Lavadero Político 01/02/26

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En el jardín primaveral ya no se escuchan pajaritos: se oyen gruñidos, zarpazos y el crujir de cuchillos largos. Los Juegos del Hambre han comenzado, y no por ideología, ni por principios, ni por amor al proyecto. Aquí lo que manda es el coraje, la ponzoña y el placer infantil de ver caer al de al lado… aunque en la caída se lleven entre las patas al propio gobernador, Salomón Jara.


Porque después del proceso de revocación, los grupos no salieron a hacer autocrítica ni a cerrar filas. Salieron a cobrarse facturas, a ponerse el pie y a descarrilar al prójimo, sin importar que los resultados fueran contraproducentes para su jefe político. La consigna fue clara: “si yo me hundo, que se hundan todos”. Y vaya que lo hicieron.


En algunos casos, el daño colateral fue “accidental”. En otros, perfectamente calculado. Ahí está el ejemplo del siniestro personaje, que, con tal de someter a funcionarios, presidentes municipales y hasta diputados, no dudó en operar en contra… y de paso ajustar cuentas personales con el gobernador. Todo por aquella vieja herida porque no alcanzó por tamaño, y no nos referimos a la estatura, sino a la visión política. Aquí no hay casualidades: hay rencores bien alimentados.


Otro capítulo digno de expediente es Tehuantepec. Ahí la víctima fue Vilma Cortés Martínez, secretaria de Bienestar, Tequio e Inclusión. A la tehuana la descarrilaron con precisión quirúrgica y, para sorpresa de nadie, fue su propio compañero de partido quien empujó el tren fuera de las vías: Nino Morales. Su forma de operar ya es conocida, especialmente cuando se trata de mujeres. Y tampoco le importó exponer al gobernador, a quien dice llamar amigo. Amistades así, ni en el infierno.


Eso sí, el método fue fino: mil pesos por voto, según cuentan en corto, para luego ir a presumirle al gobernador que “todo estaba bajo control”. Le hizo al vivo, pues. Muy al vivo. Tan vivo que hoy el cochinero ya es imposible de ocultar.


Ahora los grupos se están dando con todo. Replican el manual heredado de administración en administración que convierte a las personas en aprendiz de siniestros: odiar a quien estorba, intrigar contra todos, desacreditar por sistema y venderle al gobernador una realidad alterna. Todo con el apoyo de un grupito ya mareado de poder, que se prepara para darle la puñalada final. Para ellos ya arrancó la cuenta regresiva del clásico: “Viva el Rey, muera el Rey”.


La lista de traiciones, intrigas y zancadillas es larga, estimado ciberlector. Y quizá ya va siendo hora de que el gobernador empiece a poner orden, porque la gente que lo rodea no solo lo expuso: lo desinformó, lo engañó y le fabricó enemigos donde no los había. Le armaron pleitos innecesarios y lo dejaron parado en medio del fuego cruzado.


Así que prepárese. Vienen semanas de campañas negras, redes sociales llenas de saña, filtraciones con mala leche y golpes bajos que ni los conservadores más rudos se atrevieron a soltar. Aquí no habrá pudor ni límites.


Lo que no entienden estos pobres ilusos es que el poder no es eterno. Y cuando se acabe, algunos no serán nada. Nada más que eso: personajes menores con dinero mal habido y cero historias que contar.


Vaya sacando las palomitas. Esto apenas empieza.

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Nuestro reportero sabueso volvió a hacer lo que a muchos incomoda: leer con calma lo que el gobierno firma con prisa. Y al meterse hoja por hoja al Informe de Avance de Gestión Financiera del tercer trimestre de 2025, elaborado por la Auditoría Superior de Fiscalización del Estado de Oaxaca (ASFE) —ese documento que por ley sirve para medir si el dinero público realmente se convirtió en resultados—, la conclusión fue inmediata y brutal: en Oaxaca el dinero no falta, lo que falta es que trabajen.


Porque mientras el discurso oficial habla de “transformación”, “resultados” y “bienestar”, el papel —ese papel frío que no miente— dice otra cosa: más de 36 mil millones de pesos no se habían devengado al cierre de septiembre. Y no, no hablamos de un ahorro virtuoso ni de una administración responsable. Hablamos de dinero sentado, guardado, empolvado, viendo pasar el año fiscal mientras los problemas siguen igual o peor en este pueblito noble y sabio, también conocido como Oaxaca.


Y para que nadie se haga el sorprendido: más de 31 mil millones de ese subejercicio están concentrados en el Poder Ejecutivo. Ahí donde se toman las decisiones, ahí donde se supone que “la maquinaria está andando”. Pues no. La maquinaria está en neutro… pero la grilla va a toda velocidad.


Estimado ciberlector, iniciemos con el caso más descarado. Se trata del IEEPO, esa institución que debería estar concentrada en escuelas, maestros y alumnos, pero que hoy parece oficina alterna de asuntos juchitecos, anexos y conexos. Emilio Montero Pérez, su titular, tiene bajo su responsabilidad un subejercicio de 8 mil 780 millones de pesos. OCHO MIL MILLONES. Una cifra que por sí sola ya debería provocar sudor frío.


Pero no. Mientras el dinero no se mueve, Emilio Montero sí. Y mucho. Reuniones en Juchitán, fotos en Juchitán, conflictos de Juchitán, grilla de Juchitán, desayunos y comidas en Juchitán. Y no solo lo decimos nosotros; lo dicen en los pasillos de ese instituto. El IEEPO está convertido en sucursal administrativa de su tierra natal, tratando de resolver lo que su amigo, el presidente municipal Miguel Sánchez, no ha tenido la capacidad de hacer. Mientras tanto, las escuelas de Oaxaca esperando. Total, para él, los maestros, los alumnos, las escuelas y la educación no son prioridad.


