Vuelve bandera de EU bajo el sol de Cuba

Print Friendly, PDF & Email

cubaBajo el sol de agosto en Cuba los hechos parecen claros e irrefutables. Es día 14, y el calor húmedo en la La Habana se antoja una obvia metáfora del deshielo. Tres veteranos portan la bandera de las barras y las estrellas para su izamiento en la renacida embajada de Estados Unidos.

Son los mismos hombres -o al menos los vestigios comprobados de aquellos jóvenes marines- que la arriaron en la tarde del 4 de enero de 1961. Uno de ellos, James Tracy, ha recordado hace poco su miedo a recibir un balazo de francotirador mientras doblaba la bandera hace más de medio siglo. Pero hoy tiene 78 años y está de vuelta en esta ciudad.

El vértigo de los sucesos hace 54 años es conocido: Fidel Castro acusa a la misión estadounidense de ser un nido de espías y exige que el personal -unos 300 funcionarios- se reduzca drásticamente, hasta 11, tal como su contraparte cubana allá; hay una consulta del Embajador con sus superiores en Washington; se decide el quiebre de relaciones; los diplomáticos norteños hacen de prisa las maletas y destruyen documentos…; luego, son escoltados por una milicia femenina hasta el puerto; desde el mar observan las luces del edificio construido junto al Malecón por Wallace Harrison y Max Abramovitz .

Un par de meses después acontece la invasión por Playa Girón (en Bahía de Cochinos): son exiliados cubanos entrenados y armados por EU que terminan vencidos en menos de 72 horas. Lo que sigue es la larga, infatigable historia de un conflicto bilateral que superó incluso la era de tensiones Este-Oeste. Alrededor de medio millar de periodistas están ahora en La Habana para contarle al mundo cómo se apaga el último rescoldo de la “guerra fría”.

O eso dicen. John Kerry aterriza a las 09:00 (hora local) y se convierte en el primer Secretario de Estado norteamericano que pisa suelo cubano en 70 años -desde que Edward Stettinius lo hiciera en marzo de 1945-, pero sobre todo en el primero en hacerlo desde el triunfo revolucionario de 1959. Pasadas las 10:30 (hora local), Kerry observa cómo la bandera estadounidense asciende y se queda inmóvil contra el cielo azul. No hay viento. Pero no es mal augurio.

El Estrecho de la Florida -noventa millas de mar, nostalgias, amores y odios entre los dos países- está en calma. Poco antes Kerry ha citado a José Martí: “Todo lo que divide a los hombres es un pecado contra la humanidad”. También ha repetido lo obvio: que el camino hacia la normalización plena de relaciones bilaterales es todavía largo, arduo; pero ya está dado el primer paso. 

Hay temas pendientes, escabrosos: democracia, derechos humanos, el embargo-bloqueo económico… Habla en inglés; a veces hace un esfuerzo y dice algo en español. Suelta alguna perla de sensualidad tropical (“Ya quisieran muchos los beneficios de que gozaremos…”) o de resonancia mítica (Obama y Castro dejaron de ser “prisioneros de la Historia”). Nacido en Madrid de padres cubanos y crecido en Miami, Richard Blanco -el mismo poeta que recitó en la última asunción presidencial de Barack Obama- leyó esta vez “Matters Of The Sea” (Cosas del mar). “El mar no importa, lo importantes es esto: todos pertenecemos al mar que nos separa. Todos”, dice. Y después lanza un modesto desafío: “…respirar juntos, y sanar juntos”. Pero hay más que esto. Hay un enorme signo de interrogación que cruza el cielo de La Habana.

La mañana de este viernes -histórico, simbólico…, son los adjetivos de la prensa de cualquier parte- es otra mañana de verano. Transparente, cegadora, asfixiante. Los habaneros -que desde hace ya tiempo hasta se visten con barras y estrellas- parecen navegar su día como siempre.

Sin embargo, una señora se lanza dentro del taxi en que viajo y le dice al chofer que se apure, que va retrasada para el trabajo porque se quedó viendo en TV “la cuestión esta de la embajada americana”.Los cubanos ven estos sucesos con buenos ojos.

Así lo siente Mildred Peña -emprendedora y dueña de una casa de rentas en Centro Habana-, pero ella se pregunta cuándo estos gestos históricos se traducirán en “una mejoría para los cubanos”. “Eso a mí no me importa”, dice en un primer impulso, y luego confiesa que sus esperanzas de que todo sea mucho mejor en el futuro. Luego de la ceremonia oficial, junto a la rejas de la nueva embajada estadounidense en La Habana, hay mucho más optimismo: gente que se envuelve en las banderas de ambos países, que grita vivas a Cuba, a EU, a la libertad, a la paz. Eddie Zayas espera que haya progreso en lo adelante pero aún es prematuro.”Estamos muy contentos y orgullosos de que esto haya sucedido.

Ya era hora”, expresa. Su esposa, María Zayas es mexicana -nacida en Tijuana, Baja California- y vive en EU. Ella viaja de un país a otro desde hace cinco años. “Esto es un gran logro -opina- porque abre las puertas de ambos países. Yo misma estoy agradecida porque Cuba me ha recibido con los brazos abiertos…”.

Eduardo Rodríguez asegura haber sido víctima de represión y maltrato por sus ideas. Ahora grita y sonríe a las puertas de la nueva embajada.”Lo que queremos paz, tranquilidad para todos y no guerra… Nada…, el que piense diferente, el que quiera ser socialista, el que quiera ser comunista… ese es su problema”, señala. Abner Zambrano es hijo de cubanos que emigraron en 1979 a EU. “Mi padre nació en La Habana, cerca del Malecón, y mi madre en Manzanillo (este); yo nací en 1981 en Hoboken, New Jersey, y ahora vivo en Palm Beach Gardens, Florida”, cuenta. “Si esto va a funcionar -reflexiona Zambrano-, tiene que ser fifty-fifty, y con respeto. En mi opinión debería borrarse el pasado y empezar todo de nuevo; no hay que guardar cuentas”.  

reforma.com