Pide China descartar secesión a Taiwán

CHINAEl Presidente chino, Xi Jinping, y el taiwanés, Ma Ying-jeou, mantuvieron un encuentro histórico en Singapur en el que ambos apostaron por el pragmatismo para lograr encauzar las difíciles relaciones entre ambos territorios.

Los dos líderes reconocieron las evidentes diferencias políticas entre Gobiernos, pero se emplazaron a consolidar los consensos del año 1992, origen de los pocos acuerdos que alcanzaron después del fin de la Guerra Civil en 1949, para mejorar los intercambios bilaterales. También encontraron un enemigo en común: el independentismo.

“Somos una familia. No importa por lo mucho que hayamos pasado en ambos lados del estrecho, nada puede separarnos”, dijo Xi a Ma en los primeros minutos de su encuentro. Su interlocutor coincidió en los muchos lazos que unen ambos territorios y le pidió seguir con un diálogo “que beneficie a ambas partes y reduzca la animosidad”.

Poco antes, y frente a cientos de periodistas, se dieron un apretón de manos histórica, de más de un minuto y sonriendo para las cámaras.

Mientras que el discurso de Xi apeló más a los sentimientos compartidos, el de Ma fue eminentemente práctico. El Presidente taiwanés presentó, ya en su primera intervención, varias propuestas para mejorar las relaciones con su vecino.

Una de ellas se basa en que Beijing flexibilice su posición en cuanto al papel de Taiwán en varios organismos internacionales, que quedó marginado después de que la gran mayoría de países del mundo reconocieran a la China comunista como interlocutor. Xi se comprometió a buscar fórmulas para atender esta demanda y ofreció a Taiwán unirse en el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), el nuevo prestamista multilateral dominado por el gigante asiático, y a ser partícipe del Fondo de la Ruta de la Seda.

Sin embargo, el Presidente chino alertó a su homólogo taiwanés de la que es, en su opinión, la mayor amenaza real a la paz y el desarrollo de las relaciones entre los territorios: el independentismo.

Ambos líderes defendieron el principio de ‘una sola China’, por el cual tanto China continental como Taiwán son partes inalienables de un solo país.

Sin embargo, el Consenso del 1992, un concepto con el que Taipei está mucho más cómodo y que Xi Jinping también mencionó hoy, acepta esta circunstancia pero insiste en que ambas partes disienten en cuál de los dos Gobiernos es el legítimo para este Estado.

El nuevo marco de relaciones pasaría de no reconocerse mutuamente a no negar la existencia de ambos gobiernos, pero de ninguna manera aceptaría las tesis independentistas.

“Nuestra Constitución no lo permite”, recordó Ma en la rueda de prensa.

Es un mensaje inequívoco hacia el Partido Democrático Progresista (PDP) taiwanés, pro independentista y gran favorito para ganar las elecciones del próximo enero.

Durante los últimos siete años con el Kuomintang en el poder (la formación del actual Presidente), la Isla ha apostado por un acercamiento a Beijing que se ha traducido con la firma de 23 acuerdos, entre ellos el intercambio de estudiantes, de turistas y el aumento del comercio bilateral.

Ma presumió este sábado de estos hitos, pero en Taiwán muchos ciudadanos ven tal aproximación como una amenaza.

Ahora Beijing ve con estupor la posibilidad de que el PDP llegue al poder y de ahí que Xi haya accedido a una reunión con Ma, algo que los anteriores presidentes chinos siempre se habían negado por no querer legitimar al Gobierno de la Isla.

“Ante la inminente victoria de la Oposición y el crecimiento del apoyo a la independencia, Xi ha adoptado una postura pragmática. Manteniendo como línea roja el Consenso del 1992, que le otorgó a la República de China (nombre oficial de Taiwán) su reconocimiento tácito”, asegura Lee Chih Horng, investigador del Instituto Longus de Singapur.

La reunión fue un despliegue excepcional de pragmatismo ante los retos diplomáticos para ambas partes. No podía darse la imagen de que China reconocía la soberanía de Taiwán, pero tampoco la de un Taipei subordinado a Beijing.

Así, el encuentro se celebró en Singapur (territorio amigo para ambos gobiernos) y en su transcurso no hubo ni banderas ni otros símbolos de Estado. Ambos líderes se trataron de ‘señor’ y no de ‘presidente’, mientras que la cena que prosiguió al encuentro se pagó a medias.

Tampoco se publicó ningún comunicado conjunto y, mientras que por la parte taiwanesa fue Ma quien salió a rendir cuentas ante los periodistas, Xi envió al director de la Oficina para Asuntos de Taiwán.

“No existe en ninguna parte del mundo una situación como la que hay en el estrecho de Taiwán”, resumía Ma.

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