La lectura y el desarrollo humano: Luis Octavio Murat

luis-octavio-murat¿Sabia usted que nuestro país ocupa el penúltimo lugar de un listado de 108 países sobre el índice de lectura? El dato así es o era y les contaré porque hay críticas y debate sobre este punto. El 23 de abril del 2013, el periodista Jenaro Villamil publicó un amplio como valioso reportaje al respecto que cobra importancia nuevamente al haberse creado recientemente la nueva Secretaria de Cultura a cargo de Rafael Tovar y de Teresa, ex director de CONACULTA.

Villamil nos dio cuenta, con cifras impactantes hace dos años, que los mexicanos leemos un promedio de 2.8 libros al año y solo un 2% de la población tiene el habito de leer; estas cifras iniciales comparadas con países como España o Alemania son verdaderamente ridículas, toda vez que en estos dos países se leen un promedio de entre 7.5 en España y 12 en Alemania.

Habría que agregar el que los jóvenes en Europa, acostumbran ir al teatro, a conciertos de música clásica, a museos y demás como algo cotidiano, como parte importante de su derecho humano y que es precisamente el alcanzar el pleno desarrollo con dimensión cultural; “tener la idea profunda del mundo y sus contextos y no una mera acumulación de información”, (R.T.T. Lo que falta por Hacer).

Otro dato importante, y que es ya uno de los retos a vencer de la polémica Secretaria de Cultura, es el que en México existe solo una biblioteca por cada 15 mil habitantes y una librería por cada 200 mil, según datos publicados por el mismo Jenaro Villamil. No obstante, y aquí es en donde los números no cuadran, por lo que se abrió el debate y la crítica contra los datos proporcionados por la última Encuesta Nacional de Lectura y Escritura del 2015.

Esta encuesta nos señala, que el número de lectores mexicanos ha aumentado a 5.3 % en los últimos 12 meses y que, por supuesto, contrasta con el 2.9 % publicado hace pocos años, es decir, uno o dos libros solamente, y casi el mismo porcentaje no ha leído uno solo en el mismo periodo.

Sobre este punto, R.T.T., no coincide con los críticos y valida la última cifra del 2015 del 5.3%, afirmando que no es solamente una cifra a la que se reduce la Encuesta, pero que es un “norte de la brújula” que debe guiar nuestros trabajos presentes y futuros; las anteriores encuestas y la presente son distintas evidentemente, son metodologías de levantamientos distintos.

Cifras diferentes, criticas y argumentos que no coinciden, sin embargo y aun haciendo una media con los datos de críticos y las oficiales, el resultado continuaría siendo desalentador, escaso, muy limitado, pobre y que por lo tanto, reduce la estatura de una nación a la pequeñez, a la ignorancia y a la ausencia de su derecho humano por lo que queda reducido a la oscuridad y al atraso, a la tosquedad de una formación incompleta y por lo tanto ruda e incompetente.

Es por ello que el debate entre cifras de unos y otros conducen solo a la discusión y no a la solución de tamaña problemática. Cualquiera podría tener la razón, de acuerdo a sus metodologías para hacer las consultas; pero todo ello no apartaría a una nación del oscurantismo. Hay que hacer, debatir, pero hacer, sobre todo.

Cuando se reconoce que no han bastado programas de fomento a la lectura; los incentivos para reducir la brecha entre los libros y la gente, y como afirma De Teresa, no han bastado las salas de lectura; los talleres; las capacitaciones; las múltiples actividades organizadas en torno al objetivo único de espolear el interés por las historias que hay en los libros; “no han bastado todos nuestros esfuerzos”. Creo entonces, que algo, indudablemente, no ha estado funcionando.

La declaración del nuevo secretario se torna desalentadora y dramática, más todavía, cuando revisamos cifras como las de Finlandia, país en donde se leen 47 libros por persona al año. Sin embargo, creo que una tarea de esas dimensiones, es decir, sustraer a un país de la ignorancia, no es cosa de esfuerzos de unos cuantos años o de unos sexenios en los que se ocuparon un poco más por la carencia del conocimiento, a través de los libros, del pueblo mexicano.

Los esfuerzos deben ser continuos y permanentes; es tarea desde los primeros años de la educación primaria, tarea que empieza con los profesores mismos, con la asignación de sus responsabilidades y requisitos para estar certificados cada dos años incluyendo la obligación de leer determinado número de libros por año.

Los alumnos por igual hasta hacer, a través del tiempo, el hábito, la disciplina, la costumbre, la responsabilidad, la obligación y la consciencia de leer y, de no hacerlo, sentir la vergüenza de ser incompetente, ignorante, atrasado, marginado por la terrible desgracia de no saber.

¡Vaya el reto de las Secretarias de Educación y de Cultura!

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