
Diana Mendez
La Tumba 10 de Huitzo, ubicada en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, representa uno de los hallazgos arqueológicos más significativos para comprender la cosmovisión zapoteca y su relación con la muerte, el poder y la espiritualidad, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Este recinto funerario destaca por la riqueza simbólica de sus elementos. En la entrada de la antecámara se localiza la figura de un búho, ave considerada sagrada y asociada con la noche, el inframundo y el poder espiritual. Debajo de su pico se conserva un rostro humano estucado y pintado, que correspondería a un personaje zapoteca de alto rango, posiblemente el ancestro al que estuvo dedicada la tumba.
El acceso al espacio funerario está flanqueado por dos figuras guardianas, un hombre y una mujer, representados con tocados y objetos rituales, cuya función simbólica era proteger el recinto y acompañar al difunto en su tránsito al más allá. Estas representaciones refuerzan la importancia de los rituales funerarios dentro de la estructura social y religiosa zapoteca.
En el interior, la tumba conserva una pintura mural que muestra una procesión ritual, elaborada con pigmentos en tonos ocre, blanco, verde, rojo y azul. Esta escena ofrece una valiosa ventana a las prácticas ceremoniales y al pensamiento religioso de esta civilización prehispánica.
Especialistas del INAH señalan que la Tumba 10 de Huitzo no solo es un testimonio del alto nivel artístico y simbólico de los zapotecos, sino también un recordatorio de la importancia de preservar el patrimonio cultural, ya que estos vestigios permiten reconstruir la historia y la identidad de los pueblos originarios de Oaxaca.