Como a nuestro reportero sabueso no se le va una, nos recuerda otro pendiente que él y nadie ha querido aclarar: el famoso mobiliario y equipo de cómputo para las escuelas, ese que los propios maestros de la Sección 22 pactaron con la Cabecita de Algodón y que Claudia Sheinbaum sí cumplió.


¿Dónde quedó?
¿Cuántas escuelas lo recibieron?
¿En qué bodega duerme?
¿Se repartió todo el mobiliario?
Silencio total.


Eso sí, en diciembre pasado, mientras el instituto arrastraba rezagos, Emilio, sin pena alguna, se fue a Japón de vacaciones familiares. Muy bonito el viaje, muy exótico… pero políticamente una mentada de madre para miles de escuelas públicas. Que quede claro, estimado ciberlector: no es ilegal viajar. Pero cuando traes ocho mil millones sin ejercer, rezagos de todo tipo, y un personal que hace negocios dentro del instituto cobrando porcentajes y pidiendo moches, el boleto de avión pesa más que la maleta.


Si usted, estimado ciberlector, piensa que este es el único caso, se equivoca. Resulta y resalta que en los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO) el panorama no da risa, da coraje. Efrén Emmanuel Jarquín González administra un sector donde siempre “no hay”: no hay medicinas, no hay insumos, no hay camas, no hay personal… no hay nada. Pero el informe revela que 4 mil 302 millones de pesos se quedaron sin devengar.


¡Háganos el rechingado favor!


O sea, no hay ni para gasas, jeringas o algodón… pero sí hay dinero detenido. No hay especialistas… pero sí hay subejercicio. Aquí el problema no es técnico: es moral y de valemadrismo. Porque en salud, cada peso que no se mueve a tiempo se traduce en sufrimiento real.


Pero si alguien cree que el desorden es casual, se equivoca. Nuestro reportero sabueso encontró otro foco rojo que pocos quieren tocar porque quema: la Secretaría de Gobierno, encabezada por Jesús Romero López, mejor conocido en el mundillo político como “el Niñito Dios”, por aquello de que todos lo cargan… y nadie lo ve crecer. Sí, esa dependencia que se supone debe cuidar la gobernabilidad, apagar fuegos antes de que se vuelvan incendios y operar políticamente el estado, dejó sin ejercer más de 149 millones de pesos al cierre del tercer trimestre de 2025.


Y ojo, estimado ciberlector, porque aquí no aplica la excusa favorita. No fue porque se los recortaron, no fue porque no los hubiera. Todo lo contrario. A la Secretaría de Gobierno le ampliaron el presupuesto de poco más de 422 millones de pesos a casi 659 millones, es decir, le metieron más de 236 millones adicionales durante el ejercicio fiscal. Y aun así, Jesús Romero decidió no usar casi 149 millones. El dinero estuvo ahí. Lo que no estuvo fue la intención de ejercerlo donde debía.


Dicho sin vueltas: había dinero para atender conflictos y no se utilizó. Y luego nos preguntamos por qué hay bloqueos, plantones, crisis municipales, sindicatos enojados y comunidades hartas. La Secretaría de Gobierno no construye carreteras ni compra patrullas; su chamba es dialogar, mediar, prevenir, operar políticamente. Cuando esa dependencia no ejerce su presupuesto, lo que se deja de atender no son trámites: se deja de gobernar.


Ahora bien, aquí es donde el asunto se pone más interesante —y más apestoso—. Porque mientras la Secretaría de Gobierno “ahorraba” casi 149 millones de pesos, el “Niñito Dios” no dejó de promoverse. Programitas con nombres rimbombantes como “Encuentra a tu héroe”, “Jóvenes por la paz”, “Mujeres por la paz” y demás slogans buenistas que sirven más para la foto que para resolver conflictos reales. Y la pregunta es obligada: ¿de dónde sale el dinero para toda esa autopromoción, si su propia dependencia dejó recursos sin ejercer?


Nuestro reportero sabueso recuerda —porque aquí no tenemos memoria corta— que entre noviembre y diciembre del año pasado se documentó una licitación de varios millones de pesos para la compra de souvenirs, destinada a una gira de autopromoción por colonias y municipios. Una gira que, por cierto, parece que ya se le cebó.

 


Estimado Ciberlector, la sospecha crece cuando se observa que el Team de la Intriga tiene tentáculos en varias dependencias. Y no lo decimos al aire: ahí están los programas duplicados, los eventos innecesarios, las campañas disfrazadas de política pública. Mientras la Secretaría de Gobierno “guardaba” el dinero que debía usarse para gobernar, el Niñito Dios seguía repartiendo estampitas políticas, como si el presupuesto fuera suyo y no del pueblo.


Y luego vienen las frases de manual: “no se pudo prever”, “se salió de control”, “fue inesperado”. Mentira. Sí se podía prever, porque el dinero estaba ahí. Lo que no hubo fue voluntad de usarlo para gobernar y no para figurar. Porque cuando la Secretaría de Gobierno no gobierna, pero sí hace campaña, el resultado es este: un estado con conflictos, un secretario en promoción permanente y millones de pesos durmiendo en la caja.


Y que no se sorprendan después cuando Seguridad Pública no alcance. Porque cuando el Niñito Dios no hace su trabajo, el caos baja la factura… y la paga Oaxaca. Pero que tal presume sus moneditas de oro que no son de oro. Ya que se ponga a trabajar, que para eso es empleado del pueblito noble y sabio.


