Los motivos de Eviel: Luis Octavio Murat

luis-octavio-muratEn la medida en que se aproximan las elecciones para el 2016, 2017 y el 2018, los obstáculos que afectan el proceso democrático de México, hasta este momento, no se han superado del todo. Me refiero a una arena política que no tiene el piso parejo, esto es, que las condiciones, oportunidades y recursos de los que pretenden contender para las posiciones de elección popular no son iguales para todos; empezando por el uso indebido de los recursos públicos otorgados a los partidos políticos, a fin de hacer el trabajo que la nación les ha confiado pero, no para utilizarlos en beneficio personal con objeto de promoverse como precandidatos a la Presidencia de la República o a los gobiernos de los estados que, en esta ocasión, 12 de ellos habrán de tener elecciones.

En este sentido, destacan las ansias de los políticos que pretenden ser los representantes al gobierno de sus respectivos estados: sin embargo, algunos de estos anhelos no siempre son legítimos y válidos por perturbar con el uso de los recursos públicos para promociones personales los tiempos electorales y con ello, el avance de la incipiente democracia mexicana. Estos obstáculos, todavía tolerados por la ley electoral, han permitido desigualdad en las competencias electorales pero, en cambio, se ha producido un fenómeno político que, hasta este momento, parece ser la alternativa sana para la nación y por ende, para el sistema democrático del país. Me refiero a las candidaturas ciudadanas que han sido recibidas con agrado por la mayoría de los sufragistas. Esta alternativa se ofrece como una opción inteligente, madura y civilizada, a efecto de ir emparejando las pistas de los aspirantes a los cargos de representación popular que en breve se iniciarán.

Las actuales diferencias entre los contendientes evidenciarán su honestidad política: los legítimos y los que no lo son, por el simple hecho de querer pasarse de listos y usar los presupuestos de los cargos de la administración pública que les fueron confiados. De manera, que cuando los aspirantes “levantan la mano” para anunciar “que si quieren”, reflexiono para analizar las acciones que han realizado a través de sus respectivas tareas políticas y cuando lo hago, trato de entender las aspiraciones de los que ansían los cargos para hacerse del poder para bienestar personal o para el bien de la nación.

Los ejemplos que, a través del tiempo, nos ha brindado el Genio Florentino escritos con su puño y letra en una carta dirigida a su amigo Vettori , en la que le enteraba de su intención de estudiar y analizar cuantas clases de principados hay; “como se adquieren, como se mantienen y porque se pierden.” En el caso de esta entrega, “como se adquieren”, me parece la manera o la vía adecuada para tratar de explicar mi tema, veamos: En la antigüedad, los cargos políticos más elevados eran Los principados, sistemas de gobierno que, obviamente, se oponían al establecimiento de las repúblicas, que por cierto, es el objeto del tema que Maquiavelo nos obsequia en los Discursos sobre Tito Livio.

Hay principados hereditarios, nuevos, mixtos, eclesiásticos, despóticos en donde todo el mundo es esclavo, el aristocrático y el que se adquiere por perfidia. Para este tema, seleccionemos “Los principados nuevos”, que como nos explica el fundador de la ciencia política contemporánea, “son fáciles de adquirir pero difíciles de conservar” al haber sido adquiridos por las armas y fuerzas de otro; “vuelan en el cargo, las dificultades aparecen cuando han llegado al poder, dificultades tales que, casi fatalmente, estos gobernantes acabarán por perder su Estado”. Dependen, afirma el escritor, de la voluntad de otro, de la fortuna, son variables, titubeantes, inseguros; no disponen tampoco de fuerzas propias que les sean adictas y fieles, por cierto, ¿podrían mandarlas?

He tomado esta narrativa, como un ejemplo claro y evidente de lo que podría ocurrir en México en el caso de que los seleccionadores de aspirantes equivoquen o impongan candidaturas, como varias veces ha ocurrido, a causa de preferencias, de amiguismos, o de intereses y compromisos personales de quien designa y hace a un lado la decisión mayoritaria de los votantes. Es por todo ello, que en los tiempos actuales de México, lo conveniente en su sistema político seria el dejar que los márgenes democráticos se ensanchen no estorbando las candidaturas independientes que parecen estar llamadas a realizar esa tarea, la de ampliar la democracia mexicana.

Claro que todavía no está todo perdido para los partidos políticos, tienen margen de maniobra, sobre todo, montañas de dinero de los contribuyentes otorgados por el INE para hacerse escuchar pero, al mismo tiempo, oír los deseos de las bases electorales para elegir a quienes verdaderamente se merecen los cargos de representación popular; aquellos que verdaderamente han trabajado por llegar a ser merecedor del favor de las masas. En el caso de Oaxaca se ha intentado, como en otros estados del país, imponer candidaturas por herencia, por despotismo, por la política evangélica, por calumnia y perfidia y también, aunque son contados los casos, por elección democrática.

Este último ejemplo parece ser parte de los motivos de Eviel; el de una elección democrática cuando los tiempos electorales lo demanden y en consecuencia, luchar dentro de un solo bloque, mas allá de los liderazgos, nombres y apellidos, a fin de evitar las herencias del poder. “Es tiempo de inaugurar una nueva etapa histórica, que haga justicia a nuestras raíces y nos abra las puertas a un futuro de oportunidades”.

“México y Oaxaca, viven la experiencia, como nunca de una nueva etapa política, de liberación de ataduras y limitaciones que sufrieron por el poder informal de grupos que por décadas dominaron la economía, el comercio y sectores fundamentales como la educación, la energía y las telecomunicaciones”, subrayó Eviel durante un acto informativo con motivo de sus actividades legislativas. Los motivos de Eviel, suenan interesantes, liberales y propositivos. Habrá que estar atentos a las acciones de un político que, no aspira a heredar, tampoco a imponer; ni recibir el favor de otro. Aspira, según lo he escuchado, a recibir el apoyo y el consentimiento de sus conciudadanos, por el simple hecho de que ha realizado la carrera política con sus propias virtudes y no con las de otro.

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