S-22: Adiós a las bases (III): Francisco J. Sánchez

columna“Lealtad al deber, no a los hombres;

eso es lo que yo grabaría en la puerta de casa escuela mexicana”.

JOSÉ VASCONCELOS

Jurista, político, filósofo, escritor y oaxaqueño.

 

Monterrey, Nuevo León.- En 35 años, el movimiento magisterial disidente de la Sección 22 del SNTE construyó una idea y una estrategia educativa: desde el aula hasta la calle, debía vincular sus acciones para “la concientización del obrero, campesino y los trabajadores asalariados en la lucha por sus reinvindicaciones de clase”.

Y para poder lograrlo, -desde la oposición al poder del priismo sindical en 1980 hasta el violento movimiento popular-magisterial del 2006-, siempre definió un adversario a vencer: los gobiernos estatal y federal, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y los disidentes de la disidencia.

De ahí que el modelo pedagógico, el proceso de enseñanza aprendizaje o las políticas públicas, salvo en 1990 con la descentralización de los servicios educativos que les permitió tomar la dirección de la educación estatal, nunca interesaron, ni permearon, salvo en el discurso o la arenga como lucha táctica contra la aplicación total de las políticas de Estado.

Es decir, mientras el movimiento magisterial oaxaqueño luchaba por sus conquistas laborales, mejoras en sus prestaciones sociales, incluso, se involucraba en acuerdos políticos y electorales, el Estado Mexicano imponía sus políticas públicas negociando sólo con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) o según los cambios sexenales o titulares de la Secretaría de Educación Pública.

Las reformas o revoluciones educativas, los procesos para la desconcentración y descentralización de la Secretaría de Educación Pública hasta las modernizaciones relacionadas con la eficiencia y la calidad de la educación y la cobertura de la oferta educativa, nunca interesaron en Oaxaca más que la lucha contra la burocracia sindical afines al gobierno federal, las políticas neoliberales, la guerra de Estados Unidos contra Irak o los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

De esa manera, en los últimos 25 años, los líderes magisteriales ejercieron un poder sindical de arriba hacia abajo y en su mayoría solo para obtener beneficios personales, es decir, se toleró como beneficios de la lucha magisterial a la corrupción, la traición, el acoso sexual, la venta de plazas, la prepotencia en la atención a las bases o la negociación aislada con los grupos de poder desde la comunidad hasta el gobierno federal.

En suma, el magisterio oaxaqueño con el ejercicio del poder público administrativo y sindical, perdió la lucha ideológica “por la democratización de la enseñanza en todos los niveles” y le dijo adiós a las bases.

Especialista en análisis y estrategia política.

Twitter: @lacoyunturamx

Correo electrónico: franciscosanchezhernandez@yahoo.com.mx

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