hoy 01 de marzo dejó de operar como entidad independiente y terminó fusionada con la Secretaría de Economía.
En medio de ese escenario apareció el comunicado heroico de Edith. Frases como “legado histórico”, “defensora del pueblo” y el insinuado argumento de persecución por incomodar intereses. El recurso clásico de la gente perdedora: cuando la evaluación es incómoda, se apela al martirio.
Y no olvidemos el episodio de la comparecencia en el Congreso. Aquella sesión donde, más que datos duros, el protagonismo lo tomó la declaración de sentirse amenazada. Un giro dramático que cambió el eje de la conversación por unos días, pero que no resolvió la pregunta central: ¿cuáles fueron los resultados concretos?
A eso se suman los señalamientos que circularon en medios y corrillos políticos: acusaciones de nepotismo, familiares en nómina, uso cuestionado de la estructura. Independientemente de cómo cada quien valore esos señalamientos, formaron parte del clima que fue erosionando la posición.
Y aquí viene lo medular, estimado ciberlector: nadie le arrebató una oficina menor. Salomón Jara le dio una secretaría recién creada, con margen para construir legado real. No era una silla prestada; era una apuesta política inicial. Y cuando una apuesta no rinde lo esperado, el tablero se mueve.
Hoy Edith intenta instalar la versión de que su salida obedece a su talento incómodo (el chiste se cuenta solo). Hay que decirle que en Oaxaca la memoria política no se borra fácilmente.

Bien dicen que mal empieza la semana para el que ahorcan en lunes. Y en este arranque del mes de marzo ya podemos adelantarle al diputado local por la Sierra Norte que un grupo de autoridades municipales y agrarias de su distrito no lo quieren ver ni en pintura, y podría ser declarado persona non grata en los rumbos de El Benemérito de América.
Se preguntará usted, amigo ciberlector, ¿por qué no quieren al diputado Isaías Carranza Secundino? Y como nuestro pecho no es bodega para andar guardando cosas, aquí se lo contamos.
Resulta que este joven legislador se atrevió (según versiones locales) a amenazar a varias autoridades por no haber dado “buenos resultados” el pasado 25 de enero en el proceso de revocación de mandato primaveral. Y, como castigo político, advirtió que no se realizarían más obras en la zona “para que aprendan”.
Así, tal cual.
Las autoridades municipales responden que el incumplimiento no es suyo, sino del propio Gobierno, que previamente comprometió infinidad de obras y simplemente no las ejecutó.
En pocas palabras: les prometieron y no cumplieron. Y ahora, además, quieren responsabilizarlos.
Por eso le mandan decir al diputado Secundino que le baje tres rayitas a su modito, porque en los pueblos serranos no se olvidan los desplantes y tampoco se gobierna a base de amenazas.
Y allá lo estarán esperando.
Retazo de legislador.
El que anda insoportable es el “tapón de alberca” mixteco que, en sus ratos libres, presume ser presidente municipal de Santiago Juxtlahuaca. Sí, hablamos de Arsenio Mejía, quien ya anda pregonando a los cuatro vientos que tiene “amarrada” su diputación para 2027.
¿La razón de su seguridad? Según él, su “brillante” desempeño en la revocación de mandato, donde dicen los que estuvieron ahí no se anduvieron con delicadezas: compra de votos, operativos “zapato” en la zona triqui y movilización quirúrgica. Y como el resultado les favoreció, ahora se siente con boleto en mano.
Además, presume estar al corriente con sus “aportaciones” municipales ante el famoso recaudador de la Primavera. Porque en estos tiempos, el que no coopera… no progresa.
¿Quién será ese personaje del que todo mundo habla y nadie quiere señalar de frente?
Y si nos movemos unos kilómetros por la Mixteca Baja, el espectáculo no mejora.

El actual presidente municipal de Putla Villa de Guerrero se llenaba la boca diciendo que no entregaría la plaza a la Primavera. Que ahí mandaba él. Que no se doblaba.
Pero ya sabe usted, estimado ciberlector: más pronto cae un hablador que un cojo. Hoy el ex tricolor, Próspero Francisco Cruz Ricardo, mejor conocido como Pancho Cachondo, no solo dobló las manos… ahora es un zángano aplicado que rinde tributo puntual al movimiento, en nombre —dicen— de “dejar más pobres a los pobres”.
Ironías de la política.
Putla también aparece en la lista de municipios que le reportan disciplinadamente al misterioso recaudador de la Primavera.
Y luego se preguntan por qué en la Mixteca huele más a cuotas que a gobierno.
Jejeje.

