La consumación del Brexit y un futuro de incertidumbre: Francisco Ángel Maldonado Martínez*

Con el último día de enero de 2020 se consumó la salida del Reino Unido de la Unión Europea luego de 47 años de pertenencia. En mayo de 2016 se celebró un referéndum promovido por el entonces primer ministro David Cameron, quien lo había prometido a un sector del electorado que no se sentía a gusto perteneciendo a la comunidad europea. En aquel momento, más de 17 millones de ciudadanos, que representaron el 51.9% de los sufragios, decidieron abandonar la Unión Europea; Inglaterra y Gales votaron en su mayoría por dejarla, mientras que Escocia e Irlanda del Norte votaron a favor de quedarse.

 

Reino Unido era el socio con el segundo mayor PIB del bloque, solo después de Alemania. Consumidores, empresas, e incluso estudiantes y turistas se verán afectados con la salida la potencia; la primera vez que ocurre algo así desde su fundación. El miércoles pasado, el Parlamento Europeo firmó el acuerdo con lo que finalizaron los trámites legales. Luego de la indefinición de los últimos tres años, las más recientes elecciones en Reino Unido en las que el Partido Conservador consiguió la mayoría absoluta en el Parlamento fueron clave para consumar este hecho histórico.

 

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, horas antes de que se consumara el Brexit, señaló las bondades de un bloque económico y político que ha ganado ímpetu durante los 47 años que ha compartido con el Reino Unido. A manera de mensaje de fortaleza frente a la tragedia, señaló: «En ningún otro lugar del mundo se puede encontrar a 27 naciones, con 440 millones de habitantes y con 24 idiomas diferentes, confiando unas en otras y trabajando y viviendo juntas».

 

En realidad, y aunque sobren justificaciones de los líderes europeos para sostener la fortaleza de esta organización supranacional, es un hecho que la salida del Reino Unido es un fracaso y pone en duda el futuro de un bloque que había consolidado su unión con el cambio de siglo. Hay que recordar que en 1990, cuando la Guerra Fría llegaba a su fin, Alemania Oriental dio la bienvenida a la Comunidad Europea como parte de una Alemania reunificada. La caída del Muro de Berlín, que fue la caída del mundo bipolar, favoreció la integración europea. Al comienzo de 1993, el Tratado de la Unión Europea firmado previamente en la ciudad de Maastricht, creó este organismo que sustituía y agrupaba a la Comunidad Europea, estableció el mercado único y se hicieron realidad sus cuatro principios: la libre circulación de mercancías, servicios, personas y capitales.

 

Aunque políticamente el Brexit está consumado, también debe señalarse que lo que empezó este primero de febrero es un periodo transitorio, dentro del cual la relación entre la Unión Europea y el Reino Unido seguirá funcionando sin cambios inmediatos. Londres continuará dentro del mercado interior y la unión aduanera, y los ciudadanos de ambos lados del Canal de la Mancha podrán seguir residiendo sin trabas y desplazándose como hasta ahora. Este periodo está previsto hasta el 31 de diciembre de 2020, con posibilidad de prorrogarlo solo una vez, durante uno o dos años más, siempre que se haga antes del 1 de julio de 2020. El reto inmediato es que el bloque y la potencia logren un acuerdo comercial. Si para final de año no lo alcanzan, entonces Londres enfrentaría la posibilidad de aranceles en sus exportaciones a los Estados miembros. No queda clara la cooperación en otros rubros como la seguridad y la aplicación de la ley.

 

El Brexit se debe a una larga cadena de equivocaciones de políticos que se asumían profesionales. Los altos costos que implica este hecho se originaron por el surgimiento de opciones políticas ultranacionalistas que apelaban al emocionalismo de los votantes más que a su racionalidad. Cuando Nigel Farage, un servidor de los poderes empresariales, tomó las riendas del Partido por la Independencia del Reino Unido soltó la rienda a seguidores nacionalistas, xenófobos y populistas. David Cameron, asustado por el incremento de esta fuerza, convocó un referéndum que nadie reclamaba para debatir la pertenencia del Reino en la Unión Europea. Nadie se lo pidió, pero lo impulsó para detener la amenaza populista. Sus ministros Boris Johnson y Michael Gove lo traicionaron y apoyaron el Brexit, que ganó contra toda lógica previa.

 

Johnson, como lo hemos señalado en este espacio, se ha convertido en un peligro para Reino Unido. El hoy primer ministro es el principal defensor de la salida de su país, a pesar de todas sus desventajas. Johnson y los seguidores que festejaron la salida de la Unión Europea creen genuinamente que es mejor idea no formar parte de organismos internacionales, ni participar en temas de la agenda global, como la lucha contra la desigualdad y un mundo más sostenible. Ven al exterior, incluso a sus hermanas y hermanos de continente, como sus propios enemigos.

 

Mantener la paz sigue siendo la prioridad de la política exterior en todo el mundo. En los antecedentes de la Unión Europea se encuentra la Comunidad Europea del Carbón y del Acero que fue la primera de las comunidades existentes, establecida en 1951, por seis Estados fundadores: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos. El arquitecto de esta poderosa semilla fue Robert Schuman. En la declaración que retoma su apellido, y consciente del desastre que fue la II Guerra Mundial, señaló lo siguiente: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La agrupación de las naciones europeas exige que la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada, por lo que la acción emprendida debe afectar en primer lugar a Francia y Alemania”.

 

Esta alianza selló la paz de la segunda mitad del siglo XX en Europa, cabe preguntarse si será suficiente para mantener a flote a la Unión Europea en el siglo XXI, una vez que perdió a una innegable potencia en todos los sentidos, hoy dominada por líderes populistas, que convencieron a un electorado entusiasmado por promesas imposibles e imágenes de grandeza que solo están en su mente. El futuro es de incertidumbre, pero al menos ya sabemos lo costoso que resultan los nacionalismos en nuestra época.

 

*Director General del ICAPET

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