¡Qué lío de emociones!

3992861El manejo de las emociones se aprende de lo que se ve en casa, de ahí la importancia de que los papás puedan reconocer lo que sienten y actuar asertivamente; pero validar las emociones de los niños y no reprimirlos también desarrolla su inteligencia emocional.

Luz María Peniche, psicoanalista con 23 años de experiencia trabajando con niños, adolescentes y sus familias, explica que aunque hay emociones que solemos reprimir porque no nos gustan, todas tienen una función específica relacionada con la adaptación al medio.

Entrevistada con motivo de la publicación de su libro Entender las emociones (Grijalbo), la psicoterapeuta explica que las emociones, todas, hay que sentirlas, reconocerlas, verbalizarlas y dejarlas ir.

“Hay una idea errónea de que todas las mamás deben sentir amor por sus hijos todo el tiempo, pero las que somos mamás sabemos que de repente los quieres ahorcar cuando hicieron una travesura muy fuerte; a las mamás les da culpa y dicen ¿cómo voy a odiar a mi hijo? pero no pasa nada, si te puso tinta china en la alfombra blanca lo alucinas en ese momento, no quiere decir que vas a actuar tu enojo, pero sí es necesario que proceses la emoción, que te des permiso de sentirte enojada y cuando la emoción baje y te tranquilices entonces defines una consecuencia para lo que hizo”, explica.

El simple hecho de expresar lo que sentimos nos descarga, subraya Peniche, y poner las emociones en palabras requiere un proceso cognitivo complejo que se aprende desde la infancia.

“Los niños van aprendiendo poco a poco cómo se siente la tristeza o el coraje, pero en principio no saben qué está pasando, por eso cuando un niño tiene una emoción fuerte simplemente se tira al suelo, llora y hace un berrinche”, explica.

Uno de los errores más comunes de los padres es minimizar las emociones de los niños haciendo comentarios como “no te ahogues en un vaso de agua”, “estás exagerando” o “esa no es una buena razón para llorar”.

Esto les quita la posibilidad de procesar la emoción y les enseña que simplemente hay que bloquearla, lo que sin duda les acarreará problemas, destaca la especialista, por eso cuando un niño manifiesta una emoción el consejo es validar lo que él o ella está sintiendo y ayudarle a reconocer la emoción verbalizándola.

“Le preguntas qué le pasó y primero validas lo que está sintiendo, si llega a contarte que el amigo le robó el sandwich y por eso lloró, lo que tienes que decirle es ‘claro, lloraste porque estabas triste, porque debe ser horrible que tu amigo te robe tu sandwich’; hay que ayudarle a verbalizar la emoción y después proponer una conducta asertiva como decirle al niño ‘no me gustó que me robaras mi sandwich, así que no quiero que vuelvas a hacerlo nunca’. Aunque no podemos controlar la conducta de los demás, lo que importa es que el niño se descargue de las emociones negativas”, ejemplifica.

Peniche destaca que la inteligencia emocional no sólo tiene que ver con el manejo de las emociones propias, sino también con el reconocimiento de lo que sienten los demás, de ahí la importancia de ser sinceros con los niños cuando estamos tristes o enojados.

“Si tu hijo te ve llorando y cuando te pregunta ¿qué te pasa? tú le dices que no tienes nada, le estás quitando la posibilidad de leer los sentimientos del otro.

“Además los niños no son tontos, saben que algo raro está pasando y se angustian por no saber qué es, en cambio si le dices algo como ‘estoy triste porque se murió mi abuelita, pero va a pasar, voy a estar triste un tiempo pero después voy a estar bien, no te asustes’, entonces el niño se libera y aprende que los otros también tienen emociones”, detalla.

La psicoterapeuta destaca que los papás tienen en el juego una oportunidad invaluable para conocer los que sus hijos sienten y ayudarles a descargarse.

“El juego es el vehículo que tienen los niños para el desarrollo de las habilidades emocionales, es impactante pero al consultorio llegan muchos niños que no saben jugar, como están tan metidos en los IPads y en los juegos de video, cuando les das muñecos para hacer un juego simbólico no saben qué hacer y eso es un problema porque la capacidad del juego simbólico es básica para el desarrollo de las habilidades sociales e intelectuales”, advierte.

Establecer reglas y límites claros también es crucial, aconseja la especialista, porque eso ayuda a los niños a autorregularse, a entender que pueden estar enojados o tristes pero no pueden hacer lo que se les dé la gana porque los demás también tienen sentimientos y no tenemos derecho a lastimarlos.

Para la psicoanalista esto va mucho más allá de la familia y tiene implicaciones a nivel de la sociedad, por eso considera necesario que en los planes educativos se incluyan materias de desarrollo de competencias emocionales.

“En México tenemos la idea de que el que no tranza no avanza y por eso el País no crece, porque no tenemos educación emocional, no hay educación social, el otro nos vale, sólo vemos por nosotros y eso como País y como sociedad nos detiene”, destaca.

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