Entre tamales, fe y tradición: Oaxaca celebra el Día de la Candelaria

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Diana Mendez

El 2 de febrero, las mesas se llenan de vapor, maíz y risas. Es el Día de la Candelaria, una de las tradiciones más arraigadas en los hogares mexicanos, donde la comida, la fe y la convivencia familiar se entrelazan para cerrar el ciclo festivo que comenzó con la Rosca de Reyes.

Como dicta la costumbre, quienes encontraron el “monito” en la Rosca de Reyes el pasado 6 de enero cumplen hoy su compromiso: poner los tamales. En casas, oficinas y barrios enteros, el aroma de los tamales de mole, rajas, frijol o dulce se convierte en protagonista de la jornada, acompañado casi siempre por atole caliente.

Pero la Candelaria no solo se celebra en la mesa. Para muchas familias católicas, la fecha tiene un profundo significado religioso. Desde temprana hora, los hogares se preparan para vestir al Niño Dios, una tradición que se transmite de generación en generación. Los pequeños vestidos representan a distintos santos, vírgenes o advocaciones de Cristo, de acuerdo con la devoción de cada familia.
Con el Niño Dios cuidadosamente ataviado, las familias acuden a los templos para participar en la misa de la Candelaria, donde las imágenes son bendecidas. El acto simboliza la presentación del Niño Jesús en el templo, así como la renovación de la fe y la esperanza en el seno familiar.

En mercados y calles, comerciantes ofrecen ropa para el Niño Dios, velas, tamales y atole, reflejo de la importancia económica y cultural que esta fecha representa para la comunidad. La tradición se vive tanto en lo religioso como en lo cotidiano, reforzando la convivencia y el sentido de identidad.

Así, entre tamales compartidos y oraciones, el Día de la Candelaria se convierte en una celebración que reúne a familias y amigos, recordando que las tradiciones no solo se heredan, sino que se viven y se saborean, año con año.