Oaxaca y el paso del tiempo: Luis Octavio Murat

¿Que razones podrían explicar que Oaxaca no haya alcanzado el desarrollo económico, político y social, habiendo sido cuna de hombres ilustres y dos presidentes de la República, Porfirio Díaz y Benito Juárez?

Fin del siglo XIX, se vivió el XX, y se inició el XXI, y Oaxaca parece estar detenida en el tiempo.

Hasta la fecha, las comunidades que vivieron limitaciones como las de no tener derecho ni dinero para utilizar el ferrocarril, el telégrafo y mucho menos el teléfono; continúan luchando por sus tierras, trabajando de sol a sol en las grandes extensiones de tierra para la plantación y cosecha de la piña, café, algodón, azúcar y la caña en injustas condiciones económicas y sociales a pesar de que los avances tecnológicos fueron y son valiosos, pero solo para las llamadas clases sociales medias y acomodadas.

Para el pueblo, una vía, el campo, la servidumbre, la mano de obra barata, la pobreza y la miseria que en un estado que irónicamente esta dotado de grandes riquezas naturales, tierras fértiles, playas, fauna marina excepcional, climas diversos para la producción de granos, café de altura, producción de energía eólica, industria turística, creatividad artística de las comunidades y sorprendente como deliciosa gastronomía.

Es cierto, las industrias crearon riqueza, pero no para elevar el nivel de vida ni desarrollar socialmente al estado, sino para explotarlo para crear riqueza y llenar unas cuantas bolsas de los inversionistas nacionales y extranjeros y gobernantes favorecidos por los regímenes sexenales.

Oaxaca es un polo de atracción para la productividad, el Istmo y Tuxtepec, fueron territorios que cobraron fama, sobre todo, Valle Nacional debido a los enganchamientos de la emigración forzosa que convertía a los migrantes en esclavos ladinos de las industrias, fincas y plantaciones de inversionistas extranjeros y caciques nacionales.

Con el tiempo, la diferencia entre los obreros y campesinos se fue haciendo patente, la clase obrera ingresaba a trabajar en las minas, o al ferrocarril y se organizaba laboralmente para luchar por sus derechos y conseguir más beneficios para mejorar los niveles de vida; en contraste los campesinos se fueron quedando atrás, sin posibilidades de participar en los beneficios del progreso industrial, solo servir y lamer su miseria y mala fortuna que hasta el presente fatal hace que helicópteros caigan del cielo causando la muerte de sus hijos.

Y vino el año 1907, año de huelgas, año de grandes luchadores como los hermanos Flores Magón, del profesor Adolfo G. Gurrión y su periódico La Democracia en el que se publicaban las opiniones del pueblo en contra del gobierno; o el periódico El Bien Público dirigido por Ismael Puga y Colmenares, personajes que sintieron en carne propia la dureza del régimen del gobernador Emilio Pimentel y del presidente Porfirio Díaz que intentaba su reelección.

Es obvio que las cosas en Oaxaca se salieron de control, las huelgas estallaron, las protestas se multiplicaron, los comerciantes sufrieron grandes perdidas provocando una gran crisis económica afectando la agricultura, la minería y el petróleo.

Oaxaca padeció una de sus primeras crisis sociales, económicas y políticas realmente graves, crisis que obliga al gobierno al empleo de la mano dura, el ejercito y la policía golpeaba y mataba a los trabajadores para obligarlos a volver a los centros de trabajo.

Irónicamente, el desarrollo económico de Oaxaca significaba la muerte para algunos trabajadores oaxaqueños.

Ha pasado mucha agua debajo del puente, como dice el clásico y en Oaxaca los jugosos negocios, industrias, hoteles en la capital y en las playas continúan, no sin dificultad, pero aun prevalece la explotación y el saqueo de extranjeros, nacionales y ex gobernadores.

Este desequilibrio de clases entre los que tienen en exceso y los que no, ha propiciado grave conflictiva social que se refleja en los constantes paros de actividades académicas, de huelgas, de suspensión de clases como en este momento privando a los educandos del derecho a saber, de educarse, de superarse mediante el conocimiento.

Hoy como ayer, Oaxaca es víctima de la sin razón de unos cuantos, de políticos del pasado, de los cacicazgos, de ese gremio conformado por la CNTE que de nueva cuenta jaquea a las instituciones exigiendo la derogación de la Reforma Educativa, que a duras penas se inicia.

La CNTE que reintenta recuperar el control del sistema educativo en Oaxaca, Michoacán y Chiapas, bastiones que reanudaron las embestidas antisistema aprovechando la coyuntura política del proceso electoral federal.

La conflictiva social ha llegado al extremo de que viajar a a Oaxaca es cuestión de la fortuna, no se sabe cuando se puede entrar ni cuando se puede salir debido a que el aeropuerto puede estar bloqueado o las terminales de autobuses estén paralizadas por los magisteriales de la S22, o que las carreteras estén bloqueadas.

Parece ser que en Oaxaca el tiempo se detuvo, sobre todo, en el campo, en las fincas de los caciques y en las plantaciones de los políticos. La vida de los trabajadores continúa igual, bajo ingreso, largas jornadas de trabajo y servidumbre, pero, sobre todo, ausencia de educación académica que, de tenerla, otro sería su presente.

Gobiernos van y gobiernos vienen para que todo siga igual y nada cambie, no importa que el estado haya sido cuna de dos presidentes de México, de brillantes académicos e intelectuales, de grandes artistas. Eso que importa.

@luis_murat

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