El tequio llega al gobierno municipal cuando la comunidad también hace obra pública

* El tequio es, en esencia, una poderosa lección de política pública oaxaqueña: el gobierno tiene recursos, pero la comunidad tiene organización; cuando ambos se encuentran, el resultado puede multiplicarse positivamente.

* Cuando gobierno y ciudadanía dejan de caminar por separado y trabajan del mismo lado, el dinero público puede alcanzar más, la obra puede llegar más lejos y la comunidad puede volver a sentirse dueña de su propio destino.

 

En Oaxaca, el tequio no necesita presentación. Es parte de la memoria colectiva y de una manera de entender la vida comunitaria: organizarse, trabajar juntos y resolver necesidades comunes.

 

Lo novedoso es que esa tradición ancestral esté encontrando un cauce dentro de la administración pública municipal y que, además, sea reconocida como una práctica de innovación gubernamental.

 

El Premio a las Mejores Prácticas de Gobiernos Locales 2026, otorgado al presidente municipal de Oaxaca de Juárez, Ray Chagoya, en la categoría de Inversión Social Productiva, coloca precisamente al tequio en el centro de una nueva concepción de la obra pública.

 

El reconocimiento distingue el modelo de Construcciones Colectivas, desarrollado mediante el programa Banco de Materiales, con una lógica distinta a la tradicional: el Ayuntamiento entrega directamente materiales a las comunidades y las propias vecinas y vecinos participan en la construcción de calles y espacios públicos mediante el tequio, con acompañamiento técnico municipal.

Porque la participación ciudadana sólo fortalece al gobierno cuando está sustentada en reglas claras y en cuentas abiertas.

 

El reconocimiento de la 16ª edición del Premio a las Mejores Prácticas de Gobiernos Locales, que distinguió a 32 municipios de 17 estados, representa por ello algo más que una medalla para la administración de Oaxaca de Juárez.

Es una oportunidad para demostrar que la innovación gubernamental no siempre consiste en importar modelos extranjeros o llenar oficinas de tecnología. A veces, innovar significa mirar hacia atrás, recuperar lo que la propia sociedad ha construido durante siglos y adaptarlo responsablemente a los desafíos del presente.

 

El tequio es, en esencia, una poderosa lección de política pública: el gobierno tiene recursos, pero la comunidad tiene organización; cuando ambos se encuentran, el resultado puede multiplicarse.

 

El verdadero examen para Ray Chagoya no será haber recibido el premio.

 

Será demostrar que el Banco de Materiales puede convertirse en una política pública permanente, transparente, evaluable y ampliable; que llegue efectivamente a las zonas con mayores necesidades y que sus beneficios puedan comprobarse más allá de los discursos.

 

Porque los premios reconocen el pasado inmediato. Los resultados sostenidos son los que construyen legitimidad.

 

Y en Oaxaca, donde el tequio forma parte del ADN comunitario, quizá una de las mejores maneras de gobernar sea recordar una verdad tan antigua como vigente: cuando gobierno y ciudadanía dejan de caminar por separado y trabajan del mismo lado, el dinero público puede alcanzar más, la obra puede llegar más lejos y la comunidad puede volver a sentirse dueña de su propio destino.

 

alfredo_daguilar@hotmail.com

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@efektoaguila