Los aficionados al pancracio y fieles seguidores de Penta Cero Miedo ya le pusieron apodo en la grilla local: el “Cero Elecciones Ganadas”. Porque en cada proceso en el que se apunta, el resultado es el mismo: pierde… y vuelve a perder. La derrota ya no es accidente, es costumbre.
Lo curioso es que mientras las urnas no le sonríen, sus cuentas bancarias sí. Crecen, se inflan y prosperan con una salud que ya quisieran sus campañas.
Así que la pregunta es inevitable, estimado ciberlector: ¿estamos ante un luchador político sin triunfos… o ante el verdadero rey del chocomilazo?
Porque perder elecciones puede ser casualidad. Pero perder siempre… y ganar en lo económico… ya parece método.


Nuestra reportera Magistrada 100% estirada, devota del bótox y patrocinadora honoraria del ácido hialurónico, nos confirma que en el Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca (TSJO,) no solo se dictan sentencias… también se dictan campañas, y de las negras.
Y es que quien anda haciendo de las suyas es el famoso magistrado “Pestañas”. Sí, el mismo que presume abolengo judicial y se siente heredero de la realeza togada. Resulta que, según los corrillos bien informados, decidió mandar a operar una campaña sucia en contra de uno de sus propios compañeros: Ángel Alejo Torres, magistrado integrante de la Cuarta Sala Penal Colegiada.
Nos cuentan que desde los pasillos del tribunal comenzaron a circular mensajes en redes sociales con ataques personales dignos de pleito de secundaria: que si es una “rata de día y animal doméstico de noche”, que si es esto, que si es lo otro. Una narrativa grotesca, diseñada no para debatir criterios jurídicos, sino para ridiculizar, sello distintivo del magistrado Pestañas que, a pesar de ser ya un adulto mayor, no se le quitan las malas mañas.
Y aquí viene lo interesante, estimado ciberlector: el pleito no es jurídico, es de casta.
Aseguran los que conocen al Pestañas que no soporta que Alejo venga del “pueblo”, que no tenga sangre azul ni apellidos de abolengo. Dicen que el pecado capital no es un voto en contra, sino no pertenecer a la “realeza” judicial. En pocas palabras, un choque entre quien se siente york y quien cree que los demás son terriers. Y cuando el clasismo se mezcla con poder, el resultado es pólvora.
Lo grave no es solo el pleito personal. Lo delicado es que, según versiones internas, se estarían utilizando espacios y estructuras del propio tribunal para alimentar la campaña. Si eso es cierto, ya no estamos hablando de egos heridos, sino de uso indebido de recursos para guerras internas.
Porque una cosa es tener diferencias en el pleno… y otra muy distinta es mandar a ensuciar al compañero desde la sombra.
¿Qué hará el magistrado Ángel Alejo?

La violencia en Huajuapan ya no es una estadística: es una rutina. En las dos últimas administraciones municipales —ambas bajo el mismo mando, el de Luis Chupón Martínez— el miedo dejó de ser excepcional y se integró al funcionamiento cotidiano del municipio, pues cada semana tiene su muerto o un asalto. Y lo más grave: se convirtió en norma tolerada.
Eso no es casualidad. Es consecuencia. La delincuencia actúa a unos pasos del Palacio Municipal como si estuviera en casa. Mata frente a escuelas, frente a iglesias, frente a cualquier símbolo de autoridad. ¿Por qué habría de temer si el mensaje ha sido claro? En Huajuapan no pasa nada. O peor: aquí se permite todo.
No se puede hablar de seguridad cuando a lo largo de la Carretera Internacional 190 brotan, como carrizos en temporada de lluvia, burdeles disfrazados de negocios. No se puede hablar de orden cuando las tiendas azules de conveniencia operan como cantinas permanentes, toleradas y multiplicadas bajo la mirada complaciente del gobierno municipal.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿A quién beneficia ese modelo de ciudad?
Mientras cadenas formales como OXXO llevan años solicitando instalarse en Huajuapan bajo esquemas regulados y fiscalizables, el municipio ha preferido la expansión de expendios de alcohol que operan en los márgenes de la norma. La decisión no es técnica. Es política.
La propia reglamentación municipal establece que expendios de bebidas alcohólicas no deben ubicarse cerca de escuelas, iglesias o espacios deportivos. Sin embargo, ahí están. Exactamente ahí. Donde la letra lo prohíbe y la realidad lo confirma.
Cuando la norma se viola de forma sistemática, no hablamos de omisión. Hablamos de consentimiento. Y si la delincuencia se siente cómoda asesinando frente a cualquier institución, es porque la autoridad ha perdido algo más que el control: ha perdido legitimidad.
La voz popular —esa que suele adelantarse a las investigaciones formales— señala que dentro del propio Ayuntamiento hay intereses que explican esta tolerancia. Puede que sean rumores. Puede que no. Pero el problema no es el rumor: es que el gobierno no hace nada contundente para desmentirlo con hechos.
Porque gobernar no es cortar listones. No es tomarse fotos. No es hacer tequios. No es repetir que “todo está bajo control”. Gobernar es asumir costos. Es cerrar negocios irregulares, aunque duela, aunque ya no llegue el dinero a un solo bolsillo. Es enfrentar intereses, aunque incomode. Es poner la ley por encima de la conveniencia política.
Hoy Huajuapan parece una ciudad administrada para el flujo del alcohol, no para la tranquilidad de las familias. Una ciudad donde la economía informal ligada al consumo desmedido tiene más facilidades que la inversión formal. Una ciudad donde el miedo camina más libre que los ciudadanos.
O la administración municipal corrige el rumbo —con acciones visibles, verificables y valientes— o quedará marcada como la etapa en que Huajuapan normalizó la violencia y la convirtió en costo asumible.
La historia es implacable con quienes confundieron gobernar con tolerar. Y el pueblo, aunque tarde, siempre pasa factura. Si esta administración quiere pasar a la historia, que decida cómo: como el gobierno que recuperó Huajuapan, o como el que terminó de entregarlo.
El pueblo puede aguantar muchas cosas. Lo que no perdona es la indiferencia frente a la violencia. Y hoy, lo que más duele no es solo el crimen. Es la sensación de que a alguien, en el poder, ya dejó de dolerle.