Otra dependencia reprobada es Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por el Capitán Iván García Álvarez, tazo dorado y holograma incluido. Más de mil millones de pesos sin devengar, mientras la narrativa oficial presume coordinación y estrategia.


Que alguien les avise que el pueblito noble y sabio no necesita informes sofisticados para entender esto: si el dinero de seguridad no baja, la inseguridad sube. Y luego vienen las conferencias, los discursos y el clásico “estamos trabajando”. Sí, pero con la chequera cerrada.


Bueno… de las chequeras abiertas ya les platicaremos después.


En la Secretaría de Infraestructuras y Comunicaciones (SIC), con Carlos Vichido, la historia ya es conocida, casi tradición: más de mil 69 millones de pesos sin ejercer y apenas poco más del 50% del presupuesto devengado.


Nuestro reportero sabueso asegura que Carlos Vichido está más que perdido. El joven sobrino putativo del gobernador parece haber pasado de noche por la escuela. No tiene la más mínima idea de lo que hace. Todo lo complica y ha cometido errores que han puesto de cabeza todo tipo de obras.


Dicen las lenguas viperinas de la SIC que hay obras que arrancan tarde, procesos atorados “por temas administrativos” y el clásico cierre de año a las carreras. Aquí el subejercicio no es sorpresa, es costumbre. Y la costumbre, en obra pública, siempre termina oliendo raro.


Por cierto, habrá que preguntarle por qué permitió que Netza le heredara a Luis Eduardo Velasco Luna como subsecretario de Obras Públicas. ¿A poco no conoce sus múltiples antecedentes, incluida su famosa máxima de “Más Oaxaca”?


Estimado ciberlector, nuestro reportero sabueso dice que hay un caso que provoca carcajadas nerviosas: el de Citybus, ahora rebautizado como BinniBus, porque cambiarle el nombre no le cambió la realidad.


Solo 11.92% del presupuesto devengado. Ni el 12%. Más de 862 millones de pesos sin moverse. Mucho render, mucho anuncio, mucha narrativa de movilidad moderna… pero el dinero sigue estacionado.


Karina Gómez Esteban, responsable de BinniBus, y Yesenia Nolasco Ramírez, titular de la Semovi, tienen mucho que explicar. Porque parece que nos quieren ver la cara con anuncios de ampliación de rutas y la compra de uno que otro camioncito sencillo.

Aquí la pregunta es simple: ¿es un sistema de transporte o un proyecto de simulación? Dicen que Karina anda más entretenida viendo cómo hacer negocios que en aplicar correctamente esos recursos.

Y no podía faltar el Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública, a cargo de Karina Barón, donde el subejercicio supera los 407 millones de pesos y el devengado apenas rebasa el 27%.

El organismo que debería coordinar la seguridad parece más ocupado en otras cosas. Y esas “otras cosas” no son secretas: promoción a su jefecito político, “el Niñito Dios”, también conocido como Jesús Romero; protagonismo en programas para mujeres que deberían corresponder a la Secretaría de las Mujeres; eventos, discursos y posicionamiento político.

En esta columna lo hemos documentado antes: Karina Barón juega su propio ajedrez, acumulando capital político para el Team de la Intriga, encabezado por “el Niñito Dios”. Y mientras ella se mueve en la grilla, desde ese mismo grupo se filtran notas, se exageran errores y se le mete el pie a la Secretaría de las Mujeres. No lo decimos nosotros: lo dicen quienes cobran por esas campañas negras. No defendemos a Anahí Sarmiento, quien tiene modos cuestionables con su personal, pero dicen sus cercanos que Karina y el Team Intriga buscan desestabilizarla para meter a alguien de su grupo y así controlar otra dependencia… y su presupuesto.

Estos son solo algunos ejemplos, estimado ciberlector. La lista es larga y seguirá creciendo.

En Oaxaca hay funcionarios que no ejecutan presupuesto, pero sí ejecutan intrigas. Que no mueven el dinero, pero sí mueven el chisme. Que no entregan resultados, pero sí entregan notas.

Nuestro reportero sabueso lo dice sin rodeos: el subejercicio no es un accidente, es un síntoma. Síntoma de un gobierno donde algunos prefieren la comodidad de la grilla al rigor de la administración. Y mientras ellos juegan, el dinero duerme y el enojo crece.

Aquí empieza esta historia, porque dinero hubo. Trabajo, no.

Porque cuando el dinero público no trabaja, el Lavadero Político sí.

Y apenas estamos destapando la coladera.

¡Compre palomitas en combo extra grande!

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Desde el complejo administrativo de Ciudad Peluche, nuestro reportero Zancudito Loco nos informa que ahora sí, ahora de verdad, a principios de febrero de 2026, comenzará la instalación de los nuevos elevadores. Esos mismos elevadores que, según los papeles oficiales, debieron estar funcionando desde diciembre de 2025, pero que se quedaron atorados entre escalones, oficios y acomodos administrativos.


Para no perdernos en el humo, vayamos por partes.


La primera licitación fue la LPE-SA-SA-0084-09/2025, lanzada en septiembre de 2025. Era estatal, con calendario preciso y sin margen para la improvisación: suministro en pocas semanas e instalación total antes del 25 de diciembre de 2025. No era un “si se puede”, era una obligación contractual. Esa licitación fue declarada desierta y el año se acabó sin elevadores.


Un mes después, en octubre, apareció la segunda vuelta: la LPN-SA-SA-0048-10/2025, ahora nacional, ya no por partes, sino en paquete completo. Nueve elevadores de un jalón, con plazos más largos y un esquema más cómodo. En esta segunda sí hubo interesado: Desarrollo de Proyectos y Construcciones Almada, S.A. de C.V., que incluso presentó propuesta económica por 25 millones 637 mil 046 pesos, IVA incluido. Aun así, el procedimiento también fue declarado desierto.


