Reordenamiento vial: experimento fallido y costoso: Javier Hernández

huajuapanDespués de casi tres meses de reclamos ciudadanos y de varios millones de pesos de los bolsillos de los contribuyentes gastados en lo que muchos calificaron de “ocurrencias” y “caprichos”, el presidente-notario de Huajuapan, tuvo que reconocer que su experimento denominado “Reordenamiento Vial” fue un rotundo fracaso.

Lo hizo en la sesión ordinaria del martes 30 de junio, al presentar ante el pleno del Cabildo un “informe” que habría hecho palidecer de envidia al mismísimo Cantinflas, ya que admitió que “el 80 por ciento de esta acción (sic) no funcionó técnicamente y tampoco fue aceptada socialmente”, pero advirtió que el ayuntamiento “seguirá implementando todas y cada una de las acciones” de este plan porque “se requiere un plazo de un año para su implementación”.

Este reconocimiento a medias, precedió al anuncio de que a partir del lunes siguiente varias calles del centro de la ciudad volverán a su sentido original.

Tuvieron que pasar casi tres meses para que Luis de Guadalupe Martínez, aceptara lo que la mayoría de los ciudadanos de Huajuapan le había hecho notar una y otra vez desde el 6 de abril, fecha en que se puso en marcha el Plan de Reordenamiento Vial: que su experimento nació muerto.

El mencionado plan generó polémica desde su origen, pues mañosamente el ayuntamiento atribuyó su paternidad a la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA), pero fue desmentido públicamente por el jefe de la Unidad Politécnica de Integración Social, Javier Hernández Hernández, quien deslindó totalmente a esa institución dependiente del Instituto Politécnico Nacional. Al final, resultó que el proyecto fue elaborado por la empresa denominada “Consultores en Vialidad y Transporte S.C.”, de origen harto dudoso.

La inconformidad de los ciudadanos se manifestó no sólo a través de los medios y de las redes sociales, sino también de una marcha de protesta que fue replicada al día siguiente con una manifestación organizada por las propias autoridades municipales, según testimonios de algunos de los participantes, difundidos a través de los medios.

Los cambios de vialidades (tres calles contiguas de norte a sur, tres de sur a norte, dos de oriente a poniente y dos de poniente a oriente), provocaron que la mayor parte de la carga vehicular se concentrara en el centro de la ciudad, provocando complicados “nudos” en algunos cruceros, aumentando los tiempos de recorrido, un mayor consumo de combustible y una mayor emisión de gases contaminantes.

Las protestas de algunos grupos de vecinos obligaron al presidente-notario a dar marcha atrás: primero permitió nuevamente el estacionamiento de vehículos en las calles Campillo y Reforma; después regresó a sus sentidos originales las calles Morelos y Allende; luego regresó sólo un tramo de la calle Reforma a su sentido original, convirtiendo ésta en una vialidad kafkiana, pues tan sólo en ocho cuadras había cuatro cambios en el sentido de la circulación.

Al regresar ahora a su sentido original las calles Juárez, Cuauhtémoc, Hidalgo y Reforma, prácticamente expide el certificado de defunción de su fallido proyecto, pues sólo se mantendrán (quién sabe por cuánto tiempo) los cambios de sentido en las calles Zaragoza, Madero y López Alavez.

La reubicación de las bases de taxis fue otro intento fallido, pues las que estaban en el primer cuadro siguen allí; las pocas que se movieron fue para ubicarse a sólo unos metros de distancia, en algunos casos obligadas por la ocurrencia del presidente-notario de convertir algunas calles en callejones.

Su intención de pasar a la historia al poner en funcionamiento el elefante blanco denominado Central Camionera fue otro tropiezo, pues a pesar de que estableció retenes en todas las entradas de la ciudad para impedir que los autobuses ingresaran a sus terminales, las empresas se ampararon contra esta disposición.

Los circuitos viales, las paradas exclusivas para ascenso y descenso de pasajeros, la habilitación de los cuatro carriles en las avenidas 2 de abril y Carranza, y otras acciones que de plano ni se dieron a conocer a los ciudadanos para no “levantar más polvo”, como la conversión de un tramo de la calle Porfirio Díaz y otro de Madero en andadores sólo quedaron en el papel.

El fallido Plan de Reordenamiento Vial, tuvo un costo elevado para los ciudadanos de Huajuapan: no fueron sólo los más de dos millones de pesos que se pagaron por el estudio, sino los millones que se gastaron en poner y quitar señalamientos, construir, demoler y volver a hacer un camellón sin sentido, poner y quitar boyas, ampliar banquetas reduciendo el arroyo vehicular, y pintar fachadas de viviendas particulares para acallar algunas inconformidades. Tuvo también un elevado costo político para el presidente-notario y para su partido, el PAN, que cayó al abismo electoral en la jornada del pasado 7 de junio.

El fracaso de este experimento se puede explicar a partir de dos posibilidades: que el estudio realizado por una empresa “patito” eran tan malo que el 80 por ciento “no funcionó técnicamente”; o que el estudio era el adecuado, pero las ocurrencias y caprichos del presidente-notario lo distorsionaron al grado de hacerle perder su esencia.

Sea como fuere, la fallida implementación del Plan de Reordenamiento Vial fue uno más en la cadena de tropiezos que Luis de Guadalupe ha ido eslabonando desde el primer día de su mandato. Y habrá muchos otros si el presidente-notario se niega a aceptar que el Huajuapan que gobernó en 1996, no se parece en nada al de 2015; que los ciudadanos de ese municipio ya no aceptan imposiciones dictatoriales, actitudes soberbias de personajes mesiánicos que se consideran dueños de la verdad absoluta; que los tiempos de los señores feudales, dueños de vidas y haciendas, quedaron muy atrás. Mientras no entienda que en política se debe saber escuchar, reconocer los errores propios y tener la voluntad de rectificar, pero sobre todo, gobernar con el cerebro y no con la víscera, seguirá como la canción, “de tropiezo en tropiezo”.

A CONTRAPELO.Suplantar la voluntad del pleno del Cabildo alterando un dictamen de obras es, para el presidente-notario, una falta menor que sólo ameritó una suspensión temporal y un coscorrón. Muchos empleados y funcionarios menores han sido despedidos por mucho menos de eso. La política de las dos pesas y las dos medidas.

Vía Viral Noticias

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