Stiglitz y COPARMEX: Ollendorf en Oaxaca: Rubén Mújica Vélez

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Ollendorf pretendió inventar un sistema simplificado para aprender idiomas. En su afán simplificador auspició diálogos incoherentes: preguntas lógicas y respuestas ilógicas. Algo así sucedió en el Encuentro Empresarial con el lema “Mayor exigencia ciudadana mejor democracia”, sostenido del 26 al 28 de octubre.

 

En el inicio se presentó el “Mike Tyson” del  calderonismo: Javier Lozano Alarcón. En su intervención volcó su rabia contra el priísmo que bloquea las iniciativas de Calderón en la Cámara de Diputados “por mezquindad”. Don Javier con virtudes de pianista superiores a las de burócrata confunde el interés partidario más descarado, con emociones personales. Su alocución fue biliosa, vengativa, desagradable. Como siempre.

En cuanto a Stiglitz, el Nobel de Economía señaló la desigualdad social y la debilidad de la democracia como obstáculos al buen desempeño económico. La gran concentración de la riqueza condiciona la acción de los gobiernos y estos operan a favor del “1 %,  para el 1% y por el 1%”, frase que repite desde hace meses. Según Stiglitz América Latina es la región más desigual del mundo-sin mencionar que ahora con varios gobiernos populares ha recuperado dinamismo económico y soberanía. También afirmó que hay “algunos lugares” sin especificarlos que han fortalecido su democracia, apoyados por la comunidad empresarial. Cuestión que despierta dudas. Postuló que disminuir la desigualdad exige elevar el ingreso de la mayoría de los ciudadanos, lo que es viable sin elevar la productividad ni la inflación. En México, dijo hay muchos sectores en que “no hay mucha competencia” con utilidades “muy altas” que se van a los de arriba…saben de quien estoy hablando”-Algunos asistentes se ruborizaron-. Si se distribuyeran mejor, la demanda sería más fuerte y también la economía”

Tal vez por diplomacia Stiglitz reservó críticas de fondo. Por ejemplo: su tesis que México debía evitar las políticas del Fondo Monetario Internacional; la urgencia de aplicar más impuestos a los monopolios y no al pueblo; su denuncia sobre el IVA a alimentos y medicinas como origen de desigualdad e injusticia y, si mal no recuerdo que México es la economía latinoamericana peor manejada. Stiglitz estuvo tibio. Pero aún su tibieza contrastó con las propuestas de la COPARMEX en voz de Gutiérrez Candiani.

Éste demandó las “reformas estructurales” Exigencia de los patronales que nunca han definido con diafanidad. Entre “las estructurales” la reforma laboral, pomposamente llamada “Nueva Cultura Laboral”, para el sector patronal es la eliminación de los contratos colectivos y los sindicatos, la generalización del “Outsorcing” o subcontratación que elimina sus responsabilidades contractuales con los trabajadores; la eliminación del régimen de pensiones y jubilación,  la contratación individual por horas, la eliminación de las prestaciones sociales y de horarios especiales para mujeres y menores de edad, la libertad del patrón para cambiar la fuente de trabajo y su domicilio, el despido del trabajador sin previo aviso y el programa del “primer empleo” etc. Éste último en Europa demostró su inviabilidad y originó una respuesta social que devino gravemente conflictiva. Los patrones mexicanos, sin saberlo están atizando el fantasma de sus noches aciagas: la lucha de clases.

En otras palabras, mientras que Stiglitz “gurú” de la globalización “viable”, crítico sin romper con las Instituciones Financieras Mundiales-Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial en que se desempeñó en alto puesto y el Departamento del Tesoro de los EUA- eficaz promotor del capitalismo de nuestros tiempos, mientras Stiglitz plantea una redistribución mesurada del ingreso vía mejores salarios, los empresarios mexicanos luchan por imponer la explotación más brutal a los trabajadores. Sin percibir que están matando “la gallina de los huevos de oro”. Por eso hablamos del método Ollendorf entre Stiglitz y la troglodítica COPARMEX.

Un detalle. Stiglitz como Premio Nobel de Economía cuenta con varios libros que reseñan sus experiencias en el Banco Mundial y la administración de William Clinton, donde fue Jefe de Asesores Económicos. Para comprender cabalmente sus ideas es indispensable leer sus textos. Fue notorio que ninguno de los asistentes, incluído el presidente nacional de la COPARMEX llevó un ejemplar para que lo autografiara. Tengo la firme sospecha que la enorme mayoría presumirá haberse codeado con un Premio Nobel de Economía. No es difícil que lo confundan con Luisito Pazos, el ecónomo calderónico.