Y aquí es donde el Zancudito prende el foco rojo.


Dos licitaciones consecutivas declaradas desiertas no significan que el proyecto se caiga. Significan que la ley ya permite pasar a una adjudicación directa, esa figura tan legal como peligrosa que sirve para “resolver” lo que la competencia no pudo… o no quiso resolver.


Hoy, 1 de febrero de 2026, ya no se habla de licitaciones, ni de fallos, ni de montos públicos. Se habla de que “ya vienen los elevadores” y de que “ya se están instalando”. Lo que no se dice es bajo qué modalidad se contrató finalmente, ni cuánto costará realmente, ni quién se quedó con el contrato después de que el camino quedó despejado.


Mientras tanto, nuestros burócratas de Ciudad Peluche pronto dejarán de sufrir subiendo escaleras cargando su mercancía. Porque hay que decirlo como es: esos edificios administrativos no son oficinas, son auténticos tianguis verticales. Ahí se venden gelatinas, comida corrida, postres, colchas, se dan masajes, hacen alaciados, manicure, pedicure, depilaciones, se ofrecen productos milagro y hasta servicios exprés de relajación. Solo faltan los gritos de “¡barato, barato!” en los cubículos.


Por eso el elevador no es un lujo: es una herramienta logística del comercio interno. Y tal vez por eso el costo aproximado, cerca de tres millones de pesos por elevador, resulta excesivo para quienes conocen el mercado. No porque sean elevadores de otro planeta, sino porque no se están pagando fierros, se está pagando el proceso, la intermediación y, muy probablemente, la subcontratación que permite quedarse con una buena parte de los millones de pesitos sin cargar con la responsabilidad directa.


Esperemos, eso sí, que estos nuevos equipos traídos de la alguna parte del mundo (iluso) tengan garantías reales y vigencia suficiente. No vaya a pasar lo que ya ha pasado en otros lados, donde el elevador nuevo dura menos que la paciencia del ciudadano y termina descompuesto mientras el contrato sigue blindado.


Porque mientras en Ciudad Peluche el elevador por fin sube, siguen inservibles los elevadores del Hospital Civil y del Hospital Regional del ISSSTE, demostrando que cuando no hay negocio de por medio, la urgencia se queda estacionada en planta baja.


Nuestro reportero Zancudito Loco cierra su reporte con una verdad incómoda: en Oaxaca, los elevadores no se instalan cuando hacen falta… se instalan cuando ya dejaron suficiente ganancia.


Tomen nota.

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tierraciegos1En Palacio ya no se escucha el murmullo confiado de los intocables. Se oyen pasos acelerados, portazos y calculadoras apagándose. Los ajustes de gabinete comenzaron y, contra todo pronóstico, no arrancaron con secretarios, sino con directores y áreas administrativas, esos que se sentían virreyes con gafete y escolta. La señal es clara y nada sutil: la agonía empieza por abajo.


El primer movimiento ya ocurrió. Octavio Torres Castillo dejó su encargo como Subdirector General de Administración y Finanzas de los Servicios de Salud de Oaxaca. Oficialmente se habla de “salida”; extraoficialmente, de ajuste inevitable. En Salud nadie se traga el cuento del trámite administrativo: ahí se movió una pieza sensible, de esas que controlan el dinero, los contratos y la operación diaria.


Y como siempre pasa cuando cae una silla de ese tamaño, ya hay quien la mide. El nombre que más se menciona en corto es Mitzi García, exfuncionaria de la propia dependencia, quien en 2025 fue denunciada por la base trabajadora por malos tratos. Ese antecedente no es menor ni está archivado: en SSO la memoria sindical es larga y selectiva. Por eso, lejos de generar tranquilidad, su posible llegada enciende alertas. Si el ajuste busca mandar un mensaje de corrección, reciclar perfiles con historial conflictivo sería exactamente lo contrario.


Este primer movimiento no es aislado. Es el mensaje. Y el mensaje es que los cambios no vienen por cariño, sino por resultados. Tras el domingo, muchos entendieron que ya no hay margen y que varios no dieron el ancho. Algunos, incluso, ya se sentían gobernadores. Hoy, esos mismos, no saben si llegarán a marzo.

En la lista de los que traen ruido aparece Alejandro López Jarquín, actual director del IOCIED. Ahí la colita es larga: licitaciones, obras escolares, tiempos que no cuadran y empresas que se repiten. Nada nuevo para los auditores, pero sí incómodo para quien creyó que el cargo era blindaje vitalicio.


Otro nombre que ya huele a estiaje es Omar Benítez Zárate, alias el “patas verdes”, en SOAPA. Año tras año el agua se convierte en crisis… y la respuesta en pretexto. Nunca da una, y cuando llega la temporada crítica, el engrudo se hace bolas y las bolas más bolas. Dicen que ahí la paciencia ya se agotó.


También suena el profesor Enrique Misael Feria Rodríguez, en Vivienda Bienestar. El problema no es el discurso social, sino la nómina familiar: parientes aquí, parientes allá, los negocios a empresa con presta nombres y hasta ecos en el Congreso del Estado, donde su hijo el de la barba “postiza”, hace acto de presencia, lo mismo su otro hijo en ciudad peluche edifico 1.


Estimado ciberlector, el miedo no es gratuito. Muchos ya son nuevos ricos —o medio ricos—, con restaurantes, negocios y propiedades que no se explican con el sudor de la frente. Como varios conservadores priístas que se fueron, el origen del dinero es la pregunta. La “beca dorada” se termina.


