Las tentaciones en la Libertad Pública: Luis Octavio Murat

luis-octavio-muratA unos cuantos días para que se efectúen las votaciones en nuestro Estado, Oaxaca vive, por momentos, una calma aparente de mar que no se mueve como las tranquilas aguas de Campeche y, por ratos, se incendia al estallar la violencia de las fuerzas de la CNTE desatando su furia contra las plazas comerciales Del Valle, Oaxaca, Macro Plaza, Bella y Cristal o contra los súper mercados como Soriana, Chedraui, Fabricas de Francia y otras más.

Me pregunto: ¿Qué podrían aprender los educandos de estos bárbaros de la Sección 22 mostrando lo que si saben hacer: destruir, exigir, chantajear, no trabajar y todo aquello que les toleraron los diversos gobiernos federales como estatales? La agitación que han causado las confrontaciones electorales entre los diferentes candidatos que compiten en esta justa electoral es inquietante por el uso lamentable de herramientas que han causado nauseas en el electorado.

La llamada “guerra sucia” que se ha utilizado para denostar, injuriar, ofender y descalificar al adversario ha llegado a límites que nos parecen repulsivos. No obstante, es cierto también, que aquel que se dedica a la práctica política debe aguantar eso y más; lo confortará, en todo caso, que al llegar a casa antes de abrazar a su familia tome una buena ducha y se lave toda la porquería que ha ensuciado su cuerpo en las batallas que la actividad política en ocasiones exige.

La actual lucha por la presidencia de los Estados Unidos evidencia hasta que limites se ha llegado, igual ha sucedido en España como en Italia y Francia. En consecuencia, México “está en la ruta”, como titulara Jack Kerouac al libro que lo hizo famoso en la década de los sesentas: “On The Road”, allí estamos.

Los motivos del uso indiscriminado de las llamadas “guerras sucias” son diversos, depende que elementos se tengan, incluyendo pruebas que respalden las acusaciones contra el adversario para llevarlas a cabo. Casi siempre, aun sin pruebas, los libelos, las redes sociales, los videos, los audios alcanzan gran parte del daño que se proponen lograr.

Hay que agregar otros medios de presión que se usan para tratar de doblar al antagonista, en este caso al gobierno federal y estatal, como son los plantones, las marchas de protesta, los paros en las escuelas, los bloqueos a calles y avenidas principales de las grandes ciudades, los cercos a los aeropuertos, terminales de autobuses y carreteras, tal y como lo estamos viviendo en Oaxaca, Ciudad de México, Morelos, Michoacán, Veracruz y Chiapas.

Pero, ¡Cuidado! Porque cuando todo eso se junta, cuando la votación está tocando la puerta, cuando estallan los paros en las escuelas, cuando las manifestaciones callejeras se multiplican y los retos suben de volumen exigiendo y protestando, aumentando la presión de las poblaciones exigiendo orden al gobierno; es, en esos momentos, cuando el gobernante debe y tiene que actuar con toda la cautela que su juicio le permita para poder actuar con madurez, con prudencia y sabiduría política, a fin de no caer en las trampas tendidas por los adversarios para cazar a los lobos.

No caer en la tentación de usar demasiado la fuerza pública , la cual tiene el derecho de utilizarla cuando la paz pública es amenazada o cuando la libertad pública también se expone al tráfico, es decir, te doy y me das; me compras y te vendes. Los momentos de las tentaciones para usar el poder del Estado surgen como torrente de agua en los momentos críticos como ahora los ha provocado la CNTE a la espera de que el gobierno federal pique el anzuelo y use la fuerza pública para imponer el orden social.

Ya no es momento de negociar lo que ya no es negociable, la Reforma Educativa está en marcha y sus cimientos deben ser lo suficientemente sólidos para que nadie en el futuro pueda derribarla, la marcha atrás o un “orden negociado”, en estos momentos, sería tanto como caer en la trampa de las tentaciones.

Estas circunstancias son decisivas para el régimen establecido; el sistema electoral está a prueba, la solidez y decisiones gubernamentales igualmente; pero, sobre todo, lo que está en juego es un estado de derecho debilitado a causa del tsunami llamado crimen organizado que, junto con el narcotráfico, ha desatado una violencia sin límites a lo largo y ancho del país lo cual le ha restado al gobierno federal gran parte de su credibilidad y confianza.

Sin embargo, lo rescatable, lo que está todavía en manos del gobierno y de la sociedad, hay que cuidarlo y protegerlo de esta intentona de desestabilización política que como inmensa ola se está levantando desde el Cono Sur y que amenaza con extenderse al resto de nuestros países.

Ahora bien, salvando los obstáculos levantados, principalmente el electoral y el educativo, las aguas volverán a calmarse y será en ese momento cuando se debe imponer el nuevo orden; con el establecimiento de leyes que impidan la corrupción rampante que caracteriza al marco dirigente del país el cual es nauseabundo porque ha ofendido a los pobres que son el 60% de la población del país y a una clase social pensante que ha tenido educación universitaria.

Volver al estado social civilizado es lo que México necesita y para eso hay que hacer esfuerzos máximos, pues se han rebasado los estaques, o bien recomponerlo, volverlo a unir como antiguamente lo hacían los charlatanes japoneses que despedazaban a un niño ante el público callejero y después, arrojaban al aire todos sus miembros y al caer, uno por uno, hacían que el niño cayera vivo y totalmente recompuesto.

Nuestros políticos saben hacer eso y más, tanto que dejarían en ridículo a cualquier mago de feria; no sabemos como lo hacen, pero de que lo harán no me cabe la menor duda, basta y sobra observar los malabares del que despacha en las oficinas de Insurgentes Norte; solo que habrá que esperar esta semana para definir el rumbo y ver el resultado de los sortilegios de los dirigentes partidistas.

En consecuencia, si queremos tener un Estado fuerte y solido debemos dotarlo del marco jurídico adecuado, desapareciendo los extremos todo lo que se pueda, impidiendo la grosera opulencia que ofende a las mayorías y la insultante miseria que enferma e impide el desarrollo democrático. De esa forma tendremos un estado unido y completo con todos sus miembros. Sin el estado de derecho en práctica el cuerpo social está incompleto como el niño de los charlatanes japoneses.

El resultado de la contienda electoral nos dará claridad de lo que podremos esperar.

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