La lucha por las bicicletas en Jerusalén

jerusalenJerusalén quiere un sistema de bicicletas públicas para reducir el tráfico y la polución y favorecer el turismo, pero sus planes tropiezan con los ultraortodoxos judíos, opuestos a su uso en la ciudad santa el día del shabat.

El choque entre las normas del judaísmo y la vida moderna existe desde la creación de Israel, pero las discordias se han multiplicado en los últimos meses, por la apertura de las salas de cines y tiendas, la circulación de autobuses e incluso los partidos de fútbol el día del shabat.

“Lo consideramos un caso extremadamente grave”, comentó recientemente el concejal ultraortodoxo Eliezer Rauchberger en la radio, sobre el proyecto de creación de un sistema de bicicletas de libre servicio que funcionaría toda la semana, incluido el shabat (del viernes por la noche al sábado por la noche).

Los ultraortodoxos no se oponen a las bicicletas. De hecho es muy común verlos vestidos de negro, con sus sombreros de ala ancha y sus bucles circulando en bicicletas eléctricas por Jerusalén.

Pero el shabat para ellos es sagrado. Su religión proscribe el trabajo ese día y fomenta el estudio de la torá, la oración o el descanso.

Muchos ultraortodoxos se oponen a la bicicleta el día del shabat porque habría que repararla en caso de pinchazo, o sencillamente por tradición.

‘El shabat es de todos’

En una ciudad donde lo sagrado cohabita con lo profano, el programa de bicicletas compartidas, previsto para 2016, funcionaría con una aplicación para smartphones (teléfonos inteligentes), otro motivo de prohibición religiosa.

Tel Aviv, más conocida por su vida nocturna que religiosa, ya cuenta con una red de bicicletas desde 2011, que también funciona durante el shabat.

Pero los ultraortodoxos estiman que la religión debe respetarse más en Jerusalén.

“Haremos cuanto podamos para impedirlo”, afirma Eliezer Rauchberge”.

“Jerusalén es una ciudad santa, y debe ser administrada como tal”.

Los ultraortodoxos son una fuerza con peso. Representan el 20 por ciento de la población de la ciudad. Sus partidos están muy presentes en el consejo municipal y la coalición gubernamental tampoco existiría sin ellos.

El padrino del programa en Jerusalén, el adjunto del Alcalde Tamir Nir, declaró que no tiene ninguna intención de darse por vencido.

“El shabat es de todo el mundo y todo el mundo tiene el derecho de disfrutarlo como le parezca”, aseguró.

Lo cierto es que el Ayuntamiento no es insensible a las presiones. Acaba de decidir que ocho tiendas que permanecían abiertas durante el shabat tendrán que cerrar ese día.

Esta decisión enfureció a los propietarios, clientes y a todos aquellos escandalizados por la intromisión de lo religioso en el ámbito público.

Amenaza para el fútbol

Wajdi Halawani, gerente de Supermarket 24, una de las tiendas cerradas, se queja de las repercusiones en su cifra de negocios.

“Entre nuestros clientes hay muchos turistas que no saben dónde hacer sus compras el shabat”, dijo.

El municipio asegura cumplir el dictamen del Tribunal Supremo que pide el respeto de la ley, que autoriza la apertura de lugares de ocio como restaurantes o salas de cine durante el shabat, pero prohíbe otros comercios y los transportes públicos.

La batalla también afecta al deporte. Los israelíes siempre jugaron al fútbol durante el shabat. Pero varios jugadores profesionales judíos practicantes recurrieron a los tribunales y ganaron la causa, lo que deja en entredicho los partidos del sábado.

La federación respondió con vehemencia: si el Gobierno no autoriza a jugar el sábado, se suspenderán todos los campeonatos a partir del 12 de septiembre.

reforma.com

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