En los límites entre Puebla y Oaxaca los asaltos no son novedad: son rutina. Tres, cuatro, o hasta cinco veces al día. Y eso que los gobernadores de Puebla y Oaxaca firmaron con bombo y platillo un acuerdo de seguridad para esa franja caliente. El papel se firmó. Las fotos se tomaron. Se estrecharon las manos, sin embargo, las patrullas brillan por su ausencia. Ni la policía estatal de ambas entidades ni la Guardia Nacional aparecen cuando más se necesitan.
Hace días asaltaron a un amigo cercano del presidente municipal, Luis “Chupón” Martínez. Entonces sí hubo prisa. Entonces sí hubo llamadas. Entonces sí se movieron piezas. El problema es que el alcalde no tiene jurisdicción en esa zona. Su margen legal es limitado.
Pero su instinto político no: en lugar de enviar un oficio directo al nuevo secretario de Seguridad Pública del estado, Félix Quiroz, prefirió activar a sus incondicionales de la Canaco para que fueran primero al despacho, tocaran la puerta, prepararan el terreno y dejaran listo el escenario.
El plan es transparente: que otros gestionen, que otros pidan, que otros se desgasten, y que el presidente llegue después a tomarse la foto y a recoger los aplausos por la “supervisión conseguida”.
Eso no es gestión. Es utilería. La pregunta incómoda es esta: si era tan urgente, ¿Qué no bastaba un oficio formal, firmado y con copia a las instancias correspondientes? ¿Por qué desplazar a cinco empresarios para hacer lo que un documento institucional puede hacer en menos de 24 horas? La respuesta es política: porque el trámite no luce; la comitiva sí. Aunque se trate de marionetas.
Más curioso aún: el propio presidente, cuando viaja a Puebla o a Ciudad de México, evita la zona de Acatlán–Huajuapan. Prefiere rodear por Tehuacán. Es decir, el tramo que para la población es ineludible, para él es opcional. El riesgo es para otros.
Y al frente de la comitiva empresarial va un personaje conocido en Huajuapan: empresario, contralor municipal y miembro de cuanta asociación exista. Es el “ajonjolí de todos los moles”. Su nombre es Ponciano Ramírez Pastor. Este personaje, como contralor —debería vigilar al poder— pero se dedicará a hacer favores al alcalde. La línea entre fiscalización y complicidad se vuelve peligrosamente delgada. Todo este movimiento es para respaldar a un amigo del presidente, cuyo principal mérito, según dicen en los pasillos, es la cercanía etílica con el poder.
Aquí no se está defendiendo la seguridad de los huajuapeños. Se está administrando el favor. Se está operando para el círculo cercano. Se está montando un acto donde la seguridad pública es el pretexto, y la imagen política es el objetivo.
Mientras tanto, los asaltos siguen. Porque la delincuencia no necesita comitivas. No necesita besamanos. No necesita fotos. Solo necesita que la autoridad esté más preocupada por la narrativa que por la patrulla.
En Huajuapan, por lo visto, la seguridad se gestiona cuando toca a los amigos… y se tolera, cuando le toca al resto. Ese es el verdadero problema.
Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:
En política, la astucia es un arma de doble filo: puede abrir puertas o cerrarlas de golpe.
