Aquí conviene no subestimar al gobernador Salomón Jara Cruz. Algunos creen que pueden engañarlo; otros suponen que no ve, que no pregunta, que no investiga. Error. Es un político curtido, que sabe quién trae qué negocio, desde obra y contrataciones hasta empresas que aparecen y desaparecen. Lo sabe todo. Y ya sabe que es momento de mover.


Por eso, lo que sigue no debería quedarse en ratoncitos. La limpieza si es seria tiene que ir de arriba hacia abajo, incluyendo tepocatas, alacranes, cucarachas, ratas inmundas, animales rastreros, escorias de la vida, adefesios mal hechos infrahumanos, espectros del infierno y malditas sabandijas que le han hecho daño al jardín primaveral y la imagen del gobernador.


Pero dicen en los pasillos del palacio chairo que también se pueden ir los que susurran mal, fabrican pleitos y le han abierto frentes innecesarios al gobernador.


Estimado ciberlector, sin duda alguna sacudirse esa fauna recompondría el tablero para los próximos tres años, bueno dos, porque en el 3, ya es costumbre aplicar el “viva el rey, muera el rey”.


La cuenta regresiva ya inició. Tavo Torres, dicen las lenguas viperinas que “renunció”. La salida fue digna porque la amistad que tiene con el gobernador pesa. Sin embargo, el mensaje quedó claro: nadie es intocable.


Así que, funcionarios, pongas sus barbas a remojar, porque parece que se acabó la beca dorada para muchas y muchos, y empezó la evaluación real.


Ay… nanita.

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Estimado ciberlector, en política hay silencios que no son reposo: son estrategia. Y en Santa María Huatulco, el silencio del presidente municipal Julio Cárdenas tras el accidente del 9 de enero no se sintió como prudencia, sino como fuga de reflector… hasta que la realidad lo alcanzó con un dato imposible de esquivar: la muerte de la joven Dulce, ocurrida el 19 de enero, después de varios días en estado crítico.

Porque sí, estimado ciberlector: primero vino un comunicado flaco, de esos que no dicen nada y quieren que uno aplauda el “estamos al tanto”. Luego vino el apagón total. Y cuando el dolor se volvió noticia, el edil reapareció con entrevista, con explicación a medias y con una versión que según él buscó cerrar el tema con llave: que tuvo complicaciones, que fue intervenido quirúrgicamente, que el único día “desconectado” fue por cirugía.

Hasta ahí, cualquiera diría: “bueno, se vale recuperarse”. El problema es lo que vino después. Porque a los pocos días, ya entrados en la tercera semana de enero, reaparece en reuniones, posando con cabildo, directores y agentes, y en redes circula que incluso se le vio bajando de una camioneta y caminando sin bastón, sin apoyo, sin esa cautela que normalmente acompaña una lesión seria.

Y entonces la pregunta deja de ser rumor y se vuelve lógica pública: ¿cómo se explica esa recuperación express con el tipo de lesiones que él mismo puso sobre la mesa?

Como el pecho y las dudas de nuestra reportera no son bodega, se consultó a un especialista que, sin dramatismo barato, explicó que una lesión de cadera que amerita cirugía implica restricciones por varias semanas, cuidados estrictos y, en muchos casos, apoyo para caminar durante al menos seis semanas. A eso se suman las fracturas de costilla, que suelen generar dolor intenso al moverse, respirar profundo o hacer esfuerzo durante cuatro a seis semanas. No es diagnóstico desde el teclado; es medicina básica.

Entonces no, estimado ciberlector: no es “qué bueno que caminó”. Claro que qué bueno. El punto es otro. Si la narrativa médica se usó para justificar el silencio, también debe resistir el escrutinio del calendario. Porque cuando una autoridad pasa de “estoy delicado” a “ya estoy en reunión como si nada”, lo mínimo exigible es claridad.

Y aquí surge la pregunta incómoda, esa que incomoda porque no se ve bonita en boletín: ¿el discurso médico se usó como escudo político para ganar tiempo, enfriar el tema y evitar preguntas mientras la joven seguía en coma?

No estamos diciendo que no se haya lesionado. Estamos diciendo que la secuencia huele a manual: se escondió cuando el tema estaba caliente, reapareció cuando la tragedia ya había pasado por el panteón y ahora pretende que la agenda municipal tape la memoria. Eso no es prudencia; es frialdad.

Porque además, estimado ciberlector, Huatulco no es cualquier municipio, es vitrina turística. Y hoy la vitrina ya no brilla. La gente de a pie viene señalando deterioro: áreas verdes descuidadas, basura donde antes se presumía limpieza quirúrgica y cobros municipales que sienten más como castigo que como política pública.

Y aquí entra un dato que no es chisme, sino política pura. Esta misma semana volvieron a ventilarse los negocios, convenios y la relación directa del presidente municipal Julio Cárdenas con Ricardo Salinas Pliego, el llamado “tío Richi”, empresario que no solo ha sido uno de los críticos más feroces de la Cuarta Transformación, sino que además ha recibido tratos preferenciales y descuentos que contrastan brutalmente con lo que viven los comerciantes locales.

Mientras a ciertos consorcios se les flexibilizan condiciones, a la gente común se le elevaron impuestos, se cuadruplicaron y hasta quintuplicaron cobros por continuación de operaciones y licencias, y cuando los pequeños negocios van a reclamar, el criterio es tan arbitrario que a veces el descuento depende del humor del día: sin revisar la hoja, sin reglas claras, sin piso parejo. Eso no es gobierno; eso es capricho con sello oficial llamado Julio Cárdenas.

