La desintegración partidista: Luis Octavio Murat

luis-octavio-muratSi hubiera que de dar un ejemplo de lo que significa la desintegración de un partido político el Partido de la Revolución Democrática seria el símil adecuado. Que se divida y posteriormente se desintegre una institución política no es cosa nueva o error del PRD solamente, más bien ha sido una característica histórica de la que hay una variedad de ejemplos; baste mencionar la conformación de las Internacionales Socialistas una vez rota la izquierda soviética para dar paso a los famosos cismas que recorrieron el mundo durante décadas como el trotskismo, el stalinismo, el maoísmo, el castrismo y tantos más que con sus líderes en vanguardia, cargaban cada uno su Das Kapital (El Capital) bajo el brazo y así propia interpretación de la obra cumbre de Karl Marx.

En la actualidad y habiendo corrido mucha agua bajo el puente, las cosas han cambiado, pero no lo suficiente. Es cierto, las ideologías que caracterizaron a los cismas y que arrastraron a las juventudes de los 60s, 70s y 80s han desaparecido para dar paso a eso que los economistas titularon neoliberalismo y globalización. Sin embargo, la etiqueta de “izquierda” se sigue utilizando, principalmente por los partidos políticos, como tarjeta de presentación que a decir verdad, nadie cree por la sencilla razón de que no lo son.

Un ejemplo reciente de lo que estamos hablando lo es el PRD, que habiendo sido abandonado por sus líderes fundadores como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Gerardo Unzueta (recién fallecido) y más tarde por el propio Andrés Manuel López Obrador, inició un proceso lento de desintegración debido a que olvidaron sus principios y fines partidistas, amén de la lucha interna por el poder político y el manejo del dinero que como institución política le corresponde.

Las llamadas tribus, grupos y corrientes con las que está conformada su estructura política lo han devorado como el proceso natural de las arañas que se alimentan al nacer de su propia madre.

Al iniciarse la desbandada, Carlos Navarrete fue convocado para salvar del desastre a su partido una vez que, como decíamos, fue abandonado por los líderes históricos, pero por más intentos que hizo, la violencia desatada en Guerrero lo arrasó y opto por lo sensato: “Ahí nos vemos” y renunció en un acto prudente y maduro; dialogar y ponerse de acuerdo con “tribus” imposible porque habría que hablar varios dialectos.

Ante la renuncia de Carlos Navarrete, el PRD encabezado por sus accionistas mayoritarios, “los chuchos”, se dieron a la tarea de buscar al cordero del partido que pagara los pecados del mundo perredista cometidos por las tribus y sus dirigentes, y encontraron a Agustín Francisco de Asís Basave  (¿coincidencias tener el nombre del Santo de Asís?) que dijo: “yo si puedo”, y ni tardo ni perezoso acepto el ofrecimiento que como “papa caliente” nadie quería cargar.

Agustín Basave creyó todo lo que le dijeron para convencerlo de que aceptara conducir el timón de un barco a la deriva; la realidad política del PRD no fue para nada lo que se imaginaba; nada parecido a la academia de donde el nuevo dirigente había sido extraído o del mismo PRI en el cual había militado inicialmente. Por el contrario, se encontró con la selva plagada de tribus –todos contra todos– como pareciera ser el lema emblemático que los distingue.

De manera que los planes y programas del nuevo dirigente al ser presentados, como el de las alianzas con el PAN, como una de las alternativas viables para derrotar al PRI principalmente en Oaxaca, Veracruz y Tlaxcala, no le fueron aceptadas. Basave insistió, lucho por sus ideas, pero nada, así que hace unos días declaro amenazante:

“No existen las condiciones para que yo pueda encabezar a un partido de oposición, he decidido renunciar al Partido de la Revolución Democrática”.

“A las personas que me invitaron a contender por la presidencia del PRD les advertí que no sirvo para florero y que de llegar al cargo lo asumiría a cabalidad”.

“Es hora de hacerme a un lado para que quienes me desacreditan se hagan cargo de la presidencia. Que me sustituya quien tenga los instrumentos para solucionar esta enésima reyerta interna, quien tenga apoyo para meter en razón a las partes en pugna. Yo ya no puedo hacerlo”.

Al PRD, institución a la que se le destinan 886.1 millones de pesos por parte de la nación vía el INE y lo que le esta sucediendo es importante tomarlo en cuenta por los partidos políticos que están a punto de nombrar a sus candidatos para contender por 13 gubernaturas y ver como espejo lo que está ocurriendo en esa institución política, toda vez que las tribus que lo conforman creen ciegamente que están ejerciendo una libertad política que a decir verdad no lo es … en tanto, ocurre peligrosa división en sus filas.

La libertad política no consiste en hacer lo que se quiere, consiste en hacer lo que se debe, lo mejor, lo que la prudencia, la razón y la experiencia aconsejan para tomar las decisiones adecuadas y no las forzadas; como lo hace Agustín Basave: “ahora si renuncio, siempre no renuncio”.

En ese sentido y en momentos en que los partidos habrán de tomar sus decisiones para elegir a sus candidatos el ejemplo del PRD: el de la división interna, el de la confusión, el de la falta de seriedad de su dirigente y sus penosos titubeos, deben servir para la toma de decisiones adecuadas por los dirigentes del resto de los partidos políticos.

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