La lucha por la libertad en Venezuela: *Francisco Ángel Maldonado Martínez

El martes pasado el mundo amaneció con una noticia desde Venezuela. El autoproclamado presidente encargado del país sudamericano llamó a un alzamiento militar en contra del régimen de Nicolás Maduro. Fue la primera vez que Juan Guaidó convocó abiertamente a tomar las armas para defender la libertad, aun cuando él y sus correligionarios no consideran que éste sea un golpe de Estado. No solo esto, la relevancia de la nota es que fue liberado Leopoldo López, el líder opositor con mayor respaldo en Venezuela, quien se encontraba preso y fue tomada la base militar de la Carlota al este de Caracas.

 

Si en Venezuela la revuelta causó la muerte de una persona y al menos cien heridos como informó la Oposición, en el mundo el intercambio de mensajes sembró dudas respecto a la posible salida a la crisis venezolana. Desde Washington se informó que la cúpula militar a cargo de Vladimir Padrino había asumido que Maduro debía irse y que incluso Rusia le había proporcionado un avión para abandonar el país. Sin embargo, en la noche Maduro envío un mensaje televisado en el que expresó: “Nunca antes en la historia de Venezuela había sucedido un levantamiento por el empeño obsesivo, nefasto de un grupo de Oposición de la ultraderecha, la oligarquía colombiana y el imperialismo estadounidense”.

 

En el tablero de ajedrez de la crisis venezolana Maduro sigue asumiendo el papel de un rey acorralado por las protestas multitudinarias y sectores de la población entregados a la causa de derrocar su gobierno. El equilibrio de fuerza sigue siendo el Ejército, que salvo contadas excepciones no muestra una desbandada de oficiales y efectivos que respalden al movimiento opositor de Guaidó. Lo cierto es que cada vez son más evidentes las violaciones a derechos humanos en Venezuela y como muestra las imágenes viralizadas en internet de tanquetas de la guardia nacional bolivariana atropellando manifestantes, contra las cuales ningún gobierno debería sostener su apoyo a un régimen antidemocrático que sistemáticamente viola las garantías de su población.

 

Lo que sucede en Venezuela nos recuerda que la democracia puede convertirse en una tragedia cuando el discurso populista transtorna el orden económico y social. Hoy en Venezuela la gente padece la inflación más alta del mundo y la carencia de servicios básicos como el agua y la luz. No hay garantías para el ejercicio político pues la Asamblea Nacional fue disuelta por Maduro y en su lugar convocó a un Constituyente formado por agrupaciones aliadas. No se respeta el disenso aun cuando éste se deba al hambre y a la falta de medicamentos en hospitales, o al injusto encarcelamiento de jóvenes opositores a un régimen que coarta sus libertades.

 

Aún no está claro qué rumbo tomará el conflicto más importante de la región. Por un lado a Maduro lo respaldan las fuerzas armadas y esto es decisivo. Adicionalmente, Estados Unidos acusa que Rusia y Cuba tienen elementos militares en Venezuela participando en la represión en las calles. Por otro, Guaidó cuenta con el respaldo de una comunidad internacional que se pronuncia diplomáticamente por una transición pacífica basada en que se convoque a elecciones libres en el país caribeño. En el terreno simbólico la liberación de Leopoldo López y su puesta en resguardo en la Embajada de España en Caracas siembra un apoyo para la lucha por la democracia. La residencia oficial del país europeo es inviolable y por tanto López puede permanecer ahí aunque el Tribunal Supremo bajo la influencia de Maduro haya ordenado su captura inmediata.

 

En medio de este difícil panorama, sigue siendo valioso el apoyo que la oposición venezolana recibe desde el extranjero. Nadie desea una intervención extranjera en Venezuela, sin embargo, no hay certezas de cómo pueda destrabarse el conflicto interno. Aun cuando Mike Pompeo y John Bolton, secretario de Estado y asesor de Seguridad de Donald Trump han insistido en la posibilidad de intervenir militarmente, la más reciente declaración de su jefe indica lo contrario, al señalar que Rusia tanto como Estados Unidos desean una solución pacífica y pronta al conflicto. En medio de este intercambio de mensajes generados en otros países, la mayoría de la población venezolana seguirá padeciendo la zozobra de vivir con un dictador en el Palacio de Miraflores.

 

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