Por eso no sorprende que este tema haya provocado malestar evidente en el gobierno estatal. El gobernador Salomón Jara ya mostró su enojo y su rechazo a que un presidente municipal decida caminar del brazo del peor enemigo político del proyecto federal, justo cuando la ciudadanía aprieta el cinturón y el discurso oficial habla de justicia social.

Estimado ciberlector, en Huatulco para nadie es un secreto que durante el primer año y los primero días de este mes, (antes del trágico accidente) el presidente municipal solo se la vivía en la farra, en viajes, en fiestas unas hechas a puertas cerradas donde había de todo, donde sus invitados eran de todo tipo, incluyendo políticos de su partido el Verde Ecologista, lejos de la oficina, al igual que buena parte de su cabildo. El municipio está de cabeza, pero la agenda social sigue intacta. El trabajo, ese sí, sigue pendiente.

Por eso este episodio no se puede cerrar con una foto en sala blanca y un “seguimos trabajando”. Un fallecimiento derivado de un accidente donde el presidente está involucrado no se convierte en trámite ni en maquillaje institucional. Se enfrenta con responsabilidad, con transparencia y con humanidad sostenida, no con apariciones selectivas cuando conviene.

Si Julio Cárdenas cree que con unos días de reposo declarado y una entrevista tardía ya “cumplió”, se equivoca. Aquí no está en juego su imagen, sino la confianza de un municipio que ya venía cargando ruido por malas decisiones, malos cobros y malas compañías incluyendo a sus asesores, y sabe de quienes hablamos.

Y si ya quiere “dar vuelta a la hoja”, que recuerde algo elemental: las hojas se pasan cuando se resuelve, no cuando se maquilla.

Como el maquillaje del poder se le corre menos que el duelo ajeno, en las próximas semanas seguiremos exhibiendo su “brillante” trabajo, sus cobros, la gente que lo rodea, el valemadrismo institucional y las farras que parecen prioridad.

Que vayan comprando palomitas.

En combo extra grande.

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En la SEMABIESO ya entendimos que hay dos especies protegidas: las aves… y los asesores. Las primeras se observan con binoculares; los segundos, con nómina. Y no falla: cuando en la oficina te dicen “no hay dinero”, casi siempre es porque el dinero ya agarró vuelo… nomás que hacia otro nido.

Nuestra Reportera Pichona nos pasa un nuevo aleteo desde adentro de la misma dependencia y de la misma titular, Karime Unda Pinzón. Dice que mientras a la tropa le repiten que “no alcanza ni para viáticos” y que “ni para papelería”, en paralelo se andan acomodando nombres con silla, escritorio y, de ser cierto lo que circula, hasta con “bono” en la jaula.

El dato que está levantando plumas es este: ya estaría contratado Pedro Alberto López Garrido, identificado como extitular del Organismo Operador encargado de la gestión y manejo integral de residuos sólidos urbanos y manejo especial del estado, mismo que mandó a despedir el niñito Dios Jesús Romero, para meter a su protegido y casi hermano gemelo de Donato Vargas, sí estimado ciberlector, Diego Humberto Ramos Robles, que dicho sea de paso de él tenemos documentados algunos negocios que ya les informaremos.

Pero sigamos. Hasta ahí, uno diría: bueno, a lo mejor llega un perfil con experiencia operativa. El problema es el cómo y el para qué, porque el trascendido es que no entró a una estructura técnica con funciones claras, sino como asesor personal de la titular, bajo un contrato de confianza y —según el mismo chisme documentado que nos comparten— con promesa de bono.

Y aquí es donde la historia se pone sabrosa: si en la oficina “no hay dinero”, ¿de dónde sale el recurso para sumar otro asesor y encima premiarlo? ¿En qué capítulo presupuestal se guarda la bolsita del alpiste extra? Porque cuando la dependencia anda en modo “austeridad franciscana” para lo esencial, pero en modo “barra libre” para lo cercano, ya no es austeridad: es selección natural, pero dirigida.

Nuestra reportera Reportera Pichona dice que el malestar no es contra el personaje en sí, sino contra el patrón: “se está llenando de asesores” mientras el avance en la Secretaría, según la percepción interna, no se ve por ningún lado. Que hay reuniones, sí; que hay fotos, sí; que hay publicaciones, sí; pero resultados tangibles, pocos. Y que el discurso verde se usa más para adornar que para resolver. Como esos árboles de Navidad: muy bonitos, pero no dan sombra ni fruta.

Y como si faltara condimento, en los mensajes también aparece otro nombre, “Liz, la exdiputada”, mencionada como parte del entorno laboral. La versión que nos sueltan es la de siempre: que va, que se aparece, que se reúne… pero que el trabajo no se refleja. No lo afirmamos como sentencia; lo ponemos como lo que es: lo que se comenta dentro, el tipo de rumor que nace cuando la gente siente que el barco no avanza pero la tripulación de confianza sí crece.

En esa misma bolsa va otro personaje, Fidel López Magdaleno descrito como alguien que “no avanza”, “se la pasa encerrado” y en una dependencia donde supuestamente “no hay dinero”, curiosamente “siempre hay lugares”. Es decir: la escasez es para el operativo, no para el círculo.

Lo delicado del asunto no es menor, porque esto no se trata de “grillas”. Se trata de administración pública básica. Si el argumento oficial es que no hay recursos para lo indispensable, entonces cualquier contratación adicional —y más si se maneja como asesoría personal y con bono— se vuelve un foco rojo por tres razones: por la percepción de favoritismo, por el impacto presupuestal y porque manda un mensaje demoledor a quienes sí sostienen la chamba diaria con cinta canela y buena voluntad.

