PRI: el dinosaurio sigue ahí/aquí: Carlos Ramírez

priLuego de perder la presidencia en el 2000 y el 2006 por un alejamiento de la sociedad, el PRI regreso con la posibilidad de cambiar las cosas, pero no sólo para que siguieran igual sino para empeorar.

La apuesta del presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, era doble: entregar buenas cuentas y con ellas meterse en la lista de aspirantes presidenciales. Sólo que luego de su renuncia a ser candidato presidencial en el 2018 la semana pasada, el escenario del PRI cambió porque se rige por la ley de las complicidades del poder: sin el 2018, el poder del PRI de Beltrones será menor para el PRI.

Todo indica que en los hechos el PRI es otro pero es el mismo, con indicios de reforzamiento de la vieja cultura de la línea: los aspirantes de diferentes grupos son obligados a firmar un acuerdo de unidad que no ha sido otra cosa que la cesión a la cúpula del poder de decisión federal sobre escenarios locales.

En la realidad, el PRI regresó a los tiempos de Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas y Luis Echeverría: el Presidente de la República como el jefe máximo del PRI, el repartidor de nominaciones, el gran elector interno, con el presidente del PRI como el intendente de las decisiones cupulares.

Lo que queda por aclarar es un detalle que entendió muy bien la columnista Martha Anaya en el periódico 24 Horas, pero que lo explicó como un hecho inentendible: las encuestas internas del PRI arrojaron preferencias a veces hasta obvias en algunos estados, pero la decisión final fue otra, como en Sinaloa y Tlaxcala: aspirantes que ni siquiera pintaban en cuanto a reconocimiento político por parte de los electores.

El asunto de si los candidatos priístas van a ganar o no podrá evaluarse dentro de tres meses, de acuerdo a las tendencias ya en las campañas electorales. Lo que quedó claro fue el método político de nominación de candidatos: el centralismo del pasado, pero en un escenario diferente determinado por la alta competitividad de la oposición, las rupturas internas de aspirantes marginados y la falta de reglas en las precampañas internas.

La salida de precandidatos engañados o decepcionados comenzó en 1998 cuando Ricardo Monreal renunció del PRI porque le negaron la candidatura, se fue como candidato del PRD y ganó. En el 2010 tres expriístas ganaron las gubernaturas opositoras en Oaxaca, Puebla y Sinaloa.

Lo que podría disminuir el efecto de decepción es la carta de unidad que todos los aspirantes en casi todos los estados con elecciones fueron obligados a firmar. Pero la dinámica política de los grupos estatales está fuera de control de documentos con poco valor político.

La prueba de fuego será el día de las elecciones; si los priístas ganan, entonces la sociedad estará mandando un mensaje decepcionante de sometimiento voluntario al PRI; si pierden, entonces el escenario priísta para el 2018 será mucho menos cómodo de lo que están suponiendo los analistas políticos en las oficinas del poder priísta.

Por lo pronto habrá problemas para el PRI en las elecciones de Puebla, Sinaloa, Oaxaca, Tlaxcala, Veracruz, Chihuahua, Aguascalientes, Tamaulipas y Quintana Roo, por lo menos hasta ahora, por los mecanismos autoritarios y centralistas en la selección de los candidatos y las fracturas internas en los grupos priístas locales.

Así que el PRI nunca se fue: siempre ha estado aquí.

 

Sólo para sus ojos:

  • Con la designación de Quirino Ordaz, un oscuro político que ni siquiera pintaba en las encuestas, el PRI apostó a perder.
  • Se enreda el caso Kate del Castillo no porque no existan pruebas, sino porque esas pruebas podrían llevar a otro lado más conflictivo.
  • En Veracruz también se han complicado las cosas: el candidato priísta Héctor Yunes no podrá salvar al gobernador saliente Javier Duarte y el casi seguro candidato panista Manuel Ángel Yunes se dio un plazo de seis meses para meter a la cárcel al mandatario.
  • Y en Chihuahua, con el espacio mediático progresista a su favor, el aspirante panista Javier Corral está deteriorando la armadura del gobernador saliente César Duarte. Chihuahua y Veracruz son granero de votos del PRI.
  • Se están pasando los gobernadores de Chiapas, Michoacán y el alcalde de Ciudad Juárez en su papismo. Si Francisco no marca una distancia, aparecerá en la propaganda electoral mexicana.

 

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