Peligra Túnez por auge de yihadismo

tunezEl auge del yihadismo, que logró golpear tres veces el país, y las luchas en el seno del partido mayoritario Nida Tunis sembraron nuevas minas en el frágil proceso de transición en Túnez, al que solo el Premio Nobel de la Paz permitió un cierto alivio.

El país arrancó 2015 con una nueva esperanza tras dos años en el que se habían acumulado las tensiones y las críticas desde todos los sectores a una frágil revolución que ha pasado de ser el ejemplo del mundo árabe a convertirse en la excepción.

Las elecciones celebradas meses antes permitieron que, en enero, el Presidente del país, Beji Caid Essebsi, lograra que los laicos de Nida Tunis, ganadores de los comicios, y los islamistas moderados de Al Nahda, principal grupo de la Oposición, formaran un Gobierno de consenso.

Como jefe del gabinete, al que también ofreció su apoyo el tercer partido en liza, la Unión Patriótica Libre (UPL), fue designado Habib Essid, un antiguo alto funcionario de la dictadura derrocada en 2011 sin adscripción partidista.

Las esperanzas sufrieron el primer latigazo el 18 de marzo, cuando dos pistoleros de un grupo local vinculado a la organización terrorista autonombrada Estado Islámico (EI) aprovecharon los fallos de seguridad para asesinar a 22 turistas extranjeros en el museo El Bardo de la capital.

Apenas cuatro meses después, un tercer pistolero yihadista repitió la masacre en un hotel de la ciudad costera de Susa, donde mató a 38 visitantes extranjeros y dio el golpe de gracia a la industria del turismo, uno de los pilares económicos del país.

El Gobierno enseguida miró a Libia, donde al parecer se formaron los tres atacantes, y a las montañas de Kasserine, una zona vecina a la frontera con Argelia convertida en bastión de grupos radicales locales y en centro de reunión y reclutamiento de yihadistas de todo el Sahel.

Analistas y expertos recordaron, sin embargo, que el yihadismo es un problema que proviene de los años ochenta en Túnez, y que el país es, en la actualidad, el primero del mundo en número de ciudadanos que se suman al EI, con más de 5 mil voluntarios, de los que cerca de un diez por ciento ha regresado al país.

Y apuntaron a los servicios de Inteligencia, que fueron remodelados tras la huida del dictador Zine el Abedin Ben Ali y que cuatro años después carecen de profesionalidad y medios, además de haber sido infiltrados.

Una situación que se ha agravado con el imparable avance del yihadismo en Libia, donde la nacionalidad preponderante entre los terroristas también es tunecina.

Pese a que el Ejecutivo impuso medidas restrictivas como la recuperación del Estado de emergencia y el refuerzo de las patrullas en Kasserine y de la acción policial y los arrestos en todo el país, los yihadistas lograron dar un último golpe el pasado 24 de noviembre.

Un joven suicida tunecino, al parecer también vinculado con grupos en Libia, mató a 12 guardias presidenciales al hacer estallar un cinturón explosivo junto al autobús en el que circulaban por el centro de la capital.

Los esfuerzos del primer ejecutivo post transición por sacar al país de la crisis social y económica en la que naufraga se vieron igualmente obstaculizados por las disputas en el seno de Nida Tunis, un partido coral que mezcla diversas sensibilidades con un débil hilo conductor.

Los problemas arrancaron nada más formarse el Gobierno, momento en el que miles de seguidores abandonaron la formación al sentirse traicionados por la inclusión en el gabinete de los islamistas de An Nahda, que habían hecha campaña contra Nida Tunis.

Una desbandada que se agudizó cuando semanas después Hafidh Essebsi, hijo del Presidente del país y fundador del partido, fue promovido al cargo de vicepresidente de la formación y comenzó a acaparar poder.

A principios de noviembre, 32 diputados de Nida Tunis enviaron una carta al Mandatario en la que denunciaban una agresión por parte de seguidores de su hijo antes de entrar en un comité ejecutivo y amenazaban con abandonar la disciplina en el Parlamento.

Essebsi obligó a su hijo a negar en público las acusaciones de que maniobraba para sucederle al frente del país y del partido y logró frenar la rebeldía convocando un congreso que probablemente se celebre antes de fin de año.

El gabinete, que parece será remodelado antes de 2016, también se ha visto sacudido por las criticas a la ley de amnistía fiscal, que la Oposición considera un salvoconducto para el regreso de los corruptos del antiguo régimen.

Y por la renuncia de uno de sus miembros, el cese de otro, y la retirada de confianza por parte de la ULP.

Una batería de malas noticias a la que solo puso un punto de esperanza el Premio Nobel de la Paz concedido este año al Cuarteto tunecino que en 2013 logró salvar la revolución cuando también parecía que iba a descarrilar.
reforma.com

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