Y cuando despertaron los fieles, la crisis seguía aquí: Carlos Ramírez

mexicoQuizá los principales saldos de la visita del papa Francisco sean tres: menos gente en las calles que las visitas de Juan Pablo II, la élite política acaparó y aisló al prelado y las crisis se resuelven por la lucha de clases y las correlaciones sociales y de poder, no por regaños espirituales.

Si al parecer el auxilio del cielo era la última esperanza para resolver la crisis de sistema/régimen/Estado, ahora sólo queda la certeza de que las fuerzas políticas, sociales y productivas son las únicas que pueden impulsar las reformas para encarar los tres grandes problemas nacionales: crisis de bienestar, crisis de seguridad pública/interior/nacional, crisis de eficacia de las élites. La corrupción es una crisis pero consecuencia de las tres anteriores, no causa por sí misma.

Las agendas de las élites políticas son otras: ganar las elecciones de doce gobernadores, consolidar los recambios en las élites dirigentes de los partidos y adelantar la elección presidencial del 2018. La realidad política de la coyuntura, no obstante, es más seria: la certeza de que el actual sistema político/régimen de gobierno/Estado nacional es ineficaz a la hora de atender las crisis nacionales.

Las élites políticas han dejado pasar de largo las oportunidades de las reformas para recuperar la funcionalidad de las instituciones, pero en una dinámica en que las exigencias sociales han rebasado en velocidad, militancia y alcance a las posibilidades de las pocas reformas parciales. Por tanto, México vive una crisis típica de ingobernabilidad (Samuel Huntington): cuando las exigencias sociales son mayores que las concesiones reformistas.

El problema no radica en las reformas en o por sí, sino en la falta de un plan de funcionalidad práctica. Las reformas estructurales de este sexenio eran necesarias para destrabar cuellos de botella productivos, pero se quedaron en el papel y carecieron de un programa de relanzamiento del modelo de desarrollo. Por ejemplo, el próximo año comenzarán a llegar capitales extranjeros en materia energética, pero el gobierno federal carece de programas de desarrollo para utilizar los beneficios de la derrama económica.

Ahora la mayoría de los mexicanos sabe que la ayuda para salir de la crisis no caerá del cielo porque la religión es cosa de fe, espiritualidad y creencias. Las verdaderas soluciones deben venir de los partidos, las clases sociales y la sociedad misma. Pero veremos en junio próximo que la sociedad electoral dejará ir la oportunidad de convertir las elecciones en un castigo-cambio con respecto a las crisis nacionales.

El PRI buscará mantener sus cotos de poder con candidatos ajenos al cambio y comprometidos justamente con la continuidad de las mismas élites, el PAN y el PRD se volvieron a percatar –como en cada elección– que sus problemas internos los hacen poco competitivos contra el PRI y aún así regatean las alianzas, Morena sólo ha confirmado el fundamentalismo de su líder-caudillo-profeta y seguirá sola contra el mundo y la chiquillería partidista competirá sólo para mantener su registro.

Ni en el congreso, ni como partidos, ni ante problemas que han exigido acuerdos, ni en los procesos electorales los partidos las élites han mostrado –ni mostrarán– alguna mínima voluntad para la gran reforma de proyecto nacional. Y ahora los mexicanos ya saben que tampoco habrá ayuda del cielo para resolver una crisis en la tierra.

 

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