En la Secretaría de Medio Ambiente, no hay dinero para papel, para viáticos y para operar, pero sí hay para más asesores para doña Karime Unda y bonos, entonces el problema no es financiero… es de prioridades, de esas prioridades que siempre la dejan en ridículo.

Al tiempo.

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Estimado ciberlector, hoy la Polis Woman del Amorsss llegó al Lavadero con sonrisa nerviosa, cafecito cargado y una frase que se repite en los pasillos de cierta institución donde se supone que se persigue el delito, no el ligue: “Aquí ya no sabes si te van a integrar una carpeta… o a integrar a una relación tóxica.”

Y es que, dicen, hay un funcionario de la Fiscalía, nombre que empieza con S, que anda más aplicado en el arte del enamoramiento que en el cumplimiento de sus responsabilidades. Uno de esos que confunden el cargo con carta de presentación y la oficina con escenario romántico.

Cuentan (ojo, cuentan, que aquí nadie afirma) que el muchachito trae escuela, colmillo y verbo. Que no improvisa. Que sabe perfectamente cómo entrar en confianza: primero el halago, luego la complicidad, después el “tú sí me entiendes”, y remata con el clásico “nadie me había escuchado así”. Manual básico del conquistador institucional.

Las malas lenguas aseguran que el recorrido sentimental del galán es tan amplio como su currículum: que viene desde la defensoría, que pasó por el Jardín Primaveral, que tuvo estación en el DIF y ahora despacha en la Fiscalía. Un tránsito administrativo… y emocional, dejando por ahí corazones raspados, ilusiones parchadas y alguna que otra decepción que todavía duele cuando vibra el celular.

Dicen también que el objetivo preferido son chavitas que apenas empiezan, con ganas de crecer, de aprender, de abrirse camino… y que no siempre traen el radar prendido para detectar cuando el “apoyo profesional” viene con doble intención. Algunas, murmuran, terminaron confundidas; otras, desencantadas; y hay quien dice, bajito pero firme, que ya no se sentía tan romántico cuando los mensajes eran diarios, insistentes y fuera de horario.

Pero el galán, dicen, anda confiado. Muy confiado. Que porque “tiene vara alta”, que porque “está bien parado”, que porque “nadie le va a decir nada”. Aunque quienes conocen al Fiscal aseguran que si se entera, se acaba la novela y sin segunda temporada, porque no es precisamente fan de estos enredos.

Y aquí viene el giro que convierte el drama en un capítulo para la Rosa de Guadalupe: el susodicho está casado. Sí, casado. Con una funcionaria del DIF en un municipio con nombre cariñoso. Y cuentan que cuando una de las supuestas novias de oficina se enteró de la boda, el amor se le convirtió en archivo guardado. Desde entonces, dicen, hay mensajes, capturas y promesas almacenadas “por si un día se necesitan”.

Nuestra Polis Woman del Amorssss no señala, solo observa. No acusa, solo escucha.

¿Será cierto que en la Fiscalía hay quien cree que el puesto viene con derecho a enamorar?

¿Será que algunos confunden autoridad con seducción y jerarquía con impunidad romántica?

¿O será que a alguien ya se le subió el cargo… y el ego?

Porque, estimado ciberlector, una cosa es ser simpático y otra muy distinta es andar repartiendo promesas como volantes. Y en espacios donde se exige ética, respeto y profesionalismo, el ligue laboral mal entendido también deja víctimas.

Aquí nadie juzga amores… pero cuando el poder se mezcla con el ego, el corazón ajeno suele pagar los platos rotos.

Seguiremos atentos…

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¿Verdad o mentira?

Que antes de la revocación de mandato, en varias dependencias del gobierno pasó la charola con singular entusiasmo. Cuentan que a no pocos trabajadores les exigieron cooperar con una cantidad específica para completar la famosa bolsa de votos de la consulta. Nada voluntario, nada simbólico: había cuota y había prisa.

Ante la urgencia por juntar el dinero, los trámites milagrosamente se encarecieron. Lo que costaba tanto, de pronto costaba más. La gestoría se volvió exprés, el sello más rápido y el “ahorita le resolvemos” se convirtió en oferta limitada. La eficiencia administrativa nunca fue tan productiva.

Muchos empleados andaban desesperados, haciendo cuentas, viendo de dónde sacaban lo que les pidieron, mientras afuera se hablaba de participación libre, democrática y sin presión alguna. Cosas de la democracia creativa.

La pregunta incómoda queda en el aire:

¿el IEEPCO investigará estas prácticas o seguirá guardando silencio, como hasta ahora, esperando que el tema se diluya entre rumores y desmemoria?

Porque si fue mentira, que lo aclaren.

Y si fue verdad… que alguien explique quién dio la orden.

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La presa Lázaro Cárdenas, el corazón hídrico que le da vida a Huajuapan de León, se está muriendo asfixiada, nos asegura nuestro reportero Flechador del Sol. Lo que antes era un espejo de agua y orgullo turístico de la mixteca, hoy es una alfombra verde, densa e impenetrable de lirio acuático. Ya no es metáfora ni exageración. Donde antes había un modelo de de la entidad, hoy se extiende una alfombra verde de lirio acuático, como una enfermedad avanzada que nadie quiere diagnosticar con seriedad. Lo más grave no es la plaga: es la miopía política de una administración que cree que un desastre ambiental se resuelve con escobas, sudor ajeno y fotografías para Facebook.

Los cooperativistas de San Francisco Yosocuta no hablan desde el escritorio, hablan desde el agua. No pueden pescar. Sus redes se rompen. Los motores de sus lanchas —su única herramienta de trabajo— se enredan, se fuerzan, se queman. El turismo se desplomó. El sustento diario se volvió incertidumbre.

