La urgente competitividad en la burocracia: Luis Enrique Ortega Zárate (*)

Luis-Enrique-OrtegaLa razón para que exista el Estado es la de solucionar los problemas de los ciudadanos. En ello descansa la finalidad.

Al vivir en un colectivo, forzosamente surgen necesidades de servicios como la dotación de energía eléctrica, la construcción de drenaje, la atención de la salud, la educación, la seguridad pública, entre otros, donde instituciones legalmente constituidas son las responsables de brindar esos satisfactores a la comunidad.

Para ello, el gobierno contrata personal encargado de prestar esos servicios y hacer que las cosas funcionen conocidos como burócratas que son contratados en diferentes modalidades. Estas personas están encargadas de facilitar y ayudar a los ciudadanos cualquier trámite.

Sin embargo, el concepto de burocracia que utilizamos es anticuado porque creemos que esa persona que trabaja para el gobierno tiene asegurado su futuro laboral en periodos que van de los tres a seis años, dependiendo del lugar donde labora.

Además, un trabajador de gobierno es visto como alguien privilegiado que tiene en sus manos el hacer o no hacer miles de trámites necesarios para el ciudadano, pero también es una persona que ejerce el poder desde atrás del escritorio y de quien depende en mucho el alcanzar las metas planteadas por su superior.

De ahí que se hace necesario cambiar el concepto de burocracia por el de facilitador; aprender las experiencias exitosas en el sector privado y aplicar esas ideas al sector público.

Por ejemplo, mientras el sueldo del burócrata depende de la cercanía con las esferas del poder, en el sector privado existe un sueldo base, mismo que está sujeto a incrementos dependiendo de la calidad y cantidad de servicios prestados al “cliente”.

En tanto, el empleado del sector privado está sujeto a un horario que se cubre de forma exacta y su principal objetivo es ser productivo, mientras que en el sector público el trabajador cumple con su horario cuando le es posible, pero su objetivo es cubrir el turno sin preocuparse por la calidad en el servicio. La burocracia actual -sin motivación adicional hacia su trabajo- tiene dos propósitos: estar bien con el jefe y estar presencialmente en su lugar de trabajo.

En el sector privado existen mecanismos de evaluación del servicio al cliente, controles de calidad, así como ascensos con base en el desempeño demostrado por el proveedor del servicio. En el sector público no existen ascensos por la calidad, no se evalúa el desempeño y no tenemos forma de medir el tipo de trabajo realizado.

Desde la creación de la burocracia se ha mantenido la estructura que hasta el día de hoy posee. Realmente no ha habido una evolución en la forma de hacer las cosas y el sector privado va implementando innovaciones día a día.

Por eso necesitamos alcanzar niveles de competitividad para poder tener satisfecha a la ciudadanía y ser mejores. No porque así haya existido desde su origen se tiene que mantener así. Necesitamos cambiar los diferentes ámbitos de gobierno.

Es necesario rescatar mecanismos de contratación como los implementados en tiempos recientes en el gobierno federal, donde se contrataba personal dependiendo de los perfiles académicos; se asciende al personal con base en indicadores claros, y se permite escalar en el ámbito de la burocracia. A ello se le denomina a nivel mundial “la nueva gerencia pública” y nosotros como oaxaqueños deberíamos prepararnos para ello.

Reconozco que habrá sectores en donde no se puedan implementar indicadores de desempeño por ejemplo el sector sindicalizado. Empero, el personal de confianza podría participar en concursos de calidad y un modelo innovador para Oaxaca de trabajo gubernamental.

Finalmente, es necesario que los ámbitos de gobierno tanto estatal como municipales puedan incorporar esta nueva forma de conceptualizar el quehacer público. Lo cierto es que si queremos resultados diferentes, necesitamos gobiernos diferentes.

(*) Productor agrícola por vocación; estudioso de las ciencias políticas por profesión y militante partidista por convicción.

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