Peña Nieto y la consolidación de la red de Salud en Oaxaca

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Privilegiar las ideas, las propuestas y los compromisos sobre la beligerancia verbal y la repetición de los lugares comunes, ha sido la mejor decisión estratégica y la mejor actitud ética de Enrique Peña Nieto, el candidato presidencial del PRI, en su recorrido por la geografía nacional.

 

Celebro en particular, porque será de un enorme impacto para Oaxaca, que su compromiso principal para nuestra tierra haya sido, de manera formal y protocolizada, “consolidar realmente la operación de una red de hospitales para Oaxaca. Vamos a hacer realidad la operación plena y consolidada de hospitales en Oaxaca”.

Coincido en su diagnóstico sobre el estado de los servicios de salud en el país y sobre todo en Oaxaca: “Es cierto, ha habido un instrumento que hoy llega y beneficia a muchos mexicanos, pero a uno de cada tres mexicanos este beneficio, en términos reales, no ha llegado. Porque podrán ser parte de un padrón de beneficiarios, podrán tener, como ocurre en Oaxaca, un hospital o varios hospitales, que ahí están, pero ustedes saben muy bien de lo que carecen, no tienen médicos, no tienen el debido equipamiento y, en pocas palabras, no están funcionando o no están operando”:

Es necesario, por eso, dar un impulso vigoroso al esfuerzo de consolidar la red hospitalaria y de salud de un estado como el nuestro que reclama más unidades médicas, equipamiento completo, médicos y enfermeras, medicinas suficientes, en regiones donde se está en la última etapa de operación o no ha habido los presupuestos necesarios para prestar servicios de salud con calidad y eficiencia.

Garantizar el derecho a la salud, que consagra como un derecho social de todos los mexicanos la Constitución General de la República en su artículo cuarto, es un ingrediente esencial del desarrollo y un derecho humano fundamental que debe tutelar el Estado mexicano.

No puede haber desarrollo humano y calidad de vida sin un sistema realmente universal  de seguridad social, y no meramente nominal como hoy día,   y sin un sistema de salud que atienda núcleos urbanos y comunidades rurales.

Oaxaca tuvo un impulso formidable la administración estatal pasada en materia de salud, con más de 50 hospitales entre terminados y en su última fase de operación, pero es preciso ahora concluir el esfuerzo, un esfuerzo institucional y transexenal no atado a sellos gubernamentales.  Garantizar el derecho a la salud no tiene connotaciones ideológicas ni  banderas partidarias.

El compromiso de Peña Nieto ha marcado la pauta para garantizar ese derecho social y fundamental a la salud desde dos frentes a concatenarse y armonizarse, las dependencias federales y estatales del sector,  para integrar una red hospitalaria bien equipada que cubra las ocho regiones y la intrincada orografía de Oaxaca.

De la Sierra Norte a la Sierra Sur, del Istmo a la Costa,  de la Mixteca a la Cañada, del Papaloapam a los Valles centrales, en todas partes se requiere de una estrategia interinstitucional que lleve servicios de salud de calidad a nuestros hermanos oaxaqueños.

Dar viabilidad financiera y técnica a ese esfuerzo superlativo de un Estado mexicano realmente comprometido con la salud sin duda requerirá de reformas estructurales, donde los legisladores oaxaqueños estaremos presentes. El país requiere más recursos frescos y requiere aplicarlos bien, en derechos sociales como la salud de los mexicanos.

Pienso en la experiencia y el compromiso de mis compañeros María de las Nieves García Fernández y en Juan Díaz Pimentel. Pienso en mis dos compañeros candidatos al senado de la República, en los 11 candidatos de mayoría a la cámara de diputados del congreso federal y en los candidatos plurinominales.

En un sistema de pesos y contrapesos sin una ingeniería constitucional diseñada para la funcionalidad, el Ejecutivo requiere de un congreso comprometido, en su autonomía constitucional, con el mismo proyecto modernizador y de compromisos concretos con cada estado de la República, como los firmados en Oaxaca.

Por eso, México y en especial Oaxaca tienen una cita más con la historia que con las urnas, he planteado. La disyuntiva es prolongar la parálisis de dos sexenios de estabilidad monetaria pero de ineficacia económica o dar el salto hacia un gobierno que reactive el aparato productivo y, como se compromete Peña Nieto, multiplique por tres el crecimiento económico. 

Los mexicanos, y en particular los oaxaqueños, demandan empleo digno y bien remunerado que sólo una economía dinámica y productiva puede ofrecer, en un marco de seguridad pública y certidumbre jurídica que el país ha ido perdiendo gradualmente.

La nación en general requiere que cese ya una estrategia de “seguridad” que lejos de terminar con el crimen organizado sólo introdujo más caos y sembró violencia en calles y ciudades.

Requiere educación de calidad y de cobertura universal, de preescolar hasta bachillerato, pero en aulas dignas y bien equipadas, no sólo en ciudades sino también en zonas rurales alejadas.  Para Oaxaca, y sus rezagos enormes en la materia, este compromiso con la educación tendría un significado especial.

Pero sobre todo, coincido con Enrique Peña Nieto y con esto concluyo. “Queremos hospitales, pero los queremos funcionando y operando. Más médicos, mejor equipamiento para la salud de todos los oaxaqueños”.  Ese compromiso, para concretarse, requiere del aval y el respaldo ciudadano en julio próximo.

* Candidato a diputado federal plurinominal por el PRI