¿Y cuál es la respuesta del presidente municipal Luis “Chupón” Martínez? Maquillaje. Limpiar la orilla para que la cámara tenga buen ángulo.

Nadie cuestiona la voluntad de los trabajadores del Ayuntamiento, llevados como utilería humana a la presa. Pero hay que decirlo claro: limpiar lirio a mano es inútil. Es querer apagar un incendio con un vaso de agua. El lirio no entiende de buenas intenciones ni de hashtags. Se combate con tecnología, presupuesto y estrategia, no con jornadas simbólicas.

Mientras los empleados se parten el lomo retirando metros irrelevantes de maleza, en el centro de la presa el lirio avanza sin resistencia, evapora el agua que tanto necesita Huajuapan y mata el oxígeno que sostiene la vida acuática. Es una batalla perdida desde el planteamiento.

Y aquí viene el punto que indigna: existe una máquina cosechadora de lirio. Está ahí. Visible. Inmóvil. Convertida en chatarra por la falta de algo tan elemental como una banda de transmisión y mantenimiento básico. La única herramienta capaz de enfrentar el problema real está parada… mientras se obliga a cientos de trabajadores a llevar sus propias herramientas para una limpieza inútil.

¿De verdad es más lógico gastar energía humana que gestionar una refacción?

No es falta de recursos. Es falta de gestión. Y peor aún: falta de respeto a quienes viven de la presa.

Yosocuta no enfrenta solo un problema visual. Enfrenta una crisis sanitaria por mosquitos, una crisis hídrica por pérdida de volumen de agua y una crisis social por el abandono de pescadores, restauranteros y familias enteras. Cada día que pasa sin acción real, el daño crece.

Si el gobierno municipal insiste en el “tequio de orilla” como estrategia, pronto no habrá presa que rescatar. Huajuapan no necesita más fotos de funcionarios con botas embarradas. Necesita que la máquina funcione, que se gestione apoyo estatal y federal, y que se deje de tratar una emergencia ambiental como si fuera una faena dominical.

Señor presidente: el lirio no espera. O su gobierno actúa con ciencia, técnica y seriedad, o la presa de Yosocuta será recordada como la presa que su gobierno dejó morir, por no cambiar una banda de transmisión.

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La recaudación millonaria que el Ayuntamiento municipal se propuso alcanzar este año —a través del cobro de panteones, predial, recolección de basura y otros conceptos— terminó siendo un fracaso. Y no por falta de intención oficial, sino por una decisión ciudadana: la gente dejó de pagar. Los incrementos fueron desmedidos, en algunos casos superiores al 100%, y llegaron sin explicación ni mejoras visibles.

Pero el problema no es solo el aumento. Es la desconfianza. Durante meses, los comprobantes de pago incluyeron códigos QR que no llevaban a ningún sitio. No había informes, no había desglose, no había transparencia. Nada. Cuando el dinero desaparece en la opacidad, el ciudadano deja de creer. Y cuando deja de creer, también deja de pagar.

El caso de los panteones municipales es quizá el ejemplo más crudo de este desencanto. El Ayuntamiento cobra los servicios como si los panteones cumplieran con todas las condiciones necesarias para brindar atención digna a las tumbas. La realidad es otra. Hace apenas unos días se realizó la certificación de panteones y solo dos lograron aprobar. El panteón El Gólgota no fue uno de ellos.

Este panteón se encuentra en condiciones críticas. No pasó la certificación porque presenta filtraciones de agua que terminan contaminando el río ubicado a escasos metros del lugar. El líquido regresa al cauce por un antiguo brazo del río, arrastrando contaminación derivada de cuerpos en descomposición. Un riesgo sanitario evidente, ignorado por la autoridad. El anfiteatro, además, no reúne los requisitos mínimos para operar, pero aun así continúa prestando servicio, como si la norma fuera un estorbo y no una obligación.

A esto se suma un peligro mayor: una barda del mismo panteón ha sido señalada por Protección Civil como un riesgo inminente. Puede colapsar en cualquier momento sobre un jardín de niños cercano, poniendo en grave peligro a menores de edad. El síndico municipal no ha dado seguimiento al problema. El dictamen existe, la advertencia es clara, pero la omisión persiste. En este punto, ya no se trata de negligencia administrativa, sino de una amenaza directa a la seguridad infantil.

Mientras tanto, el cobro no se detiene. De pagar alrededor de 100 pesos anuales por el panteón, hoy se cobran hasta 320, sin agua, sin sanitarios, sin mantenimiento, con pasillos deteriorados y con restricciones absurdas como la prohibición de floreros “porque generan basura”. Se paga más para recibir menos… y para asumir más riesgos.

La indignación también alcanzó a los padres de familia. Para inscribir a sus hijos en los talleres del Parque Bicentenario, el Ayuntamiento exige estar al corriente en el pago del predial y la basura. Si no hay comprobante, no hay inscripción. Un condicionamiento que se parece demasiado al chantaje y que contradice cualquier discurso de derechos humanos o de atención a la niñez.

El mensaje que recibe la ciudadanía es claro y demoledor: paga sin preguntar, acepta sin reclamar y guarda silencio. Pero la gente ya no cree. Porque paga y no ve mejoras. Porque cumple y recibe amenazas. Porque deposita su dinero y nunca sabe a dónde va.

Cuando un gobierno cobra como si administrara eficiencia, pero gestiona como si nadie fuera a pedir cuentas, el resultado es inevitable: ventanillas vacías, ciudadanos indignados y una autoridad que confunde recaudación con abuso.

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Vivirá poco quien no entienda lo aquí dicho, recuerde estimado ciberlector, la frase de la semana:

En Política, la lealtad dura lo mismo que el último contrato firmado.